/ miércoles 3 de noviembre de 2021

¿Ciudadanía?

Mucho se habla sobre los derechos de las personas, cuáles son y cómo hacerlos valer. Sin embargo, pareciera que hace falta apropiarse de los mismos. Al nacer, una persona tiene derechos por el hecho de ser humano, y sus padres y madres serán, inicialmente, los encargados de buscar la manera de ejercerlos porque aún no tiene la capacidad ni física ni intelectual para hacerlo, esto, dado que la Constitución Federal dice que adquiere la calidad de ciudadano mexicano quien haya cumplido dieciocho años y tenga un modo honesto de vivir.

Lo anterior pareciera un tanto obvio, pero ¿sabemos que significa ser un ciudadano? ¿Somos ciudadanos? La ciudadanía no solo es cumplir la mayoría de edad y en el mejor de los casos tramitar la credencial de elector; la ciudadanía nos da igualdad en los derechos y en obligaciones; nos permite intervenir en los asuntos de interés a todos por igual sin importar el estrato social, raza o religión. Esto es muy importante porque es la ciudadanía (incluidos usted y yo) quien decide o determina el destino de la comunidad, del municipio, del estado y por supuesto del país. El poder de la ciudadanía radica en identificar las necesidades de la sociedad y buscar en conjunto una solución. Como lo afirma Fernando Savater “lo que cuenta en la ciudadanía es lo que tenemos en común con los demás, no lo que nos distingue de ellos.”

Esto es una realidad en nuestro país, existen los mismos derechos para usted que para su vecino o para mí y las mismas herramientas para hacerlos valer; sin embargo, las personas necesitan apropiarse de su ciudadanía. ¿Cómo hacerlo? En un primer momento conociendo cuáles son esos derechos, pero también las obligaciones; por ejemplo, tengo derecho a obtener mi credencial para votar gratuitamente, pero al mismo tiempo la obligación de ir a votar.

La ciudadanía no inicia a las ocho de la mañana del día de la votación ni termina a las seis de la tarde cuando concluye la misma; la ciudadanía es más que eso, votar es solo una de las posibilidades que tenemos para apropiarnos de ella. Exija mediante los canales legales, acuda a una sesión de cabildo de su municipio, busque en las páginas web de las instituciones la información que están obligados a publicar, lea, infórmese y verá que es posible hacer efectivos esos derechos de los que tanto hablamos pero que pocos ejercemos.

Recomendación semanal

“Una viñeta de El Roto muestra un tenebroso personaje que señala al lector e inquiere ‘¿Usted todavía piensa o es un ciudadano normal?’” Así empieza Fernando Savater su libro “Diccionario del ciudadano sin miedo a saber.” A propósito del tema de esta semana, es de la editorial Ariel y escrito en dos mil siete, pero tan vigente que parece que lo escribieron ayer. En este pequeño libro en su tamaño, pero grande en su contenido, el autor considera “…imprescindible tratar de precisar los principales términos de nuestras deliberaciones políticas: a veces no nos oponen los distintos intereses y proyectos, sino la borrosa ambigüedad de las palabras cuyo significado todo el mundo cree conocer.”

El Diario de los Tlaxcaltecas es sin duda generador de opinión pública, gracias a El Sol de Tlaxcala la oportunidad y el espacio en sus páginas para compartir ideas con sus lectores.

Mucho se habla sobre los derechos de las personas, cuáles son y cómo hacerlos valer. Sin embargo, pareciera que hace falta apropiarse de los mismos. Al nacer, una persona tiene derechos por el hecho de ser humano, y sus padres y madres serán, inicialmente, los encargados de buscar la manera de ejercerlos porque aún no tiene la capacidad ni física ni intelectual para hacerlo, esto, dado que la Constitución Federal dice que adquiere la calidad de ciudadano mexicano quien haya cumplido dieciocho años y tenga un modo honesto de vivir.

Lo anterior pareciera un tanto obvio, pero ¿sabemos que significa ser un ciudadano? ¿Somos ciudadanos? La ciudadanía no solo es cumplir la mayoría de edad y en el mejor de los casos tramitar la credencial de elector; la ciudadanía nos da igualdad en los derechos y en obligaciones; nos permite intervenir en los asuntos de interés a todos por igual sin importar el estrato social, raza o religión. Esto es muy importante porque es la ciudadanía (incluidos usted y yo) quien decide o determina el destino de la comunidad, del municipio, del estado y por supuesto del país. El poder de la ciudadanía radica en identificar las necesidades de la sociedad y buscar en conjunto una solución. Como lo afirma Fernando Savater “lo que cuenta en la ciudadanía es lo que tenemos en común con los demás, no lo que nos distingue de ellos.”

Esto es una realidad en nuestro país, existen los mismos derechos para usted que para su vecino o para mí y las mismas herramientas para hacerlos valer; sin embargo, las personas necesitan apropiarse de su ciudadanía. ¿Cómo hacerlo? En un primer momento conociendo cuáles son esos derechos, pero también las obligaciones; por ejemplo, tengo derecho a obtener mi credencial para votar gratuitamente, pero al mismo tiempo la obligación de ir a votar.

La ciudadanía no inicia a las ocho de la mañana del día de la votación ni termina a las seis de la tarde cuando concluye la misma; la ciudadanía es más que eso, votar es solo una de las posibilidades que tenemos para apropiarnos de ella. Exija mediante los canales legales, acuda a una sesión de cabildo de su municipio, busque en las páginas web de las instituciones la información que están obligados a publicar, lea, infórmese y verá que es posible hacer efectivos esos derechos de los que tanto hablamos pero que pocos ejercemos.

Recomendación semanal

“Una viñeta de El Roto muestra un tenebroso personaje que señala al lector e inquiere ‘¿Usted todavía piensa o es un ciudadano normal?’” Así empieza Fernando Savater su libro “Diccionario del ciudadano sin miedo a saber.” A propósito del tema de esta semana, es de la editorial Ariel y escrito en dos mil siete, pero tan vigente que parece que lo escribieron ayer. En este pequeño libro en su tamaño, pero grande en su contenido, el autor considera “…imprescindible tratar de precisar los principales términos de nuestras deliberaciones políticas: a veces no nos oponen los distintos intereses y proyectos, sino la borrosa ambigüedad de las palabras cuyo significado todo el mundo cree conocer.”

El Diario de los Tlaxcaltecas es sin duda generador de opinión pública, gracias a El Sol de Tlaxcala la oportunidad y el espacio en sus páginas para compartir ideas con sus lectores.

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