/ jueves 14 de mayo de 2020

Espacio INE | Coronavirus y educación virtual

  • Andrés Corona Hernández*

Vivimos tiempos de cambios extraordinarios dice Maquiavelo en el capítulo XXV de El Príncipe, tiempos que la mente humana no imaginó y tampoco creo que algún país haya estado preparado para esta emergencia sanitaria. Sin embargo, cómo se enfrenta y se atiende sí tiene que ver, entre otras cosas, con la cultura de la población y con las acciones que el gobierno emprende, para que, en la medida de lo posible, continúen las actividades como antes de la llegada de la enfermedad; porque a estas alturas de la contingencia ya no se sabe cuál era la normalidad, si antes o después del Covid-19. Sin duda alguna este fenómeno vino a cambiar muchas formas de nuestra vida, muchos comportamientos y nuevas modalidades de hacer el trabajo.

Creo firmemente, en que un aspecto que vino a revolucionar la relación docente- alumno son las clases virtuales o a distancia. No solamente porque no todos tienen las condiciones tecnológicas o pedagógicas, sino porque implica nuevamente aprender a aprender bajo una modalidad que no forma parte de nuestra cultura. Este hecho hizo evidente la gran desigualdad social que existe entre escuelas públicas y privadas, con esto no quiero decir, que las últimas sean mejor que las primeras, pero sí poseen mejor infraestructura tecnológica para impartir clases a distancia mediante el uso de sus propias plataformas.

La desigualdad social no permite avanzar de manera igualitaria, ni siquiera entre alumnos de la misma escuela o el mismo grado, ya no se diga entre entidades federativas que no tienen el mismo grado de cobertura de Internet; mientras que la Ciudad de México tiene 96% en este rubro, entidades como Oaxaca, Guerrero y Chiapas tienen apenas el 29% de cobertura; tampoco es desconocido que de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es quien tiene menos cobertura escolar y menos inversión en educación como proporción del Producto Interno Bruto (PIB).

De regreso a las vicisitudes para continuar con el plan de estudios y las clases virtuales, existen múltiples factores que impiden caminar al mismo ritmo que si fueran de manera presencial; destaco tres desde mi experiencia con mi hijo de secundaria.

Primera: Solo 30% de los hogares tienen computadora y servicio de Internet de paga, el 70% tiene acceso ya sea a través de plazas comunitarias, bibliotecas públicas o Cyber públicos para hacer tareas o seguir las actividades, lo que se ve harto complicado para que todas las niñas y los niños asistan al mismo tiempo y presencien las clases. Otra opción es la televisión, pero también hay hogares donde no se tiene servicio de energía eléctrica.

Segundo: Madres y padres de familia carecen de recursos pedagógicos para aclarar dudas o explicar el contenido de las clases, por lo que, las y los alumnos se quedan con muchas dudas respecto a las sesiones, ya sea a través de plataforma o por televisión. Otro problema que agrava el sistema virtual, es que, el 70% de padres y madres de familia, no pueden ayudar a sus hijos, ya que cursan niveles educativos que ellos no tienen. Me explico, si los padres solo tienen educación secundaria no pueden ayudar a sus hijos o hijas que cursan la preparatoria y así en niveles subsecuentes.

Tercero: Las generaciones actuales son el "homo economicus" a su máxima expresión, es decir, mínimo esfuerzo con máximos beneficios. La cultura del mínimo esfuerzo incluido el aprendizaje, el sistema educativo y los planes de estudio se modificaron de tal manera que la evaluación de los educandos cambió significativamente respecto a las generaciones anteriores, o por lo menos respecto a la mía.

Hoy la evaluación se conforma de tres factores: asistencia, participación en clase y tareas, aunque de manera indirecta, se toma también puntualidad y llevar el uniforme de la escuela. De esta manera resulta casi imposible, que no aprueben el ciclo escolar, pero también se debe estar consciente que la calidad de la educación, tanto pública como privada, es cada vez menor.

Ojalá esta pandemia permita a las autoridades educativas, maestros y padres de familia reflexionar si el actual modelo educativo responde a las necesidades de una sociedad cambiante y poco preparada para los casos desconocidos como este virus o, por el contrario, avanzar en el uso de las tecnologías de la información y comunicación, para lo cual se requiere reducir la brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco.

  • *Vocal Ejecutivo de la Junta Distrital 01 / Instituto Nacional Electoral en Tlaxcala
  • Andrés Corona Hernández*

Vivimos tiempos de cambios extraordinarios dice Maquiavelo en el capítulo XXV de El Príncipe, tiempos que la mente humana no imaginó y tampoco creo que algún país haya estado preparado para esta emergencia sanitaria. Sin embargo, cómo se enfrenta y se atiende sí tiene que ver, entre otras cosas, con la cultura de la población y con las acciones que el gobierno emprende, para que, en la medida de lo posible, continúen las actividades como antes de la llegada de la enfermedad; porque a estas alturas de la contingencia ya no se sabe cuál era la normalidad, si antes o después del Covid-19. Sin duda alguna este fenómeno vino a cambiar muchas formas de nuestra vida, muchos comportamientos y nuevas modalidades de hacer el trabajo.

Creo firmemente, en que un aspecto que vino a revolucionar la relación docente- alumno son las clases virtuales o a distancia. No solamente porque no todos tienen las condiciones tecnológicas o pedagógicas, sino porque implica nuevamente aprender a aprender bajo una modalidad que no forma parte de nuestra cultura. Este hecho hizo evidente la gran desigualdad social que existe entre escuelas públicas y privadas, con esto no quiero decir, que las últimas sean mejor que las primeras, pero sí poseen mejor infraestructura tecnológica para impartir clases a distancia mediante el uso de sus propias plataformas.

La desigualdad social no permite avanzar de manera igualitaria, ni siquiera entre alumnos de la misma escuela o el mismo grado, ya no se diga entre entidades federativas que no tienen el mismo grado de cobertura de Internet; mientras que la Ciudad de México tiene 96% en este rubro, entidades como Oaxaca, Guerrero y Chiapas tienen apenas el 29% de cobertura; tampoco es desconocido que de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es quien tiene menos cobertura escolar y menos inversión en educación como proporción del Producto Interno Bruto (PIB).

De regreso a las vicisitudes para continuar con el plan de estudios y las clases virtuales, existen múltiples factores que impiden caminar al mismo ritmo que si fueran de manera presencial; destaco tres desde mi experiencia con mi hijo de secundaria.

Primera: Solo 30% de los hogares tienen computadora y servicio de Internet de paga, el 70% tiene acceso ya sea a través de plazas comunitarias, bibliotecas públicas o Cyber públicos para hacer tareas o seguir las actividades, lo que se ve harto complicado para que todas las niñas y los niños asistan al mismo tiempo y presencien las clases. Otra opción es la televisión, pero también hay hogares donde no se tiene servicio de energía eléctrica.

Segundo: Madres y padres de familia carecen de recursos pedagógicos para aclarar dudas o explicar el contenido de las clases, por lo que, las y los alumnos se quedan con muchas dudas respecto a las sesiones, ya sea a través de plataforma o por televisión. Otro problema que agrava el sistema virtual, es que, el 70% de padres y madres de familia, no pueden ayudar a sus hijos, ya que cursan niveles educativos que ellos no tienen. Me explico, si los padres solo tienen educación secundaria no pueden ayudar a sus hijos o hijas que cursan la preparatoria y así en niveles subsecuentes.

Tercero: Las generaciones actuales son el "homo economicus" a su máxima expresión, es decir, mínimo esfuerzo con máximos beneficios. La cultura del mínimo esfuerzo incluido el aprendizaje, el sistema educativo y los planes de estudio se modificaron de tal manera que la evaluación de los educandos cambió significativamente respecto a las generaciones anteriores, o por lo menos respecto a la mía.

Hoy la evaluación se conforma de tres factores: asistencia, participación en clase y tareas, aunque de manera indirecta, se toma también puntualidad y llevar el uniforme de la escuela. De esta manera resulta casi imposible, que no aprueben el ciclo escolar, pero también se debe estar consciente que la calidad de la educación, tanto pública como privada, es cada vez menor.

Ojalá esta pandemia permita a las autoridades educativas, maestros y padres de familia reflexionar si el actual modelo educativo responde a las necesidades de una sociedad cambiante y poco preparada para los casos desconocidos como este virus o, por el contrario, avanzar en el uso de las tecnologías de la información y comunicación, para lo cual se requiere reducir la brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco.

  • *Vocal Ejecutivo de la Junta Distrital 01 / Instituto Nacional Electoral en Tlaxcala