/ miércoles 2 de octubre de 2019

Caras y Máscaras | La migración, factor de fortalecimiento cultural

La migración humana es la actividad por medio de la cual las personas se reubican de una a otra región o ciudad. Es el movimiento de la población que deja un lugar de residencia para establecerse en otro.

La migración se puede observar desde dos puntos de vista: como emigración o salida del lugar de origen para asentarse en otro sitio, o como inmigración, por la cual un individuo o grupo llega a un sitio diferente de su lugar habitual para establecer su nueva residencia.

Ambos casos implican la percepción de un cambio de vida con mejores perspectivas económicas, sociales o políticas.

La historia de la humanidad es, en gran medida, la historia de las migraciones, desplazamientos masivos de millones y millones de personas en busca de mejores lugares para vivir. Podría decirse que, casi en su totalidad, las localidades mundiales han sido fundadas por migrantes.

La causa principal de la migración es la búsqueda del bienestar individual y social, pero hay otras causas que obligan a personas o grupos a dejar los lugares de su residencia original, entre ellas se encuentran la escasez de alimentos, los desastres naturales, los conflictos interétnicos, las crisis económicas, las dictaduras y las guerras, que impiden a las poblaciones disponer de los medios indispensables para su manutención, vida saludable y oportunidades de educación y trabajo.

Los efectos de las migraciones también son diversos: a los emigrados la incorporación a un escenario cultural diferente al acostumbrado puede ocasionarles depresión, ansiedad, angustia, pánico, desórdenes alimenticios y otros trastornos; las comarcas abandonadas, por su parte, experimentan un paulatino envejecimiento de la población debido a que los emigrados generalmente son los jóvenes, portadores del vigor físico y la decisión de buscar mejores condiciones de vida.

Sin dejar de considerar las acciones indeseables de maltrato, humillación y violencia que en muchas ocasiones sufren los migrantes, entre las consecuencias positivas para las poblaciones que los acogen cabe mencionar la captación de personal preparado que no encuentra empleo en su lugar de origen, así como la ocupación de los puestos de trabajo que los locales no desean, lo cual favorece el dinamismo y el crecimiento económicos.

Tales consideraciones explican en parte las migraciones de los tlaxcaltecas, un pueblo de migrantes.

El libro “Los Colonizadores Tlaxcaltecas al Norte de la Nueva España 1591”, de la autoría de Jaime Sánchez Sánchez, Armando Díaz de la Mora y Yolanda Ramos Galicia, narra lo que bien puede considerarse la proeza tlaxcalteca, desde el establecimiento y consolidación territorial de la Antigua Tlaxcallan, 1337-1519, hasta la Gran Jornada de las 400 Familias al Norte de la Nueva España en 1591.

En esta obra, los autores, con base en la información de acreditados cronistas e historiadores, describen sucintamente los principales episodios en que participan los tlaxcaltecas aliados con los españoles, a quienes no pudieron vencer. La hipótesis para explicar la asociación parece razonable: “… los tlaxcaltecas se unieron en alianza con los españoles ante la posibilidad inminente de convertirse en sus vasallos, o incluso de ser exterminados.”

Al abordar el proyecto incipiente de colonización, comprendido en el período 1521–1537, luego de la conquista de Tenochtitlan, los autores citados expresan: “En estas líneas podemos identificar a los tlaxcaltecas como acompañantes permanentes en el proceso de conquista y colonización al lado de los españoles, como emisarios de paz, guerreros y colonos de tierras ajenas a las conocidas en el ámbito mesoamericano.” En tales condiciones incursionaron en la Huasteca, participaron en las expediciones a Oaxaca, estuvieron en las infaustas campañas militares del Occidente, se adentraron en Centroamérica y alcanzaron a llegar a Perú y Filipinas.

De las migraciones posteriores, hasta las recientes inclusive, dan cuenta Adrián González Romo y Roberto Estrada Bárcenas, profesores e investigadores del Instituto de Ciencias Económico Administrativas de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

En el resumen de su ensayo denominado “Los nuevos migrantes de Tlaxcala: cambios, transformaciones y nuevos escenarios del fenómeno migratorio”, como primera etapa “Se analizan las peculiaridades que muestra el proceso migratorio de los tlaxcaltecas a través de la historia, retomando los aportes que dejó la salida de las 400 familias en 1591 dando el apoyo para colonizar el norte bárbaro durante la colonia española.

La segunda etapa se refiere a la migración concertada de la población tlaxcalteca a través de los convenios laborales, uno el Programa denominado ‘Braceros’ con Estados Unidos, que duró de 1942 a 1964, y el otro es el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales con Canadá”.

La tercera etapa muestra cambios reflejados en la migración (interna) de los habitantes de Tlaxcala, se da a principios de 1970 y culmina a principios de los años 90, cuando se establecen los grandes corredores industriales, como es el caso del corredor Malinche y el Corredor Industrial que va de Zacatelco a Xicohtzinco y Panzacola

Y, por último, la cuarta etapa es considerada como de la migración indocumentada de la población tlaxcalteca a los Estados Unidos ante la falta de oportunidades en sus lugares de origen; en esta etapa se han ido conformando, a pesar de todos los obstáculos, las bases de la migración de las nuevas generaciones.

La migración es un factor de enriquecimiento cultural, tanto por la necesidad de los emigrantes de adaptarse a los valores y principios del territorio de acogida, cuanto por los usos y costumbres que el receptor adopta de los inmigrantes. En todos los sitios de su estancia los tlaxcaltecas han mantenido con firmeza sus tradiciones, así como proyectado y enriquecido su cultura.

Al final de la historia, sin embargo, real o virtualmente, los tlaxcaltecas vuelven una y otra vez a su comunidad de origen, porque nunca rompen sus lazos con ella. Hoy en día la ausencia no es pretexto para dejar de contribuir con las organizaciones locales que se hacen cargo de la “fe” y el “progreso”. El reconocimiento social en el regreso está determinado por la generosidad con la que contribuyen con la familia y con el pueblo.

La migración humana es la actividad por medio de la cual las personas se reubican de una a otra región o ciudad. Es el movimiento de la población que deja un lugar de residencia para establecerse en otro.

La migración se puede observar desde dos puntos de vista: como emigración o salida del lugar de origen para asentarse en otro sitio, o como inmigración, por la cual un individuo o grupo llega a un sitio diferente de su lugar habitual para establecer su nueva residencia.

Ambos casos implican la percepción de un cambio de vida con mejores perspectivas económicas, sociales o políticas.

La historia de la humanidad es, en gran medida, la historia de las migraciones, desplazamientos masivos de millones y millones de personas en busca de mejores lugares para vivir. Podría decirse que, casi en su totalidad, las localidades mundiales han sido fundadas por migrantes.

La causa principal de la migración es la búsqueda del bienestar individual y social, pero hay otras causas que obligan a personas o grupos a dejar los lugares de su residencia original, entre ellas se encuentran la escasez de alimentos, los desastres naturales, los conflictos interétnicos, las crisis económicas, las dictaduras y las guerras, que impiden a las poblaciones disponer de los medios indispensables para su manutención, vida saludable y oportunidades de educación y trabajo.

Los efectos de las migraciones también son diversos: a los emigrados la incorporación a un escenario cultural diferente al acostumbrado puede ocasionarles depresión, ansiedad, angustia, pánico, desórdenes alimenticios y otros trastornos; las comarcas abandonadas, por su parte, experimentan un paulatino envejecimiento de la población debido a que los emigrados generalmente son los jóvenes, portadores del vigor físico y la decisión de buscar mejores condiciones de vida.

Sin dejar de considerar las acciones indeseables de maltrato, humillación y violencia que en muchas ocasiones sufren los migrantes, entre las consecuencias positivas para las poblaciones que los acogen cabe mencionar la captación de personal preparado que no encuentra empleo en su lugar de origen, así como la ocupación de los puestos de trabajo que los locales no desean, lo cual favorece el dinamismo y el crecimiento económicos.

Tales consideraciones explican en parte las migraciones de los tlaxcaltecas, un pueblo de migrantes.

El libro “Los Colonizadores Tlaxcaltecas al Norte de la Nueva España 1591”, de la autoría de Jaime Sánchez Sánchez, Armando Díaz de la Mora y Yolanda Ramos Galicia, narra lo que bien puede considerarse la proeza tlaxcalteca, desde el establecimiento y consolidación territorial de la Antigua Tlaxcallan, 1337-1519, hasta la Gran Jornada de las 400 Familias al Norte de la Nueva España en 1591.

En esta obra, los autores, con base en la información de acreditados cronistas e historiadores, describen sucintamente los principales episodios en que participan los tlaxcaltecas aliados con los españoles, a quienes no pudieron vencer. La hipótesis para explicar la asociación parece razonable: “… los tlaxcaltecas se unieron en alianza con los españoles ante la posibilidad inminente de convertirse en sus vasallos, o incluso de ser exterminados.”

Al abordar el proyecto incipiente de colonización, comprendido en el período 1521–1537, luego de la conquista de Tenochtitlan, los autores citados expresan: “En estas líneas podemos identificar a los tlaxcaltecas como acompañantes permanentes en el proceso de conquista y colonización al lado de los españoles, como emisarios de paz, guerreros y colonos de tierras ajenas a las conocidas en el ámbito mesoamericano.” En tales condiciones incursionaron en la Huasteca, participaron en las expediciones a Oaxaca, estuvieron en las infaustas campañas militares del Occidente, se adentraron en Centroamérica y alcanzaron a llegar a Perú y Filipinas.

De las migraciones posteriores, hasta las recientes inclusive, dan cuenta Adrián González Romo y Roberto Estrada Bárcenas, profesores e investigadores del Instituto de Ciencias Económico Administrativas de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

En el resumen de su ensayo denominado “Los nuevos migrantes de Tlaxcala: cambios, transformaciones y nuevos escenarios del fenómeno migratorio”, como primera etapa “Se analizan las peculiaridades que muestra el proceso migratorio de los tlaxcaltecas a través de la historia, retomando los aportes que dejó la salida de las 400 familias en 1591 dando el apoyo para colonizar el norte bárbaro durante la colonia española.

La segunda etapa se refiere a la migración concertada de la población tlaxcalteca a través de los convenios laborales, uno el Programa denominado ‘Braceros’ con Estados Unidos, que duró de 1942 a 1964, y el otro es el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales con Canadá”.

La tercera etapa muestra cambios reflejados en la migración (interna) de los habitantes de Tlaxcala, se da a principios de 1970 y culmina a principios de los años 90, cuando se establecen los grandes corredores industriales, como es el caso del corredor Malinche y el Corredor Industrial que va de Zacatelco a Xicohtzinco y Panzacola

Y, por último, la cuarta etapa es considerada como de la migración indocumentada de la población tlaxcalteca a los Estados Unidos ante la falta de oportunidades en sus lugares de origen; en esta etapa se han ido conformando, a pesar de todos los obstáculos, las bases de la migración de las nuevas generaciones.

La migración es un factor de enriquecimiento cultural, tanto por la necesidad de los emigrantes de adaptarse a los valores y principios del territorio de acogida, cuanto por los usos y costumbres que el receptor adopta de los inmigrantes. En todos los sitios de su estancia los tlaxcaltecas han mantenido con firmeza sus tradiciones, así como proyectado y enriquecido su cultura.

Al final de la historia, sin embargo, real o virtualmente, los tlaxcaltecas vuelven una y otra vez a su comunidad de origen, porque nunca rompen sus lazos con ella. Hoy en día la ausencia no es pretexto para dejar de contribuir con las organizaciones locales que se hacen cargo de la “fe” y el “progreso”. El reconocimiento social en el regreso está determinado por la generosidad con la que contribuyen con la familia y con el pueblo.