/ viernes 15 de noviembre de 2019

Anatomía de lo Social | El Buen Fin

Hay dos clases de economistas; los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que queremos hacer menos pobres a los pobres.

José Luís Sampedro

Este día inicia la fiesta organizada, desde el 2011, por el gobierno federal y los empresarios, así como con el involucramiento de algunas dependencias del mismo gobierno, bajo el supuesto de reactivar la economía y, además, ayudar a las personas a comprar artículos que se necesitan a un bajo costo; en la conformación de esta estructura organizacional se hace evidente en quiénes recae el verdadero beneficio, por obviedad, se puede decir que son los dueños del capital.

Aunque hubiera parecido una buena idea, este formato, como muchos lo saben, fue copiado a los gringos del llamado “Black Friday”, sin embargo, ni los fines ni los ingresos pueden ser comparados, mientras en el primero se obtienen ganancias multimillonarias por un solo día de operación, en el segundo, aunque las ganancias son menos importantes, también puede decirse que el éxito es notable, cuando la gente cuenta con cuatro días para gastarse, dicen algunos, sus ahorros en la adquisición de cualquier tipo de aparatos o cosas que se ofrecen durante cuatro días.

Más allá de lo que se adquiere en el país del norte así como sus ganancias, en México se reproduce un modelo basado en las ventas a pagos sin intereses, es decir, las tarjetas bancarias sirven como un instrumento facilitador en el proceso de las compras, y las tiendas solo son los expendedores de los productos a vender, compartiendo los ingresos con los bancos, desde luego, así se cree, también se obtienen beneficios a las arcas nacionales en cuanto se cobran los impuestos; cuando menos, en apariencia, es como se triangulan y dividen las ganancias.

Ante la reiteración de los beneficios y beneficiarios, no se pueden soslayar a los principales actores de esta obra llamada “Buen Fin”, pues son los compradores quienes ayudan a mejorar la economía a través de gastar en sus adquisiciones; desde luego, es menester hacer, a manera de sugerencias, sobre la importancia de revisar cuidadosamente los precios fijados, así como los tiempos de pago y el Costo Total Anual (CAT) que condiciona al final el precio de lo comprado.

En este sentido, se deben cuidar, además de lo ya descrito, cuáles son las formas para pagar, refiriéndose particularmente a los pagos con tarjeta de crédito, pues en ocasiones, por ejemplo, ante la emoción de llevarse a la casa una “pantalla” se descuidan los pequeños detalles, expresados en letras muy pequeñas, establecidas en un contrato.

Es indispensable hacer una comparación de precios para comprar el que más se acomode a las posibilidades de cada quien y no endeudarse más de la cuenta, ni hacer eternos los periodos de pago, pues se debe recordar que mientras más largo es el plazo, más se tiene que pagar.

Aunque el periodo de duración oficial será del 15 al 18 de los corrientes, ya las tiendas departamentales están exponiendo cualquier tipo de productos desde días anteriores, solo que los amarraron y etiquetaron para su venta durante los días señalados, impidiéndoles a quienes, previo a estas fechas, quisieron comprar algún aparato; desde luego, con estas acciones se puede presumir que ya se tiene un sistema que les garantiza que ninguno de los ofertados se quedará en las bodegas de las tiendas departamentales.

Sin el poder de las grandes empresas, también con seguridad habrá pequeños empresarios que se atrevan a incorporarse a esta forma de venta, estimando también la posibilidad de estar en la competencia de las ganancias, aunque mínimas, pero ingresos al fin.

Ojalá que quienes se encarguen de vigilar que no existan abusos por los vendedores, en especial la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), realicen supervisiones permanentes con ese propósito, el de evitar los excesos de los comercios involucrados, mejor dicho participantes en el Buen Fin.

Hay dos clases de economistas; los que quieren hacer más ricos a los ricos y los que queremos hacer menos pobres a los pobres.

José Luís Sampedro

Este día inicia la fiesta organizada, desde el 2011, por el gobierno federal y los empresarios, así como con el involucramiento de algunas dependencias del mismo gobierno, bajo el supuesto de reactivar la economía y, además, ayudar a las personas a comprar artículos que se necesitan a un bajo costo; en la conformación de esta estructura organizacional se hace evidente en quiénes recae el verdadero beneficio, por obviedad, se puede decir que son los dueños del capital.

Aunque hubiera parecido una buena idea, este formato, como muchos lo saben, fue copiado a los gringos del llamado “Black Friday”, sin embargo, ni los fines ni los ingresos pueden ser comparados, mientras en el primero se obtienen ganancias multimillonarias por un solo día de operación, en el segundo, aunque las ganancias son menos importantes, también puede decirse que el éxito es notable, cuando la gente cuenta con cuatro días para gastarse, dicen algunos, sus ahorros en la adquisición de cualquier tipo de aparatos o cosas que se ofrecen durante cuatro días.

Más allá de lo que se adquiere en el país del norte así como sus ganancias, en México se reproduce un modelo basado en las ventas a pagos sin intereses, es decir, las tarjetas bancarias sirven como un instrumento facilitador en el proceso de las compras, y las tiendas solo son los expendedores de los productos a vender, compartiendo los ingresos con los bancos, desde luego, así se cree, también se obtienen beneficios a las arcas nacionales en cuanto se cobran los impuestos; cuando menos, en apariencia, es como se triangulan y dividen las ganancias.

Ante la reiteración de los beneficios y beneficiarios, no se pueden soslayar a los principales actores de esta obra llamada “Buen Fin”, pues son los compradores quienes ayudan a mejorar la economía a través de gastar en sus adquisiciones; desde luego, es menester hacer, a manera de sugerencias, sobre la importancia de revisar cuidadosamente los precios fijados, así como los tiempos de pago y el Costo Total Anual (CAT) que condiciona al final el precio de lo comprado.

En este sentido, se deben cuidar, además de lo ya descrito, cuáles son las formas para pagar, refiriéndose particularmente a los pagos con tarjeta de crédito, pues en ocasiones, por ejemplo, ante la emoción de llevarse a la casa una “pantalla” se descuidan los pequeños detalles, expresados en letras muy pequeñas, establecidas en un contrato.

Es indispensable hacer una comparación de precios para comprar el que más se acomode a las posibilidades de cada quien y no endeudarse más de la cuenta, ni hacer eternos los periodos de pago, pues se debe recordar que mientras más largo es el plazo, más se tiene que pagar.

Aunque el periodo de duración oficial será del 15 al 18 de los corrientes, ya las tiendas departamentales están exponiendo cualquier tipo de productos desde días anteriores, solo que los amarraron y etiquetaron para su venta durante los días señalados, impidiéndoles a quienes, previo a estas fechas, quisieron comprar algún aparato; desde luego, con estas acciones se puede presumir que ya se tiene un sistema que les garantiza que ninguno de los ofertados se quedará en las bodegas de las tiendas departamentales.

Sin el poder de las grandes empresas, también con seguridad habrá pequeños empresarios que se atrevan a incorporarse a esta forma de venta, estimando también la posibilidad de estar en la competencia de las ganancias, aunque mínimas, pero ingresos al fin.

Ojalá que quienes se encarguen de vigilar que no existan abusos por los vendedores, en especial la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), realicen supervisiones permanentes con ese propósito, el de evitar los excesos de los comercios involucrados, mejor dicho participantes en el Buen Fin.

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