/ viernes 8 de noviembre de 2019

El parto de un mundo nuevo

América asiste hoy al nacimiento de cambios paradigmicos de organización estatal. El estado moderno que nació de la Revolución Francesa dejó de ser funcional; el eclosionante asomo de un mundo nuevo. La historia y el discurrir social están cambiando las vías y avenidas por donde va a transitar el hombre del siglo XXI bajo formas novedosas de organización estatal. Y los que hoy jefaturan la enorme riqueza y el poder de los países a los que nos han impuesto el neoliberalismo y despojaron de sus riquezas nacionales, verán derrumbarse sus imperios. ¡No! esto no es un juego de adivinanzas ni de pronósticos a futuro. Son conclusiones a las que se puede llegar después de “leer” el “presente social” nacional e internacional, que hoy sucede y sucederá. ¿Qué vendrá a partir de lo que aquí pronostico? Vendrán revoluciones quizás continentales e intensas guerras intestinas, porque los amos de las transnacionales no dejarán a la buena ni la riqueza ni el mando.

Si analizamos con rigor lógico, estas conclusiones son más que obvias. ¡Fíjese usted!... En Chile hace diecinueve días se iniciaron en las calles manifestaciones ciudadanas inusitadas, que han ido escalando en cuanto al número de participantes y tienen semi paralizada a esa nación. El motivo hasta parecería pueril; ¡el aumento en el costo del pasaje del tren metropolitano!

Fue la mecha que detonó la gran bomba, porque resulta que los chilenos ya están hastiados y agobiados por las carencias: los ancianos reciben pensiones de miseria; los enfermos esperando atención fallecen fuera de los hospitales; el precio de las medicinas se ha vuelto imposible; los salarios no alcanzan para mal comer y la población está endeudada con la banca comercial y el país con el FMI. De tal manera que aquel aumento en el costo del transporte fue solo la gota que derramó el vaso, porque todo subyace en los despojos a los que han sido sometidos por sus gobiernos durante décadas y eso es lo que ahora tiene sumida a esa nación sudamericana en el caos.

El presidente Piñera dio marcha atrás a su decisión, he incluso anunció otros cambios en beneficio social para calmar la ira de su pueblo. ¡Pero no! Ni así los apacigua porque han sido treinta años de rapiña bárbara que han destruido todos los ensambles sociales y de bienestar.

A estas alturas la gente pensante –que son las que hacen las revoluciones pacíficas y violentas— ya no piensa en reformas y aunque Piñera se esfuerza por atraerlos y endulzarles el paladar con la promesa de reformas profundas, el pueblo chileno ya no quiere paliativos. Ahora busca la celebración de lo inédito, la celebración de un congreso constituyente que construya una nueva carta fundacional y erigir un nuevo estado. Y en esa vía ahora la ciudadanía se está reuniendo bajo el novedoso formato social de lo que llaman “cabildos ciudadanos” en los que se discute a lo largo y ancho de todo el país un nuevo “diseño de Nación”, proyecto que desde luego pasa por recuperar las riquezas y los bienes nacionales que les han sido robados. Por supuesto que los ladrones que se adueñaron de ellas no cederán a la buena ni las riquezas ni el poder y es ahí donde vendrán las revoluciones, porque todo América Latina está igual.

Estamos asistiendo a la construcción de nuevas formas para los nuevos tiempos. Esas trasformaciones estructurales necesitan sustento jurídico. ¿En que se fundamentaría legalmente? En lo siguiente: las constituciones modernas tienen un dispositivo constitucional que en el caso de México son los artículos 39, 40 y 41, en donde los constituyentes del diecisiete establecieron que todo poder público dimana del pueblo, el que tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno. Durante décadas se pensó que esta reserva de facultades supremas en favor del pueblo era pura doctrina programática o buenas intenciones y que mediante políticas públicas de bienestar general, estas ideas quedarían en mera reserva. Pero resulta que ahora, no en México sino el pueblo chileno, cuya forma constitucional guarda semejanza en este aspecto, se reúne en “cabildos ciudadanos” al margen del gobierno, de partidos, de ideologías, de religiones, de pastores mesiánicos y están debatiendo con seriedad y urgencia para que su movimiento no pierda fuerza y permita el tránsito hacia las nuevas formas, atendiendo lo prioritario de la ciudadanía, pero atacando el fondo del problema nacional.

En el momento que este movimiento articuladamente nacional busque jurídicamente su justificación, la van a encontrar en la voluntad de un pueblo que siempre es y será dueño de su destino y que no hará otra cosa más que ejercer sus facultades soberanas. Pero para ello sucederán revoluciones y habrá desgarramientos, terminando por incubarse un nuevo mundo, pero como todo parto, habrá de nacer entre la sangre y el dolor.

Ahí se los dejo para la reflexión…

América asiste hoy al nacimiento de cambios paradigmicos de organización estatal. El estado moderno que nació de la Revolución Francesa dejó de ser funcional; el eclosionante asomo de un mundo nuevo. La historia y el discurrir social están cambiando las vías y avenidas por donde va a transitar el hombre del siglo XXI bajo formas novedosas de organización estatal. Y los que hoy jefaturan la enorme riqueza y el poder de los países a los que nos han impuesto el neoliberalismo y despojaron de sus riquezas nacionales, verán derrumbarse sus imperios. ¡No! esto no es un juego de adivinanzas ni de pronósticos a futuro. Son conclusiones a las que se puede llegar después de “leer” el “presente social” nacional e internacional, que hoy sucede y sucederá. ¿Qué vendrá a partir de lo que aquí pronostico? Vendrán revoluciones quizás continentales e intensas guerras intestinas, porque los amos de las transnacionales no dejarán a la buena ni la riqueza ni el mando.

Si analizamos con rigor lógico, estas conclusiones son más que obvias. ¡Fíjese usted!... En Chile hace diecinueve días se iniciaron en las calles manifestaciones ciudadanas inusitadas, que han ido escalando en cuanto al número de participantes y tienen semi paralizada a esa nación. El motivo hasta parecería pueril; ¡el aumento en el costo del pasaje del tren metropolitano!

Fue la mecha que detonó la gran bomba, porque resulta que los chilenos ya están hastiados y agobiados por las carencias: los ancianos reciben pensiones de miseria; los enfermos esperando atención fallecen fuera de los hospitales; el precio de las medicinas se ha vuelto imposible; los salarios no alcanzan para mal comer y la población está endeudada con la banca comercial y el país con el FMI. De tal manera que aquel aumento en el costo del transporte fue solo la gota que derramó el vaso, porque todo subyace en los despojos a los que han sido sometidos por sus gobiernos durante décadas y eso es lo que ahora tiene sumida a esa nación sudamericana en el caos.

El presidente Piñera dio marcha atrás a su decisión, he incluso anunció otros cambios en beneficio social para calmar la ira de su pueblo. ¡Pero no! Ni así los apacigua porque han sido treinta años de rapiña bárbara que han destruido todos los ensambles sociales y de bienestar.

A estas alturas la gente pensante –que son las que hacen las revoluciones pacíficas y violentas— ya no piensa en reformas y aunque Piñera se esfuerza por atraerlos y endulzarles el paladar con la promesa de reformas profundas, el pueblo chileno ya no quiere paliativos. Ahora busca la celebración de lo inédito, la celebración de un congreso constituyente que construya una nueva carta fundacional y erigir un nuevo estado. Y en esa vía ahora la ciudadanía se está reuniendo bajo el novedoso formato social de lo que llaman “cabildos ciudadanos” en los que se discute a lo largo y ancho de todo el país un nuevo “diseño de Nación”, proyecto que desde luego pasa por recuperar las riquezas y los bienes nacionales que les han sido robados. Por supuesto que los ladrones que se adueñaron de ellas no cederán a la buena ni las riquezas ni el poder y es ahí donde vendrán las revoluciones, porque todo América Latina está igual.

Estamos asistiendo a la construcción de nuevas formas para los nuevos tiempos. Esas trasformaciones estructurales necesitan sustento jurídico. ¿En que se fundamentaría legalmente? En lo siguiente: las constituciones modernas tienen un dispositivo constitucional que en el caso de México son los artículos 39, 40 y 41, en donde los constituyentes del diecisiete establecieron que todo poder público dimana del pueblo, el que tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno. Durante décadas se pensó que esta reserva de facultades supremas en favor del pueblo era pura doctrina programática o buenas intenciones y que mediante políticas públicas de bienestar general, estas ideas quedarían en mera reserva. Pero resulta que ahora, no en México sino el pueblo chileno, cuya forma constitucional guarda semejanza en este aspecto, se reúne en “cabildos ciudadanos” al margen del gobierno, de partidos, de ideologías, de religiones, de pastores mesiánicos y están debatiendo con seriedad y urgencia para que su movimiento no pierda fuerza y permita el tránsito hacia las nuevas formas, atendiendo lo prioritario de la ciudadanía, pero atacando el fondo del problema nacional.

En el momento que este movimiento articuladamente nacional busque jurídicamente su justificación, la van a encontrar en la voluntad de un pueblo que siempre es y será dueño de su destino y que no hará otra cosa más que ejercer sus facultades soberanas. Pero para ello sucederán revoluciones y habrá desgarramientos, terminando por incubarse un nuevo mundo, pero como todo parto, habrá de nacer entre la sangre y el dolor.

Ahí se los dejo para la reflexión…