/ jueves 14 de febrero de 2019

LOS AVATARES DE NUESTRO TIEMPO

La historia y el encuentro de dos culturas en Tlaxcala, a 500 años

La historia no debe considerarse como una larga sucesión -simple y llana- de hechos, sino como una construcción ontológica, ética y política de la sociedad. Además, desde la óptima de lo utilitario, la historia es la oportunidad inigualable de saber de dónde venimos para saber hacia dónde podemos dirigirnos.

El genuino gusto por la historia es cierto, debiera estar presente en la generalidad de la sociedad mexicana, empero, aún con mayor presencia en los gobernantes y dirigentes políticos, para desarrollar la capacidad de análisis de sucesos previos que pudiesen tener características compartidas con los de la actualidad.

En este marco de compresión sobre la importancia de la historia y derivado de dos hechos: el primero la lectura del gran ensayo “El Presidente historiador” de la autoría de Enrique Krauze y el segundo, el cumplimiento de 500 años de la llegada de los españoles a Tlaxcala; es que consideré pertinente abonar al debate acerca de la enorme trascendencia que la “microhistoria” -en este caso de nuestro Tlaxcala- tiene para la realidad de México. También, es menester precisar que tras la lectura del mencionado ensayo brota la idea de que conocer la historia es útil para tener fortalezas y lograr construir (como grupo social, como comunidad) una propia y actual, acorde a lo que las condiciones exigen, este debe ser un compromiso generacional.

Por esta razón resulta conveniente en este año 2019, recordar, analizar y reflexionar acerca del denominado “Encuentro de dos culturas” en el marco de la conmemoración de la llegada de la expedición española encabezada por Hernán Cortés en el año de 1519, son ya 500 años del inicio del mestizaje; una fecha no menor para la historia del Estado de Tlaxcala y, aún menos, para la historia nacional de México.

Popularmente, sobre todo en las otras 31 entidades federativas de la República mexicana se ha sostenido, durante bastante tiempo, la idea de “traición tlaxcalteca”, una concepción auspiciada incluso desde la historia oficial. Sin embargo, el error principal de tal argumento es pensar el mundo prehispánico con uniformidad y cohesión política, básicamente concebir que el imperio azteca era ensimismo un Estado con la extensión territorial con la que cuenta el Estado mexicano en la actualidad. La realidad es muy distinta, cuando Hernán Cortés desembarcó en las costas de Zempoala, cerca del actual puerto de Veracruz, con poco más de 600 soldados del Reino de Castilla (España), el imperio más fuerte era el de la Triple Alianza (azteca) que tenía como capital estratégica a Tenochtitlán pero, aquella no significaba la inexistencia de otros territorios con independencia y suficiencia estratégica (milicia, riqueza, bienes de consumo, intercambio comercial) a pesar del yugo que los aztecas sometían sobre algunos, incluso con resistencias.

Incluso Zempoala (lugar al que arribaron) -antes del territorio en que se fundaría el primer municipio de Hispanoamérica con el nombre de la Villa Rica de la Veracruz- era un señorío, es decir, un pequeño estado, totonaco por lengua y tradición y nahualizado por influencia o imposición cultural, y tributario de un Estado mayor: México-Tenochtitlan. De hecho, la primera alianza que la expedición de Cortés signó a su llegada fue con el señorío de Zempoala que aún contaba con un señor soberano (dicho sea, esta forma de organización política era extendida con al menos otros 1500 señoríos mesoamericanos, con el control parcial o total por parte de los aztecas de al menos seis o sietes centenares), la alianza en Zempoala sería el parámetro a seguir desde aquel 1519 y hasta el 1525, con alianzas en señoríos como: Huexitzingo, Tepexi, Tamazulapan, Xicochimalco o Zacatlán.

Estas alianzas tienen una explicación lógica: el hartazgo a las tendencias imperialistas de los aztecas. La etapa de formación de dicho imperio se remonta a 1428 con la formación de la Triple Alianza como una entidad política de gran extensión en que una ciudad ejerce el poder sobre otras; ésta fue formada por Tenochtitlan, “Tetzcoco” y Tlacopan. Este hecho, garantizó capacidades de los mexicas para intentar controlar otros señoríos, incluido el de Tlaxcala, que, al ser un pueblo guerrero, opuso real resistencia colocando a otomíes en sus fronteras para su defensa ante la Triple Alianza o imperio azteca/mexica.

Esta confrontación, dio espacio a la alianza fijada entre españoles y tlaxcaltecas, con la anotación de que no fue solamente con ellos. Incluso, cuando españoles arribaron al centro de México observaron la gran diversidad de pueblos con distintos antecedentes culturales y que no habían logrado su unificación política ni cultural en el imperio mexica, sumado también al sostenimiento de Tlaxcala y Huexotzinco -por parte de los aztecas- como enemigos tradicionales.

A pesar de que la alianza de Cortés con Tlaxcala, tenía alicientes para que se concretara fácilmente, es real que ante las características del pueblo tlaxcalteca (guerreros), el 2 de septiembre se produjo el primer enfrentamiento en la batalla de Tzompantzico, uno de los más importantes más no el único. De tal suerte que el 18 de septiembre de 1519 se signa la alianza en Tizatlán.

La conquista de México y la nueva formación de la Nueva España como una de las mayores epopeyas militares de la historia de julio de 1520 a agosto de 1521 (con la caída de Tenochtitlan) no se comprende sin la participación de Tlaxcala; de ahí el enorme mito de la traición y una de las mayores injusticias del estudio de la historia desde una óptica “barata”, de poco rigor y nula seriedad, ya lo dice Krauze, de “una historia erigida en tribunal que condena”. Cuando las condiciones históricas demuestran a Tlaxcala como una efigie de la valentía y de una sociedad resiliente.

Por esta razón es que conviene conmemorar esos 500 años, porque además de que es el surgimiento de la mexicanidad propiamente dicha tras el inicio del mestizaje, es un recordatorio de las capacidades históricas de Tlaxcala y por tanto de la sociedad mexicana para salir avante.

Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz

Twitter: @EnriqueBermC

La historia y el encuentro de dos culturas en Tlaxcala, a 500 años

La historia no debe considerarse como una larga sucesión -simple y llana- de hechos, sino como una construcción ontológica, ética y política de la sociedad. Además, desde la óptima de lo utilitario, la historia es la oportunidad inigualable de saber de dónde venimos para saber hacia dónde podemos dirigirnos.

El genuino gusto por la historia es cierto, debiera estar presente en la generalidad de la sociedad mexicana, empero, aún con mayor presencia en los gobernantes y dirigentes políticos, para desarrollar la capacidad de análisis de sucesos previos que pudiesen tener características compartidas con los de la actualidad.

En este marco de compresión sobre la importancia de la historia y derivado de dos hechos: el primero la lectura del gran ensayo “El Presidente historiador” de la autoría de Enrique Krauze y el segundo, el cumplimiento de 500 años de la llegada de los españoles a Tlaxcala; es que consideré pertinente abonar al debate acerca de la enorme trascendencia que la “microhistoria” -en este caso de nuestro Tlaxcala- tiene para la realidad de México. También, es menester precisar que tras la lectura del mencionado ensayo brota la idea de que conocer la historia es útil para tener fortalezas y lograr construir (como grupo social, como comunidad) una propia y actual, acorde a lo que las condiciones exigen, este debe ser un compromiso generacional.

Por esta razón resulta conveniente en este año 2019, recordar, analizar y reflexionar acerca del denominado “Encuentro de dos culturas” en el marco de la conmemoración de la llegada de la expedición española encabezada por Hernán Cortés en el año de 1519, son ya 500 años del inicio del mestizaje; una fecha no menor para la historia del Estado de Tlaxcala y, aún menos, para la historia nacional de México.

Popularmente, sobre todo en las otras 31 entidades federativas de la República mexicana se ha sostenido, durante bastante tiempo, la idea de “traición tlaxcalteca”, una concepción auspiciada incluso desde la historia oficial. Sin embargo, el error principal de tal argumento es pensar el mundo prehispánico con uniformidad y cohesión política, básicamente concebir que el imperio azteca era ensimismo un Estado con la extensión territorial con la que cuenta el Estado mexicano en la actualidad. La realidad es muy distinta, cuando Hernán Cortés desembarcó en las costas de Zempoala, cerca del actual puerto de Veracruz, con poco más de 600 soldados del Reino de Castilla (España), el imperio más fuerte era el de la Triple Alianza (azteca) que tenía como capital estratégica a Tenochtitlán pero, aquella no significaba la inexistencia de otros territorios con independencia y suficiencia estratégica (milicia, riqueza, bienes de consumo, intercambio comercial) a pesar del yugo que los aztecas sometían sobre algunos, incluso con resistencias.

Incluso Zempoala (lugar al que arribaron) -antes del territorio en que se fundaría el primer municipio de Hispanoamérica con el nombre de la Villa Rica de la Veracruz- era un señorío, es decir, un pequeño estado, totonaco por lengua y tradición y nahualizado por influencia o imposición cultural, y tributario de un Estado mayor: México-Tenochtitlan. De hecho, la primera alianza que la expedición de Cortés signó a su llegada fue con el señorío de Zempoala que aún contaba con un señor soberano (dicho sea, esta forma de organización política era extendida con al menos otros 1500 señoríos mesoamericanos, con el control parcial o total por parte de los aztecas de al menos seis o sietes centenares), la alianza en Zempoala sería el parámetro a seguir desde aquel 1519 y hasta el 1525, con alianzas en señoríos como: Huexitzingo, Tepexi, Tamazulapan, Xicochimalco o Zacatlán.

Estas alianzas tienen una explicación lógica: el hartazgo a las tendencias imperialistas de los aztecas. La etapa de formación de dicho imperio se remonta a 1428 con la formación de la Triple Alianza como una entidad política de gran extensión en que una ciudad ejerce el poder sobre otras; ésta fue formada por Tenochtitlan, “Tetzcoco” y Tlacopan. Este hecho, garantizó capacidades de los mexicas para intentar controlar otros señoríos, incluido el de Tlaxcala, que, al ser un pueblo guerrero, opuso real resistencia colocando a otomíes en sus fronteras para su defensa ante la Triple Alianza o imperio azteca/mexica.

Esta confrontación, dio espacio a la alianza fijada entre españoles y tlaxcaltecas, con la anotación de que no fue solamente con ellos. Incluso, cuando españoles arribaron al centro de México observaron la gran diversidad de pueblos con distintos antecedentes culturales y que no habían logrado su unificación política ni cultural en el imperio mexica, sumado también al sostenimiento de Tlaxcala y Huexotzinco -por parte de los aztecas- como enemigos tradicionales.

A pesar de que la alianza de Cortés con Tlaxcala, tenía alicientes para que se concretara fácilmente, es real que ante las características del pueblo tlaxcalteca (guerreros), el 2 de septiembre se produjo el primer enfrentamiento en la batalla de Tzompantzico, uno de los más importantes más no el único. De tal suerte que el 18 de septiembre de 1519 se signa la alianza en Tizatlán.

La conquista de México y la nueva formación de la Nueva España como una de las mayores epopeyas militares de la historia de julio de 1520 a agosto de 1521 (con la caída de Tenochtitlan) no se comprende sin la participación de Tlaxcala; de ahí el enorme mito de la traición y una de las mayores injusticias del estudio de la historia desde una óptica “barata”, de poco rigor y nula seriedad, ya lo dice Krauze, de “una historia erigida en tribunal que condena”. Cuando las condiciones históricas demuestran a Tlaxcala como una efigie de la valentía y de una sociedad resiliente.

Por esta razón es que conviene conmemorar esos 500 años, porque además de que es el surgimiento de la mexicanidad propiamente dicha tras el inicio del mestizaje, es un recordatorio de las capacidades históricas de Tlaxcala y por tanto de la sociedad mexicana para salir avante.

Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz

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