/ viernes 25 de septiembre de 2020

El futuro apocalipsis

En Botswana, cientos de elefantes murieron envenenados por neurotoxinas de un lago. Inexplicablemente lo mismo ocurrió con cientos de ballenas en el mar del norte. Los polos se están sobrecalentando y derritiendo. Debajo de esos hielos hay volúmenes gigantescos de metano. Si se libera, la atmósfera mundial habrá de calentarse hasta temperaturas insoportables para la vida. Se elevará el nivel de los mares. Cientos de ciudades costeras quedarán bajo el agua. No es ciencia ficción. “el futuro nos alcanzó”.

Hemos abusado de los recursos naturales, debemos detener la destrucción del planeta. Cientos de miles de industrias y millones de automóviles envenenan a diario la única atmosfera que tenemos. Los químicos contaminan cementeras, bosques, ríos y océanos. Lo mismo hacen los plásticos. Todo esto ahora repercute sobre la raza humana. Cuando se nos advirtió, hace veinte años, que vendría una pandemia, en lugar de reformar sistemas sanitarios, los malbaratamos. Luego brotó en Wuhan, China, pensamos que nunca llegaría y en medio año, esa letalidad nos alcanzó. En la naturaleza siempre ha habido bacterias mortales, pero los seres vivos poseíamos anticuerpos que nos protegían. Ahora, aquellas son lo suficientemente potentes y nosotros tan frágiles, que contaminaron a pangolines y murciélagos y de ahí brincaron a la raza humana. Está advirtiendo ahora de una inminente catástrofe a la que no debemos ser ni sordos ni ciegos. Solo tenemos el hoy y el mañana para actuar. La vacuna es la salvación para la Covid-19, pero hoy los países ricos y pudientes ya se la apropiaron, aún sin estar perfeccionada. Como siempre, el egoísmo y la codicia. Somos incapaces de crear un frente común para nuestra sobrevivencia como especie.

La filosofía y ciencia ahora nos advierten, por nuestras acciones destructivas del planeta, ya lo enfermamos y no entendemos que nuestra salud personal depende de ello. En los polos, el ozono está escapando y él nos protege de los rayos ultravioleta del sol. El aire irrespirable por autos e industrias. Los alimentos nos llegan envenenados. Refrescos y alimentos procesados tienen enfermo al individuo. Algunos cuantos repletan sus fortunas, pero muchos están muriendo y morirán. Si la temperatura del clima se vuelve insoportable, si aguas y alimentos están contaminados, si el aire se torna irrespirable. La humana raza como especie, estará condenada a su desaparición. Dicen los que saben, que estamos en el punto de inflexión, justo en el momento en el que de nosotros depende evitar ese siniestro porvenir. Pero debemos asumir urgentes y rápidas medidas. Limpiar mares, ríos y cauces. Desechar bebidas embotelladas y conservadores. Regresar a lo verde inmaculado. Propiciar una revolución de la conciencia que nos lleve a hermanarnos con la naturaleza. Calculo que en un siglo hemos semidestruido esta bella esfera planetaria y ahora si no procedemos, el futuro será apocalíptico. Las altas temperaturas que se nos pronostican, harán que la Covid-19 sea un simple catarrito, un juego de niños.

Los dirigentes políticos deben asumir un viraje “en el sistema económico, político, social e ideológico” que hoy predomina o “puede surgir una pandemia peor”, pronostica Lizbeth Sagois. Limpiar a toda prisa atmosfera, agua, tierra. Eliminar químicos dañinos y sembrar millones de árboles. Y en lo personal, deshacernos de refrescos y comidas procesadas, regresar a la diaria cocina que proceda de la siembra de nuestras hortalizas. El agua deberá ser la única bebida. Se precisa un salto cultural hacia lo verde. Una revolución de la conciencia. Ser actores centrales de estas acciones, para ver si regresa nuevamente la salud de nuestro planeta.

¡La salud del planeta es nuestra salud personal! ¡Su muerte será la nuestra!

En Botswana, cientos de elefantes murieron envenenados por neurotoxinas de un lago. Inexplicablemente lo mismo ocurrió con cientos de ballenas en el mar del norte. Los polos se están sobrecalentando y derritiendo. Debajo de esos hielos hay volúmenes gigantescos de metano. Si se libera, la atmósfera mundial habrá de calentarse hasta temperaturas insoportables para la vida. Se elevará el nivel de los mares. Cientos de ciudades costeras quedarán bajo el agua. No es ciencia ficción. “el futuro nos alcanzó”.

Hemos abusado de los recursos naturales, debemos detener la destrucción del planeta. Cientos de miles de industrias y millones de automóviles envenenan a diario la única atmosfera que tenemos. Los químicos contaminan cementeras, bosques, ríos y océanos. Lo mismo hacen los plásticos. Todo esto ahora repercute sobre la raza humana. Cuando se nos advirtió, hace veinte años, que vendría una pandemia, en lugar de reformar sistemas sanitarios, los malbaratamos. Luego brotó en Wuhan, China, pensamos que nunca llegaría y en medio año, esa letalidad nos alcanzó. En la naturaleza siempre ha habido bacterias mortales, pero los seres vivos poseíamos anticuerpos que nos protegían. Ahora, aquellas son lo suficientemente potentes y nosotros tan frágiles, que contaminaron a pangolines y murciélagos y de ahí brincaron a la raza humana. Está advirtiendo ahora de una inminente catástrofe a la que no debemos ser ni sordos ni ciegos. Solo tenemos el hoy y el mañana para actuar. La vacuna es la salvación para la Covid-19, pero hoy los países ricos y pudientes ya se la apropiaron, aún sin estar perfeccionada. Como siempre, el egoísmo y la codicia. Somos incapaces de crear un frente común para nuestra sobrevivencia como especie.

La filosofía y ciencia ahora nos advierten, por nuestras acciones destructivas del planeta, ya lo enfermamos y no entendemos que nuestra salud personal depende de ello. En los polos, el ozono está escapando y él nos protege de los rayos ultravioleta del sol. El aire irrespirable por autos e industrias. Los alimentos nos llegan envenenados. Refrescos y alimentos procesados tienen enfermo al individuo. Algunos cuantos repletan sus fortunas, pero muchos están muriendo y morirán. Si la temperatura del clima se vuelve insoportable, si aguas y alimentos están contaminados, si el aire se torna irrespirable. La humana raza como especie, estará condenada a su desaparición. Dicen los que saben, que estamos en el punto de inflexión, justo en el momento en el que de nosotros depende evitar ese siniestro porvenir. Pero debemos asumir urgentes y rápidas medidas. Limpiar mares, ríos y cauces. Desechar bebidas embotelladas y conservadores. Regresar a lo verde inmaculado. Propiciar una revolución de la conciencia que nos lleve a hermanarnos con la naturaleza. Calculo que en un siglo hemos semidestruido esta bella esfera planetaria y ahora si no procedemos, el futuro será apocalíptico. Las altas temperaturas que se nos pronostican, harán que la Covid-19 sea un simple catarrito, un juego de niños.

Los dirigentes políticos deben asumir un viraje “en el sistema económico, político, social e ideológico” que hoy predomina o “puede surgir una pandemia peor”, pronostica Lizbeth Sagois. Limpiar a toda prisa atmosfera, agua, tierra. Eliminar químicos dañinos y sembrar millones de árboles. Y en lo personal, deshacernos de refrescos y comidas procesadas, regresar a la diaria cocina que proceda de la siembra de nuestras hortalizas. El agua deberá ser la única bebida. Se precisa un salto cultural hacia lo verde. Una revolución de la conciencia. Ser actores centrales de estas acciones, para ver si regresa nuevamente la salud de nuestro planeta.

¡La salud del planeta es nuestra salud personal! ¡Su muerte será la nuestra!

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