/ martes 15 de mayo de 2018

Los medios de comunicación y su papel en los procesos democráticos

Luis Manuel Muñoz Cuahutle*

La capacidad de comunicarnos trasmitiendo ideas, sentimientos e información situadas en tiempo pasado, presente o futuro, hace la diferencia entre nuestra especie y el resto de las que habitan el planeta. La evolución del lenguaje en cualquiera de sus manifestaciones orales, escritas, simbólicas o ideográficas ha estado a la par de la necesidad de los humanos por comunicarse con su entorno.

La inteligencia humana ha concebido técnicas e instrumentos que facilitan la relación con sus semejantes, los cuales han ido desde el uso de la tradición oral como vía para preservar y trasmitir la experiencia humana, hasta el de las nubes de información que hoy en día son capaces de almacenar y poner a disposición masiva el conocimiento acumulado a lo largo de la historia.

La tecnología tiene un papel fundamental en todas las áreas del quehacer humano, acercando en tiempo y distancia la relación entre los pueblos del mundo, haciendo cada vez más universal el conocimiento y la información en tiempo real, lo que ha reconfigurado las relaciones humanas, rompiendo los esquemas tradicionales con que convivieron nuestros abuelos e incluso nuestros padres.

En este contexto, el papel que juegan los medios de comunicación en los procesos político-electorales puede ser determinante, ya que la adicción tecnológica que poseen las generaciones presentes, hace que éstas confíen en extremo en lo que los medios de comunicación les informan, los cuales pueden llegar a inhibir el pensamiento propio y formar uno colectivizado por quienes le economizan al individuo la tarea de abundar en el acopio de información.

La construcción o destrucción de las imágenes públicas de los actores políticos pasa necesariamente por el tamiz de los medios de comunicación. El uso de verdades, medias verdades y las llamadas “fake news”, son una especie de mercado informativo, al que los aspirantes a los cargos electorales deben someterse para poder llegar a un mayor número de electores y en un menor tiempo que por vías tradicionales de campaña, pero en el que la ética y las reglas no están plenamente reguladas.

Miguel Carbonell ha señalado sobre los medios de comunicación y su relación con lo público, que éstos "han tratado de influir en el quehacer estatal, no siempre en beneficio del bien común y de la libertad de expresión, sino en su propio interés”.

Al igual que los candidatos en campaña, las instituciones públicas vinculadas al proceso electoral también están sujetas al uso de los medios de comunicación, tanto para hacer del dominio público cada parte de dicho proceso con la finalidad de estimular una mayor concurrencia a las urnas, como para transparentar el de impartición de justicia que realizamos los órganos jurisdiccionales electorales.

Robert Dahl consideró a dos instituciones como básicas de un sistema democrático: libertad de expresión, y variedad de fuentes de información, que permitan a los ciudadanos decidir con base en la comparación cualitativa de ésta, sobre todo aquello que concurre en el "espacio público" definido por Habermas, que es lo que incide de manera directa en la vida de todos y cada uno de los miembros de una sociedad y en cuya arena deben concluir de forma libre los habitantes para tomar las decisiones directas que la ley les faculta.

En virtud de lo anterior, los medios de comunicación en una sociedad que se asuma así misma como democrática, deben cumplir citando al ministro José Ramón Cossío, con "velar por el cumplimiento de las modalidades de los derechos, sea para impedir los abusos, o anular los actos contrarios a las normas", asumiendo con responsabilidad social su papel de difusores de la verdad y como elementos para la evolución de la democracia, contrastándose con quienes pretenden utilizar a los medios informativos como herramientas para inducir y conducir las decisiones del electorado.

La comunicación entonces, tiene la virtud de convertirse en un impacto emocional que desencadena reacciones, lo cual puede influir en la toma de decisiones, que pueden ir desde lo trivial hasta lo trascendente, teniendo como principal riesgo el inducir decisiones más vinculadas a la empatía que a la razón, de aquí la necesidad de contar con información cualitativamente apegada a la verdad, tarea esta, que es la razón de existir de los medios de comunicación.


Luis Manuel Muñoz Cuahutle*

La capacidad de comunicarnos trasmitiendo ideas, sentimientos e información situadas en tiempo pasado, presente o futuro, hace la diferencia entre nuestra especie y el resto de las que habitan el planeta. La evolución del lenguaje en cualquiera de sus manifestaciones orales, escritas, simbólicas o ideográficas ha estado a la par de la necesidad de los humanos por comunicarse con su entorno.

La inteligencia humana ha concebido técnicas e instrumentos que facilitan la relación con sus semejantes, los cuales han ido desde el uso de la tradición oral como vía para preservar y trasmitir la experiencia humana, hasta el de las nubes de información que hoy en día son capaces de almacenar y poner a disposición masiva el conocimiento acumulado a lo largo de la historia.

La tecnología tiene un papel fundamental en todas las áreas del quehacer humano, acercando en tiempo y distancia la relación entre los pueblos del mundo, haciendo cada vez más universal el conocimiento y la información en tiempo real, lo que ha reconfigurado las relaciones humanas, rompiendo los esquemas tradicionales con que convivieron nuestros abuelos e incluso nuestros padres.

En este contexto, el papel que juegan los medios de comunicación en los procesos político-electorales puede ser determinante, ya que la adicción tecnológica que poseen las generaciones presentes, hace que éstas confíen en extremo en lo que los medios de comunicación les informan, los cuales pueden llegar a inhibir el pensamiento propio y formar uno colectivizado por quienes le economizan al individuo la tarea de abundar en el acopio de información.

La construcción o destrucción de las imágenes públicas de los actores políticos pasa necesariamente por el tamiz de los medios de comunicación. El uso de verdades, medias verdades y las llamadas “fake news”, son una especie de mercado informativo, al que los aspirantes a los cargos electorales deben someterse para poder llegar a un mayor número de electores y en un menor tiempo que por vías tradicionales de campaña, pero en el que la ética y las reglas no están plenamente reguladas.

Miguel Carbonell ha señalado sobre los medios de comunicación y su relación con lo público, que éstos "han tratado de influir en el quehacer estatal, no siempre en beneficio del bien común y de la libertad de expresión, sino en su propio interés”.

Al igual que los candidatos en campaña, las instituciones públicas vinculadas al proceso electoral también están sujetas al uso de los medios de comunicación, tanto para hacer del dominio público cada parte de dicho proceso con la finalidad de estimular una mayor concurrencia a las urnas, como para transparentar el de impartición de justicia que realizamos los órganos jurisdiccionales electorales.

Robert Dahl consideró a dos instituciones como básicas de un sistema democrático: libertad de expresión, y variedad de fuentes de información, que permitan a los ciudadanos decidir con base en la comparación cualitativa de ésta, sobre todo aquello que concurre en el "espacio público" definido por Habermas, que es lo que incide de manera directa en la vida de todos y cada uno de los miembros de una sociedad y en cuya arena deben concluir de forma libre los habitantes para tomar las decisiones directas que la ley les faculta.

En virtud de lo anterior, los medios de comunicación en una sociedad que se asuma así misma como democrática, deben cumplir citando al ministro José Ramón Cossío, con "velar por el cumplimiento de las modalidades de los derechos, sea para impedir los abusos, o anular los actos contrarios a las normas", asumiendo con responsabilidad social su papel de difusores de la verdad y como elementos para la evolución de la democracia, contrastándose con quienes pretenden utilizar a los medios informativos como herramientas para inducir y conducir las decisiones del electorado.

La comunicación entonces, tiene la virtud de convertirse en un impacto emocional que desencadena reacciones, lo cual puede influir en la toma de decisiones, que pueden ir desde lo trivial hasta lo trascendente, teniendo como principal riesgo el inducir decisiones más vinculadas a la empatía que a la razón, de aquí la necesidad de contar con información cualitativamente apegada a la verdad, tarea esta, que es la razón de existir de los medios de comunicación.