/ viernes 27 de noviembre de 2020

¡El espejo de Tezcatlipoca!

La epidemia que hoy nos flagela ha resultado ser un espejo en donde la persona, la sociedad mundial, las comunidades nacionales y locales nos miramos repetidamente y el reflejo nos revierte como escupitajos en la cara todos nuestros males, errores y conductas que ahora como boomerang regresan para golpearnos en el rostro. Veamos por qué. EN LA ESFERA PERSONAL: los malos hábitos alimentarios en México, aficionados como somos a la grasa de puerco, a los refrescos, a los carbohidratos que en cada tiendita de la “esquina” nos esperan a la entrada, con los que hemos substituido aquella dieta de nuestros abuelos, pero dominante hasta hace sesenta años, de guisos caseros, tortillas de mano, verduras de nuestra propia huerta, frutas de la región y hasta un espumoso pulquito eran la diaria comida. Nos entregamos a la imitación de lo ajeno, la comida rápida, las frituras embolsadas, la bebida de cola, alimentos enlatados, refrigerados. Todos con el veneno de los conservadores. Hasta los “tonayanes” envenenados han substituido a un mezcal o aguardiente de caña. El resultado está a la vista, más de cien mil fallecidos por Covid-19. Malignidad que se ensaña sin piedad con los “gordos”, diabéticos, hipertensos y de vida sedentaria. Pero, EN LA SOCIEDAD MEXICANA: la verdadera epidemia es el egoísmo personal al no usar cubrebocas, porque “soy joven”, “inmune”, “me vale madres”, “ya pasé la enfermedad”, “soy asintomático”. No solo egocéntricos sino egoístas resultamos, porque transmisores sí somos. Y esa es la verdadera epidemia. La calle está llena de ellos, circulan sin protección, se aglomeran, siguen comiendo lo que daña, no se protegen y no les importa la sociedad. EN LOS ESTADOS: no han faltado mandatarios, como aquellos diez federados, que encontraron la ocasión con elecciones en puerta de amagar a la federación con abandonar el pacto que une a México, pretextando la atención a la crisis y exigiendo lo que según ellos se les debe. Se les demostró que con ellos no hay deudas y cuando quisieron revirar a sus entidades, se encontraron con enormes infecciones como en Chihuahua o con la protesta social como en Guanajuato, porque se dedicaron a “grillitos” y se olvidaron de gobernar responsablemente. Hoy los chifletean y hasta les mientan la madre. EN LA FEDERACIÓN: el “espejo” pandémico reflejó el resultado de una política neoliberal, rapaz, saqueadora, privatizante y ladrona que consintió culturalmente que el mexicano abandonara sus hábitos alimenticios y adoptara los dañinos. Que casi privatizan un sistema de salud que era ejemplar en el mundo, con instituciones como el IMSS o el ISSSTE, de alto nivel internacional en especialidades. Que abandonaron la investigación médica y de vacunas, que propiciaron la utilización del glifosato en el campo de México, que hoy envenena hasta nuestras tortillas. Que no les importó el abandono de cientos de hospitales a medio terminar, sin personal médico ni equipo. Con una educación que preferentemente se dirigió a formar médicos empresarios de la medicina y no de conciencia social, que se olvidaron de los humildes. Pero hoy los grandes consorcios médicos alzan descomunales hospitales privados en el sur de la gran ciudad y amasan enormes fortunas y ya extienden sus tentáculos a todo el país. Hoy la montaña de Guerrero y las regiones profundas de Oaxaca, Puebla, Veracruz, Chiapas, Hidalgo y muchas más están en el olvido sanitario y de atención médica. Por eso hoy tenemos más de ciento un mil muertos. Pero los “chayoteros” de la comunicación dicen a diario que es culpa de los actuales dirigentes. EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL: estamos en manos de la “Hidra de lerna”, los megalodontes, empresarios de las medicas transnacionales están escombrando grandes cavernas para convertirlas en arcas donde depositar las gigantescas ganancias que les habrá de reportar la venta de vacunas a toda la humanidad que, además no será una sola para toda la vida como la de la polio, sino que producirá inmunidad por solo un año y luego vendrá la réplica con el repetitivo descomunal negocio. Nos tienen en sus manos. La humanidad cayó en sus redes. Si no actuamos con inteligencia, algún día este negociote se va a repetir hasta por un sorbo de agua.

Epidemia, espejo de la malignidad donde hoy nos miramos y en donde encontramos la imagen de todo lo equivoco de la humanidad, desde lo personal hasta lo universal. “Espejo de Tezcatlipoca”, como aquel que la legendaria ave tenía en su penacho y que pronosticó a Moctezuma antes de la llegada de los asesinos disfrazados de conquistadores, todos los males que habrían de ocurrir. ¡Porque irónicamente en nuestras manos tenemos la solución, pero siempre optamos por no usarla y aquí están los resultados!

La epidemia que hoy nos flagela ha resultado ser un espejo en donde la persona, la sociedad mundial, las comunidades nacionales y locales nos miramos repetidamente y el reflejo nos revierte como escupitajos en la cara todos nuestros males, errores y conductas que ahora como boomerang regresan para golpearnos en el rostro. Veamos por qué. EN LA ESFERA PERSONAL: los malos hábitos alimentarios en México, aficionados como somos a la grasa de puerco, a los refrescos, a los carbohidratos que en cada tiendita de la “esquina” nos esperan a la entrada, con los que hemos substituido aquella dieta de nuestros abuelos, pero dominante hasta hace sesenta años, de guisos caseros, tortillas de mano, verduras de nuestra propia huerta, frutas de la región y hasta un espumoso pulquito eran la diaria comida. Nos entregamos a la imitación de lo ajeno, la comida rápida, las frituras embolsadas, la bebida de cola, alimentos enlatados, refrigerados. Todos con el veneno de los conservadores. Hasta los “tonayanes” envenenados han substituido a un mezcal o aguardiente de caña. El resultado está a la vista, más de cien mil fallecidos por Covid-19. Malignidad que se ensaña sin piedad con los “gordos”, diabéticos, hipertensos y de vida sedentaria. Pero, EN LA SOCIEDAD MEXICANA: la verdadera epidemia es el egoísmo personal al no usar cubrebocas, porque “soy joven”, “inmune”, “me vale madres”, “ya pasé la enfermedad”, “soy asintomático”. No solo egocéntricos sino egoístas resultamos, porque transmisores sí somos. Y esa es la verdadera epidemia. La calle está llena de ellos, circulan sin protección, se aglomeran, siguen comiendo lo que daña, no se protegen y no les importa la sociedad. EN LOS ESTADOS: no han faltado mandatarios, como aquellos diez federados, que encontraron la ocasión con elecciones en puerta de amagar a la federación con abandonar el pacto que une a México, pretextando la atención a la crisis y exigiendo lo que según ellos se les debe. Se les demostró que con ellos no hay deudas y cuando quisieron revirar a sus entidades, se encontraron con enormes infecciones como en Chihuahua o con la protesta social como en Guanajuato, porque se dedicaron a “grillitos” y se olvidaron de gobernar responsablemente. Hoy los chifletean y hasta les mientan la madre. EN LA FEDERACIÓN: el “espejo” pandémico reflejó el resultado de una política neoliberal, rapaz, saqueadora, privatizante y ladrona que consintió culturalmente que el mexicano abandonara sus hábitos alimenticios y adoptara los dañinos. Que casi privatizan un sistema de salud que era ejemplar en el mundo, con instituciones como el IMSS o el ISSSTE, de alto nivel internacional en especialidades. Que abandonaron la investigación médica y de vacunas, que propiciaron la utilización del glifosato en el campo de México, que hoy envenena hasta nuestras tortillas. Que no les importó el abandono de cientos de hospitales a medio terminar, sin personal médico ni equipo. Con una educación que preferentemente se dirigió a formar médicos empresarios de la medicina y no de conciencia social, que se olvidaron de los humildes. Pero hoy los grandes consorcios médicos alzan descomunales hospitales privados en el sur de la gran ciudad y amasan enormes fortunas y ya extienden sus tentáculos a todo el país. Hoy la montaña de Guerrero y las regiones profundas de Oaxaca, Puebla, Veracruz, Chiapas, Hidalgo y muchas más están en el olvido sanitario y de atención médica. Por eso hoy tenemos más de ciento un mil muertos. Pero los “chayoteros” de la comunicación dicen a diario que es culpa de los actuales dirigentes. EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL: estamos en manos de la “Hidra de lerna”, los megalodontes, empresarios de las medicas transnacionales están escombrando grandes cavernas para convertirlas en arcas donde depositar las gigantescas ganancias que les habrá de reportar la venta de vacunas a toda la humanidad que, además no será una sola para toda la vida como la de la polio, sino que producirá inmunidad por solo un año y luego vendrá la réplica con el repetitivo descomunal negocio. Nos tienen en sus manos. La humanidad cayó en sus redes. Si no actuamos con inteligencia, algún día este negociote se va a repetir hasta por un sorbo de agua.

Epidemia, espejo de la malignidad donde hoy nos miramos y en donde encontramos la imagen de todo lo equivoco de la humanidad, desde lo personal hasta lo universal. “Espejo de Tezcatlipoca”, como aquel que la legendaria ave tenía en su penacho y que pronosticó a Moctezuma antes de la llegada de los asesinos disfrazados de conquistadores, todos los males que habrían de ocurrir. ¡Porque irónicamente en nuestras manos tenemos la solución, pero siempre optamos por no usarla y aquí están los resultados!

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