/ sábado 17 de octubre de 2020

Los Avatares de Nuestro Tiempo | Escenarios internacionales en México: la elección en Estados Unidos

La globalización, además de suponer transformaciones en los ámbitos cultural, social y sobre todo económico, generó importantes cambios en las relaciones internacionales y diplomáticas entre los Estados nacionales. La profundización de las interacciones políticas y económicas rebasa los límites fronterizos y se instala en la complejidad de la toma de decisiones; de tal suerte que asuntos internos tienen trascendencia internacional. El ejemplo claro es la relación México-Estados Unidos.

En este sentido, la integración regional de Norteamérica también ha generado que los riesgos y amenazas que sostiene un Estado en lo individual generen impacto en la región e incluso en el orbe. Por ello la estabilidad política, social y económica se convierte en un asunto multilateral o de responsabilidad compartida.

La relación mexicoamericana es virtuosa y simultáneamente problemática. Hay varios elementos que sostienen esta afirmación; destacan el intercambio económico, el cual asciende a una balanza comercial de 614 mil 500 millones de dólares en el año 2019, por lo que nuestro país es el principal socio comercial de EUA; también destaca el factor migratorio, dicho elemento ha generado un alto impacto, al punto de que muchas de las ciudades principales estadounidenses basan el sector servicios en la contratación de la población latinoamericana y específicamente mexicana, tan sólo en México la suma de las remesas en el año 2019 es de 36 mil 48 millones de dólares, cifra superior a los valores de Inversión Extranjera Directa, exportaciones petroleras o por captación de actividad turística en territorio nacional. También, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC) señala que el tráfico ilegal de armas en la frontera entre EUA y México está relacionado con la actividad delincuencial del resto del continente y genera un mercado negro de varios miles de millones de dólares. Esto demuestra el grado de interrelación sostenido entre Estados Unidos y nuestro país, con efectos positivos y algunos negativos.

En consecuencia, el actual proceso electoral estadounidense es también factor considerable de la estabilidad en México. Desde el punto de vista procedimental, la incidencia del gobierno mexicano en este asunto es marginal, empero, desde el ángulo “macro” y considerando el proceso desde la arista de especulación pública internacional, el gobierno mexicano debe actuar tan pronto exista un ganador en la contienda y, además, debe promover en la opinión pública internacional (desde ahora) la necesidad de impulsar temas conjuntos en la agenda regional, por ejemplo: migración, seguridad, cooperación para el desarrollo, inversión productiva, etc., todos temas arrastrados desde hace muchos años pero aún pendientes de resolución.

La elección norteamericana enfrenta al demócrata Joe Biden y al republicano y actual mandatario, Donald Trump. Es evidente que la disputa política está poco determinada por la construcción programática de propuestas y más centrada en la generación de esfuerzos argumentativos (falaces) por desacreditarse entre unos y otros. Para el caso de México, lo que debiera preocupar, independientemente del resultado, es la profundización de la operatividad del T-MEC (antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte) para que realmente sea un eje regulador de las relaciones entre los países y comprometa sus respectivas agendas internacionales.

Con el atractivo de plantear escenarios, las encuestas marcan una diferencia estrecha en cuanto a voto popular se refiere, a favor de Biden. No obstante, la diferencia en cuanto a los estados representativos de la Unión americana parece favorable para Trump. Además, el ingrediente histórico está presente, solamente cuatro presidentes (considerando desde el año 1900) no han ganado su reelección inmediata; los casos están caracterizados por condiciones incontrolables (las cuales no enfrenta el candidato republicano hoy): los casos de derrota en la búsqueda de la reelección fueron para Hoover frente a Roosevelt en 1932, Ford frente a Cartes en 1976, Cartes frente a Reagan en 1980 y Bush frente a Clinton en1992. En consecuencia, parece improbable que la reelección caiga.

Este escenario plantea amplias posibilidades para que México continúe en la ruta del fortalecimiento de la integración regional y la cooperación con el país vecino, sobre todo en materia de seguridad. El actual gobierno debe optar por una política exterior de máxima relación; sobre todo bajo el entendido de que los grandes problemas que aquejan a la población en materia de seguridad pública, en buena medida, responden a la baja cobertura gubernamental del tema.

Desde el punto de vista procedimental, la incidencia del gobierno mexicano en este asunto es marginal, empero, desde el ángulo “macro” y considerando el proceso desde la arista de especulación pública internacional, el gobierno mexicano debe actuar tan pronto exista un ganador en la contienda y, además, debe promover en la opinión pública internacional (desde ahora) la necesidad de impulsar temas conjuntos en la agenda regional...

La globalización, además de suponer transformaciones en los ámbitos cultural, social y sobre todo económico, generó importantes cambios en las relaciones internacionales y diplomáticas entre los Estados nacionales. La profundización de las interacciones políticas y económicas rebasa los límites fronterizos y se instala en la complejidad de la toma de decisiones; de tal suerte que asuntos internos tienen trascendencia internacional. El ejemplo claro es la relación México-Estados Unidos.

En este sentido, la integración regional de Norteamérica también ha generado que los riesgos y amenazas que sostiene un Estado en lo individual generen impacto en la región e incluso en el orbe. Por ello la estabilidad política, social y económica se convierte en un asunto multilateral o de responsabilidad compartida.

La relación mexicoamericana es virtuosa y simultáneamente problemática. Hay varios elementos que sostienen esta afirmación; destacan el intercambio económico, el cual asciende a una balanza comercial de 614 mil 500 millones de dólares en el año 2019, por lo que nuestro país es el principal socio comercial de EUA; también destaca el factor migratorio, dicho elemento ha generado un alto impacto, al punto de que muchas de las ciudades principales estadounidenses basan el sector servicios en la contratación de la población latinoamericana y específicamente mexicana, tan sólo en México la suma de las remesas en el año 2019 es de 36 mil 48 millones de dólares, cifra superior a los valores de Inversión Extranjera Directa, exportaciones petroleras o por captación de actividad turística en territorio nacional. También, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC) señala que el tráfico ilegal de armas en la frontera entre EUA y México está relacionado con la actividad delincuencial del resto del continente y genera un mercado negro de varios miles de millones de dólares. Esto demuestra el grado de interrelación sostenido entre Estados Unidos y nuestro país, con efectos positivos y algunos negativos.

En consecuencia, el actual proceso electoral estadounidense es también factor considerable de la estabilidad en México. Desde el punto de vista procedimental, la incidencia del gobierno mexicano en este asunto es marginal, empero, desde el ángulo “macro” y considerando el proceso desde la arista de especulación pública internacional, el gobierno mexicano debe actuar tan pronto exista un ganador en la contienda y, además, debe promover en la opinión pública internacional (desde ahora) la necesidad de impulsar temas conjuntos en la agenda regional, por ejemplo: migración, seguridad, cooperación para el desarrollo, inversión productiva, etc., todos temas arrastrados desde hace muchos años pero aún pendientes de resolución.

La elección norteamericana enfrenta al demócrata Joe Biden y al republicano y actual mandatario, Donald Trump. Es evidente que la disputa política está poco determinada por la construcción programática de propuestas y más centrada en la generación de esfuerzos argumentativos (falaces) por desacreditarse entre unos y otros. Para el caso de México, lo que debiera preocupar, independientemente del resultado, es la profundización de la operatividad del T-MEC (antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte) para que realmente sea un eje regulador de las relaciones entre los países y comprometa sus respectivas agendas internacionales.

Con el atractivo de plantear escenarios, las encuestas marcan una diferencia estrecha en cuanto a voto popular se refiere, a favor de Biden. No obstante, la diferencia en cuanto a los estados representativos de la Unión americana parece favorable para Trump. Además, el ingrediente histórico está presente, solamente cuatro presidentes (considerando desde el año 1900) no han ganado su reelección inmediata; los casos están caracterizados por condiciones incontrolables (las cuales no enfrenta el candidato republicano hoy): los casos de derrota en la búsqueda de la reelección fueron para Hoover frente a Roosevelt en 1932, Ford frente a Cartes en 1976, Cartes frente a Reagan en 1980 y Bush frente a Clinton en1992. En consecuencia, parece improbable que la reelección caiga.

Este escenario plantea amplias posibilidades para que México continúe en la ruta del fortalecimiento de la integración regional y la cooperación con el país vecino, sobre todo en materia de seguridad. El actual gobierno debe optar por una política exterior de máxima relación; sobre todo bajo el entendido de que los grandes problemas que aquejan a la población en materia de seguridad pública, en buena medida, responden a la baja cobertura gubernamental del tema.

Desde el punto de vista procedimental, la incidencia del gobierno mexicano en este asunto es marginal, empero, desde el ángulo “macro” y considerando el proceso desde la arista de especulación pública internacional, el gobierno mexicano debe actuar tan pronto exista un ganador en la contienda y, además, debe promover en la opinión pública internacional (desde ahora) la necesidad de impulsar temas conjuntos en la agenda regional...