/ viernes 28 de junio de 2019

¿Cómo era Tlaxcala del siglo pasado?

¿Cómo lucía la pequeña ciudad e Tlaxcala en la década de los 40 del Siglo pasado? Antes de que lleguen trastornos de Alzheimer, es bueno informar a la presente generación de tlaxcaltecas citadinos del estado físico que presentaba la pequeña Capital de Estado, que ahora conurbada con los pueblos circunvecinos se confunde como una ciudad de considerables dimensiones, la razón es que ha cambiado su rostro comparada con la lucida hace 79 años.

En primer término mencionaremos a las edificaciones y sus materiales de construcción, algunas que todavía existen construidas sus paredes con adobe, xalnenetl, tabique de barro cocido y piedra de río o volcánica con techumbre de vigas de madera, tajamanil, lodo y ladrillo éste último usado también en pisos. Ventanas construidas con madera al igual que puertas. Todavía existen portones protegidos con cuero además, fijados con “chapetones” que presentaban vista de lujo. En los años cuarenta, ya estaba presente el cemento, la varilla y cal en polvo, que era utilizado en la construcción de acuerdo a los recursos de cada propietario del futuro inmueble. En esos años en la actual manzana y un poco más, comprendida en las calles: al Norte, Camargo; al Sur, Hidalgo, al Oriente: Allende y al Poniente el Boulevard Mariano Sánchez, era área eternamente inundada hasta con 80 cm. de profundidad y, en sus orillas; sembradíos pequeños de alfalfa.

Existía el mercado; “Adolfo Bonilla” (lugar substituido por la actual Plaza: “Benito Juárez”), que a su alrededor se ubicaba el tianguis los días sábados.

Las calles pavimentadas con piedra del Río Zahuapan, y éstas eran las de las manzanas antiguas como las de los portales y Palacio de gobierno. El jardín con su quiosco y fuentes contaba con piso de lajas de piedra negra. Había servicio de traslado de Tlaxcala al poblado de Apetatitlán por vías de acero, el pequeño vagón de pasajeros era tirado por mulas, la terminal de dicho trenecito estaba en la actual calle de Morelos, donde se encontraba una plataforma circular la que giraba con el vagón para ponerla en dirección hacia San Pablo Apetatitlán. Posteriormente dicho vagón se motorizó.

Gran parte de la pequeña ciudad no contaba con electricidad para iluminar interiores de casas, porque el servicio de corriente eléctrica que proporcionaba una compañía carecía de capacidad suficiente, por ello se utilizaban velas fabricadas con cera o parafina. La mayoría de hogares cocinaba con leña y carbón. Aquéllas personas que gozaban de servició eléctrico usaban parrillas de resistencia. Llegó la modernización y, llegaron para su venta estufas que consumían petróleo y, posteriormente inició el uso de gas. El agua potable era distribuida por la red municipal, cuyas conexiones a domicilios era por medio de tubos de plomo. El manantial que surtía esa agua consumible estaba hacia la subida al pueblo de Cuautla, por ahí se encontraban lavaderos públicos. Hoy quedan vestigios de ellos, como mudos testigos. Para lavar también se utilizaba la rivera del Río Zahuapan cuyas aguas eran cristalinas y como levaderos usaban piedras de todos tamaños y colores.

Habían escuelas primarias: “Emiliano Zapata”, “Aguillón de los Ríos”, “Luis G. Salamanca”, “Xicohténcatl” la “Educación y Patria” para niñas, y dos Jardines de Niños. Una escuela secundaria estatal. Existían dos líneas de transporte público a la que se les conocía a una como: “los verdes” y la otra “azules” cuyos recorridos los hacían a la ciudad de Puebla, los primeros por Zacatelco y los segundos por vía de San Martín Texmelucan. En cuanto a taxis, solo había un vehículo y era conocido como “particular”. En la pequeña ciudad solo había tres coches marca Ford y Chevrolet. La ciudad no tenía policía, pero había un vigilante nocturno al que le llamaban en náhuatl: Cuico.

Los aguaceros que llegaban en marzo inundaban a la ciudad y la calle actual: 1° de Mayo que no tenía recubrimiento de piedra se convertía en río, de tal magnitud que los puestos de ollas y cazuelas de barro, flotaban rumbo al río. Años más tarde obras municipales controlaron inundaciones. Hoy, existe gran obra costosa de drenaje pluvial, sin embargo; sigue inundándose la ciudad y ahora con aguas negras (pestilentes y contaminantes), que flotan en el jardín central.

¿Cómo lucía la pequeña ciudad e Tlaxcala en la década de los 40 del Siglo pasado? Antes de que lleguen trastornos de Alzheimer, es bueno informar a la presente generación de tlaxcaltecas citadinos del estado físico que presentaba la pequeña Capital de Estado, que ahora conurbada con los pueblos circunvecinos se confunde como una ciudad de considerables dimensiones, la razón es que ha cambiado su rostro comparada con la lucida hace 79 años.

En primer término mencionaremos a las edificaciones y sus materiales de construcción, algunas que todavía existen construidas sus paredes con adobe, xalnenetl, tabique de barro cocido y piedra de río o volcánica con techumbre de vigas de madera, tajamanil, lodo y ladrillo éste último usado también en pisos. Ventanas construidas con madera al igual que puertas. Todavía existen portones protegidos con cuero además, fijados con “chapetones” que presentaban vista de lujo. En los años cuarenta, ya estaba presente el cemento, la varilla y cal en polvo, que era utilizado en la construcción de acuerdo a los recursos de cada propietario del futuro inmueble. En esos años en la actual manzana y un poco más, comprendida en las calles: al Norte, Camargo; al Sur, Hidalgo, al Oriente: Allende y al Poniente el Boulevard Mariano Sánchez, era área eternamente inundada hasta con 80 cm. de profundidad y, en sus orillas; sembradíos pequeños de alfalfa.

Existía el mercado; “Adolfo Bonilla” (lugar substituido por la actual Plaza: “Benito Juárez”), que a su alrededor se ubicaba el tianguis los días sábados.

Las calles pavimentadas con piedra del Río Zahuapan, y éstas eran las de las manzanas antiguas como las de los portales y Palacio de gobierno. El jardín con su quiosco y fuentes contaba con piso de lajas de piedra negra. Había servicio de traslado de Tlaxcala al poblado de Apetatitlán por vías de acero, el pequeño vagón de pasajeros era tirado por mulas, la terminal de dicho trenecito estaba en la actual calle de Morelos, donde se encontraba una plataforma circular la que giraba con el vagón para ponerla en dirección hacia San Pablo Apetatitlán. Posteriormente dicho vagón se motorizó.

Gran parte de la pequeña ciudad no contaba con electricidad para iluminar interiores de casas, porque el servicio de corriente eléctrica que proporcionaba una compañía carecía de capacidad suficiente, por ello se utilizaban velas fabricadas con cera o parafina. La mayoría de hogares cocinaba con leña y carbón. Aquéllas personas que gozaban de servició eléctrico usaban parrillas de resistencia. Llegó la modernización y, llegaron para su venta estufas que consumían petróleo y, posteriormente inició el uso de gas. El agua potable era distribuida por la red municipal, cuyas conexiones a domicilios era por medio de tubos de plomo. El manantial que surtía esa agua consumible estaba hacia la subida al pueblo de Cuautla, por ahí se encontraban lavaderos públicos. Hoy quedan vestigios de ellos, como mudos testigos. Para lavar también se utilizaba la rivera del Río Zahuapan cuyas aguas eran cristalinas y como levaderos usaban piedras de todos tamaños y colores.

Habían escuelas primarias: “Emiliano Zapata”, “Aguillón de los Ríos”, “Luis G. Salamanca”, “Xicohténcatl” la “Educación y Patria” para niñas, y dos Jardines de Niños. Una escuela secundaria estatal. Existían dos líneas de transporte público a la que se les conocía a una como: “los verdes” y la otra “azules” cuyos recorridos los hacían a la ciudad de Puebla, los primeros por Zacatelco y los segundos por vía de San Martín Texmelucan. En cuanto a taxis, solo había un vehículo y era conocido como “particular”. En la pequeña ciudad solo había tres coches marca Ford y Chevrolet. La ciudad no tenía policía, pero había un vigilante nocturno al que le llamaban en náhuatl: Cuico.

Los aguaceros que llegaban en marzo inundaban a la ciudad y la calle actual: 1° de Mayo que no tenía recubrimiento de piedra se convertía en río, de tal magnitud que los puestos de ollas y cazuelas de barro, flotaban rumbo al río. Años más tarde obras municipales controlaron inundaciones. Hoy, existe gran obra costosa de drenaje pluvial, sin embargo; sigue inundándose la ciudad y ahora con aguas negras (pestilentes y contaminantes), que flotan en el jardín central.

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