/ martes 15 de octubre de 2019

Inadmisible

La semana pasada dos diputadas, una federal, nuestra paisana Adriana Dávila, y una local, Tania Valentina Rodríguez, de Morelos, sufrieron violencia política por parte de dos varones que además son sus pares; es decir, un diputado federal, Gerardo Fernández Noroña y uno local, José Casas; pero, ¿qué es la violencia política en razón de género? Es la que comprende todas aquellas acciones y omisiones -incluida la tolerancia- que basadas en elementos de género y dadas en el marco del ejercicio de derechos político-electorales, tengan por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce y/o ejercicio de los derechos políticos o de las prerrogativas inherentes a un cargo público.

El diputado Fernández Noroña dijo en un evento público celebrado en el Congreso del estado de Tlaxcala: “…para darle una chinga y quitarle lo bocona” después de sugerir que la diputada está vinculada en actividades de trata de personas, enorme calumnia que además es cosa juzgada legalmente y que hubo de retirar públicamente aceptando no tener elemento alguno para siquiera mencionar el tema. Aun así, por tuiter reiteró que no fue una disculpa y que no entendía porqué tendría que ofrecerla. El diputado Casas, por su parte, desde la tribuna del Congreso dijo: “eso pasa cuando las sacas de la cocina y les das un curul”. Nada que agregar. Ambos en sus “explicaciones” dijeron que no habían ejercido violencia, que ellos solo hablaban como el pueblo, que las expresiones utilizadas no llevaban la intención de lastimar a sus compañeras ni muchísimo menos de ofender a las mujeres mexicanas en general. ¿Tú les crees, lector, lectora queridos?

Cuando una mujer, una persona con capacidades diferentes, niñas, niños y adolescentes sufren violencia, ésta les afecta de manera desproporcionada frente a la afectación que sufre un hombre. Cito un tuit de la diputada Wendy Briceño, presidenta de la comisión de igualdad en el Congreso federal: Compañero Fernández Noroña: la discusión no es sobre ideologías derecha/izquierda y sí de violencia de género. El proceso histórico que hemos vivido nos indica que la violencia nos impacta de manera distinta y afecta más a mujeres. En ese sentido, claro que sí caben las disculpas.

Abundo; las palabras expresadas por los diputados agresores conllevan mayor peligrosidad, pues no hablan a título personal, sino desde la trinchera que les da ser representantes populares, palabras que pueden ser entendidas como conductas correctas y aceptadas por sus seguidores. El debate que se dio en redes sociales sobre si las diputadas “merecían” ser agredidas, debería ser timbre de emergencia social sobre la necesidad imperante de hablar sobre violencia, entender el fenómeno y declararla INADMISIBLE en cualquier circunstancia y contra cualquier persona.

La violencia política que sufrieron Adriana y Tania está totalmente fuera de lugar pero no está tipificada como delito…aún. Existe el compromiso de todas las fuerzas políticas de aprobar la ley en un muy corto plazo. De toda suerte, ambas han acudido a las instancias penal, electoral, civil y de derechos humanos para que las agresiones no queden impunes y se siente un precedente para evitar que alguien sufra lo que ellas sufrieron.

Violencia genera violencia y los 10 feminicidios diarios en México son brutal prueba que el dominio y ejercicio de posesión de los hombres sobre las mujeres no solo existe sino lastima y mata. Si alguna vez te preguntas si alguien mereció recibir violencia, borra eso de tu mente. Todas y todos merecemos vivir en paz, con respeto y sin agresiones. Para dirimir diferencias está el diálogo. Como dice un viejo refrán: hablando se entiende la gente.

La semana pasada dos diputadas, una federal, nuestra paisana Adriana Dávila, y una local, Tania Valentina Rodríguez, de Morelos, sufrieron violencia política por parte de dos varones que además son sus pares; es decir, un diputado federal, Gerardo Fernández Noroña y uno local, José Casas; pero, ¿qué es la violencia política en razón de género? Es la que comprende todas aquellas acciones y omisiones -incluida la tolerancia- que basadas en elementos de género y dadas en el marco del ejercicio de derechos político-electorales, tengan por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce y/o ejercicio de los derechos políticos o de las prerrogativas inherentes a un cargo público.

El diputado Fernández Noroña dijo en un evento público celebrado en el Congreso del estado de Tlaxcala: “…para darle una chinga y quitarle lo bocona” después de sugerir que la diputada está vinculada en actividades de trata de personas, enorme calumnia que además es cosa juzgada legalmente y que hubo de retirar públicamente aceptando no tener elemento alguno para siquiera mencionar el tema. Aun así, por tuiter reiteró que no fue una disculpa y que no entendía porqué tendría que ofrecerla. El diputado Casas, por su parte, desde la tribuna del Congreso dijo: “eso pasa cuando las sacas de la cocina y les das un curul”. Nada que agregar. Ambos en sus “explicaciones” dijeron que no habían ejercido violencia, que ellos solo hablaban como el pueblo, que las expresiones utilizadas no llevaban la intención de lastimar a sus compañeras ni muchísimo menos de ofender a las mujeres mexicanas en general. ¿Tú les crees, lector, lectora queridos?

Cuando una mujer, una persona con capacidades diferentes, niñas, niños y adolescentes sufren violencia, ésta les afecta de manera desproporcionada frente a la afectación que sufre un hombre. Cito un tuit de la diputada Wendy Briceño, presidenta de la comisión de igualdad en el Congreso federal: Compañero Fernández Noroña: la discusión no es sobre ideologías derecha/izquierda y sí de violencia de género. El proceso histórico que hemos vivido nos indica que la violencia nos impacta de manera distinta y afecta más a mujeres. En ese sentido, claro que sí caben las disculpas.

Abundo; las palabras expresadas por los diputados agresores conllevan mayor peligrosidad, pues no hablan a título personal, sino desde la trinchera que les da ser representantes populares, palabras que pueden ser entendidas como conductas correctas y aceptadas por sus seguidores. El debate que se dio en redes sociales sobre si las diputadas “merecían” ser agredidas, debería ser timbre de emergencia social sobre la necesidad imperante de hablar sobre violencia, entender el fenómeno y declararla INADMISIBLE en cualquier circunstancia y contra cualquier persona.

La violencia política que sufrieron Adriana y Tania está totalmente fuera de lugar pero no está tipificada como delito…aún. Existe el compromiso de todas las fuerzas políticas de aprobar la ley en un muy corto plazo. De toda suerte, ambas han acudido a las instancias penal, electoral, civil y de derechos humanos para que las agresiones no queden impunes y se siente un precedente para evitar que alguien sufra lo que ellas sufrieron.

Violencia genera violencia y los 10 feminicidios diarios en México son brutal prueba que el dominio y ejercicio de posesión de los hombres sobre las mujeres no solo existe sino lastima y mata. Si alguna vez te preguntas si alguien mereció recibir violencia, borra eso de tu mente. Todas y todos merecemos vivir en paz, con respeto y sin agresiones. Para dirimir diferencias está el diálogo. Como dice un viejo refrán: hablando se entiende la gente.

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