/ viernes 8 de noviembre de 2019

Anatomía de lo Social | Créditos

Cuando las deudas no se pagan porque no se puede, lo mejor es no hablar de ellas y barajar

Camilo José Cela

Aunque todo pudiera parecer la resolución de un problema financiero, el simple hecho de escuchar la palabra crédito implica endeudamiento, problemas de pago, morosidad, intereses, en fin, todo esto se refiere a aquellos asuntos donde el dinero tiene, junto con los acreditados, el papel principal en una transacción acordada mediante la firma de un documento donde se establecen las formas de pagar, en cuanto se ha recibido un crédito, mejor dicho, un préstamo, bajo condiciones muchas veces arbitrarias, obvio, en perjuicio de los “beneficiarios”.

Posiblemente pueden encontrarse algunas ventajas cuando existe la necesidad de adquirir un compromiso de esta naturaleza, y existe la posibilidad de pagarlo, así como de saber elegir cuál sería el tipo de préstamo que más se acomodaría a las necesidades de cada quien; bajo esta consideración, es importante entonces indagar sobre los diferentes tipos de créditos, con el propósito de no incurrir en los errores en los que se incurren comúnmente por no tener un conocimiento pleno de estas formas de obtener dinero a redito.

Dentro de las características que se deben observar, sobre todo, reconocer, entre otras cosas, la capacidad de pago, si se tienen las condiciones reales para adquirirlo y, en lo posterior pagarlo, además de identificar cuáles pueden ser las instituciones financieras oferentes en cuanto a las condiciones de pago, es decir, a las tasas de interés por cobrarse. Tampoco se debe soslayar el asunto de los plazos, corto, mediano y largo, o bien de aquellos que forzosamente deben ser avalados por un bien, en este caso se deberá tener cuidado por el riesgo, si se deja de pagar, de perder la prenda empeñada.

Culturalmente, hoy se pude decir que la mayoría de las personas, me incluyo, estamos cautivos ante los agiotistas institucionalizados, en particular cuando se adquiere una tarjeta de crédito y se usa de manera indiscriminada, en el futuro es cuando se presentan los primeros problemas, llegando la deuda a los bufetes jurídicos, asignados en el cobro de los documentos firmados, así como la aparición en el buró de crédito, puede decirse que esto no es tan significativo, solo cuando existiera la pretensión de endeudarse en más ocasiones.

Otro de los créditos más recurrentes son los hipotecarios, donde por la adquisición de un bien inmueble quedas empeñado casi de por vida, en este caso, el comentario pretende justamente alertar a quienes, por la emoción de adquirir un patrimonio, se enganchan por más de treinta años para su pago, no se quiere decir tampoco que no sea posible, pues tiene la bondad de adquirir ese bien, quedando en posesión para toda la vida.

Lo grave de los créditos hipotecarios es cuando la institución prestadora del dinero, en ocasiones cofinanciada con las instituciones de gobierno, se cobran tres veces más de lo prestado, en algunos casos hasta cinco y seis veces.

Con los comentarios precedentes, solo a manera de ilustración con los ejemplos, implícitamente presuponen una aparente orientación para no caer, sin previo análisis, en el cautiverio de las deudas impagables y descuidar otras áreas de interés en la atención de otras necesidades primarias.

De alguna manera cuestionar la modalidad actual de las autoridades encargadas del manejo de los recursos nacionales, así como la creación de un modelo donde se otorgaran créditos a la palabra; desde luego, aunque esto no es nada novedoso, sí se puede incurrir en los errores del tan cuestionado tiempo pasado. Ojalá el programa implementado por el gobierno, denominado Tandas del Bienestar, sirva para resolver los problemas primarios de quien reciba el beneficio, así como tampoco no se cobren más adelante los intereses de otras formas, por ejemplo el aumento en los impuestos, pues entonces el beneficio aportado lo estaría pagando el pueblo.

Desde cualquier perspectiva, los créditos tienen una gran diversidad de factores que los promueven, desde la multiplicación de lo prestado, hasta la utilización bajo criterios de carácter político, cobrables en cuanto se presente la necesidad de conseguir la devolución del favor convertido en voto, o por el contrario, quizá, sirva de ayuda a quien verdaderamente lo necesita, mientras tanto, solo queda ser espectador de los procesos y esperar los resultados.

Cuando las deudas no se pagan porque no se puede, lo mejor es no hablar de ellas y barajar

Camilo José Cela

Aunque todo pudiera parecer la resolución de un problema financiero, el simple hecho de escuchar la palabra crédito implica endeudamiento, problemas de pago, morosidad, intereses, en fin, todo esto se refiere a aquellos asuntos donde el dinero tiene, junto con los acreditados, el papel principal en una transacción acordada mediante la firma de un documento donde se establecen las formas de pagar, en cuanto se ha recibido un crédito, mejor dicho, un préstamo, bajo condiciones muchas veces arbitrarias, obvio, en perjuicio de los “beneficiarios”.

Posiblemente pueden encontrarse algunas ventajas cuando existe la necesidad de adquirir un compromiso de esta naturaleza, y existe la posibilidad de pagarlo, así como de saber elegir cuál sería el tipo de préstamo que más se acomodaría a las necesidades de cada quien; bajo esta consideración, es importante entonces indagar sobre los diferentes tipos de créditos, con el propósito de no incurrir en los errores en los que se incurren comúnmente por no tener un conocimiento pleno de estas formas de obtener dinero a redito.

Dentro de las características que se deben observar, sobre todo, reconocer, entre otras cosas, la capacidad de pago, si se tienen las condiciones reales para adquirirlo y, en lo posterior pagarlo, además de identificar cuáles pueden ser las instituciones financieras oferentes en cuanto a las condiciones de pago, es decir, a las tasas de interés por cobrarse. Tampoco se debe soslayar el asunto de los plazos, corto, mediano y largo, o bien de aquellos que forzosamente deben ser avalados por un bien, en este caso se deberá tener cuidado por el riesgo, si se deja de pagar, de perder la prenda empeñada.

Culturalmente, hoy se pude decir que la mayoría de las personas, me incluyo, estamos cautivos ante los agiotistas institucionalizados, en particular cuando se adquiere una tarjeta de crédito y se usa de manera indiscriminada, en el futuro es cuando se presentan los primeros problemas, llegando la deuda a los bufetes jurídicos, asignados en el cobro de los documentos firmados, así como la aparición en el buró de crédito, puede decirse que esto no es tan significativo, solo cuando existiera la pretensión de endeudarse en más ocasiones.

Otro de los créditos más recurrentes son los hipotecarios, donde por la adquisición de un bien inmueble quedas empeñado casi de por vida, en este caso, el comentario pretende justamente alertar a quienes, por la emoción de adquirir un patrimonio, se enganchan por más de treinta años para su pago, no se quiere decir tampoco que no sea posible, pues tiene la bondad de adquirir ese bien, quedando en posesión para toda la vida.

Lo grave de los créditos hipotecarios es cuando la institución prestadora del dinero, en ocasiones cofinanciada con las instituciones de gobierno, se cobran tres veces más de lo prestado, en algunos casos hasta cinco y seis veces.

Con los comentarios precedentes, solo a manera de ilustración con los ejemplos, implícitamente presuponen una aparente orientación para no caer, sin previo análisis, en el cautiverio de las deudas impagables y descuidar otras áreas de interés en la atención de otras necesidades primarias.

De alguna manera cuestionar la modalidad actual de las autoridades encargadas del manejo de los recursos nacionales, así como la creación de un modelo donde se otorgaran créditos a la palabra; desde luego, aunque esto no es nada novedoso, sí se puede incurrir en los errores del tan cuestionado tiempo pasado. Ojalá el programa implementado por el gobierno, denominado Tandas del Bienestar, sirva para resolver los problemas primarios de quien reciba el beneficio, así como tampoco no se cobren más adelante los intereses de otras formas, por ejemplo el aumento en los impuestos, pues entonces el beneficio aportado lo estaría pagando el pueblo.

Desde cualquier perspectiva, los créditos tienen una gran diversidad de factores que los promueven, desde la multiplicación de lo prestado, hasta la utilización bajo criterios de carácter político, cobrables en cuanto se presente la necesidad de conseguir la devolución del favor convertido en voto, o por el contrario, quizá, sirva de ayuda a quien verdaderamente lo necesita, mientras tanto, solo queda ser espectador de los procesos y esperar los resultados.

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