/ miércoles 3 de abril de 2019

CÁRAS Y MÁSCARAS

¿Es el mestizaje una forma de racismo?

  • Federico Navarrete Linares, profesor del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM...

Autor de los libros “México Racista” (Grijalbo 2016) y “Alfabeto del racismo mexicano” (Malpaso, 2017), contesta afirmativamente. La esencia de la argumentación que sustenta su aseveración se encuentra en el Boletín UNAM-DGCS-519, publicado el 12 de agosto del año pasado.

México es un país racista y seguirá siéndolo mientras se crea mestizo, pues el origen de su propensión a discriminar surge de la idea de que nos debemos mezclar y se inicia en casi todas las familias, señala por principio el investigador.

Explica: “Este concepto, pretendidamente incluyente, en realidad excluye, pues define quién puede ser integrado y quién no, y deja de lado a grupos poblacionales importantes como los indígenas, a las personas de origen africano o asiático, o a los inmigrantes judíos y a otros grupos supuestamente incapaces de asimilarse”.

Aunque enarbola la combinación genética de sujetos con características distintas, el mestizaje es una idea racista, pues asume que la porción europea es preferible a la americana. “Desea el blanqueamiento de los indígenas, pero jamás aceptará la indigenización de los blancos”.

En una comparación extrema, Navarrete Linares considera al mestizaje una ideología parecida a las imperantes en Sudáfrica, Estados Unidos o Alemania en la primera mitad del siglo XX, con la única variante de que la segregación aquí se practica por la mezcla y no por la separación.

Mestizaje: ideología de dominación racial

En el libro “Alfabeto del racismo mexicano”, al referirse al vocablo Mestizo, su autor expone que el mestizaje era y es una ideología de dominación racial tan poderosa que “ni quienes la ejercemos nos damos cuenta de ello”.

Agrega: “Aunque los mexicanos nos proclamamos como mestizos, en realidad nadie quiere serlo realmente. En los medios de clase media y alta -ilustrados o no-, llamar a alguien mestizo puede ser interpretado como un recordatorio grosero de un mal disimulado origen indígena o popular, un pasado “naco” por usar un término más brutal.

“La mayoría de nuestros intelectuales y comentaristas sacan a relucir su carácter mestizo únicamente en las ocasiones en que quieren aleccionar a otros mexicanos menos modernos y más morenos que ellos.

“En suma, como mestizos, los mexicanos solemos ocupar una posición incómoda, entre la vergüenza y el regaño, la jerarquía y el desprecio. El drama del mestizo mexicano, en última instancia, es que nunca quiso serlo en verdad. En su biblioteca y en su árbol genealógico, en su forma de vestir y de pensar aspiró siempre a adquirir todos los atributos idealizados de la blancura occidental, asociados a la cultura moderna y al progreso, a la civilización y al buen gusto, al glamour y a la belleza.

“La población mexicana ha sido siempre más diversa y menos homogénea de lo que pretendía la leyenda del mestizaje y nunca ha tendido a unificarse en una sola raza. Lo que hay en el México de hoy es un alto grado de “indefinición racial”, es decir, sectores muy amplios de la población que no saben cuál es su origen étnico o han sido obligados a olvidarlo o hacerlo invisible.”

El mestizaje y los mitos históricos

El propio Navarrete y sus seguidores, exploran el origen y evolución del mestizaje, un concepto y una condición que suelen aceptarse y aún ostentarse sin analizar más que superficialmente su sentido y significado.

Las leyendas que hablan de la Conquista, de Cortés y la Malinche, para explicar el racismo en México, dicen, no tienen nada que ver, en términos históricos de causalidad, con los dos fenómenos contemporáneos más relevantes: el mestizaje y el racismo mediático de rostros blancos y bellos.

El racismo que vive la sociedad mexicana hoy es producto de fines del siglo XIX y tiene que ver, sobre todo, con la construcción del mestizaje como ideología sustentada en dos mitos:

Un primer mito: la dicotomía absolutamente simplista que expresa que los españoles conquistaron a los mexicanos, enunciado totalmente maniqueo (conquistador blanco, conquistado indígena) que no corresponde a la realidad de la guerra entre españoles e indígenas en el siglo XVI; una muestra: el ejército que tomó México-Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 estaba compuesto por alrededor de un 95 por ciento de guerreros indígenas de Tlaxcala, Texcoco, Xochimilco, Coyoacán y Chalco, dado que todos estos pueblos estaban del lado de los españoles, frente a los mexicas sus opresores.

Se abunda en las explicaciones: “La mayoría de los indígenas durante el periodo colonial no se sentía conquistada ni derrotada. Si uno lee los textos históricos producidos por los indígenas durante esa época, nunca hablan de sí mismos como ‘nosotros los conquistados’. El mestizaje es una construcción ideológica del México independiente, del siglo XIX en adelante, dicen.

Otro mito: la fantasía acerca de una guerra de razas que había empezado con la conquista y acabaría, supuestamente, con los conquistados derrotando a los conquistadores. De ahí que, en el siglo XIX, cada vez que había una reunión indígena, o en el XX, cuando los zapatistas llegan a la ciudad de México, se decía que las hordas bárbaras de indios se proponían matar a los blancos para vengarse de la conquista. Para enfrentar tal escenario la única solución era el mestizaje para que desaparecieran las diferencias. En ese afán la idea del mestizaje se retrotrae a la Conquista. Allí Octavio Paz, premio Nobel de literatura, describe pasajes muy elocuentes sobre cómo Cortés violó a la Malinche y cómo ella es, por eso, una basura que merece nuestro desprecio y ser execrada. Tesis que exhibe una misoginia aterradora.

El racismo y el clasismo se retroalimentan

Ante la pregunta ¿El concepto del mestizaje es el responsable del racismo y el clasismo que se vive en México? Federico Navarrete contesta que sí, pues, como ya se dijo, la propensión a discriminar surge de la idea de que la gente se debe mezclar.

El autor de los libros arriba citados comenta: “Es muy frecuente que me hagan la objeción de que el problema en México es de clases políticas y de ciudadanía, pero no de raza”. La primera respuesta a eso es que en ningún sistema racista del mundo –ni siquiera en la Sudáfrica del apartheid o en el Estados Unidos de la segregación– las diferencias de raza son únicamente raciales. El racismo químicamente puro no existe; la discriminación siempre se vincula con la desigualdad económica, el acceso a los derechos políticos y otras formas de diferenciación. El racismo siempre se suma a, y sirve para justificar o naturalizar, las diferencias de tipo socioeconómico o político.

De modo que a quienes afirman que México es clasista y no racista, el profesor universitario aclara que esta clase de comentarios sólo reafirman que ambos conceptos son dos caras de la misma moneda, las cuales han definido la manera en que interactúa la sociedad mexicana desde hace siglos. Sentencia: “Desde el régimen colonial español las mejores posiciones sociales se han reservado a gente de origen europeo y eso hizo que las diferencias en la sociedad novohispana fueran de casta y no de clase”. El argumento de que la discriminación por raza o por clase son dos cosas distintas tiene una falla moral, pues parece un intento por hacer ilegitima a la primera -la raza- y darle carta de aceptación a la segunda –la clase-, la cual también debería ser combatida, concluye el historiador.

¿Es el mestizaje una forma de racismo?

  • Federico Navarrete Linares, profesor del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM...

Autor de los libros “México Racista” (Grijalbo 2016) y “Alfabeto del racismo mexicano” (Malpaso, 2017), contesta afirmativamente. La esencia de la argumentación que sustenta su aseveración se encuentra en el Boletín UNAM-DGCS-519, publicado el 12 de agosto del año pasado.

México es un país racista y seguirá siéndolo mientras se crea mestizo, pues el origen de su propensión a discriminar surge de la idea de que nos debemos mezclar y se inicia en casi todas las familias, señala por principio el investigador.

Explica: “Este concepto, pretendidamente incluyente, en realidad excluye, pues define quién puede ser integrado y quién no, y deja de lado a grupos poblacionales importantes como los indígenas, a las personas de origen africano o asiático, o a los inmigrantes judíos y a otros grupos supuestamente incapaces de asimilarse”.

Aunque enarbola la combinación genética de sujetos con características distintas, el mestizaje es una idea racista, pues asume que la porción europea es preferible a la americana. “Desea el blanqueamiento de los indígenas, pero jamás aceptará la indigenización de los blancos”.

En una comparación extrema, Navarrete Linares considera al mestizaje una ideología parecida a las imperantes en Sudáfrica, Estados Unidos o Alemania en la primera mitad del siglo XX, con la única variante de que la segregación aquí se practica por la mezcla y no por la separación.

Mestizaje: ideología de dominación racial

En el libro “Alfabeto del racismo mexicano”, al referirse al vocablo Mestizo, su autor expone que el mestizaje era y es una ideología de dominación racial tan poderosa que “ni quienes la ejercemos nos damos cuenta de ello”.

Agrega: “Aunque los mexicanos nos proclamamos como mestizos, en realidad nadie quiere serlo realmente. En los medios de clase media y alta -ilustrados o no-, llamar a alguien mestizo puede ser interpretado como un recordatorio grosero de un mal disimulado origen indígena o popular, un pasado “naco” por usar un término más brutal.

“La mayoría de nuestros intelectuales y comentaristas sacan a relucir su carácter mestizo únicamente en las ocasiones en que quieren aleccionar a otros mexicanos menos modernos y más morenos que ellos.

“En suma, como mestizos, los mexicanos solemos ocupar una posición incómoda, entre la vergüenza y el regaño, la jerarquía y el desprecio. El drama del mestizo mexicano, en última instancia, es que nunca quiso serlo en verdad. En su biblioteca y en su árbol genealógico, en su forma de vestir y de pensar aspiró siempre a adquirir todos los atributos idealizados de la blancura occidental, asociados a la cultura moderna y al progreso, a la civilización y al buen gusto, al glamour y a la belleza.

“La población mexicana ha sido siempre más diversa y menos homogénea de lo que pretendía la leyenda del mestizaje y nunca ha tendido a unificarse en una sola raza. Lo que hay en el México de hoy es un alto grado de “indefinición racial”, es decir, sectores muy amplios de la población que no saben cuál es su origen étnico o han sido obligados a olvidarlo o hacerlo invisible.”

El mestizaje y los mitos históricos

El propio Navarrete y sus seguidores, exploran el origen y evolución del mestizaje, un concepto y una condición que suelen aceptarse y aún ostentarse sin analizar más que superficialmente su sentido y significado.

Las leyendas que hablan de la Conquista, de Cortés y la Malinche, para explicar el racismo en México, dicen, no tienen nada que ver, en términos históricos de causalidad, con los dos fenómenos contemporáneos más relevantes: el mestizaje y el racismo mediático de rostros blancos y bellos.

El racismo que vive la sociedad mexicana hoy es producto de fines del siglo XIX y tiene que ver, sobre todo, con la construcción del mestizaje como ideología sustentada en dos mitos:

Un primer mito: la dicotomía absolutamente simplista que expresa que los españoles conquistaron a los mexicanos, enunciado totalmente maniqueo (conquistador blanco, conquistado indígena) que no corresponde a la realidad de la guerra entre españoles e indígenas en el siglo XVI; una muestra: el ejército que tomó México-Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 estaba compuesto por alrededor de un 95 por ciento de guerreros indígenas de Tlaxcala, Texcoco, Xochimilco, Coyoacán y Chalco, dado que todos estos pueblos estaban del lado de los españoles, frente a los mexicas sus opresores.

Se abunda en las explicaciones: “La mayoría de los indígenas durante el periodo colonial no se sentía conquistada ni derrotada. Si uno lee los textos históricos producidos por los indígenas durante esa época, nunca hablan de sí mismos como ‘nosotros los conquistados’. El mestizaje es una construcción ideológica del México independiente, del siglo XIX en adelante, dicen.

Otro mito: la fantasía acerca de una guerra de razas que había empezado con la conquista y acabaría, supuestamente, con los conquistados derrotando a los conquistadores. De ahí que, en el siglo XIX, cada vez que había una reunión indígena, o en el XX, cuando los zapatistas llegan a la ciudad de México, se decía que las hordas bárbaras de indios se proponían matar a los blancos para vengarse de la conquista. Para enfrentar tal escenario la única solución era el mestizaje para que desaparecieran las diferencias. En ese afán la idea del mestizaje se retrotrae a la Conquista. Allí Octavio Paz, premio Nobel de literatura, describe pasajes muy elocuentes sobre cómo Cortés violó a la Malinche y cómo ella es, por eso, una basura que merece nuestro desprecio y ser execrada. Tesis que exhibe una misoginia aterradora.

El racismo y el clasismo se retroalimentan

Ante la pregunta ¿El concepto del mestizaje es el responsable del racismo y el clasismo que se vive en México? Federico Navarrete contesta que sí, pues, como ya se dijo, la propensión a discriminar surge de la idea de que la gente se debe mezclar.

El autor de los libros arriba citados comenta: “Es muy frecuente que me hagan la objeción de que el problema en México es de clases políticas y de ciudadanía, pero no de raza”. La primera respuesta a eso es que en ningún sistema racista del mundo –ni siquiera en la Sudáfrica del apartheid o en el Estados Unidos de la segregación– las diferencias de raza son únicamente raciales. El racismo químicamente puro no existe; la discriminación siempre se vincula con la desigualdad económica, el acceso a los derechos políticos y otras formas de diferenciación. El racismo siempre se suma a, y sirve para justificar o naturalizar, las diferencias de tipo socioeconómico o político.

De modo que a quienes afirman que México es clasista y no racista, el profesor universitario aclara que esta clase de comentarios sólo reafirman que ambos conceptos son dos caras de la misma moneda, las cuales han definido la manera en que interactúa la sociedad mexicana desde hace siglos. Sentencia: “Desde el régimen colonial español las mejores posiciones sociales se han reservado a gente de origen europeo y eso hizo que las diferencias en la sociedad novohispana fueran de casta y no de clase”. El argumento de que la discriminación por raza o por clase son dos cosas distintas tiene una falla moral, pues parece un intento por hacer ilegitima a la primera -la raza- y darle carta de aceptación a la segunda –la clase-, la cual también debería ser combatida, concluye el historiador.

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