/ sábado 31 de octubre de 2020

Los Avatares de Nuestro Tiempo | Los temores en México

Las sociedades modernas comparten esencialmente los mismos miedos que las formas primigenias de organización colectiva de la humanidad. Los temores son justificados, responden a elementos mínimos de sobrevivencia: la vida, la propiedad y los insumos mínimos para garantizar bienestar, por ejemplo, empleos, alimentos, servicios de salud, etc. En consecuencia, cuando uno de éstos es vulnerado sistemáticamente, sea por factores controlables o incontrolables, el miedo colectivo se presenta.

En el caso de la sociedad mexicana, el miedo es una entelequia solamente hasta que nos coloca en riesgos reales. Hay un ingrediente cultural notorio, el mexicano padece temores basados en la realidad, no imaginativos. Es decir que solamente hay miedos justificados. Quizás sea demostrativo identificar el sincretismo de las festividades del Día de Muertos como ejemplo claro de la ausencia del miedo o temor. Al respecto, Octavio Paz en "El laberinto de la soledad" decía elocuentemente que "para el mexicano moderno la palabra muerte es frecuentada, acariciada, festejada y multicitada, prácticamente sin miedo, aunque en el interior vehementemente el miedo esté presente". Esto demuestra que la sociedad mexicana enfrenta los miedos aún con sus temores, solamente cuando están justificados en la cotidianeidad y el funcionamiento ordinario de la vida.

Hoy, indudablemente hay temores. La realidad pandémica ha originado problemas de desempleo, evidenciado las deficiencias en los servicios de salud, disminuido las inversiones en sectores productivos y recesión o, en opinión de algunos, decrecimiento económico notorio. Sumado a este contexto, las estadísticas sobre seguridad pública indican que el problema debe seguir circulando por la ruta de prioridad máxima. Ahora, el enfrentamiento de estos problemas, aún con temores, exige de la mayor responsabilidad gubernamental y social.

En lo referido a los indicadores macroeconómicos, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) publicó esta semana la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto correspondiente al tercer trimestre del año. Positivamente existe una variación del 12% respecto al trimestre inmediato anterior. No obstante, aún existen variaciones de entre el 8.5% y el 9.8% en comparación con el mismo trimestre, pero del año pasado; el indicador demuestra un comportamiento esperado ante el paro de actividades productivas debido al virus de la Covid-19. Sin embargo, resulta fundamental que los gobiernos, sobre todo el federal, visualicen esta realidad económica y la mejoren, por ejemplo, por medio de la utilización de herramientas de inversión pública y ejercicio adecuado de los presupuestos. Keynesiamente, el Gobierno debe ser un comprador e inversor activo en tiempos de crisis económica.

Ahora bien, en lo referido al temor generado a partir de los problemas de seguridad pública es totalmente justificado. Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública el Reporte de Víctimas de delitos del fuero común en el período enero-septiembre 2020, indica un comportamiento sostenido a nivel nacional. En lo referido a víctimas de delitos contra la vida e integridad corporal el total fue de 201,671; sobre delitos contra la libertad personal el total fue de 17,546; los delitos contra el patrimonio registraron un total de 6,368 y los delitos contra la sociedad fueron 8,457. Las estadísticas no son un número frío, detrás de ellos hay personas con miedo y temores, ante la depredadora realidad contemporánea.

Justo ayer se anunció la incorporación de un nuevo perfil al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno federal. Los retos que enfrentará son importantísimos pero seguramente tres serán fundamentales: 1.Consolidar una estrategia operativa eficiente para la disuasión y prevención de la comisión de delitos; 2. Coordinación estratégica operativa de la Guardia Nacional con los cuerpos de seguridad de las entidades federativas y 3. Gestionar una estrategia sólida de comunicación social que genere impactos positivos en la percepción de seguridad pública. Es decir, combatir también los miedos y temores de la sociedad mexicana que, en efecto, está ataviada de los riesgos y amenazas que cotidianamente enfrenta.

La atención oportuna de los problemas públicos reduce en demasía la presencia de miedo y temores colectivos. En el horizonte cercano deben generarse resultados a la luz del control eficiente de riesgos y amenazas compartidas en la colectividad.

Las sociedades modernas comparten esencialmente los mismos miedos que las formas primigenias de organización colectiva de la humanidad. Los temores son justificados, responden a elementos mínimos de sobrevivencia: la vida, la propiedad y los insumos mínimos para garantizar bienestar, por ejemplo, empleos, alimentos, servicios de salud, etc. En consecuencia, cuando uno de éstos es vulnerado sistemáticamente, sea por factores controlables o incontrolables, el miedo colectivo se presenta.

En el caso de la sociedad mexicana, el miedo es una entelequia solamente hasta que nos coloca en riesgos reales. Hay un ingrediente cultural notorio, el mexicano padece temores basados en la realidad, no imaginativos. Es decir que solamente hay miedos justificados. Quizás sea demostrativo identificar el sincretismo de las festividades del Día de Muertos como ejemplo claro de la ausencia del miedo o temor. Al respecto, Octavio Paz en "El laberinto de la soledad" decía elocuentemente que "para el mexicano moderno la palabra muerte es frecuentada, acariciada, festejada y multicitada, prácticamente sin miedo, aunque en el interior vehementemente el miedo esté presente". Esto demuestra que la sociedad mexicana enfrenta los miedos aún con sus temores, solamente cuando están justificados en la cotidianeidad y el funcionamiento ordinario de la vida.

Hoy, indudablemente hay temores. La realidad pandémica ha originado problemas de desempleo, evidenciado las deficiencias en los servicios de salud, disminuido las inversiones en sectores productivos y recesión o, en opinión de algunos, decrecimiento económico notorio. Sumado a este contexto, las estadísticas sobre seguridad pública indican que el problema debe seguir circulando por la ruta de prioridad máxima. Ahora, el enfrentamiento de estos problemas, aún con temores, exige de la mayor responsabilidad gubernamental y social.

En lo referido a los indicadores macroeconómicos, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) publicó esta semana la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto correspondiente al tercer trimestre del año. Positivamente existe una variación del 12% respecto al trimestre inmediato anterior. No obstante, aún existen variaciones de entre el 8.5% y el 9.8% en comparación con el mismo trimestre, pero del año pasado; el indicador demuestra un comportamiento esperado ante el paro de actividades productivas debido al virus de la Covid-19. Sin embargo, resulta fundamental que los gobiernos, sobre todo el federal, visualicen esta realidad económica y la mejoren, por ejemplo, por medio de la utilización de herramientas de inversión pública y ejercicio adecuado de los presupuestos. Keynesiamente, el Gobierno debe ser un comprador e inversor activo en tiempos de crisis económica.

Ahora bien, en lo referido al temor generado a partir de los problemas de seguridad pública es totalmente justificado. Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública el Reporte de Víctimas de delitos del fuero común en el período enero-septiembre 2020, indica un comportamiento sostenido a nivel nacional. En lo referido a víctimas de delitos contra la vida e integridad corporal el total fue de 201,671; sobre delitos contra la libertad personal el total fue de 17,546; los delitos contra el patrimonio registraron un total de 6,368 y los delitos contra la sociedad fueron 8,457. Las estadísticas no son un número frío, detrás de ellos hay personas con miedo y temores, ante la depredadora realidad contemporánea.

Justo ayer se anunció la incorporación de un nuevo perfil al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno federal. Los retos que enfrentará son importantísimos pero seguramente tres serán fundamentales: 1.Consolidar una estrategia operativa eficiente para la disuasión y prevención de la comisión de delitos; 2. Coordinación estratégica operativa de la Guardia Nacional con los cuerpos de seguridad de las entidades federativas y 3. Gestionar una estrategia sólida de comunicación social que genere impactos positivos en la percepción de seguridad pública. Es decir, combatir también los miedos y temores de la sociedad mexicana que, en efecto, está ataviada de los riesgos y amenazas que cotidianamente enfrenta.

La atención oportuna de los problemas públicos reduce en demasía la presencia de miedo y temores colectivos. En el horizonte cercano deben generarse resultados a la luz del control eficiente de riesgos y amenazas compartidas en la colectividad.