/ jueves 31 de enero de 2019

Los avatares de nuestro tiempo

Venezuela y la presión internacional

El caso de Venezuela y su crisis económica y política son resultado de la ineficaz acción de gobierno y de los múltiples errores que éste ha cometido. Son también producto del sostenimiento de un régimen señalado en múltiples ocasiones de casos de corrupción, y de un arraigado patrimonialismo por parte de los actores políticos hacia las instituciones del Estado y del gobierno; elementos que han constituido el decaimiento de una nación prospera y la puesta de su población en una situación crítica por la falta de servicios básicos: insuficiencia de alimentos, deficiencias severas en servicios de salud etc.

Derivado de este contexto, las protestas en contra del presidente de aquel país, Nicolás Maduro, no han cesado. Con razón, tan solo el Fondo Monetario Internacional ha cerrado el valor inflacionario del año 2018 en 1 millón 350, 000% y la línea tendencial arroja que para el año 2019 podría cerrar en 10 millones porcentuales, coloquialmente es posible señalar que en Venezuela las personas se enfrentan a un serio problema para adquirir productos para la mera sobrevivencia. El escenario es tan catastrófico que la totalidad de los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o la Comisión Económica para América Latina y el Caribe han manifestado su preocupación y han señalado las dimensiones insólitas de la crisis para un país latinoamericano.

En tanto, la comunidad internacional sobre todo desde la Organización de Estados Americano (OEA) ha gestado un activismo realmente sobresaliente, con decisiones como: impulsar la salida de Venezuela de la organización al menos mientras Maduro se mantenga en el cargo de presidente. Aunado al activismo desde las organizaciones multilaterales, muchos gobiernos de la región han retirado su apoyo al actual gobierno venezolano, lo que lo señala como el responsable de la crisis dramática que también ha originado un serio problema de migración irregular hacia países como: Colombia, Argentina, Brasil e, incluso, México.

La protesta y el activismo ha permeado en la población de otros países. En México, por ejemplo, el anterior gobierno federal, administró su política exterior siendo un actor relevante para ejercer presión al gobierno venezolano y para plantear una defensa seria y legitima a la protesta social y a la oposición política prácticamente atrincherada en la Asamblea Nacional del país sudamericano, sin embargo, el ahora gobierno federal encabezado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador nulificó la participación activa del gobierno mexicano en las discusiones internacionales en contra de la represión e ineptitud de Maduro como jefe del Estado venezolano, alegando el respeto a la libre autodeterminación de los pueblos y el no intervencionismo.

Empero, contrario a lo que sucedía en antaño, donde los flujos de información eran caracterizados por su lentitud y, en muchas ocasiones inexactitud; donde las noticias acerca de un país extranjero eran prácticamente reservadas para los gobiernos y no se hacían extendidas entre la población; ahora, las características actuales ponen de manifiesto la posibilidad de que cualquier persona se informe acerca de lo que sucede en tiempo real, en prácticamente cualquier parte del mundo. En este sentido, el caso de Venezuela es noticia conocida y la poca participación del actual gobierno federal en el caso, sobre todo como parte de un régimen democrático, levanta críticas y dudas acerca de las filias ideológicas de un proyecto y una manera de gobernar acompañada siempre de lo popular.

Esta encrucijada se acentúa aún más para el gobierno mexicano, cuando la OEA el día 23 de enero de 2019, ya reconoció a Juan Guaidó como Presidente interino o encargado, y el propio gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica presentó públicamente su apoyo al ungido Guaidó para recuperar la democracia venezolana. Este no es un acertijo para el Presidente López Obrador, la salida es muy clara, la respuesta muy evidente: el gobierno mexicano debe (como ya lo han hecho varios gobiernos como EUA y Canadá) desconocer a Maduro y apoyar el interinato de Guaidó.

Si bien es cierto que la postura de mantenerse al margen resulta ser muy cómoda, también es cierto que, en defensa de la democracia y la libertad, el posicionamiento y la participación por parte de México, a través del gobierno, no debe ausentarse. Un actor tan relevante como México, no puede permanecer ausente de los grandes temas internacionales, la presión internacional hacia Venezuela parece ser la única salida a la crisis derivada de la ineptitud gubernamental en aquel país.

Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz

Twitter: @EnriqueBermC


Venezuela y la presión internacional

El caso de Venezuela y su crisis económica y política son resultado de la ineficaz acción de gobierno y de los múltiples errores que éste ha cometido. Son también producto del sostenimiento de un régimen señalado en múltiples ocasiones de casos de corrupción, y de un arraigado patrimonialismo por parte de los actores políticos hacia las instituciones del Estado y del gobierno; elementos que han constituido el decaimiento de una nación prospera y la puesta de su población en una situación crítica por la falta de servicios básicos: insuficiencia de alimentos, deficiencias severas en servicios de salud etc.

Derivado de este contexto, las protestas en contra del presidente de aquel país, Nicolás Maduro, no han cesado. Con razón, tan solo el Fondo Monetario Internacional ha cerrado el valor inflacionario del año 2018 en 1 millón 350, 000% y la línea tendencial arroja que para el año 2019 podría cerrar en 10 millones porcentuales, coloquialmente es posible señalar que en Venezuela las personas se enfrentan a un serio problema para adquirir productos para la mera sobrevivencia. El escenario es tan catastrófico que la totalidad de los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o la Comisión Económica para América Latina y el Caribe han manifestado su preocupación y han señalado las dimensiones insólitas de la crisis para un país latinoamericano.

En tanto, la comunidad internacional sobre todo desde la Organización de Estados Americano (OEA) ha gestado un activismo realmente sobresaliente, con decisiones como: impulsar la salida de Venezuela de la organización al menos mientras Maduro se mantenga en el cargo de presidente. Aunado al activismo desde las organizaciones multilaterales, muchos gobiernos de la región han retirado su apoyo al actual gobierno venezolano, lo que lo señala como el responsable de la crisis dramática que también ha originado un serio problema de migración irregular hacia países como: Colombia, Argentina, Brasil e, incluso, México.

La protesta y el activismo ha permeado en la población de otros países. En México, por ejemplo, el anterior gobierno federal, administró su política exterior siendo un actor relevante para ejercer presión al gobierno venezolano y para plantear una defensa seria y legitima a la protesta social y a la oposición política prácticamente atrincherada en la Asamblea Nacional del país sudamericano, sin embargo, el ahora gobierno federal encabezado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador nulificó la participación activa del gobierno mexicano en las discusiones internacionales en contra de la represión e ineptitud de Maduro como jefe del Estado venezolano, alegando el respeto a la libre autodeterminación de los pueblos y el no intervencionismo.

Empero, contrario a lo que sucedía en antaño, donde los flujos de información eran caracterizados por su lentitud y, en muchas ocasiones inexactitud; donde las noticias acerca de un país extranjero eran prácticamente reservadas para los gobiernos y no se hacían extendidas entre la población; ahora, las características actuales ponen de manifiesto la posibilidad de que cualquier persona se informe acerca de lo que sucede en tiempo real, en prácticamente cualquier parte del mundo. En este sentido, el caso de Venezuela es noticia conocida y la poca participación del actual gobierno federal en el caso, sobre todo como parte de un régimen democrático, levanta críticas y dudas acerca de las filias ideológicas de un proyecto y una manera de gobernar acompañada siempre de lo popular.

Esta encrucijada se acentúa aún más para el gobierno mexicano, cuando la OEA el día 23 de enero de 2019, ya reconoció a Juan Guaidó como Presidente interino o encargado, y el propio gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica presentó públicamente su apoyo al ungido Guaidó para recuperar la democracia venezolana. Este no es un acertijo para el Presidente López Obrador, la salida es muy clara, la respuesta muy evidente: el gobierno mexicano debe (como ya lo han hecho varios gobiernos como EUA y Canadá) desconocer a Maduro y apoyar el interinato de Guaidó.

Si bien es cierto que la postura de mantenerse al margen resulta ser muy cómoda, también es cierto que, en defensa de la democracia y la libertad, el posicionamiento y la participación por parte de México, a través del gobierno, no debe ausentarse. Un actor tan relevante como México, no puede permanecer ausente de los grandes temas internacionales, la presión internacional hacia Venezuela parece ser la única salida a la crisis derivada de la ineptitud gubernamental en aquel país.

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