/ viernes 26 de febrero de 2021

Anatomía de lo Social | Mis tres amigos y las pensiones

Nos batimos más por nuestros intereses que por nuestros derechos.

Napoleón I

Sin acostumbrarnos todavía a la presunta nueva normalidad, seguíamos realizando, aunque de manera virtual, las reuniones que, por muchos años, mantenían la vigencia de una relación cuya naturaleza se dio cuando cursábamos los primeros años en una de las escuelas ubicadas casi en el centro de la ciudad, por cierto, en la actualidad, inhabilitada por las pésimas condiciones en su infraestructura; pero bueno, a pesar de todo, seguíamos tan fortalecidos por esos recuerdos que nos vincularon emocional y sentimentalmente, aun cuando cada uno de nosotros se dedicaba a diferentes actividades en la vida cotidiana, posesionándonos a cada uno en diferentes condiciones, tanto económicas como laborales; de ahí, quizá, la diversidad de puntos de vista, en razón del papel, o los papeles, que cada uno desempeñamos. Por eso, esta vez, cuando ya nos encontrábamos instalados cada quién en su equipo de trasmisión, dígase computadora o celular, así como la correspondiente taza de café, les propuse hiciéramos algún comentario respecto de la resolución emitida desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) al convertir, de manera arbitraria, el pago de las pensiones a los trabajadores jubilados a la Unidad de Medida y Actualización (UMA), derivada, bajo el supuesto de una reforma constitucional en materia de desindexación del salario.

Casi de inmediato, el amigo de la bonanza tomó la palabra -virtual- diciendo: es una buena propuesta, pues esta “arbitrariedad” afectará a miles de extrabajadores al servicio del estado, yo soy uno de ellos, imagínense nada más cuánto dinero dejaré de percibir cuando inicie la vigencia de esta decisión, dejándome en el tope salarial de acuerdo al tabulador diseñado para estos casos…

Espera un momento -le interrumpió el amigo de la beligerancia constante- aunque te concedo razón porque al final fue un derecho construido durante todos los años que trabajaste como profesor, sin embargo, me parece, hay otras personas que estarán más afectadas que tú, pues hay quienes apenas reciben cerca de tres mil pesos mensuales y con ello tiene que sobrevivir con esta cantidad tan ridícula para estos tiempos; mejor sería que los ministros de la Corte revisaran los casos donde la exageración permea a los altos niveles de Gobierno, sus jubilados, en su mayoría, ganan más de 200 mil pesos mensuales, y eso solo por trabajar un par de años y con eso tienen lo suficiente para mantenerse de por vida con pensiones exorbitantes…

Con el permiso de todos -habló con solemnidad el amigo de la mesura-, primero quiero recordarles que esta decisión no es reciente, aclaró, no la defiendo, sino por el contrario, también estoy en desacuerdo en su formas de aplicación, pues la injusticia prevaleciente en las cantidades de dinero que reciben los pensionados es tan desigual, pues mientras unos ganan cientos de miles de pesos, otros apuradamente reciben cantidades irrisorias; por eso también mi inconformidad, pues la desigualdad social, en esta caso de las pensiones, marca la diferencia y, en consecuencia, la pobreza sigue creciendo, mientras los más favorecidos poco les preocupa si se dan cambios o no, ellos seguirán ganado más de lo suficiente.

Alguna vez ya lo comenté, retomé el uso de la palabra, eso de la elección personal sobre el régimen del artículo decimo transitorio, o sobre las cuentas individuales, fue lo que separo también las posibilidades de mantener una vida decorosa, a una donde quienes recibieron ciertas cantidades por única vez, hay quienes ya se acabaron ese dinero y han quedado en la total indefensión, pues ya no reciben nada y, lo peor, ya no tienen posibilidades de trabajar; por eso, también creo que más que cambiar las pensiones basadas en salarios mínimos a las famosas Unidades de Medida y Actualización, se debería homogeneizar los tabuladores, no solo sobre el máximo, sino también del mínimo, es decir, quienes menos reciben, se les incremente a un salario más decoroso, al final, sus muchos años de trabajo al servicio del estado así los ha hecho merecedores.

Nos batimos más por nuestros intereses que por nuestros derechos.

Napoleón I

Sin acostumbrarnos todavía a la presunta nueva normalidad, seguíamos realizando, aunque de manera virtual, las reuniones que, por muchos años, mantenían la vigencia de una relación cuya naturaleza se dio cuando cursábamos los primeros años en una de las escuelas ubicadas casi en el centro de la ciudad, por cierto, en la actualidad, inhabilitada por las pésimas condiciones en su infraestructura; pero bueno, a pesar de todo, seguíamos tan fortalecidos por esos recuerdos que nos vincularon emocional y sentimentalmente, aun cuando cada uno de nosotros se dedicaba a diferentes actividades en la vida cotidiana, posesionándonos a cada uno en diferentes condiciones, tanto económicas como laborales; de ahí, quizá, la diversidad de puntos de vista, en razón del papel, o los papeles, que cada uno desempeñamos. Por eso, esta vez, cuando ya nos encontrábamos instalados cada quién en su equipo de trasmisión, dígase computadora o celular, así como la correspondiente taza de café, les propuse hiciéramos algún comentario respecto de la resolución emitida desde la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) al convertir, de manera arbitraria, el pago de las pensiones a los trabajadores jubilados a la Unidad de Medida y Actualización (UMA), derivada, bajo el supuesto de una reforma constitucional en materia de desindexación del salario.

Casi de inmediato, el amigo de la bonanza tomó la palabra -virtual- diciendo: es una buena propuesta, pues esta “arbitrariedad” afectará a miles de extrabajadores al servicio del estado, yo soy uno de ellos, imagínense nada más cuánto dinero dejaré de percibir cuando inicie la vigencia de esta decisión, dejándome en el tope salarial de acuerdo al tabulador diseñado para estos casos…

Espera un momento -le interrumpió el amigo de la beligerancia constante- aunque te concedo razón porque al final fue un derecho construido durante todos los años que trabajaste como profesor, sin embargo, me parece, hay otras personas que estarán más afectadas que tú, pues hay quienes apenas reciben cerca de tres mil pesos mensuales y con ello tiene que sobrevivir con esta cantidad tan ridícula para estos tiempos; mejor sería que los ministros de la Corte revisaran los casos donde la exageración permea a los altos niveles de Gobierno, sus jubilados, en su mayoría, ganan más de 200 mil pesos mensuales, y eso solo por trabajar un par de años y con eso tienen lo suficiente para mantenerse de por vida con pensiones exorbitantes…

Con el permiso de todos -habló con solemnidad el amigo de la mesura-, primero quiero recordarles que esta decisión no es reciente, aclaró, no la defiendo, sino por el contrario, también estoy en desacuerdo en su formas de aplicación, pues la injusticia prevaleciente en las cantidades de dinero que reciben los pensionados es tan desigual, pues mientras unos ganan cientos de miles de pesos, otros apuradamente reciben cantidades irrisorias; por eso también mi inconformidad, pues la desigualdad social, en esta caso de las pensiones, marca la diferencia y, en consecuencia, la pobreza sigue creciendo, mientras los más favorecidos poco les preocupa si se dan cambios o no, ellos seguirán ganado más de lo suficiente.

Alguna vez ya lo comenté, retomé el uso de la palabra, eso de la elección personal sobre el régimen del artículo decimo transitorio, o sobre las cuentas individuales, fue lo que separo también las posibilidades de mantener una vida decorosa, a una donde quienes recibieron ciertas cantidades por única vez, hay quienes ya se acabaron ese dinero y han quedado en la total indefensión, pues ya no reciben nada y, lo peor, ya no tienen posibilidades de trabajar; por eso, también creo que más que cambiar las pensiones basadas en salarios mínimos a las famosas Unidades de Medida y Actualización, se debería homogeneizar los tabuladores, no solo sobre el máximo, sino también del mínimo, es decir, quienes menos reciben, se les incremente a un salario más decoroso, al final, sus muchos años de trabajo al servicio del estado así los ha hecho merecedores.