/ viernes 4 de diciembre de 2020

Anatomía de lo Social | Claroscuros

La brevedad es el alma del discurso. Hablar en exceso sugiere la desesperación por parte del líder.

Ciro el Grande

Pocos, así se supone, habrán de acordarse de la suntuosidad de los informes presidenciales y sus añejas formas de presentarlo, igual de los aplausos interruptores del discurso; después, al final de tanta elocuencia, el recorrido por el pasillo del ego, donde se daban cita las clases privilegiadas, entre las que se contaban los secretarios de estado, los grandes potentados, algunos líderes sindicales, así como uno que otro colado, todos queriendo saludar al presidente, con adulaciones y con el infaltable “besamanos”; terminados los protocolos oficialistas, se les convidaba a un exquisito y también suntuoso banquete.

Obvio, todo era una alegoría perfectamente organizada, hasta el pueblo se regodeaba satisfecho por tantos logros obtenidos, evidenciados en las estadísticas, números debidamente manipulados para demostrar la superioridad sobre el año anterior; por supuesto, lo esperado, el anuncio de los aumentos en los salarios, como si eso hubiera sido la parte esencial de tanta palabrería y aplausos. Informes después, se llegó al punto de solo entregar, por escrito, el multicitado informe de Gobierno al Congreso, en consecuencia, se había perdido el interés y de todo aquello que permeaba este ejercicio constitucional.

En este contexto de exposiciones oficiales, a dos años de la presente administración gubernamental, el segundo informe de este periodo tuvo también sus peculiaridades, primero por las restricciones, determinadas por la pandemia sobre la seguridad individual, así como por el reducido grupo de asistentes aplaudidores, sin duda, del actual régimen.

En la brevedad del discurso, se pudieron percibir algunos temas de relevancia, sin ser llevados al extremo de la comparación, pues, por las circunstancias y condiciones actuales, dicho sea sobre la pandemia, inexistente en otros años, mereció un espacio de atención, en el mismo tenor, se hiso referencia a las situación “real” de la economía nacional, se le dedicó un espacio a la seguridad pública y sus consecuencias; al final, lo mejor, el argumento principal, asegurar que el 71 por ciento de la población desea que el presidente continúe al frente del poder Ejecutivo del país.

Desde una perspectiva particular, el discurso pareció una recopilación breve de las conferencias matutinas del día a día, en las que se han señalado los avances, así como algunas acciones adicionales que se realizan por otras instancias, por ejemplo la de los militares, de igual manera la breve exaltación de algunas obras de gobierno, como la ejecución de obras en beneficio del pueblo, se dragan ríos, se limpian playas,1a construcción de canales, aeropuertos, la apertura del Banco de Bienestar, la vigilancia en aduanas y, el cultivo de millones de árboles para su siembra en parcelas comunales, ejidales y hasta en pequeñas propiedades.

De alguna manera, la obligación en el ejercicio de las tareas de gobierno, quedaron simplificadas en el informe, sin embargo, en otro sentido, se nota el descuido o contradicción institucional, pues lo que se observa en lo cotidiano, son las grandes deficiencias en los procesos; la delincuencia sigue más que vigente, la economía del pueblo es muy precaria, y desde luego, no se sabe cuál fue la base para determinar de dónde se obtuvo el porcentaje de aceptación de la sociedad con este Gobierno.

Ante la notable intención, así se entiende, de no abordar temas de verdadero interés popular, aunque fueran estadísticas, se quedó a deber, sobre los avances de la compra y distribución de la vacuna contra la Covid-19, pues se han generado expectativas por la observancia de que en otro países, se han adelantado a este respecto, información real, no de aquella que supone que México es el séptimo país para gestionar la compra de las vacunas, lo importante, por supuesto, serán la difusión, la distribución y aplicación del antivirus, mientras tanto, también, obligación del gobierno es exigirle a la población que no se relaje en las medidas sanitarias, pues no bastan los mensajes de aliento y de la no represión, pues la pandemia sigue en tanto no se destruyan, en su totalidad, sus problemas colaterales.

Por supuesto, debió decirse también, hasta con la posibilidad de justificarlo por la pandemia, que los índices de pobreza se mantienen a la alza, situación no dicha, porque seguramente es un tema inatacable por su expansión.

Finalmente, y aunque existen otros temas de prioridad, la claridad del Gobierno, expuesta en el informe, oculta los muchos lados oscuros de la situación verdadera de los mexicanos, la desigualdad social, seguirá siendo el grave problema, mientras no se les preste la atención suficiente para resolverlos; razón suficiente para demostrar, no solo con informes, el verdadero interés de las autoridades en favor de los ciudadanos.

La brevedad es el alma del discurso. Hablar en exceso sugiere la desesperación por parte del líder.

Ciro el Grande

Pocos, así se supone, habrán de acordarse de la suntuosidad de los informes presidenciales y sus añejas formas de presentarlo, igual de los aplausos interruptores del discurso; después, al final de tanta elocuencia, el recorrido por el pasillo del ego, donde se daban cita las clases privilegiadas, entre las que se contaban los secretarios de estado, los grandes potentados, algunos líderes sindicales, así como uno que otro colado, todos queriendo saludar al presidente, con adulaciones y con el infaltable “besamanos”; terminados los protocolos oficialistas, se les convidaba a un exquisito y también suntuoso banquete.

Obvio, todo era una alegoría perfectamente organizada, hasta el pueblo se regodeaba satisfecho por tantos logros obtenidos, evidenciados en las estadísticas, números debidamente manipulados para demostrar la superioridad sobre el año anterior; por supuesto, lo esperado, el anuncio de los aumentos en los salarios, como si eso hubiera sido la parte esencial de tanta palabrería y aplausos. Informes después, se llegó al punto de solo entregar, por escrito, el multicitado informe de Gobierno al Congreso, en consecuencia, se había perdido el interés y de todo aquello que permeaba este ejercicio constitucional.

En este contexto de exposiciones oficiales, a dos años de la presente administración gubernamental, el segundo informe de este periodo tuvo también sus peculiaridades, primero por las restricciones, determinadas por la pandemia sobre la seguridad individual, así como por el reducido grupo de asistentes aplaudidores, sin duda, del actual régimen.

En la brevedad del discurso, se pudieron percibir algunos temas de relevancia, sin ser llevados al extremo de la comparación, pues, por las circunstancias y condiciones actuales, dicho sea sobre la pandemia, inexistente en otros años, mereció un espacio de atención, en el mismo tenor, se hiso referencia a las situación “real” de la economía nacional, se le dedicó un espacio a la seguridad pública y sus consecuencias; al final, lo mejor, el argumento principal, asegurar que el 71 por ciento de la población desea que el presidente continúe al frente del poder Ejecutivo del país.

Desde una perspectiva particular, el discurso pareció una recopilación breve de las conferencias matutinas del día a día, en las que se han señalado los avances, así como algunas acciones adicionales que se realizan por otras instancias, por ejemplo la de los militares, de igual manera la breve exaltación de algunas obras de gobierno, como la ejecución de obras en beneficio del pueblo, se dragan ríos, se limpian playas,1a construcción de canales, aeropuertos, la apertura del Banco de Bienestar, la vigilancia en aduanas y, el cultivo de millones de árboles para su siembra en parcelas comunales, ejidales y hasta en pequeñas propiedades.

De alguna manera, la obligación en el ejercicio de las tareas de gobierno, quedaron simplificadas en el informe, sin embargo, en otro sentido, se nota el descuido o contradicción institucional, pues lo que se observa en lo cotidiano, son las grandes deficiencias en los procesos; la delincuencia sigue más que vigente, la economía del pueblo es muy precaria, y desde luego, no se sabe cuál fue la base para determinar de dónde se obtuvo el porcentaje de aceptación de la sociedad con este Gobierno.

Ante la notable intención, así se entiende, de no abordar temas de verdadero interés popular, aunque fueran estadísticas, se quedó a deber, sobre los avances de la compra y distribución de la vacuna contra la Covid-19, pues se han generado expectativas por la observancia de que en otro países, se han adelantado a este respecto, información real, no de aquella que supone que México es el séptimo país para gestionar la compra de las vacunas, lo importante, por supuesto, serán la difusión, la distribución y aplicación del antivirus, mientras tanto, también, obligación del gobierno es exigirle a la población que no se relaje en las medidas sanitarias, pues no bastan los mensajes de aliento y de la no represión, pues la pandemia sigue en tanto no se destruyan, en su totalidad, sus problemas colaterales.

Por supuesto, debió decirse también, hasta con la posibilidad de justificarlo por la pandemia, que los índices de pobreza se mantienen a la alza, situación no dicha, porque seguramente es un tema inatacable por su expansión.

Finalmente, y aunque existen otros temas de prioridad, la claridad del Gobierno, expuesta en el informe, oculta los muchos lados oscuros de la situación verdadera de los mexicanos, la desigualdad social, seguirá siendo el grave problema, mientras no se les preste la atención suficiente para resolverlos; razón suficiente para demostrar, no solo con informes, el verdadero interés de las autoridades en favor de los ciudadanos.