/ viernes 13 de septiembre de 2019

Hidalgo: cercenada su cabeza, ¡no su pensamiento!

El indulto es para los criminales, no para defensores de la Patria

Miguel Hidalgo

Don Miguel Hidalgo y Costilla, nacido el 8 de mayo de 1753 en Pénjamo, Gto., y condenado a morir por el clero católico el 30 de julio de 1811 en la ciudad de Chihuahua, su “delito” fue el deseo irrenunciable como cura del pueblo: ver a su país libre del imperio español, y por iniciar la rebelión, encabezándola con un pueblo decidido a romper las cadenas de la esclavitud implantada desde la llegada de Cortés.

La cultura de don Miguel y su valerosa acción decidió el levantamiento del pueblo desarmado, su inteligencia como letrado planeó la estrategia durante años, la que fue construyendo paulatinamente el levantamiento popular. Su biografía indica que era estimado tanto por la burguesía reinante en esa época, quien ayudó a Hidalgo en su empresa libertaria. Para los indígenas era su protector muy querido y admirado, los que siempre fueron fieles en su proyecto libertario.

Hidalgo era estudioso de literatura extranjera (francesa), que contenía filosofía libertaria de los pueblos, era políglota, dominaba lenguas indígenas: purépecha, náhuatl y otomí, así como idiomas extranjeros como el francés y latín. Su valor social era conocido por su propias palabras que lastimaban al clero y al virreinato, si se toma en cuenta que esos dos poderes de dominación estaban coludidos, y no fue sino hasta el gobierno de Benito Juárez que emitiera leyes de la separación del Estado y la Iglesia; sin embargo, ha persistido, y el último derramamiento de sangre fue provocado por el clero, propiciando y sosteniendo a la “Guerra Cristera” durante el siglo pasado.

La voz de Hidalgo no era hipócrita, hizo critica al Tribunal de la Inquisición. Combatió el “voto de castidad” de los sacerdotes como “contrario a la Naturaleza”. Declaración valiente en su posición de miembro del catolicismo. También negaba la existencia del infierno. Señalado por los sistemas en el poder que criticaba con voz alta. “Los soberanos son unos déspotas y tiranos”. Su teoría de gobierno era: “mejor el gobierno republicano que el monárquico”. Ello le trajo animadversión de los gobiernos: virreinal y clerical. Lo acusaban de poseer en su biblioteca obras prohibidas, acusaciones a las que hizo caso omiso pues Hidalgo tenía conocimientos superiores y su conciencia, recta y firme no comulgaba con una hipócrita sumisión de la época virreinal, reafirmando sus convicciones basadas en el estudio y razonamiento.

Lo señalaban de tener hijos. Su árbol genealógico indica que tuvo cinco hijos y tres esposas, que nunca desconoció porque sostuvo que el “voto de castidad” era contrario a la naturaleza. Y ¡tenía razón científica! Era la Iglesia a la que aspiraba, no a la actual que socapa a infinidad de pederastas. Antes la Iglesia generaba a curas revolucionarios, ejemplo: Hidalgo, Morelos y Matamoros, ahora, después de dos siglos, Solalinde, que evangeliza con el ejemplo.

Miguel, el Padre de la Patria, ejerció el magisterio. Estableció escuela de artes y oficios. Sembró olivos para su industrialización, compró abejas de Cuba, fabricó vinos, cultivó gusanos productores de seda, fabricó loza, ladrillo, curtido de pieles. Su espíritu noble, de trato amable y bondadoso lo impulsó a estudiar música, era aficionado al teatro en que era participante. Tenía formación jesuita, la que se apegaba a los 10 mandamientos religiosos. Hidalgo buscó una patria justa, se propuso a desarrollar la industria, agricultura y formar una nación culta mediante la educación.

El 6 de diciembre de 1810, emite un Bando de contenido muy importante para la nación. “Que todos los dueños de esclavos deberán darles libertad dentro del término de diez días, so pena de muerte, la que se aplicará por transgresión de este artículo”. Rubricada por el Generalísimo de América, Miguel Hidalgo.

Confesó en su juicio condenatorio que mandó fusilar a los “gachupines”, por petición del pueblo que sufrió explotación y esclavismo por 300 años. Su condena fue morir por medio de “garrote vil”, como no había ese medio de matar, fue fusilado por medio de dos descargas de fusil dándole la gracia de no morir de espaldas como traidor y solicitó a fusileros atinaran a su mano derecha puesta a la altura del corazón.

¡Murió su cerebro, No sus deseos de Independencia!

El indulto es para los criminales, no para defensores de la Patria

Miguel Hidalgo

Don Miguel Hidalgo y Costilla, nacido el 8 de mayo de 1753 en Pénjamo, Gto., y condenado a morir por el clero católico el 30 de julio de 1811 en la ciudad de Chihuahua, su “delito” fue el deseo irrenunciable como cura del pueblo: ver a su país libre del imperio español, y por iniciar la rebelión, encabezándola con un pueblo decidido a romper las cadenas de la esclavitud implantada desde la llegada de Cortés.

La cultura de don Miguel y su valerosa acción decidió el levantamiento del pueblo desarmado, su inteligencia como letrado planeó la estrategia durante años, la que fue construyendo paulatinamente el levantamiento popular. Su biografía indica que era estimado tanto por la burguesía reinante en esa época, quien ayudó a Hidalgo en su empresa libertaria. Para los indígenas era su protector muy querido y admirado, los que siempre fueron fieles en su proyecto libertario.

Hidalgo era estudioso de literatura extranjera (francesa), que contenía filosofía libertaria de los pueblos, era políglota, dominaba lenguas indígenas: purépecha, náhuatl y otomí, así como idiomas extranjeros como el francés y latín. Su valor social era conocido por su propias palabras que lastimaban al clero y al virreinato, si se toma en cuenta que esos dos poderes de dominación estaban coludidos, y no fue sino hasta el gobierno de Benito Juárez que emitiera leyes de la separación del Estado y la Iglesia; sin embargo, ha persistido, y el último derramamiento de sangre fue provocado por el clero, propiciando y sosteniendo a la “Guerra Cristera” durante el siglo pasado.

La voz de Hidalgo no era hipócrita, hizo critica al Tribunal de la Inquisición. Combatió el “voto de castidad” de los sacerdotes como “contrario a la Naturaleza”. Declaración valiente en su posición de miembro del catolicismo. También negaba la existencia del infierno. Señalado por los sistemas en el poder que criticaba con voz alta. “Los soberanos son unos déspotas y tiranos”. Su teoría de gobierno era: “mejor el gobierno republicano que el monárquico”. Ello le trajo animadversión de los gobiernos: virreinal y clerical. Lo acusaban de poseer en su biblioteca obras prohibidas, acusaciones a las que hizo caso omiso pues Hidalgo tenía conocimientos superiores y su conciencia, recta y firme no comulgaba con una hipócrita sumisión de la época virreinal, reafirmando sus convicciones basadas en el estudio y razonamiento.

Lo señalaban de tener hijos. Su árbol genealógico indica que tuvo cinco hijos y tres esposas, que nunca desconoció porque sostuvo que el “voto de castidad” era contrario a la naturaleza. Y ¡tenía razón científica! Era la Iglesia a la que aspiraba, no a la actual que socapa a infinidad de pederastas. Antes la Iglesia generaba a curas revolucionarios, ejemplo: Hidalgo, Morelos y Matamoros, ahora, después de dos siglos, Solalinde, que evangeliza con el ejemplo.

Miguel, el Padre de la Patria, ejerció el magisterio. Estableció escuela de artes y oficios. Sembró olivos para su industrialización, compró abejas de Cuba, fabricó vinos, cultivó gusanos productores de seda, fabricó loza, ladrillo, curtido de pieles. Su espíritu noble, de trato amable y bondadoso lo impulsó a estudiar música, era aficionado al teatro en que era participante. Tenía formación jesuita, la que se apegaba a los 10 mandamientos religiosos. Hidalgo buscó una patria justa, se propuso a desarrollar la industria, agricultura y formar una nación culta mediante la educación.

El 6 de diciembre de 1810, emite un Bando de contenido muy importante para la nación. “Que todos los dueños de esclavos deberán darles libertad dentro del término de diez días, so pena de muerte, la que se aplicará por transgresión de este artículo”. Rubricada por el Generalísimo de América, Miguel Hidalgo.

Confesó en su juicio condenatorio que mandó fusilar a los “gachupines”, por petición del pueblo que sufrió explotación y esclavismo por 300 años. Su condena fue morir por medio de “garrote vil”, como no había ese medio de matar, fue fusilado por medio de dos descargas de fusil dándole la gracia de no morir de espaldas como traidor y solicitó a fusileros atinaran a su mano derecha puesta a la altura del corazón.

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