/ viernes 20 de noviembre de 2020

¿Justicia laboral?

La vida familiar se agrava si aunado a la enfermedad pandémica, se carece de lo necesario, pero sobre todo de trabajo. El neoliberalismo que nos colonizó, gracias a nuestros gobiernos PRI-PAN, decidió que también había que explotar y expoliar la mano de obra de los mexicanos. A las profesiones preferentemente se les dirigió para proveer de capacitados a la industria, la producción y el mercado. Las curriculas universitarias fueron castradas, eliminando humanismo y filosofía. Más todo aquello que desarrollara el pensamiento y la cultura.


El régimen actual busca regularizar la esclavista práctica del outsourcing. Los patrones de esas empresas intermediarias, que son verdaderos "negreros" sienten que con esas reformas las hienas los devoran. Monreal, líder del senado, ansioso de granjearse su simpatía para llegar a la presidencia de México, pareciera estar con ellos. El outsourcing es un sistema de subcontratación. Una empresa contrata mano de obra para el servicio de otras, escatimando al trabajador la mayoría de las prestaciones sociales, sin que guarden antigüedad y con sueldos de miseria que los convierten prácticamente por su necesidad en modernos esclavos. Se trata de la más escandalosa contra revolución en materia laboral, pisoteando la filosofía de los constituyentes del diecisiete. Son millones de mexicanos quienes están en esa condición. En donde increíblemente, hasta empleados bancarios antes bien pagados ahora la padecen y solo ven pasar el dinero por sus manos, porque tienen sueldos de miseria.


Hay más. Se trata de tres millones de familias jornaleras, que desde Guerrero; Oaxaca y Puebla se desplazan cada año a la pizca a los campos de tomate, pepino, chile, etc.; a Sinaloa, Baja California, Zacatecas. Que abandonan a la buena de Dios sus humildes hogares, viajan como pueden, en familia. Papá y mamá ganan ciento cincuenta pesos diarios y los niños treinta. Viven en galerones a la inclemencia, sin agua, sin seguridad social, durmiendo en el suelo y si en el trayecto alguno muere por ir enfermo, simplemente lo tiran a la orilla del camino o lo sepultan en lugar desconocido. Los niños sin escuela, sin infancia ni juegos. Todos sin sueldo mínimo ni horas de trabajo, sin adecuada alimentación y en la indefensión jurídica. Frente al Covid-19 sin atención médica. Los programas que los gobiernos han diseñado para protegerlos, simplemente no han funcionado. Viven en el desamparo. No son raras las defunciones. Para la economía no son trabajadores de importancia. Parecieran condenados de por vida a seguir recolectando en el campo, siempre agachados y expuestos a todos los elementos de la naturaleza. Mujeres hay que laboran cargando a sus hijos en la espalda. Son los olvidados del régimen, de los líderes obreros, de los patrones y de los que gobiernan. Ya, al final de la temporada, regresan a su tierra y si no son asaltados en el camino para robarles lo que llevan, cuando llegan allá encuentran sus hogares saqueados y el escaso dinero que alcanzaron a juntar solo les sirve para comprar algo de maíz, frijol y para dar las aportaciones colectivas que en esas comunidades son obligatorias. Viven al desamparo de las leyes laborales, del I.M.S.S., de los fondos para el retiro y hasta pareciera que de Dios. Expuestos siempre al trato déspota y degradante de sus empleadores.


Hay muchos Méxicos. Pero el México del mercado laboral es un mosaico variopinto e injusto, sin destellos de justicia social. Esos jornaleros, han sido ignorados. Son inexistentes, invisibles. No tienen registro ni antecedentes, apenas sobreviven como pueden, pero son mexicanos. Se trata de los huérfanos del régimen. Añejo problema que no sabemos hasta cuando se atienda y resuelva. Ni que leyes habrán de protegerlos.


Los patrones de México ¡bien gracias! ¡Que grato es dormir sin frio, en excelentes habitaciones, grandes mansiones; y si la enfermedad llega, el mejor servicio médico, porque para eso son los millones!


¡Hay muchos Méxicos! El de la moderna esclavitud y el de los excesos y explotadores. Pero para los millones de familias trashumantes, esta nación tiene una deuda histórica. Pero hasta hoy han vivido condenados a una permanente esclavitud y miseria.



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La vida familiar se agrava si aunado a la enfermedad pandémica, se carece de lo necesario, pero sobre todo de trabajo. El neoliberalismo que nos colonizó, gracias a nuestros gobiernos PRI-PAN, decidió que también había que explotar y expoliar la mano de obra de los mexicanos. A las profesiones preferentemente se les dirigió para proveer de capacitados a la industria, la producción y el mercado. Las curriculas universitarias fueron castradas, eliminando humanismo y filosofía. Más todo aquello que desarrollara el pensamiento y la cultura.


El régimen actual busca regularizar la esclavista práctica del outsourcing. Los patrones de esas empresas intermediarias, que son verdaderos "negreros" sienten que con esas reformas las hienas los devoran. Monreal, líder del senado, ansioso de granjearse su simpatía para llegar a la presidencia de México, pareciera estar con ellos. El outsourcing es un sistema de subcontratación. Una empresa contrata mano de obra para el servicio de otras, escatimando al trabajador la mayoría de las prestaciones sociales, sin que guarden antigüedad y con sueldos de miseria que los convierten prácticamente por su necesidad en modernos esclavos. Se trata de la más escandalosa contra revolución en materia laboral, pisoteando la filosofía de los constituyentes del diecisiete. Son millones de mexicanos quienes están en esa condición. En donde increíblemente, hasta empleados bancarios antes bien pagados ahora la padecen y solo ven pasar el dinero por sus manos, porque tienen sueldos de miseria.


Hay más. Se trata de tres millones de familias jornaleras, que desde Guerrero; Oaxaca y Puebla se desplazan cada año a la pizca a los campos de tomate, pepino, chile, etc.; a Sinaloa, Baja California, Zacatecas. Que abandonan a la buena de Dios sus humildes hogares, viajan como pueden, en familia. Papá y mamá ganan ciento cincuenta pesos diarios y los niños treinta. Viven en galerones a la inclemencia, sin agua, sin seguridad social, durmiendo en el suelo y si en el trayecto alguno muere por ir enfermo, simplemente lo tiran a la orilla del camino o lo sepultan en lugar desconocido. Los niños sin escuela, sin infancia ni juegos. Todos sin sueldo mínimo ni horas de trabajo, sin adecuada alimentación y en la indefensión jurídica. Frente al Covid-19 sin atención médica. Los programas que los gobiernos han diseñado para protegerlos, simplemente no han funcionado. Viven en el desamparo. No son raras las defunciones. Para la economía no son trabajadores de importancia. Parecieran condenados de por vida a seguir recolectando en el campo, siempre agachados y expuestos a todos los elementos de la naturaleza. Mujeres hay que laboran cargando a sus hijos en la espalda. Son los olvidados del régimen, de los líderes obreros, de los patrones y de los que gobiernan. Ya, al final de la temporada, regresan a su tierra y si no son asaltados en el camino para robarles lo que llevan, cuando llegan allá encuentran sus hogares saqueados y el escaso dinero que alcanzaron a juntar solo les sirve para comprar algo de maíz, frijol y para dar las aportaciones colectivas que en esas comunidades son obligatorias. Viven al desamparo de las leyes laborales, del I.M.S.S., de los fondos para el retiro y hasta pareciera que de Dios. Expuestos siempre al trato déspota y degradante de sus empleadores.


Hay muchos Méxicos. Pero el México del mercado laboral es un mosaico variopinto e injusto, sin destellos de justicia social. Esos jornaleros, han sido ignorados. Son inexistentes, invisibles. No tienen registro ni antecedentes, apenas sobreviven como pueden, pero son mexicanos. Se trata de los huérfanos del régimen. Añejo problema que no sabemos hasta cuando se atienda y resuelva. Ni que leyes habrán de protegerlos.


Los patrones de México ¡bien gracias! ¡Que grato es dormir sin frio, en excelentes habitaciones, grandes mansiones; y si la enfermedad llega, el mejor servicio médico, porque para eso son los millones!


¡Hay muchos Méxicos! El de la moderna esclavitud y el de los excesos y explotadores. Pero para los millones de familias trashumantes, esta nación tiene una deuda histórica. Pero hasta hoy han vivido condenados a una permanente esclavitud y miseria.



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