/ martes 30 de junio de 2020

Al tiempo

La filósofa Victoria Sendón De León, en su artículo ¿Qué es el feminismo de la diferencia? reflexiona sobre el alcance que las reformas legales, estructurales e institucionales han tenido para dar oportunidad a más mujeres a ocupar y ejercer cargos de poder. Ahora, el reto es asumir la diferencia de liderazgo para que con las distintas identidades que tenemos mujeres y hombres, se pueda ir cambiando el modelo de toma de decisiones para poner en primer plano la necesidad de satisfacer las exigencias de las personas y no de los conglomerados; por ejemplo, durante años de disciplina financiera México pudo dejar las variables macroeconómicas estables y firmes, pero en la cotidianidad en las familias la desigualdad y la pobreza sentaron igualmente firmes sus reales. A la gente no le importa el lugar que ocupa México en la economía mundial si eso no se refleja en su calidad de vida y sus bolsillos.

La visión androcéntrica se centra en lo impersonal, en lo frío, en los números; la visión femenina en el entendido que inteligencia, emoción y conducta se vinculan estrechamente. En regímenes liderados por mujeres no masculinizadas, como es el caso de Noruega, Alemania o Nueva Zelanda, el modelo cambia, las personas se consideran prioridad y las decisiones son tomadas asumiendo que cada ser humano se realiza a partir de su plenitud, armonía y equilibrio entre la vida profesional y personal; y, que no es menos importante sentirse feliz que generar prosperidad. Las mujeres líderes entienden que los seres humanos somos mucho más que nuestra parte racional.

Para que haya más mujeres con esa visión tomando decisiones, se requieren acciones afirmativas por la vía institucional. Dice entonces Victoria Sendón: “Actualmente se plantea el camino de la paridad como el único posible, planteando que si muchas mujeres accediéramos a puestos de responsabilidad posiblemente llegaríamos a conseguir una masa crítica suficiente como para cambiar el modelo. Lo malo es que la paridad impuesta desde los aparatos de los partidos es una trampa porque se establece entonces la “política del harén”. Cada jeque se rodea de “sus chicas” y elige a las menos molestas, a las más sumisas, a las que no le van a robar protagonismo o, como mucho, a las que le darán más votos…” Tiene todo el sentido. Se repite ver a hombres designar a mujeres afines o no preparadas a los espacios de poder y así, por un lado, a través de su obediencia y sumisión, ellos no dejar de ejercer el poder y, por el otro, que les apanica o al menos resulta incómodo “tolerar” a mujeres capaces, valientes e independientes cuya frase favorita no sea: “sí, señor”. Para ellas, para las libres y capaces, la paridad no ha sido ni es suficiente.

No molesta solo a los hombres que se sienten desplazados ver llegar mujeres aun y cuando no cumplan el perfil; a quien más daña y molesta es a mujeres que, pudiendo ocupar los espacios para el cambio real de modelo a favor de las y los ciudadanos, se les aliena precisamente por ello. También sucede con los hombres; no llegan los más capaces sino los que convienen a quien mueve los hilos. No conviene a los decisores perder privilegios de manejo económico y de poder. En nuestro estado solo hay una mujer presidenta de partido. ¿La visión androcéntrica se impondrá en la designación de candidaturas o se privilegiarán capacidad y perfiles? Mantengo esperanza en lo segundo. Al tiempo.

Se repite ver a hombres designar a mujeres afines o no preparadas a los espacios de poder y así, por un lado, a través de su obediencia y sumisión, ellos no dejar de ejercer el poder y, por el otro, que les apanica o al menos resulta incómodo “tolerar” a mujeres capaces, valientes e independientes cuya frase favorita no sea: “sí, señor”. Para ellas, para las libres y capaces, la paridad no ha sido ni es suficiente.

La filósofa Victoria Sendón De León, en su artículo ¿Qué es el feminismo de la diferencia? reflexiona sobre el alcance que las reformas legales, estructurales e institucionales han tenido para dar oportunidad a más mujeres a ocupar y ejercer cargos de poder. Ahora, el reto es asumir la diferencia de liderazgo para que con las distintas identidades que tenemos mujeres y hombres, se pueda ir cambiando el modelo de toma de decisiones para poner en primer plano la necesidad de satisfacer las exigencias de las personas y no de los conglomerados; por ejemplo, durante años de disciplina financiera México pudo dejar las variables macroeconómicas estables y firmes, pero en la cotidianidad en las familias la desigualdad y la pobreza sentaron igualmente firmes sus reales. A la gente no le importa el lugar que ocupa México en la economía mundial si eso no se refleja en su calidad de vida y sus bolsillos.

La visión androcéntrica se centra en lo impersonal, en lo frío, en los números; la visión femenina en el entendido que inteligencia, emoción y conducta se vinculan estrechamente. En regímenes liderados por mujeres no masculinizadas, como es el caso de Noruega, Alemania o Nueva Zelanda, el modelo cambia, las personas se consideran prioridad y las decisiones son tomadas asumiendo que cada ser humano se realiza a partir de su plenitud, armonía y equilibrio entre la vida profesional y personal; y, que no es menos importante sentirse feliz que generar prosperidad. Las mujeres líderes entienden que los seres humanos somos mucho más que nuestra parte racional.

Para que haya más mujeres con esa visión tomando decisiones, se requieren acciones afirmativas por la vía institucional. Dice entonces Victoria Sendón: “Actualmente se plantea el camino de la paridad como el único posible, planteando que si muchas mujeres accediéramos a puestos de responsabilidad posiblemente llegaríamos a conseguir una masa crítica suficiente como para cambiar el modelo. Lo malo es que la paridad impuesta desde los aparatos de los partidos es una trampa porque se establece entonces la “política del harén”. Cada jeque se rodea de “sus chicas” y elige a las menos molestas, a las más sumisas, a las que no le van a robar protagonismo o, como mucho, a las que le darán más votos…” Tiene todo el sentido. Se repite ver a hombres designar a mujeres afines o no preparadas a los espacios de poder y así, por un lado, a través de su obediencia y sumisión, ellos no dejar de ejercer el poder y, por el otro, que les apanica o al menos resulta incómodo “tolerar” a mujeres capaces, valientes e independientes cuya frase favorita no sea: “sí, señor”. Para ellas, para las libres y capaces, la paridad no ha sido ni es suficiente.

No molesta solo a los hombres que se sienten desplazados ver llegar mujeres aun y cuando no cumplan el perfil; a quien más daña y molesta es a mujeres que, pudiendo ocupar los espacios para el cambio real de modelo a favor de las y los ciudadanos, se les aliena precisamente por ello. También sucede con los hombres; no llegan los más capaces sino los que convienen a quien mueve los hilos. No conviene a los decisores perder privilegios de manejo económico y de poder. En nuestro estado solo hay una mujer presidenta de partido. ¿La visión androcéntrica se impondrá en la designación de candidaturas o se privilegiarán capacidad y perfiles? Mantengo esperanza en lo segundo. Al tiempo.

Se repite ver a hombres designar a mujeres afines o no preparadas a los espacios de poder y así, por un lado, a través de su obediencia y sumisión, ellos no dejar de ejercer el poder y, por el otro, que les apanica o al menos resulta incómodo “tolerar” a mujeres capaces, valientes e independientes cuya frase favorita no sea: “sí, señor”. Para ellas, para las libres y capaces, la paridad no ha sido ni es suficiente.

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