/ lunes 29 de marzo de 2021

Conociendo México

“Dicen que la política es la segunda profesión más antigua. Me estoy dando cuenta de que cada vez se parece más a la primera” Ronald Reagan

Había llegado el momento de lanzarse como candidato a la presidencia municipal. Una sindicatura, regiduría o consejería, ni siquiera eran opción. Habría que aprovechar el despertar de la larga noche del “pacto oligárquico” que prevalecía en las élites del poder mientras el pueblo bueno y sabio era engañado.

Sin dudarlo, se hizo presente en el partido progresista “A”. Era el partido en el gobierno que se ocupaba de entregar apoyos económicos, vacunas y que realizaba campañas sutiles bajo visitas de encuestadores para obtener la vox populi.

En cuanto hubo oportunidad, él tomó el micrófono en la sede del partido para explicar de los porqués de su desenfrenado activismo: Era la hora de que el presidente municipal, que aún gobernaba, primo del anterior, y cuñado del penúltimo, y quien se planteaba en estos momentos la reelección, diera paso a las nuevas generaciones, pero particularmente, al cambio del que todos hablan diariamente en la televisión.

Incluso, tomando los riesgos necesarios del discurso de género, denunció públicamente que la hermana de los exalcaldes, y concuña del actual, ya había logrado posicionarse en uno de los “partidos progresistas”; ahí, los exalcaldes - entre susurros - con burla decían que el posicionamiento de su candidata era “por aquello de que se ocupe el género”.

Su activismo lo llevó a darse cuenta de que no era una ni dos ni tres las corrientes políticas internas de los partidos progresistas. Si no que existían las del gobernador, las del superdelegado, las de la región, las de la incisión del partido, las del presidente del partido y también las de la secretaria general y los disidentes: ¡A todos visitó! Y todos les dieron las mismas indicaciones y tareas con sus propios recursos, bajo la promesa de ser considerado como candidato.

La primera vez que le buscaron del partido progresista dos, le dieron indicaciones y lo pusieron a chambear bajo la misma promesa de tomarlo en cuenta. Después, entre recomendaciones y grilla, consiguió entrevistas con personalidades estatales y nacionales del partido, obteniendo con ello más indicaciones y tareas con sus propios recursos.

Ante el desatino, decidió buscar otras opciones políticas. Así, paso con el partido “B”, el partido “C” y sucesivamente con el “D”. Lo curioso de su peregrinar, es que durante sus visitas pudo constatar que los que antes estaban en el partido “A”, ahora eran parte de “B”. Y los que estaban en el “B”, apoyaban también al “C”, en tanto que los de “C”, se ocupaban de promover el voto cruzado para “B” en la presidencia municipal, para “A” en la diputación federal, y obviamente para “C” en la diputación local…

A unas horas de que cierren los plazos para el registro de las candidaturas políticas locales en el proceso electoral más grande que tendrá nuestro país, ayer empezaron a circular los resultados de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica del INEGI (ENCUCI 2020), en ella se develan datos sobre las creencias, valores, actitudes y prácticas que estructuran y modelan la relación de las personas de 15 años y más con el poder público, así como el sentido de pertenencia y el reconocimiento de derechos y obligaciones como ciudadanos.

La importancia de cruzar los principales resultados de la ENCUCI, con la realidad que aqueja a los diferentes Méxicos que hoy viven un proceso político distinto – al menos discursivamente – pero que, en la base social, en el México profundo, la realidad es exactamente la misma que muestra la crónica relatada en la primera parte de este artículo (hecho ocurrido en la zona centro sur del país, INEGI); es que a pesar de todo, se mantiene un dato contundente: A nivel nacional, de la población de 15 años y más que sabe o ha escuchado lo que es la democracia, 52.7% se manifestó “muy o algo satisfecha con la democracia que se tiene hoy en México”, mientras que 46.8% de la población declaró sentirse “poco o nada satisfecha”.

Lo cierto de las cosas es que hoy por hoy se mantienen las viejas prácticas en todos los partidos políticos, y que estas instituciones singuen sin entender que no entiende. Son las más desprestigiadas en confianza (ENCUCI). Sin excepciones: “Se compran, diputaciones, presidencias, sindicaturas, regidurías, concejales o algo de poder viejo que vendan…”

  • Vladimir Juárez. Analista Político. Colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @Integridad_AC @VJ1204

“Dicen que la política es la segunda profesión más antigua. Me estoy dando cuenta de que cada vez se parece más a la primera” Ronald Reagan

Había llegado el momento de lanzarse como candidato a la presidencia municipal. Una sindicatura, regiduría o consejería, ni siquiera eran opción. Habría que aprovechar el despertar de la larga noche del “pacto oligárquico” que prevalecía en las élites del poder mientras el pueblo bueno y sabio era engañado.

Sin dudarlo, se hizo presente en el partido progresista “A”. Era el partido en el gobierno que se ocupaba de entregar apoyos económicos, vacunas y que realizaba campañas sutiles bajo visitas de encuestadores para obtener la vox populi.

En cuanto hubo oportunidad, él tomó el micrófono en la sede del partido para explicar de los porqués de su desenfrenado activismo: Era la hora de que el presidente municipal, que aún gobernaba, primo del anterior, y cuñado del penúltimo, y quien se planteaba en estos momentos la reelección, diera paso a las nuevas generaciones, pero particularmente, al cambio del que todos hablan diariamente en la televisión.

Incluso, tomando los riesgos necesarios del discurso de género, denunció públicamente que la hermana de los exalcaldes, y concuña del actual, ya había logrado posicionarse en uno de los “partidos progresistas”; ahí, los exalcaldes - entre susurros - con burla decían que el posicionamiento de su candidata era “por aquello de que se ocupe el género”.

Su activismo lo llevó a darse cuenta de que no era una ni dos ni tres las corrientes políticas internas de los partidos progresistas. Si no que existían las del gobernador, las del superdelegado, las de la región, las de la incisión del partido, las del presidente del partido y también las de la secretaria general y los disidentes: ¡A todos visitó! Y todos les dieron las mismas indicaciones y tareas con sus propios recursos, bajo la promesa de ser considerado como candidato.

La primera vez que le buscaron del partido progresista dos, le dieron indicaciones y lo pusieron a chambear bajo la misma promesa de tomarlo en cuenta. Después, entre recomendaciones y grilla, consiguió entrevistas con personalidades estatales y nacionales del partido, obteniendo con ello más indicaciones y tareas con sus propios recursos.

Ante el desatino, decidió buscar otras opciones políticas. Así, paso con el partido “B”, el partido “C” y sucesivamente con el “D”. Lo curioso de su peregrinar, es que durante sus visitas pudo constatar que los que antes estaban en el partido “A”, ahora eran parte de “B”. Y los que estaban en el “B”, apoyaban también al “C”, en tanto que los de “C”, se ocupaban de promover el voto cruzado para “B” en la presidencia municipal, para “A” en la diputación federal, y obviamente para “C” en la diputación local…

A unas horas de que cierren los plazos para el registro de las candidaturas políticas locales en el proceso electoral más grande que tendrá nuestro país, ayer empezaron a circular los resultados de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica del INEGI (ENCUCI 2020), en ella se develan datos sobre las creencias, valores, actitudes y prácticas que estructuran y modelan la relación de las personas de 15 años y más con el poder público, así como el sentido de pertenencia y el reconocimiento de derechos y obligaciones como ciudadanos.

La importancia de cruzar los principales resultados de la ENCUCI, con la realidad que aqueja a los diferentes Méxicos que hoy viven un proceso político distinto – al menos discursivamente – pero que, en la base social, en el México profundo, la realidad es exactamente la misma que muestra la crónica relatada en la primera parte de este artículo (hecho ocurrido en la zona centro sur del país, INEGI); es que a pesar de todo, se mantiene un dato contundente: A nivel nacional, de la población de 15 años y más que sabe o ha escuchado lo que es la democracia, 52.7% se manifestó “muy o algo satisfecha con la democracia que se tiene hoy en México”, mientras que 46.8% de la población declaró sentirse “poco o nada satisfecha”.

Lo cierto de las cosas es que hoy por hoy se mantienen las viejas prácticas en todos los partidos políticos, y que estas instituciones singuen sin entender que no entiende. Son las más desprestigiadas en confianza (ENCUCI). Sin excepciones: “Se compran, diputaciones, presidencias, sindicaturas, regidurías, concejales o algo de poder viejo que vendan…”

  • Vladimir Juárez. Analista Político. Colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @Integridad_AC @VJ1204
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