Juan Manuel Delete

  / miércoles 25 de marzo de 2020

Antípodas | Gobernar es cosa seria

La Ciencia Política, no es otra cosa que medicina a gran escala

Rudolf Virchow

Hubo una época en la historia de la humanidad donde lo que privaba para la toma de decisiones de las personas, y de los gobiernos, era el misticismo mágico y religioso; en aquellos ayeres, concretamente en toda la Edad Media que comprendió un largo lapso del siglo V al XIV, lo mítico estaba por encima de la razón, y a ese periodo se le conoció como el Oscurantismo.

El Oscurantismo es la extrema oposición a la expansión, divulgación y transmisión del progreso, se entiende como la negación de la ciencia, la educación y la cultura, fue como la construcción de un dique que separaba a la gente, al vulgo en general, del acceso a medios que permitirán su crecimiento.

El control principalmente ejercido correspondió a la religión, siendo la iglesia católica la de mayor influencia y alcance, que sirvió de cómplice a los regímenes de las monarquías absolutistas europeas, quienes, de manera conjunta, monarquía e iglesia, utilizaron a la Inquisición como su brazo ejecutor para mantener la ortodoxia religiosa y los cánones católicos como los únicamente aceptados, y como medio de control político, social y económico.

El punto de quiebre civilizatorio se produjo con el Renacimiento, que significó una gran apertura hacia la erudición y a la ciencia, la promoción del libre pensamiento e incluso el comienzo de la democratización de la educación y la cultura, es decir, se abrió la posibilidad de acceso a un mayor número de personas al debate de las ideas.

El Renacimiento se desligó del misticismo religioso y puso por delante a la razón y la ciencia, como los medios para alcanzar el progreso de la humanidad, ponderó la necesidad de que las decisiones en todos los órdenes, político, económico, social, cultural, etc. Tuvieran como punto de referencia la ciencia, los datos duros, la identificación de factores objetivos.

Este período tan relevante de la historia derivó en lo que conocemos como la Ilustración, que se sucedió a partir del siglo XVII, y promovía que el conocimiento humano era capaz de combatir la superstición, la ignorancia y a la propia tiranía, en términos de régimen dio paso a la creación de las primeras monarquías constitucionales, antecedente directo del modelo democrático que hoy tenemos; y desde luego, dejó un legado de pensadores de alta envergadura con un gran aporte a la humanidad como Newton, John Locke, René Descartes, Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Hume, entre muchos otros.

En el marco de esta explosión de conocimiento en la historia de la humanidad surgen las ciencias políticas, que no es otra cosa que la disciplina que estudia al Estado, al poder, el gobierno, los sistemas políticos y de partidos, y la manera en cómo éstos interactúan con las personas para dotar de respuestas a la multiplicidad de problemas complejos que se presenta en la sociedad. La referencia de esta ciencia la encontramos en el renacentista Nicolás Maquiavelo, quien con su obra El Príncipe de 1513, puso el punto sobre la i, en el estudio de los fenómenos políticos tal cual son, con realismo total y no como debieran ser.

Esto me lleva a afirmar que el acto de gobernar requiere de cientistas, de expertos en la materia, que sean capaces de estudiar y determinar las causalidades de los fenómenos políticos, de construir respuestas realistas y posibles a problemas concretos. El ejercicio del poder debe estar alejado de los misticismos y de la religión o la fe, nada más absurdo que encomendar al espíritu, a santos o amuletos míticos la resolución de dificultades sociales.

El hombre o la mujer de política, que aspire a ser hombre o mujer de Estado, debe regir sus decisiones en la razón, en el conocimiento, en la preparación, en la experticia y en la propia experiencia política, porque la toma de decisiones sobre la cosa pública no es asunto menor, en ello va la vida y la calidad de ésta de millones de seres humanos. La política es cosa seria, y el ejercicio del poder debe alejar a los advenedizos, a los novatos, a los chistosos, a los ignorantes; de lo contrario, lo que privará en los países, estados o municipios, serán gobiernos ineptos, incapaces, ocurrentes, que en nada contribuyen al avance civilizatorio iniciados hace tanto tiempo.

La Ciencia Política, no es otra cosa que medicina a gran escala

Rudolf Virchow

Hubo una época en la historia de la humanidad donde lo que privaba para la toma de decisiones de las personas, y de los gobiernos, era el misticismo mágico y religioso; en aquellos ayeres, concretamente en toda la Edad Media que comprendió un largo lapso del siglo V al XIV, lo mítico estaba por encima de la razón, y a ese periodo se le conoció como el Oscurantismo.

El Oscurantismo es la extrema oposición a la expansión, divulgación y transmisión del progreso, se entiende como la negación de la ciencia, la educación y la cultura, fue como la construcción de un dique que separaba a la gente, al vulgo en general, del acceso a medios que permitirán su crecimiento.

El control principalmente ejercido correspondió a la religión, siendo la iglesia católica la de mayor influencia y alcance, que sirvió de cómplice a los regímenes de las monarquías absolutistas europeas, quienes, de manera conjunta, monarquía e iglesia, utilizaron a la Inquisición como su brazo ejecutor para mantener la ortodoxia religiosa y los cánones católicos como los únicamente aceptados, y como medio de control político, social y económico.

El punto de quiebre civilizatorio se produjo con el Renacimiento, que significó una gran apertura hacia la erudición y a la ciencia, la promoción del libre pensamiento e incluso el comienzo de la democratización de la educación y la cultura, es decir, se abrió la posibilidad de acceso a un mayor número de personas al debate de las ideas.

El Renacimiento se desligó del misticismo religioso y puso por delante a la razón y la ciencia, como los medios para alcanzar el progreso de la humanidad, ponderó la necesidad de que las decisiones en todos los órdenes, político, económico, social, cultural, etc. Tuvieran como punto de referencia la ciencia, los datos duros, la identificación de factores objetivos.

Este período tan relevante de la historia derivó en lo que conocemos como la Ilustración, que se sucedió a partir del siglo XVII, y promovía que el conocimiento humano era capaz de combatir la superstición, la ignorancia y a la propia tiranía, en términos de régimen dio paso a la creación de las primeras monarquías constitucionales, antecedente directo del modelo democrático que hoy tenemos; y desde luego, dejó un legado de pensadores de alta envergadura con un gran aporte a la humanidad como Newton, John Locke, René Descartes, Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Hume, entre muchos otros.

En el marco de esta explosión de conocimiento en la historia de la humanidad surgen las ciencias políticas, que no es otra cosa que la disciplina que estudia al Estado, al poder, el gobierno, los sistemas políticos y de partidos, y la manera en cómo éstos interactúan con las personas para dotar de respuestas a la multiplicidad de problemas complejos que se presenta en la sociedad. La referencia de esta ciencia la encontramos en el renacentista Nicolás Maquiavelo, quien con su obra El Príncipe de 1513, puso el punto sobre la i, en el estudio de los fenómenos políticos tal cual son, con realismo total y no como debieran ser.

Esto me lleva a afirmar que el acto de gobernar requiere de cientistas, de expertos en la materia, que sean capaces de estudiar y determinar las causalidades de los fenómenos políticos, de construir respuestas realistas y posibles a problemas concretos. El ejercicio del poder debe estar alejado de los misticismos y de la religión o la fe, nada más absurdo que encomendar al espíritu, a santos o amuletos míticos la resolución de dificultades sociales.

El hombre o la mujer de política, que aspire a ser hombre o mujer de Estado, debe regir sus decisiones en la razón, en el conocimiento, en la preparación, en la experticia y en la propia experiencia política, porque la toma de decisiones sobre la cosa pública no es asunto menor, en ello va la vida y la calidad de ésta de millones de seres humanos. La política es cosa seria, y el ejercicio del poder debe alejar a los advenedizos, a los novatos, a los chistosos, a los ignorantes; de lo contrario, lo que privará en los países, estados o municipios, serán gobiernos ineptos, incapaces, ocurrentes, que en nada contribuyen al avance civilizatorio iniciados hace tanto tiempo.