/ martes 13 de marzo de 2018

El cristal con que se mira

¡Las Mujeres decimos SÍ!

No se celebra. Se conmemora el Día Internacional de la Mujer, no se celebra porque parte de recordar un crimen, cuando en 1908 se asesinó a un grupo de mujeres que se atrevieron a exigir derechos laborales en una fábrica textil. Se recuerda entonces en este día, que las mujeres seguimos en desigualdad en derechos dentro de ámbitos como el trabajo, lo social, cultural, financiero e inclusive, aún con las cuotas de género, en lo político. No es para ensalzar lo femenino, sino la lucha por los derechos y la igualdad de trato y condiciones de vida ante iguales capacidades. Parece y es repetitivo; pues sí. No hay otra forma de llamar a la conciencia más que repetirlo una y otra vez.

Hasta hace unos cuantos lustros a las mujeres nos educaban con estrictas normas de comportamiento social y la sociedad respondía con muchos NO.

Las mujeres NO tenían permitido competir en una maratón.

Las mujeres NO podían aceptar sentir placer sexual sin ser estigmatizadas.

Las mujeres NO hacen negocios, solo pueden ser empleadas.

Las mujeres NO deben ganar igual que los hombres por que ellos “mantienen” a sus familias.

Las mujeres NO deben pensar ni opinar. “Calladitas se ven más bonitas”.

Las mujeres NO pueden decidir vivir sin hijos sin ser señaladas por la sociedad. Nacimos para ser madres.

Las mujeres NO podían ser empleadas si estaban casadas, embarazadas o tenían hijos.

Las mujeres NO podían ser escritoras, había que buscar pseudónimos.

Las mujeres NO pueden con las riendas de México. Hay que votar por hombres.

Las mujeres NO tienen hasta la fecha garantía de justicia sencilla para que los padres de sus hijos se hagan cargo en lo que les corresponde de la crianza de sus hijos.

Las mujeres NO podían reír a carcajadas, manejar en carretera, cambiar una llanta, trabajar en una gasolinera, dirigir una refinería, ir al espacio, ser directoras de cine, entrar al mundo de las finanzas... mil cosas más.

Vivimos muchos años en un mundo en que las mujeres NO podían decir NO.

Perdón por la primera persona, lector querido. En 1992, buscando desesperadamente empleo, en un banco me dijeron NO por estar casada y tener hijas. Llegué a Tlaxcala en 1996. Divorciada, joven, con dos niñas chiquitas, sola con mi trabajo y sin conocer a nadie. De ahí a la fecha, en el PAN fui la primera consejera nacional por Tlaxcala y, como diputada, la primera mujer a nivel nacional en ser presidenta de la Comisión de Hacienda de la Cámara federal.

Que nadie nos diga NO. Las mujeres no debemos ser víctimas ni permitir victimarios.

Solo al miedo le decimos NO. A la igualdad y respeto... las mujeres decimos SÍ.

¡Las Mujeres decimos SÍ!

No se celebra. Se conmemora el Día Internacional de la Mujer, no se celebra porque parte de recordar un crimen, cuando en 1908 se asesinó a un grupo de mujeres que se atrevieron a exigir derechos laborales en una fábrica textil. Se recuerda entonces en este día, que las mujeres seguimos en desigualdad en derechos dentro de ámbitos como el trabajo, lo social, cultural, financiero e inclusive, aún con las cuotas de género, en lo político. No es para ensalzar lo femenino, sino la lucha por los derechos y la igualdad de trato y condiciones de vida ante iguales capacidades. Parece y es repetitivo; pues sí. No hay otra forma de llamar a la conciencia más que repetirlo una y otra vez.

Hasta hace unos cuantos lustros a las mujeres nos educaban con estrictas normas de comportamiento social y la sociedad respondía con muchos NO.

Las mujeres NO tenían permitido competir en una maratón.

Las mujeres NO podían aceptar sentir placer sexual sin ser estigmatizadas.

Las mujeres NO hacen negocios, solo pueden ser empleadas.

Las mujeres NO deben ganar igual que los hombres por que ellos “mantienen” a sus familias.

Las mujeres NO deben pensar ni opinar. “Calladitas se ven más bonitas”.

Las mujeres NO pueden decidir vivir sin hijos sin ser señaladas por la sociedad. Nacimos para ser madres.

Las mujeres NO podían ser empleadas si estaban casadas, embarazadas o tenían hijos.

Las mujeres NO podían ser escritoras, había que buscar pseudónimos.

Las mujeres NO pueden con las riendas de México. Hay que votar por hombres.

Las mujeres NO tienen hasta la fecha garantía de justicia sencilla para que los padres de sus hijos se hagan cargo en lo que les corresponde de la crianza de sus hijos.

Las mujeres NO podían reír a carcajadas, manejar en carretera, cambiar una llanta, trabajar en una gasolinera, dirigir una refinería, ir al espacio, ser directoras de cine, entrar al mundo de las finanzas... mil cosas más.

Vivimos muchos años en un mundo en que las mujeres NO podían decir NO.

Perdón por la primera persona, lector querido. En 1992, buscando desesperadamente empleo, en un banco me dijeron NO por estar casada y tener hijas. Llegué a Tlaxcala en 1996. Divorciada, joven, con dos niñas chiquitas, sola con mi trabajo y sin conocer a nadie. De ahí a la fecha, en el PAN fui la primera consejera nacional por Tlaxcala y, como diputada, la primera mujer a nivel nacional en ser presidenta de la Comisión de Hacienda de la Cámara federal.

Que nadie nos diga NO. Las mujeres no debemos ser víctimas ni permitir victimarios.

Solo al miedo le decimos NO. A la igualdad y respeto... las mujeres decimos SÍ.

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