/ jueves 14 de abril de 2022

Derecho a votar

La posibilidad de votar en las elecciones no siempre fue una realidad, muchas veces hemos escuchado, conmemorado y celebrado que las mujeres pudieron votar a partir de 1953; sin embargo, tampoco los hombres en su totalidad podían votar. La cualidad de la universalidad del voto apareció hasta la promulgación de la constitución en 1917.

El 1 de diciembre de 1916 en el teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro, se reunían 151 diputados para recibir la propuesta de Constitución que presentaba en encargado del poder Ejecutivo Venustiano Carranza, en dicho documento se estableció -entre otras cosas- que serían ciudadanos quienes teniendo la calidad de mexicanos tuvieran 18 años, siendo casados, o 21 si no lo eran y tener un modo honesto de vivir. Así mismo, se establecía el derecho de poder votar en las elecciones populares.

En su discurso Venustiano Carranza hizo referencia a la antigua y muy debatida cuestión de que debe concederse el voto activo a todos los ciudadanos sin excepción alguna, o si, por el contrario, habría que otorgarlo solamente a los que estaban en aptitud de darlo de una manera eficaz, ya por su ilustración o bien por su situación económica, que les diera un mayor interés en la gestión de la cosa pública.

Finalmente se consideró que era indispensable que el derecho a votar fuera igual para todos, además de libre y directo y fue hasta 1969 que se le da la calidad de ciudadanos a los hombres y mujeres que tuvieran 18 años y un modo honesto de vivir.

  • Estas cualidades del voto, (universal, libre y secreto) son de suma importancia, dados los efectos jurídicos, políticos, sociales y electorales que los motivaron y que permitieron en gran medida abandonar prácticas violentas y preservar la estabilidad política de México.

Actualmente el derecho a votar, al igual que otros derechos político electorales, se encuentra en el artículo 35 de la constitución que en la fracción I menciona: "Votar en las elecciones populares".

Es importante señalar que a las cualidades del voto que hemos mencionado se le han sumado otras que buscan resguardar la libertad de la ciudadanía de elegir, como el de ser personal e intransferible. Durante décadas a través de las reformas a las leyes electorales y con las experiencias de cada proceso electoral se ha buscado vehementemente la protección de esa libertad, es por ello que actualmente la legislación ha establecido un catálogo de delitos electorales, los cuales comentaremos en una entrega posterior.

El voto es universal porque toda la ciudadanía tiene derecho a votar, con lo que se garantiza que toda persona que así lo desee puede formar parte de las decisiones del país; es libre porque podemos acudir a las urnas sin que exista presión para votar por un partido político o persona determinada; es secreto, lo que implica que nadie está obligado a revelar por quien emitió su voto, ni nadie puede exigir que revele por quien lo hizo con la finalidad de que no haya condicionamiento en la decisión de la ciudadanía; es personal e intransferible porque solo la persona de manera individual puede acudir a votar sin la posibilidad de ceder a otra ese derecho.

Como hemos visto, llegar hasta a las condiciones actuales requirió de varias acciones encaminadas a mejorar las condiciones de su ciudadanía; se puede debatir si las reglas históricas de este derecho fueron justas o no, sin embargo se debe considerar que la realidad de la sociedad y las condiciones políticas de nuestro país son distintas a las de 1917, debemos superar y aprender del pasado y no llevarlo a cuestas para justificar algún derecho, no se pueden ver hechos del pasado con ojos del presente y menos justificar reformas a la constitución que podrán cambiar por muchos años nuestra forma de hacer democracia.

En cambio, conocer y comprender la historia y los antecedentes de nuestros derechos nos permite tener argumentos y herramientas para hacerlos valer y entender la relevancia de nuestra forma de elegir a las autoridades; la decisión de retroceder o avanzar como sociedad democrática está en la ciudadanía.

La posibilidad de votar en las elecciones no siempre fue una realidad, muchas veces hemos escuchado, conmemorado y celebrado que las mujeres pudieron votar a partir de 1953; sin embargo, tampoco los hombres en su totalidad podían votar. La cualidad de la universalidad del voto apareció hasta la promulgación de la constitución en 1917.

El 1 de diciembre de 1916 en el teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro, se reunían 151 diputados para recibir la propuesta de Constitución que presentaba en encargado del poder Ejecutivo Venustiano Carranza, en dicho documento se estableció -entre otras cosas- que serían ciudadanos quienes teniendo la calidad de mexicanos tuvieran 18 años, siendo casados, o 21 si no lo eran y tener un modo honesto de vivir. Así mismo, se establecía el derecho de poder votar en las elecciones populares.

En su discurso Venustiano Carranza hizo referencia a la antigua y muy debatida cuestión de que debe concederse el voto activo a todos los ciudadanos sin excepción alguna, o si, por el contrario, habría que otorgarlo solamente a los que estaban en aptitud de darlo de una manera eficaz, ya por su ilustración o bien por su situación económica, que les diera un mayor interés en la gestión de la cosa pública.

Finalmente se consideró que era indispensable que el derecho a votar fuera igual para todos, además de libre y directo y fue hasta 1969 que se le da la calidad de ciudadanos a los hombres y mujeres que tuvieran 18 años y un modo honesto de vivir.

  • Estas cualidades del voto, (universal, libre y secreto) son de suma importancia, dados los efectos jurídicos, políticos, sociales y electorales que los motivaron y que permitieron en gran medida abandonar prácticas violentas y preservar la estabilidad política de México.

Actualmente el derecho a votar, al igual que otros derechos político electorales, se encuentra en el artículo 35 de la constitución que en la fracción I menciona: "Votar en las elecciones populares".

Es importante señalar que a las cualidades del voto que hemos mencionado se le han sumado otras que buscan resguardar la libertad de la ciudadanía de elegir, como el de ser personal e intransferible. Durante décadas a través de las reformas a las leyes electorales y con las experiencias de cada proceso electoral se ha buscado vehementemente la protección de esa libertad, es por ello que actualmente la legislación ha establecido un catálogo de delitos electorales, los cuales comentaremos en una entrega posterior.

El voto es universal porque toda la ciudadanía tiene derecho a votar, con lo que se garantiza que toda persona que así lo desee puede formar parte de las decisiones del país; es libre porque podemos acudir a las urnas sin que exista presión para votar por un partido político o persona determinada; es secreto, lo que implica que nadie está obligado a revelar por quien emitió su voto, ni nadie puede exigir que revele por quien lo hizo con la finalidad de que no haya condicionamiento en la decisión de la ciudadanía; es personal e intransferible porque solo la persona de manera individual puede acudir a votar sin la posibilidad de ceder a otra ese derecho.

Como hemos visto, llegar hasta a las condiciones actuales requirió de varias acciones encaminadas a mejorar las condiciones de su ciudadanía; se puede debatir si las reglas históricas de este derecho fueron justas o no, sin embargo se debe considerar que la realidad de la sociedad y las condiciones políticas de nuestro país son distintas a las de 1917, debemos superar y aprender del pasado y no llevarlo a cuestas para justificar algún derecho, no se pueden ver hechos del pasado con ojos del presente y menos justificar reformas a la constitución que podrán cambiar por muchos años nuestra forma de hacer democracia.

En cambio, conocer y comprender la historia y los antecedentes de nuestros derechos nos permite tener argumentos y herramientas para hacerlos valer y entender la relevancia de nuestra forma de elegir a las autoridades; la decisión de retroceder o avanzar como sociedad democrática está en la ciudadanía.