/ martes 3 de diciembre de 2019

Abril

La antropología ha tratado de conocer las primeras formas de organización social y así explica al patriarcado: Estructura básica de grupos familiares organizados en torno a un varón. La autoridad del hombre es el punto de partida de la autoridad y del poder en el grupo social.

Con la universalidad del patriarcado se ha considerado a la mujer como posesión no solo en lo privado sino apoyado por las instituciones políticas, sociales, religiosas y legales. Así, las mujeres se dedicaban a parir y criar hijos y los hombres a proveer y proteger además de procurar perpetuar la especie con sus genes aun en perjuicio de los genes de otros hombres. Para cumplir con ello, la fidelidad de la mujer al patriarca era indispensable por lo que se puede pensar que desde la antigüedad la promiscuidad femenina era señalada como deleznable. Las tres grandes religiones de la humanidad, budismo, cristianismo y musulmanes adoran respectivamente a un solo Dios, un Dios varón y bueno, Eva por su parte, se considera la encarnación misma del mal; la gran pecadora de la historia.

A las hermanas, los hombres podían pactar cederlas en matrimonio y para ello había que dominarlas. Es en esta conducta donde pueden darse los inicios de la violencia de género ya que se requería dominar para disponer de alguien. También la sociología revalida la antropología al sobrevalorar los roles masculinos.

La psicología humana determina que las experiencias vividas se convierten en nuestra historia personal, se guardan en nuestros cerebros y con ellos y el contexto social y cultural, vamos formando la propia personalidad.

La violencia de género se ha naturalizado a lo largo de las generaciones, ya que las mujeres a partir de sus características biológicas de menor fuerza que el hombre y de necesidad de protección en la etapa de la reproducción, aprendieron que su rol debía ser de sumisión y con ello, el poder sobre su cuerpo, conducta y libertad lo posee el hombre.

La violencia siempre es una expresión de poder de quien agrede frente al agredido; por ello, en tanto no se entienda a hombres y mujeres distintos en la conformación biológica, pero iguales en lo humano y en derechos y oportunidades, la violencia será un fenómeno difícil de abatir. A trato igual no hay patriarcado y sin éste, la violencia sí puede ser enfrentada y combatida.

El 25 de noviembre, cuando se conmemora el Día Internacional de Erradicación de la Violencia Contra la Mujer, Abril Pérez Sagaón fue asesinada enfrente de sus hijos. En enero su esposo, ex CEO de Amazon y de Elektra, le fracturó el cráneo estando ella dormida. En septiembre salió de la cárcel. El mismo juez que lo liberó había liberado a un violador poco antes.

Abril podría estar viva. Su sangre está en las manos del asesino y por igual en la del juez. Así nuestro sangrante y sanguinario México. ¡Que no marchen las feministas! Está fácil ¡Solo hay que dejar de violentar a las mujeres!

La antropología ha tratado de conocer las primeras formas de organización social y así explica al patriarcado: Estructura básica de grupos familiares organizados en torno a un varón. La autoridad del hombre es el punto de partida de la autoridad y del poder en el grupo social.

Con la universalidad del patriarcado se ha considerado a la mujer como posesión no solo en lo privado sino apoyado por las instituciones políticas, sociales, religiosas y legales. Así, las mujeres se dedicaban a parir y criar hijos y los hombres a proveer y proteger además de procurar perpetuar la especie con sus genes aun en perjuicio de los genes de otros hombres. Para cumplir con ello, la fidelidad de la mujer al patriarca era indispensable por lo que se puede pensar que desde la antigüedad la promiscuidad femenina era señalada como deleznable. Las tres grandes religiones de la humanidad, budismo, cristianismo y musulmanes adoran respectivamente a un solo Dios, un Dios varón y bueno, Eva por su parte, se considera la encarnación misma del mal; la gran pecadora de la historia.

A las hermanas, los hombres podían pactar cederlas en matrimonio y para ello había que dominarlas. Es en esta conducta donde pueden darse los inicios de la violencia de género ya que se requería dominar para disponer de alguien. También la sociología revalida la antropología al sobrevalorar los roles masculinos.

La psicología humana determina que las experiencias vividas se convierten en nuestra historia personal, se guardan en nuestros cerebros y con ellos y el contexto social y cultural, vamos formando la propia personalidad.

La violencia de género se ha naturalizado a lo largo de las generaciones, ya que las mujeres a partir de sus características biológicas de menor fuerza que el hombre y de necesidad de protección en la etapa de la reproducción, aprendieron que su rol debía ser de sumisión y con ello, el poder sobre su cuerpo, conducta y libertad lo posee el hombre.

La violencia siempre es una expresión de poder de quien agrede frente al agredido; por ello, en tanto no se entienda a hombres y mujeres distintos en la conformación biológica, pero iguales en lo humano y en derechos y oportunidades, la violencia será un fenómeno difícil de abatir. A trato igual no hay patriarcado y sin éste, la violencia sí puede ser enfrentada y combatida.

El 25 de noviembre, cuando se conmemora el Día Internacional de Erradicación de la Violencia Contra la Mujer, Abril Pérez Sagaón fue asesinada enfrente de sus hijos. En enero su esposo, ex CEO de Amazon y de Elektra, le fracturó el cráneo estando ella dormida. En septiembre salió de la cárcel. El mismo juez que lo liberó había liberado a un violador poco antes.

Abril podría estar viva. Su sangre está en las manos del asesino y por igual en la del juez. Así nuestro sangrante y sanguinario México. ¡Que no marchen las feministas! Está fácil ¡Solo hay que dejar de violentar a las mujeres!

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