/ miércoles 15 de mayo de 2019

ANTIPODAS

Yo soy PRD

¡Viva la libertad! El sol nunca ha iluminado un logro humano más glorioso

Nelson Mandela

Las elecciones de 2018 fueron un duro golpe para el sistema de partidos en México, significaron una especie de tsunami electoral que arrasó con todas las fuerzas políticas; el triunfo de López Obrador y su movimiento, fue como el chasquido de Thanos que desapareció partidos políticos y personajes de la vida pública.

Para nosotros en el PRD, el resultado significó en términos reales dos tipos de derrota. Por un lado, una derrota política y electoral, porque se perdieron importantes espacios de representación y gobierno, como fue la Ciudad de México o Tabasco, y se redujeron dramáticamente las curules en el Congreso de la Unión, ello produjo un efecto real en la capacidad y profundidad de la interlocución política. La segunda derrota, y tal vez la de mayor envergadura, fue la de tipo ideológico, porque el triunfo de Morena fue utilizando las banderas y el discurso histórico del PRD, es decir, nos rebasaron con la izquierda.

Personalmente, soy un convencido de las coaliciones electorales y de las alianzas, son intrínsecas al ejercicio de la política; pero, de manera autocrítica, debo aceptar que en 2018, en esa coyuntura especial de la elección Presidencial, la unión de fuerzas con el PAN no fue lo mejor para nosotros, porque en los lugares donde no propusimos candidatos las estructuras del partido no encontraron mecanismos legítimos de participación, y donde sí lo hicimos, hubo un “efecto popote”, donde muchos de nuestros votos los absorbió el PAN por estar primero en la boleta. A esto, hay que agregar que durante doce años hicimos campaña para y por AMLO desde el PRD, nosotros lo empoderamos y se volvió cuesta arriba revertir una tendencia que ubicaba a López en el espectro de la ideológico de la izquierda. Aunado a esto, a pesar de las buenas ideas, la calidad personal de Ricardo Anaya y su clara visión de gobierno, no logramos a lo largo de la campaña hacer sentir a las bases perredistas que era nuestro candidato, que nos representaba realmente, de ahí la diferencia de votos entre la elección presidencial, donde el PRD no alcanzó los 2 millones de sufragios, y en la elección de diputados federales tuvimos 3 millones, es decir, una diferencia de casi 2 a 1, que significó la falta de convencimiento.

No obstante todo ello, y a la propia apuesta que muchos hicieron desde fuera e incluso dentro del PRD, el partido mantuvo su registro, y para su propio pesar, seguimos de pie; fue como si el chasquido nos rosara la oreja y nos aferramos a la frase “no me quiero ir señor Stark”.

El 5 de mayo, el Partido de la Revolución Democrática cumplió 30 años de existencia, 30 años de luchas y batallas, 30 años en donde más de 600 compañeras y compañeros perdieron la vida en la defensa de derechos y causas, 30 años de éxitos y fracasos, 30 años en los que ha habido aciertos y también errores, tres décadas de hacer patria y luchar por la democracia. Los cambios en el régimen político que han permitido la alternancia en el gobierno no se entenderían sin las batallas, ideas y propuestas del PRD, es más, el triunfo de López Obrador no sería posible sin el cúmulo de reformas que el partido impulsó a lo largo de este tiempo.

Hoy entramos en una nueva etapa, en una nueva disyuntiva con fases diversas y multidimensionales. La primera pasa por reorganizar y restructurar al partido, comenzaremos una campaña nacional de referendo y afiliación para ir a la elección interna y con ello renovar nuestras dirigencias en todos los niveles. Segundo, hemos abierto un diálogo amplio y profundo sobre el modelo de partido, ¿debemos seguir siendo un partido de masas?, ¿transitar a un partido de cuadros?, o ¿disolvernos para conformar algo nuevo? Tercero, estamos dando un salto cuántico para retomar nuestras banderas, debemos reinventarnos sobre la base de una izquierda progresista, que defiende derechos y libertades, que reivindica la lucha contra la desigualdad, que señala y combate la impunidad como el cáncer que enquista la corrupción. Cuarto, debemos también mirar hacia el futuro, renovar y refrescar nuestro discurso, actualizar nuestras propuestas y rejuvenecer nuestros liderazgos. Quinto, debemos analizar y replantearnos hacia adelante nuestra política de alianzas, particularmente con Acción Nacional, definir en dónde y bajo qué nuevos esquemas y circunstancias podemos hacerlo. Sexto, particularmente en Tlaxcala debemos cerrar filas con quienes nos quedamos, recontarnos, y afilar las flechas para la contienda de 2021, donde estoy convencido que podemos convertirnos en una alternativa real nuevamente para gobernar Tlaxcala.

Si bien pareciera que AMLO y su Morena son inevitables, desde el PRD les digo, les decimos con convicción, aquí estaremos, no nos rendiremos, porque…Yo soy PRD.

*Presidente Estatal del PRD Tlaxcala

Yo soy PRD

¡Viva la libertad! El sol nunca ha iluminado un logro humano más glorioso

Nelson Mandela

Las elecciones de 2018 fueron un duro golpe para el sistema de partidos en México, significaron una especie de tsunami electoral que arrasó con todas las fuerzas políticas; el triunfo de López Obrador y su movimiento, fue como el chasquido de Thanos que desapareció partidos políticos y personajes de la vida pública.

Para nosotros en el PRD, el resultado significó en términos reales dos tipos de derrota. Por un lado, una derrota política y electoral, porque se perdieron importantes espacios de representación y gobierno, como fue la Ciudad de México o Tabasco, y se redujeron dramáticamente las curules en el Congreso de la Unión, ello produjo un efecto real en la capacidad y profundidad de la interlocución política. La segunda derrota, y tal vez la de mayor envergadura, fue la de tipo ideológico, porque el triunfo de Morena fue utilizando las banderas y el discurso histórico del PRD, es decir, nos rebasaron con la izquierda.

Personalmente, soy un convencido de las coaliciones electorales y de las alianzas, son intrínsecas al ejercicio de la política; pero, de manera autocrítica, debo aceptar que en 2018, en esa coyuntura especial de la elección Presidencial, la unión de fuerzas con el PAN no fue lo mejor para nosotros, porque en los lugares donde no propusimos candidatos las estructuras del partido no encontraron mecanismos legítimos de participación, y donde sí lo hicimos, hubo un “efecto popote”, donde muchos de nuestros votos los absorbió el PAN por estar primero en la boleta. A esto, hay que agregar que durante doce años hicimos campaña para y por AMLO desde el PRD, nosotros lo empoderamos y se volvió cuesta arriba revertir una tendencia que ubicaba a López en el espectro de la ideológico de la izquierda. Aunado a esto, a pesar de las buenas ideas, la calidad personal de Ricardo Anaya y su clara visión de gobierno, no logramos a lo largo de la campaña hacer sentir a las bases perredistas que era nuestro candidato, que nos representaba realmente, de ahí la diferencia de votos entre la elección presidencial, donde el PRD no alcanzó los 2 millones de sufragios, y en la elección de diputados federales tuvimos 3 millones, es decir, una diferencia de casi 2 a 1, que significó la falta de convencimiento.

No obstante todo ello, y a la propia apuesta que muchos hicieron desde fuera e incluso dentro del PRD, el partido mantuvo su registro, y para su propio pesar, seguimos de pie; fue como si el chasquido nos rosara la oreja y nos aferramos a la frase “no me quiero ir señor Stark”.

El 5 de mayo, el Partido de la Revolución Democrática cumplió 30 años de existencia, 30 años de luchas y batallas, 30 años en donde más de 600 compañeras y compañeros perdieron la vida en la defensa de derechos y causas, 30 años de éxitos y fracasos, 30 años en los que ha habido aciertos y también errores, tres décadas de hacer patria y luchar por la democracia. Los cambios en el régimen político que han permitido la alternancia en el gobierno no se entenderían sin las batallas, ideas y propuestas del PRD, es más, el triunfo de López Obrador no sería posible sin el cúmulo de reformas que el partido impulsó a lo largo de este tiempo.

Hoy entramos en una nueva etapa, en una nueva disyuntiva con fases diversas y multidimensionales. La primera pasa por reorganizar y restructurar al partido, comenzaremos una campaña nacional de referendo y afiliación para ir a la elección interna y con ello renovar nuestras dirigencias en todos los niveles. Segundo, hemos abierto un diálogo amplio y profundo sobre el modelo de partido, ¿debemos seguir siendo un partido de masas?, ¿transitar a un partido de cuadros?, o ¿disolvernos para conformar algo nuevo? Tercero, estamos dando un salto cuántico para retomar nuestras banderas, debemos reinventarnos sobre la base de una izquierda progresista, que defiende derechos y libertades, que reivindica la lucha contra la desigualdad, que señala y combate la impunidad como el cáncer que enquista la corrupción. Cuarto, debemos también mirar hacia el futuro, renovar y refrescar nuestro discurso, actualizar nuestras propuestas y rejuvenecer nuestros liderazgos. Quinto, debemos analizar y replantearnos hacia adelante nuestra política de alianzas, particularmente con Acción Nacional, definir en dónde y bajo qué nuevos esquemas y circunstancias podemos hacerlo. Sexto, particularmente en Tlaxcala debemos cerrar filas con quienes nos quedamos, recontarnos, y afilar las flechas para la contienda de 2021, donde estoy convencido que podemos convertirnos en una alternativa real nuevamente para gobernar Tlaxcala.

Si bien pareciera que AMLO y su Morena son inevitables, desde el PRD les digo, les decimos con convicción, aquí estaremos, no nos rendiremos, porque…Yo soy PRD.

*Presidente Estatal del PRD Tlaxcala