/ martes 29 de septiembre de 2020

Ejemplo: Orden silenciosa

México es el país número uno en embarazo infantil y adolescente de todos los que integran la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE) y uno de los más violentos contra las niñas, niños y adolescentes (NNA) en el mundo. Se estima, según UNICEF, que más del 60 por ciento de NNA entre uno y 14 años son sujetos de agresión psicológica y castigo corporal en sus hogares. Por poner un solo ejemplo, uno de cada cinco menores en México sufre el delito de violencia sexual. Uno de cada cinco. Hagamos una pausa y pensemos en cuántos menores conocemos. Uno de cada 5 se enfrenta a uno o varios monstruos; quedará con heridas imposibles de borrar, con cicatrices que le acompañarán toda su vida mientras los agresores siguen tan campantes.

En 2006, el secretario general presentó a la Asamblea General de las Naciones Unidas el “Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños y Niñas”, el cual destacó la relevancia de observar cada tipo de violencia, contexto y agresor, así como la necesidad de implementar esquemas multisectoriales a fin de prevenir y atender la violencia contra NNA.

Nomás 14 años nos estamos tardando en México para atender el punto 2. Prohibir toda violencia contra niñas y niños, pero la semana pasada una buena noticia; el Senado de la República votó a favor de prohibir castigos corporales y humillantes contra menores de edad. En twitter, un usuario subió una encuesta preguntando a la comunidad de la red si estaban de acuerdo con esta reforma; ¡sorpresa! Abrumadoramente con el 82% de los 6,743 votos registrados, la gente dijo NO.

Comentarios como: “Un buen chanclazo o nalgada o pellizco a tiempo prevé el mal comportamiento” “a mi mis padres me pegaron para corregirme y aquí estoy, no me pasó nada” fueron los campeones de los comentarios. Pero, ¿qué no nos percatamos que vivimos en una sociedad profundamente violenta? ¿No nos enteramos que los adultos de hoy fueron niñas y niños algún día? ¿No asumimos que quien sostiene que para educar a menores se requiere un golpe es la misma que es golpeada por su pareja quien también legitima la violencia arguyendo que ella le provocó? ¿Cuál es la diferencia entre que se golpee, viole, violente en general a un menor que a una mujer?

Las NNA son seres humanos con eminente dignidad; no se adquiere la dignidad con la mayoría de edad; solo por el hecho de ser personas la tenemos. Que las y los menores estén madurando a la par de su cerebro su conducta, es otra cosa. Los castigos corporales no maduran más rápido el córtex pre frontal, que es la parte del cerebro que gestiona las emociones (producidas por la zona límbica), que aporta el buen juicio, la voluntad, la racionalidad y que ¡termina su maduración hasta los 25 años! No se equivoque nadie, los golpes enseñan a vivir con miedo a quien es más fuerte, a resolver conflictos a partir de la violencia y no del diálogo, a desvalorizar la vida y la integridad del otro y por supuesto, a violentar a quien es más débil y vulnerable.

Las madres y padres, los adultos en general podemos predicar, pontificar, sermonear. Que quede claro, es la experiencia, lo que viven, gozan, ríen, lloran, sufren las NNA lo que repetirán de adultos. El ejemplo es siempre una orden silenciosa.

México es el país número uno en embarazo infantil y adolescente de todos los que integran la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE) y uno de los más violentos contra las niñas, niños y adolescentes (NNA) en el mundo. Se estima, según UNICEF, que más del 60 por ciento de NNA entre uno y 14 años son sujetos de agresión psicológica y castigo corporal en sus hogares. Por poner un solo ejemplo, uno de cada cinco menores en México sufre el delito de violencia sexual. Uno de cada cinco. Hagamos una pausa y pensemos en cuántos menores conocemos. Uno de cada 5 se enfrenta a uno o varios monstruos; quedará con heridas imposibles de borrar, con cicatrices que le acompañarán toda su vida mientras los agresores siguen tan campantes.

En 2006, el secretario general presentó a la Asamblea General de las Naciones Unidas el “Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños y Niñas”, el cual destacó la relevancia de observar cada tipo de violencia, contexto y agresor, así como la necesidad de implementar esquemas multisectoriales a fin de prevenir y atender la violencia contra NNA.

Nomás 14 años nos estamos tardando en México para atender el punto 2. Prohibir toda violencia contra niñas y niños, pero la semana pasada una buena noticia; el Senado de la República votó a favor de prohibir castigos corporales y humillantes contra menores de edad. En twitter, un usuario subió una encuesta preguntando a la comunidad de la red si estaban de acuerdo con esta reforma; ¡sorpresa! Abrumadoramente con el 82% de los 6,743 votos registrados, la gente dijo NO.

Comentarios como: “Un buen chanclazo o nalgada o pellizco a tiempo prevé el mal comportamiento” “a mi mis padres me pegaron para corregirme y aquí estoy, no me pasó nada” fueron los campeones de los comentarios. Pero, ¿qué no nos percatamos que vivimos en una sociedad profundamente violenta? ¿No nos enteramos que los adultos de hoy fueron niñas y niños algún día? ¿No asumimos que quien sostiene que para educar a menores se requiere un golpe es la misma que es golpeada por su pareja quien también legitima la violencia arguyendo que ella le provocó? ¿Cuál es la diferencia entre que se golpee, viole, violente en general a un menor que a una mujer?

Las NNA son seres humanos con eminente dignidad; no se adquiere la dignidad con la mayoría de edad; solo por el hecho de ser personas la tenemos. Que las y los menores estén madurando a la par de su cerebro su conducta, es otra cosa. Los castigos corporales no maduran más rápido el córtex pre frontal, que es la parte del cerebro que gestiona las emociones (producidas por la zona límbica), que aporta el buen juicio, la voluntad, la racionalidad y que ¡termina su maduración hasta los 25 años! No se equivoque nadie, los golpes enseñan a vivir con miedo a quien es más fuerte, a resolver conflictos a partir de la violencia y no del diálogo, a desvalorizar la vida y la integridad del otro y por supuesto, a violentar a quien es más débil y vulnerable.

Las madres y padres, los adultos en general podemos predicar, pontificar, sermonear. Que quede claro, es la experiencia, lo que viven, gozan, ríen, lloran, sufren las NNA lo que repetirán de adultos. El ejemplo es siempre una orden silenciosa.

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