/ martes 14 de enero de 2020

Crimen de odio

  • Hace unos días, mujeres del colectivo 50 Mas 1 del que orgullosamente soy integrante, nos reunimos con el fiscal de Oaxaca para tratar el caso de María Elena Ríos, joven mujer que a sus 26 años ha destacado en el mundo de la música como una muy talentosa saxofonista egresada del conservatorio de Puebla.

Hace algún tiempo, María Elena tuvo una relación con un hombre que fue diputado local por el PRI y es un empresario no solo conocido sino temido. En el estado de Oaxaca se le tiene como un hombre “muy peligroso”. Viene a cuento el partido al que pertenece porque éste no ha hecho manifiesto alguno al respecto del delito que se le imputa a su otrora representante popular.

El 11 de septiembre de 2019, María Elena caminaba con su madre en Huajuapan de León, Oax, cuando dos hombres le arrojaron ácido sulfúrico a la cara y al cuerpo, el cual alcanzó inclusive a su madre. Los hospitales no están preparados para atender quemaduras. Malena fue (mal) atendida en dos hospitales de Oaxaca. La acción de Silvia su hermana y el resto de su familia logró su traslado a un hospital en la Ciudad de México y hacer el caso visible a nivel nacional.

El fiscal y su equipo dieron cuenta de lo realizado para integrar la carpeta de investigación. Han capturado a dos de los sicarios pero no al Neanderthal autor intelectual. Malena ya había recibido amenazas de parte de su ex pareja. Este tipo de ataques deben entenderse como crímenes de odio; la connotación personal es innegable y el mensaje es: eres mía o de nadie, como si las mujeres fuéramos un objeto del cual se puede gozar o destruir a gusto del macho en turno. Esto y nada menor, es consecuencia de la cultura patriarcal.

  • El sufrimiento de Malena es atroz. El dolor que ha padecido es indescriptible. Su rehabilitación será lenta, muy lenta y de consecuencias permanentes. “El ácido no solo quema la piel, sino todo el ser y a toda la familia” dice Carmen Sánchez, activista y sobreviviente del mismo crimen pero en el Estado de México.

Los ministerios públicos, aunque no lo creas lector, dictaminaron los ataques como “lesiones que tardan menos de 15 días en sanar”. Toca a la fiscalía integrar impoluta carpeta de investigación para que ningún juez se atreva a juzgar como lesiones lo que es un feminicidio en grado de tentativa. La diferencia de un delito a otro es que en el primero la pena máxima es de 10 años y en el segundo la mínima son 40.

Corrupción e impunidad son los dos grandes cánceres de México. El castigo al agresor intelectual y no solo a los sicarios del ataque a María Elena Ríos debe ser ejemplo a nivel nacional. Está en manos de la fiscalía de Oaxaca, de la voluntad política del gobernador Murat y de la integridad del poder judicial del estado enviar el mensaje a todo aquel infame que esté pensando en perpetrar un ataque similar, que la impunidad rampante que impera en México no tendrá cabida nunca más. Quien ataque a una mujer por el solo hecho de serlo, deberá pagar con cárcel.

En lo que toca a María Elena, la acompañaremos hasta las últimas instancias, aún si esto implica acudir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Serán las autoridades mexicanas o será la CIDH, pero habrá justicia.

  • Hace unos días, mujeres del colectivo 50 Mas 1 del que orgullosamente soy integrante, nos reunimos con el fiscal de Oaxaca para tratar el caso de María Elena Ríos, joven mujer que a sus 26 años ha destacado en el mundo de la música como una muy talentosa saxofonista egresada del conservatorio de Puebla.

Hace algún tiempo, María Elena tuvo una relación con un hombre que fue diputado local por el PRI y es un empresario no solo conocido sino temido. En el estado de Oaxaca se le tiene como un hombre “muy peligroso”. Viene a cuento el partido al que pertenece porque éste no ha hecho manifiesto alguno al respecto del delito que se le imputa a su otrora representante popular.

El 11 de septiembre de 2019, María Elena caminaba con su madre en Huajuapan de León, Oax, cuando dos hombres le arrojaron ácido sulfúrico a la cara y al cuerpo, el cual alcanzó inclusive a su madre. Los hospitales no están preparados para atender quemaduras. Malena fue (mal) atendida en dos hospitales de Oaxaca. La acción de Silvia su hermana y el resto de su familia logró su traslado a un hospital en la Ciudad de México y hacer el caso visible a nivel nacional.

El fiscal y su equipo dieron cuenta de lo realizado para integrar la carpeta de investigación. Han capturado a dos de los sicarios pero no al Neanderthal autor intelectual. Malena ya había recibido amenazas de parte de su ex pareja. Este tipo de ataques deben entenderse como crímenes de odio; la connotación personal es innegable y el mensaje es: eres mía o de nadie, como si las mujeres fuéramos un objeto del cual se puede gozar o destruir a gusto del macho en turno. Esto y nada menor, es consecuencia de la cultura patriarcal.

  • El sufrimiento de Malena es atroz. El dolor que ha padecido es indescriptible. Su rehabilitación será lenta, muy lenta y de consecuencias permanentes. “El ácido no solo quema la piel, sino todo el ser y a toda la familia” dice Carmen Sánchez, activista y sobreviviente del mismo crimen pero en el Estado de México.

Los ministerios públicos, aunque no lo creas lector, dictaminaron los ataques como “lesiones que tardan menos de 15 días en sanar”. Toca a la fiscalía integrar impoluta carpeta de investigación para que ningún juez se atreva a juzgar como lesiones lo que es un feminicidio en grado de tentativa. La diferencia de un delito a otro es que en el primero la pena máxima es de 10 años y en el segundo la mínima son 40.

Corrupción e impunidad son los dos grandes cánceres de México. El castigo al agresor intelectual y no solo a los sicarios del ataque a María Elena Ríos debe ser ejemplo a nivel nacional. Está en manos de la fiscalía de Oaxaca, de la voluntad política del gobernador Murat y de la integridad del poder judicial del estado enviar el mensaje a todo aquel infame que esté pensando en perpetrar un ataque similar, que la impunidad rampante que impera en México no tendrá cabida nunca más. Quien ataque a una mujer por el solo hecho de serlo, deberá pagar con cárcel.

En lo que toca a María Elena, la acompañaremos hasta las últimas instancias, aún si esto implica acudir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Serán las autoridades mexicanas o será la CIDH, pero habrá justicia.

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