/ jueves 19 de noviembre de 2020

Espacio INE | La lección de la elección

  • Andrés Corona Hernández*

Terminó la elección presidencial de los Estados Unidos, a pesar de que personas de la clase política y que pertenecen a un partido intentan extrapolar el sistema electoral mexicano con el estadounidense y dicen que el proceso electoral aún no termina porque la autoridad electoral no declara un ganador. Resulta comprensible que lo digan quienes no tienen conocimiento de cómo funciona el sistema electoral norteamericano, pero de legisladores que conocen profundamente los sistemas electorales de varios países, resulta sorprendente, por decir lo menos.

Para empezar en Estados Unidos no hay una autoridad nacional que declare vencedor a un candidato, es decir no hay un Instituto Nacional Electoral (INE) que cuente votos ni un Tribunal Electoral Constitucional que resuelva las impugnaciones de los contendientes. El sistema electoral americano es, en realidad, la suma de 50 sistemas estatales, cada uno con sus propias reglas, fechas y modalidades. (Ugalde 2020). Sin embargo, existen fechas cruciales para la elección de presidente y vicepresidente. El 14 de diciembre cuando se reúnan los 538 compromisarios que conforman el Colegio Electoral para expedir sus votos por uno u otro candidato, de los cuales se necesitan 270 votos para hacerse con la presidencia. La segunda fecha será el 6 de enero de 2021 cuando el vicepresidente en funciones, actuando como presidente del Senado, presidirá una sesión conjunta del Congreso para leer en voz alta los votos emitidos y certificarlos; posteriormente declarará al presidente y al vicepresidente electos. Será en ese momento, hasta el 6 de enero, cuando de forma oficial el Congreso declare al próximo presidente de Estados Unidos.

Las principales diferencias con el sistema electoral mexicano, es que, en México se puede conocer desde el mismo día de la elección las tendencias de la votación a través de dos instrumentos estadísticos: el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y los conteos rápidos; ambos con un alto grado de certeza; y los resultados finales, que no definitivos, el miércoles siguiente al de la jornada electoral. Todavía, si alguno de los contendientes no está convencido de los resultados, puede controvertirlos ante la autoridad jurisdiccional, quien sí tiene la última palabra y sus resoluciones son definitivas e inatacables. Otra gran diferencia en la elección para el Poder Ejecutivo a pesar de que ambos son sistemas presidencialistas, es que en México es elección directa y en Estados Unidos indirecta, a través de un colegio electoral. Los votos populares o de los ciudadanos no son determinantes para el resultado de la elección del presidente, sino los del colegio electoral. Por eso, a los candidatos les preocupa más hacerse de los votos del colegio electoral, quien obtiene la mayoría de votos, se lleva todos los de la entidad; es decir, todos los compromisarios de un determinado estado van para el partido más votado en este estado salvo en Maine y Nebraska, donde se reparten de manera proporcional. También lo hace diferente el sistema de conteo de votos, pues no existe un programa de capacitación con doble insaculación para quienes son funcionarios de mesas directivas de casilla; y las modalidades de emisión de votos son en la urna, y por correo, en donde se dijo que hubo irregularidades sin que hasta el momento se hayan sustentado y que motiven la anulación por parte de los jueces. La lección que deja la elección en Estados Unidos es que no se puede entender el sistema electoral norteamericano fuera de ese país, que a la vista y en opinión de expertos de otros países pueden considerarlo como un sistema viejo, anquilosado, impráctico y posiblemente hasta antidemocrático porque no tiene valor el voto ciudadano, ya que los compromisarios no siempre cumplen el compromiso de votar por quien se les ordena sino en función de sus propios intereses.

Sin embargo, la lección más importante, es que, a pesar de todas esas críticas con o sin razón, el sistema electoral estadounidense funciona, y no parece que haya la intención de modificarlo; desde la elección de 2016, dio muestras de agotamiento a los ojos del mundo, pero no se hizo nada para modificarlo. Una posible explicación puede ser que las instituciones son más fuertes que en otros países, ya que, a pesar de las embestidas contra las instituciones por el aún presidente, el Poder Legislativo es un verdadero contrapeso a las decisiones del Ejecutivo, y el Poder Judicial que por más intentos que hizo de colonizarlo, sigue manteniendo su independencia. Por eso los norteamericanos confían en el sistema electoral que data de hace tres siglos y en sus instituciones. Todo esto pasa en el vecino país del norte, y en México… nada que ver con tales acontecimientos.

  • * Vocal Ejecutivo 01 Junta Distrital Ejecutiva / Instituto Nacional Electoral en Tlaxcala
  • Andrés Corona Hernández*

Terminó la elección presidencial de los Estados Unidos, a pesar de que personas de la clase política y que pertenecen a un partido intentan extrapolar el sistema electoral mexicano con el estadounidense y dicen que el proceso electoral aún no termina porque la autoridad electoral no declara un ganador. Resulta comprensible que lo digan quienes no tienen conocimiento de cómo funciona el sistema electoral norteamericano, pero de legisladores que conocen profundamente los sistemas electorales de varios países, resulta sorprendente, por decir lo menos.

Para empezar en Estados Unidos no hay una autoridad nacional que declare vencedor a un candidato, es decir no hay un Instituto Nacional Electoral (INE) que cuente votos ni un Tribunal Electoral Constitucional que resuelva las impugnaciones de los contendientes. El sistema electoral americano es, en realidad, la suma de 50 sistemas estatales, cada uno con sus propias reglas, fechas y modalidades. (Ugalde 2020). Sin embargo, existen fechas cruciales para la elección de presidente y vicepresidente. El 14 de diciembre cuando se reúnan los 538 compromisarios que conforman el Colegio Electoral para expedir sus votos por uno u otro candidato, de los cuales se necesitan 270 votos para hacerse con la presidencia. La segunda fecha será el 6 de enero de 2021 cuando el vicepresidente en funciones, actuando como presidente del Senado, presidirá una sesión conjunta del Congreso para leer en voz alta los votos emitidos y certificarlos; posteriormente declarará al presidente y al vicepresidente electos. Será en ese momento, hasta el 6 de enero, cuando de forma oficial el Congreso declare al próximo presidente de Estados Unidos.

Las principales diferencias con el sistema electoral mexicano, es que, en México se puede conocer desde el mismo día de la elección las tendencias de la votación a través de dos instrumentos estadísticos: el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y los conteos rápidos; ambos con un alto grado de certeza; y los resultados finales, que no definitivos, el miércoles siguiente al de la jornada electoral. Todavía, si alguno de los contendientes no está convencido de los resultados, puede controvertirlos ante la autoridad jurisdiccional, quien sí tiene la última palabra y sus resoluciones son definitivas e inatacables. Otra gran diferencia en la elección para el Poder Ejecutivo a pesar de que ambos son sistemas presidencialistas, es que en México es elección directa y en Estados Unidos indirecta, a través de un colegio electoral. Los votos populares o de los ciudadanos no son determinantes para el resultado de la elección del presidente, sino los del colegio electoral. Por eso, a los candidatos les preocupa más hacerse de los votos del colegio electoral, quien obtiene la mayoría de votos, se lleva todos los de la entidad; es decir, todos los compromisarios de un determinado estado van para el partido más votado en este estado salvo en Maine y Nebraska, donde se reparten de manera proporcional. También lo hace diferente el sistema de conteo de votos, pues no existe un programa de capacitación con doble insaculación para quienes son funcionarios de mesas directivas de casilla; y las modalidades de emisión de votos son en la urna, y por correo, en donde se dijo que hubo irregularidades sin que hasta el momento se hayan sustentado y que motiven la anulación por parte de los jueces. La lección que deja la elección en Estados Unidos es que no se puede entender el sistema electoral norteamericano fuera de ese país, que a la vista y en opinión de expertos de otros países pueden considerarlo como un sistema viejo, anquilosado, impráctico y posiblemente hasta antidemocrático porque no tiene valor el voto ciudadano, ya que los compromisarios no siempre cumplen el compromiso de votar por quien se les ordena sino en función de sus propios intereses.

Sin embargo, la lección más importante, es que, a pesar de todas esas críticas con o sin razón, el sistema electoral estadounidense funciona, y no parece que haya la intención de modificarlo; desde la elección de 2016, dio muestras de agotamiento a los ojos del mundo, pero no se hizo nada para modificarlo. Una posible explicación puede ser que las instituciones son más fuertes que en otros países, ya que, a pesar de las embestidas contra las instituciones por el aún presidente, el Poder Legislativo es un verdadero contrapeso a las decisiones del Ejecutivo, y el Poder Judicial que por más intentos que hizo de colonizarlo, sigue manteniendo su independencia. Por eso los norteamericanos confían en el sistema electoral que data de hace tres siglos y en sus instituciones. Todo esto pasa en el vecino país del norte, y en México… nada que ver con tales acontecimientos.

  • * Vocal Ejecutivo 01 Junta Distrital Ejecutiva / Instituto Nacional Electoral en Tlaxcala