/ sábado 24 de octubre de 2020

Los Avatares de Nuestro Tiempo | La necesidad de fortalecer el municipio

El Municipalismo en México es parte de un ideario revolucionario, fue plasmado como figura jurídica y forma de organización en la Constitución Política promulgada en 1917 y que hasta ahora nos rige. También es fuente primigenia del federalismo mexicano. Con ello el municipio también se convirtió en engrane de la retórica y el discurso político posrevolucionario; es decir, declararse municipalista, al tiempo de que era una reivindicación histórica también era una consigna políticamente correcta. Sin embargo, el uso excesivo de esta referencia generó como consecuencia, la irrefutable viabilidad de esta forma de organización y, al tiempo, la poco factible intervención por parte de otro nivel de Gobierno en los temas que conciernen a las municipalidades.

La Constitución identifica al municipio como forma de organización y administrativa, para las personas significa más, un espacio de significación y pertinencia, de ahí la relevancia de estudiar las condiciones de los municipios en México y, además evaluar las capacidades y limitaciones de los ayuntamientos, los cuales son las instituciones que gobiernan a los municipios, para generar condiciones de bienestar a la población y advertir espacios de mejor desarrollo en las materias más básicas y la oferta de bienes y servicios públicos identificados en el artículo 115 constitucional.

Afortunadamente la discusión actual se ha abierto y declararse municipalista es también plantear la necesidad de propuestas de mejora en la organización de los municipios y el incremento en las capacidades de sus gobiernos. Es notorio que, ante la base social generada por la cercanía de este nivel de Gobierno y la población, la probabilidad de éxito en la implementación de políticas y programas públicos es mayor. Empero, hay condiciones estructurales que han impedido que el municipalismo en México abandone su posición retórica para pasar a ser un ingrediente fundamental para la efectividad gubernamental en la atención de los problemas públicos nacionales como pueden ser la pobreza, la desigualdad, el bajo nivel educativo, etc.

En este sentido, destaca el Informe de Desarrollo Humano Municipal presentado el año pasado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En este se presenta un par diagnósticos centrados en: el desarrollo humano de cada municipio y, aparte, el estado actual de sus capacidades para diseñar, poner práctica y evaluar políticas, programas y proyectos públicos. Este último es resultado de una tarea titánica, digna de reconocimiento, en función de que el Índice de Capacidades Funcionales Municipales (ICFM) es prácticamente el rastreo y monitoreo minucioso de las capacidades organizativas y de toma de decisiones de los gobiernos municipales en el país.

En este respecto, la situación de Tlaxcala es alarmante. Nuestros municipios tienen el promedio más bajo del país, considerando a las 32 entidades federativas. Solamente dos municipios obtuvieron resultado “alto”, seis “medio” y 52 “bajo”. Es decir, lo que el Índice demuestra es que a nivel municipal las capacidades son limitadas, tendiendo a nulas para generar programas y políticas públicas que beneficien y generen impacto directo en el bienestar y desarrollo humano de la población.

Aún con las consideraciones técnicas del índice, quienes dirigen los gobiernos municipales están más concentrados en el próximo proceso electoral que en mejorar las capacidades de las instituciones a las que representan. Es la vida política cortoplacista. Ahora bien, también es cierto que hay elementos estructurales difíciles de modificar, por ejemplo, las asignaciones presupuestales, las cuales se han visto y se verán afectadas en entornos de crisis y limitaciones fiscales del Estado mexicano.

Al respecto, el camino parece estar orientado hacia la organización social, la generación de espacios de discusión ciudadana y búsqueda de soluciones desde los espacios de interacción cotidiana. En el mediano plazo, las propuestas de quienes vislumbren en el municipio, la efigie del éxito del Estado, deberán estar nutridas de visiones y propuestas que fortalezcan las capacidades de los municipios para generar bienestar.

El municipalismo mexicano debe dejar de ser mera referencia discursiva para entonces entenderse como herramienta e instancia de gobierno fundamental.

El Municipalismo en México es parte de un ideario revolucionario, fue plasmado como figura jurídica y forma de organización en la Constitución Política promulgada en 1917 y que hasta ahora nos rige. También es fuente primigenia del federalismo mexicano. Con ello el municipio también se convirtió en engrane de la retórica y el discurso político posrevolucionario; es decir, declararse municipalista, al tiempo de que era una reivindicación histórica también era una consigna políticamente correcta. Sin embargo, el uso excesivo de esta referencia generó como consecuencia, la irrefutable viabilidad de esta forma de organización y, al tiempo, la poco factible intervención por parte de otro nivel de Gobierno en los temas que conciernen a las municipalidades.

La Constitución identifica al municipio como forma de organización y administrativa, para las personas significa más, un espacio de significación y pertinencia, de ahí la relevancia de estudiar las condiciones de los municipios en México y, además evaluar las capacidades y limitaciones de los ayuntamientos, los cuales son las instituciones que gobiernan a los municipios, para generar condiciones de bienestar a la población y advertir espacios de mejor desarrollo en las materias más básicas y la oferta de bienes y servicios públicos identificados en el artículo 115 constitucional.

Afortunadamente la discusión actual se ha abierto y declararse municipalista es también plantear la necesidad de propuestas de mejora en la organización de los municipios y el incremento en las capacidades de sus gobiernos. Es notorio que, ante la base social generada por la cercanía de este nivel de Gobierno y la población, la probabilidad de éxito en la implementación de políticas y programas públicos es mayor. Empero, hay condiciones estructurales que han impedido que el municipalismo en México abandone su posición retórica para pasar a ser un ingrediente fundamental para la efectividad gubernamental en la atención de los problemas públicos nacionales como pueden ser la pobreza, la desigualdad, el bajo nivel educativo, etc.

En este sentido, destaca el Informe de Desarrollo Humano Municipal presentado el año pasado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En este se presenta un par diagnósticos centrados en: el desarrollo humano de cada municipio y, aparte, el estado actual de sus capacidades para diseñar, poner práctica y evaluar políticas, programas y proyectos públicos. Este último es resultado de una tarea titánica, digna de reconocimiento, en función de que el Índice de Capacidades Funcionales Municipales (ICFM) es prácticamente el rastreo y monitoreo minucioso de las capacidades organizativas y de toma de decisiones de los gobiernos municipales en el país.

En este respecto, la situación de Tlaxcala es alarmante. Nuestros municipios tienen el promedio más bajo del país, considerando a las 32 entidades federativas. Solamente dos municipios obtuvieron resultado “alto”, seis “medio” y 52 “bajo”. Es decir, lo que el Índice demuestra es que a nivel municipal las capacidades son limitadas, tendiendo a nulas para generar programas y políticas públicas que beneficien y generen impacto directo en el bienestar y desarrollo humano de la población.

Aún con las consideraciones técnicas del índice, quienes dirigen los gobiernos municipales están más concentrados en el próximo proceso electoral que en mejorar las capacidades de las instituciones a las que representan. Es la vida política cortoplacista. Ahora bien, también es cierto que hay elementos estructurales difíciles de modificar, por ejemplo, las asignaciones presupuestales, las cuales se han visto y se verán afectadas en entornos de crisis y limitaciones fiscales del Estado mexicano.

Al respecto, el camino parece estar orientado hacia la organización social, la generación de espacios de discusión ciudadana y búsqueda de soluciones desde los espacios de interacción cotidiana. En el mediano plazo, las propuestas de quienes vislumbren en el municipio, la efigie del éxito del Estado, deberán estar nutridas de visiones y propuestas que fortalezcan las capacidades de los municipios para generar bienestar.

El municipalismo mexicano debe dejar de ser mera referencia discursiva para entonces entenderse como herramienta e instancia de gobierno fundamental.