/ sábado 7 de diciembre de 2019

Los Avatares de Nuestro Tiempo | El indudable reto: la economía

En la sociedad contemporánea -como en diferentes momentos históricos- la discusión sobre el carácter de lo público y los límites y alcances de éste, se encuentra vigente. No es un tema menor, la delimitación de lo público identifica simultáneamente a los actores que participan, crean, inciden y toman de decisiones relevantes para la colectividad; en el debate se involucran otras consideraciones como las características de los regímenes o las formas de gobierno.

En consecuencia, el binomio de liberalismo y democracia ha abierto el proceso de toma de decisiones e implementación de políticas públicas a partir de los principios de co-creación y corresponsabilidad entre sociedad y gobierno, situando al Estado (otrora actor predominante de la vida pública) en un entorno de conversación y consenso, en el que los ciudadanos en lo individual y organizados tienen la capacidad de incidir en los procesos de política pública y toma de decisiones.

Sin embargo, esta nueva relación de las instituciones y organizaciones del Estado con la sociedad configuró en el discurso político y en el imaginario colectivo, una suerte de “ciudadanismo” en el que -a pesar de hacer política- todo es transparente y libre de intereses particulares, mientras que las estructuras primigenias de la política en democracia como el caso de los partidos políticos, se entienden como antónimos de la aseveración anterior. Ahora, el viraje de las formas discursivas ha llegado a la categoría “pueblo”, en la que se no existe el distanciamiento con lo partidista o lo político, pero sí con lo denominado élites; en síntesis -según las ideas de Carlos Bravo Regidor- ambos escenarios conducen a lo antipolítico, como una suerte de redefinición de lo público, dado que los encontronazos, por un lado entre ciudadanos y organizaciones políticas y por otro, entre pueblo y élites, dificulta la consecución de consensos y entorpece la toma de decisiones.

En este sentido, este ajuste a lo público en la actualidad define también qué se discute y qué no, así como quiénes lo hacen y cuál es su grado de incidencia, además de cuáles tópicos pueden ser tratados hostilmente y cuáles con vehemencia. Esta nueva realidad entraña, un tópico de consideraciones superiores en el análisis político: los actores involucrados y su valencia para la obtención de metas y objetivos, así como los intereses y consignas que persiguen.

Actualmente en México se ha optado por el “diálogo circular” un ida y vuelta y por las respuestas permanentes ante las opiniones favorables y, sobre todo, ante las férreas críticas justificadas e injustificadas. Lo cierto es que resulta beneficioso que en la conversación pública estén los principales temas coyunturales y estructurales. Empero, la confrontación o el señalamiento a las críticas bajo el atuendo de reprimenda, arriba a lo antipolítico, es decir justo a la pérdida de diálogo y acuerdos, lo que no beneficia -en ningún sentido- al país.

  • Actualmente en México se ha optado por el “diálogo circular” un ida y vuelta y por las respuestas permanentes ante las opiniones favorables y, sobre todo, ante las férreas críticas justificadas e injustificadas.

Bajo este orden de ideas, resulta fundamental que la sociedad civil, la academia y los grupos empresariales incrementen su activismo para proponer soluciones al estado actual de la economía que-dicho sea- está en franco estancamiento y se constituye como uno de los retos más importantes para el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Si bien es cierto que el comportamiento de la economía nacional en el primer año de los gobiernos de los últimos veinte años ha enfrentado crisis y desaceleraciones, también es verídico señalar que hay factores controlables en los que el gobierno debió y debe poner especial atención: uno de ellos es el referido a la ratificación del T-MEC, el acuerdo comercial con América del Norte, el cual es el tratado más importante signado por el Estado mexicano. A pesar de que el T-MEC fue firmado por los gobernantes de Estados Unidos (EUA), Canadá y nuestro país desde el 30 de diciembre de 2018, éste no ha sido ratificado y está sujeto a presiones en tanto los legisladores demócratas en EUA consideran necesarios algunos cambios en materia laboral y medio ambiental. Este proceso es importante porque es uno de los eslabones para el desarrollo y la atracción de inversiones que libraría considerablemente de las presiones que atañen a la economía mexicana en este momento debido a la incertidumbre en los mercados financieros y los niveles de inversión pública.

Si bien es cierto que las crisis -de cualquier tipo- en este caso económica, en muchas ocasiones son súbitas, los avances metodológicos y estratégicos en el análisis de las variables económicas, señalan que las crisis son previsibles a través de los indicadores macroeconómicos registrados de manera periódica. Fundamentalmente por esta razón, se exigen mayores previsiones y mejores estrategias para enfrentar los factores controlables y no controlables que tienen en este momento a la economía como un reto para el gobierno.

En tanto, el debate sobre lo público -entre lo que destaca la situación económica- debe ser amplio e incluyente, las formas “antipolíticas” del “ciudadanismo” y el populismo no ayudan a encontrar soluciones a problemas de características complejas.

Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz

Twitter: @EnriqueBermC

En la sociedad contemporánea -como en diferentes momentos históricos- la discusión sobre el carácter de lo público y los límites y alcances de éste, se encuentra vigente. No es un tema menor, la delimitación de lo público identifica simultáneamente a los actores que participan, crean, inciden y toman de decisiones relevantes para la colectividad; en el debate se involucran otras consideraciones como las características de los regímenes o las formas de gobierno.

En consecuencia, el binomio de liberalismo y democracia ha abierto el proceso de toma de decisiones e implementación de políticas públicas a partir de los principios de co-creación y corresponsabilidad entre sociedad y gobierno, situando al Estado (otrora actor predominante de la vida pública) en un entorno de conversación y consenso, en el que los ciudadanos en lo individual y organizados tienen la capacidad de incidir en los procesos de política pública y toma de decisiones.

Sin embargo, esta nueva relación de las instituciones y organizaciones del Estado con la sociedad configuró en el discurso político y en el imaginario colectivo, una suerte de “ciudadanismo” en el que -a pesar de hacer política- todo es transparente y libre de intereses particulares, mientras que las estructuras primigenias de la política en democracia como el caso de los partidos políticos, se entienden como antónimos de la aseveración anterior. Ahora, el viraje de las formas discursivas ha llegado a la categoría “pueblo”, en la que se no existe el distanciamiento con lo partidista o lo político, pero sí con lo denominado élites; en síntesis -según las ideas de Carlos Bravo Regidor- ambos escenarios conducen a lo antipolítico, como una suerte de redefinición de lo público, dado que los encontronazos, por un lado entre ciudadanos y organizaciones políticas y por otro, entre pueblo y élites, dificulta la consecución de consensos y entorpece la toma de decisiones.

En este sentido, este ajuste a lo público en la actualidad define también qué se discute y qué no, así como quiénes lo hacen y cuál es su grado de incidencia, además de cuáles tópicos pueden ser tratados hostilmente y cuáles con vehemencia. Esta nueva realidad entraña, un tópico de consideraciones superiores en el análisis político: los actores involucrados y su valencia para la obtención de metas y objetivos, así como los intereses y consignas que persiguen.

Actualmente en México se ha optado por el “diálogo circular” un ida y vuelta y por las respuestas permanentes ante las opiniones favorables y, sobre todo, ante las férreas críticas justificadas e injustificadas. Lo cierto es que resulta beneficioso que en la conversación pública estén los principales temas coyunturales y estructurales. Empero, la confrontación o el señalamiento a las críticas bajo el atuendo de reprimenda, arriba a lo antipolítico, es decir justo a la pérdida de diálogo y acuerdos, lo que no beneficia -en ningún sentido- al país.

  • Actualmente en México se ha optado por el “diálogo circular” un ida y vuelta y por las respuestas permanentes ante las opiniones favorables y, sobre todo, ante las férreas críticas justificadas e injustificadas.

Bajo este orden de ideas, resulta fundamental que la sociedad civil, la academia y los grupos empresariales incrementen su activismo para proponer soluciones al estado actual de la economía que-dicho sea- está en franco estancamiento y se constituye como uno de los retos más importantes para el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Si bien es cierto que el comportamiento de la economía nacional en el primer año de los gobiernos de los últimos veinte años ha enfrentado crisis y desaceleraciones, también es verídico señalar que hay factores controlables en los que el gobierno debió y debe poner especial atención: uno de ellos es el referido a la ratificación del T-MEC, el acuerdo comercial con América del Norte, el cual es el tratado más importante signado por el Estado mexicano. A pesar de que el T-MEC fue firmado por los gobernantes de Estados Unidos (EUA), Canadá y nuestro país desde el 30 de diciembre de 2018, éste no ha sido ratificado y está sujeto a presiones en tanto los legisladores demócratas en EUA consideran necesarios algunos cambios en materia laboral y medio ambiental. Este proceso es importante porque es uno de los eslabones para el desarrollo y la atracción de inversiones que libraría considerablemente de las presiones que atañen a la economía mexicana en este momento debido a la incertidumbre en los mercados financieros y los niveles de inversión pública.

Si bien es cierto que las crisis -de cualquier tipo- en este caso económica, en muchas ocasiones son súbitas, los avances metodológicos y estratégicos en el análisis de las variables económicas, señalan que las crisis son previsibles a través de los indicadores macroeconómicos registrados de manera periódica. Fundamentalmente por esta razón, se exigen mayores previsiones y mejores estrategias para enfrentar los factores controlables y no controlables que tienen en este momento a la economía como un reto para el gobierno.

En tanto, el debate sobre lo público -entre lo que destaca la situación económica- debe ser amplio e incluyente, las formas “antipolíticas” del “ciudadanismo” y el populismo no ayudan a encontrar soluciones a problemas de características complejas.

Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz

Twitter: @EnriqueBermC