/ viernes 12 de octubre de 2018

LOS AVATARES DE NUESTRO TIEMPO

En un régimen democrático, resulta indispensable consultar, tomar en cuenta la opinión de los ciudadanos; quizás inspirado por la idea del imperativo categórico de Immanuel Kant. Es decir que, en tanto nos autoafirmamos, en México, como una democracia –para algunos consolidada, para otros perfectible- resulta un deber ético y moral para los gobernantes de todos los niveles, tomar decisiones orientadas por el interés público y consecuentemente, valorar y sopesar las opiniones, exigencias y propuestas de los ciudadanos en su conjunto.

Esto es relevante porque la estabilidad, integridad y permanencia del Estado, como organización política depende en mucho de la intervención del gobierno en la resolución de los problemas públicos que, por su naturaleza, sostienen diversidad de actores con intereses distintos, de ahí que los gobernantes deben, además de considerar las opiniones de los ciudadanos en general, tomar en cuenta para muchos de los temas que le competen, la opinión informada y técnica de los expertos.

La conjunción de opinión ciudadana y opinión de expertos en la toma de decisiones gubernamentales es el tipo ideal; sobre todo tras dimensionar que las decisiones no son solamente técnicas o solamente políticas sino un hibrido de ambos tipos.

Ahora bien, es necesario señalar que, en una democracia representativa, se entiende que se ha conferido el ejercicio del poder a un gobernante, titular de la administración de lo público; las elecciones y su victoria en éstas lo posibilitan para que de manera legítima tome decisiones, por lo que descargar la responsabilidad de la toma de decisiones en la ciudadanía parece ser un artilugio que no siempre puede llevar a buen puerto.

En nuestro país, el próximo gobierno ha decidido explorar la viabilidad de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco, dado que se alega, entre otras cosas: un sobreprecio en el proyecto, inconsistencias en muchos de los contratos, que las condiciones del terreno en el municipio mexiquense no son las ideales para la edificación de un aeropuerto, además del probable impacto ambiental por su construcción en el principal lago de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Sin embargo, muchos de los expertos en la materia, han sostenido que la viabilidad de este aeropuerto no debiera estar en el centro de la discusión, mucho menos la necesidad de contar con esta infraestructura nueva que es, en mucho, una de las cartas de presentación de México ante el mundo. Así, la idea del próximo gobierno es someter a consulta pública la construcción del aeropuerto.

Al respecto, es posible citar Beth Simone Noveck –primera jeda de la oficina de gobierno abierto en la Casa Blanca de Estados Unidos-, quien señala que: “Un gobierno más inteligente difumina la tensión entre el conocimiento y la ciudadanía al valorar el punto de vista de todos”. Estoy de acuerdo, la opinión de todos nosotros debe ser considerada, sin embargo, no creo que sea viable el carácter vinculatorio de la consulta para proseguir o para vetar el proyecto, por el sólo hecho de que no todos conocemos sobre construcción de megaproyectos, ingeniería civil, etc.

El hecho de consultar a la ciudadanía es ensimismo, un comportamiento democrático que debe celebrarse, sobre todo porque se debe generar en México, la propensión a participar en los asuntos de la vida pública, más allá de las elecciones. Esta loa a la disposición de escuchar a las personas, también se pone en cuestión porque las decisiones, me parece, si bien deben estar permeadas por estas opiniones, también deben ser tomadas con responsabilidad por el próximo gobierno investido de la legitimidad adquirida tras la obtención de millones de votos.

Habrá que esperar los resultados de la consulta y la determinación de la decisión final en el tema. De momento, muy bien por entender la nueva realidad en que la sociedad busca ser escuchada y grita esperando encontrar oídos y gobiernos abiertos. El imperativo categórico al que hacía referencia, exige además de escuchar, tomar decisiones de manera responsable, viendo hacia futuro.


Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz


En un régimen democrático, resulta indispensable consultar, tomar en cuenta la opinión de los ciudadanos; quizás inspirado por la idea del imperativo categórico de Immanuel Kant. Es decir que, en tanto nos autoafirmamos, en México, como una democracia –para algunos consolidada, para otros perfectible- resulta un deber ético y moral para los gobernantes de todos los niveles, tomar decisiones orientadas por el interés público y consecuentemente, valorar y sopesar las opiniones, exigencias y propuestas de los ciudadanos en su conjunto.

Esto es relevante porque la estabilidad, integridad y permanencia del Estado, como organización política depende en mucho de la intervención del gobierno en la resolución de los problemas públicos que, por su naturaleza, sostienen diversidad de actores con intereses distintos, de ahí que los gobernantes deben, además de considerar las opiniones de los ciudadanos en general, tomar en cuenta para muchos de los temas que le competen, la opinión informada y técnica de los expertos.

La conjunción de opinión ciudadana y opinión de expertos en la toma de decisiones gubernamentales es el tipo ideal; sobre todo tras dimensionar que las decisiones no son solamente técnicas o solamente políticas sino un hibrido de ambos tipos.

Ahora bien, es necesario señalar que, en una democracia representativa, se entiende que se ha conferido el ejercicio del poder a un gobernante, titular de la administración de lo público; las elecciones y su victoria en éstas lo posibilitan para que de manera legítima tome decisiones, por lo que descargar la responsabilidad de la toma de decisiones en la ciudadanía parece ser un artilugio que no siempre puede llevar a buen puerto.

En nuestro país, el próximo gobierno ha decidido explorar la viabilidad de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco, dado que se alega, entre otras cosas: un sobreprecio en el proyecto, inconsistencias en muchos de los contratos, que las condiciones del terreno en el municipio mexiquense no son las ideales para la edificación de un aeropuerto, además del probable impacto ambiental por su construcción en el principal lago de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Sin embargo, muchos de los expertos en la materia, han sostenido que la viabilidad de este aeropuerto no debiera estar en el centro de la discusión, mucho menos la necesidad de contar con esta infraestructura nueva que es, en mucho, una de las cartas de presentación de México ante el mundo. Así, la idea del próximo gobierno es someter a consulta pública la construcción del aeropuerto.

Al respecto, es posible citar Beth Simone Noveck –primera jeda de la oficina de gobierno abierto en la Casa Blanca de Estados Unidos-, quien señala que: “Un gobierno más inteligente difumina la tensión entre el conocimiento y la ciudadanía al valorar el punto de vista de todos”. Estoy de acuerdo, la opinión de todos nosotros debe ser considerada, sin embargo, no creo que sea viable el carácter vinculatorio de la consulta para proseguir o para vetar el proyecto, por el sólo hecho de que no todos conocemos sobre construcción de megaproyectos, ingeniería civil, etc.

El hecho de consultar a la ciudadanía es ensimismo, un comportamiento democrático que debe celebrarse, sobre todo porque se debe generar en México, la propensión a participar en los asuntos de la vida pública, más allá de las elecciones. Esta loa a la disposición de escuchar a las personas, también se pone en cuestión porque las decisiones, me parece, si bien deben estar permeadas por estas opiniones, también deben ser tomadas con responsabilidad por el próximo gobierno investido de la legitimidad adquirida tras la obtención de millones de votos.

Habrá que esperar los resultados de la consulta y la determinación de la decisión final en el tema. De momento, muy bien por entender la nueva realidad en que la sociedad busca ser escuchada y grita esperando encontrar oídos y gobiernos abiertos. El imperativo categórico al que hacía referencia, exige además de escuchar, tomar decisiones de manera responsable, viendo hacia futuro.


Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz


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