/ viernes 16 de julio de 2021

Mezquindad planetaria

La sociedad mundial, encara un dilema histórico. El dedo en la llaga, lo juega la Organización Mundial de la Salud. El planeta está enfermo, la variante delta del coronavirus es la amenaza.

La producción de vacunas no alcanza. Los dineros menos. Los más poderosos miran por sí mismos y los países menesterosos se relamen sus propias penas.

Una tímida solución, la acaba de asumir, el grupo G-20 en su reciente reunión, en Venecia Italia. La tercera ola de contagios, es inminente. Ahora agrede a jóvenes y niños que son la mayoría mundial.

Más de 140 países, no han recibido una sola dosis del inmunizante. En ellos, la vida ciudadana se debate entre el encierro, la enfermedad, sin hospitalización ni medicamentos y sin vacuna. En la India, los cadáveres macabramente flotan en el río Ganges y en muchos otros países se viven verdaderos infiernos que no conocemos por falta de información.

En contraste las naciones ricas han comprado suficientes vacunas para una tercera dosis, aun cuando la ciencia no ha probado su necesidad. Son incapaces de revirar a las naciones tercermundistas o de pensar en donaciones significativas al Organismo Mundial encargado de proveer de vacunas a los menesterosos.

Esto pone en jaque al planeta, porque recordemos que el neoliberalismo se encargó de convertir al orbe en un mercado mundial interconectado, en donde todos dependemos de todos.

De tal forma que, si unos cuantos se vacunan y otros no, los latigazos de la repercusión económica, política y social, más pronto que tarde, les habrán de llegar.

Las farmacéuticas productoras de vacunas, revientas sus arcas de dinero, de preferencia atienden los pedidos y no los clamores de clemencia de quien urgido esta. La pandemia está resaltando como nunca la injusta distribución de la riqueza que el neoliberalismo provoco.

Los más ricos tienen suficientes y de sobra, pero son incapaces de compartir, aunque seamos de la misma raza humana. Las sociedades que viven en la pobreza sufren ahora la enfermedad, la muerte y la hambruna, por que la economía y la producción de alimentos no se han normalizado.

Esta situación mundial solo tiene un nombre, MEZQUINDAD, RUINDAD. Impera un “sálvese quien pueda y como pueda”, que lo demás nada importa.

Una solución aparece en el horizonte, el grupo de los 20 que año con año se reúne para discutir sus políticas neoliberales, parece haberse dado cuenta de que si continúa esta injusta distribución de la riqueza en el planeta, sobre todo peligran los intereses de los poderosos, los súper ricos no saben qué hacer con sus fortunas.

Para qué diablos quiere una sola persona o familia, una fortuna de doscientos mil millones de dólares, mientras cientos de millones de pobres no comen y están muriendo.

La sobrevivencia del capitalismo neoliberal, depende ahora primero de la salud del planeta, para que la gran “maquina productora”, pueda seguir siendo espoleada y se obtengan mayores utilidades. Deciden esos nuevos impuestos mundiales del quince por ciento, no porque sean hermanitas de la caridad, sino porque así les conviene para sobrevivir.

Irónicamente solo tributaban donde tenían sus oficinas matrices y los países, por establecer mejores condiciones para su desarrollo acordaban eximirlos.

Consecuentemente esto permitirá un respiro financiero, para los países necesitados. Aunque no será de inmediato. Para que en México opere será el año siguiente.

Ahora los grandes corporativos, como Amazon o Mercado Libre, Alibaba Group, etcétera, deberán tributar en los países donde operan.

La disyuntiva mundial es clara, o con recursos financieros extras para los países necesitados, se soluciona el problema de la adquisición de vacunas, o la humanidad entera seguirá expuesta a que ocurra el lejanísimo milagro de la inmunidad de rebaño global, que sembrará al planeta de millones de muertes y no sabemos cuándo termine.

La otra solución sería que de una vez por todas se liberaran las patentes de las vacunas que ahora se comercializan a nivel mundial, para que los países que puedan las fabriquen y puedan disponer de ellas con toda libertad. Solución en la cual la Organización Mundial de Comercio, permanece sorda y muda.

Esta última quizás fuera la solución más inmediata. Pero bueno, la noticia favorable parece ser la decisión que ha tomado el grupo de los G-20, para que los grandes corporativos mundiales paguen impuestos de aquellas naciones donde venden, comercian y explotan. Devolviendo un poco de aquellas fabulosas utilidades, que se llevan a sus países de origen.

La sociedad mundial, encara un dilema histórico. El dedo en la llaga, lo juega la Organización Mundial de la Salud. El planeta está enfermo, la variante delta del coronavirus es la amenaza.

La producción de vacunas no alcanza. Los dineros menos. Los más poderosos miran por sí mismos y los países menesterosos se relamen sus propias penas.

Una tímida solución, la acaba de asumir, el grupo G-20 en su reciente reunión, en Venecia Italia. La tercera ola de contagios, es inminente. Ahora agrede a jóvenes y niños que son la mayoría mundial.

Más de 140 países, no han recibido una sola dosis del inmunizante. En ellos, la vida ciudadana se debate entre el encierro, la enfermedad, sin hospitalización ni medicamentos y sin vacuna. En la India, los cadáveres macabramente flotan en el río Ganges y en muchos otros países se viven verdaderos infiernos que no conocemos por falta de información.

En contraste las naciones ricas han comprado suficientes vacunas para una tercera dosis, aun cuando la ciencia no ha probado su necesidad. Son incapaces de revirar a las naciones tercermundistas o de pensar en donaciones significativas al Organismo Mundial encargado de proveer de vacunas a los menesterosos.

Esto pone en jaque al planeta, porque recordemos que el neoliberalismo se encargó de convertir al orbe en un mercado mundial interconectado, en donde todos dependemos de todos.

De tal forma que, si unos cuantos se vacunan y otros no, los latigazos de la repercusión económica, política y social, más pronto que tarde, les habrán de llegar.

Las farmacéuticas productoras de vacunas, revientas sus arcas de dinero, de preferencia atienden los pedidos y no los clamores de clemencia de quien urgido esta. La pandemia está resaltando como nunca la injusta distribución de la riqueza que el neoliberalismo provoco.

Los más ricos tienen suficientes y de sobra, pero son incapaces de compartir, aunque seamos de la misma raza humana. Las sociedades que viven en la pobreza sufren ahora la enfermedad, la muerte y la hambruna, por que la economía y la producción de alimentos no se han normalizado.

Esta situación mundial solo tiene un nombre, MEZQUINDAD, RUINDAD. Impera un “sálvese quien pueda y como pueda”, que lo demás nada importa.

Una solución aparece en el horizonte, el grupo de los 20 que año con año se reúne para discutir sus políticas neoliberales, parece haberse dado cuenta de que si continúa esta injusta distribución de la riqueza en el planeta, sobre todo peligran los intereses de los poderosos, los súper ricos no saben qué hacer con sus fortunas.

Para qué diablos quiere una sola persona o familia, una fortuna de doscientos mil millones de dólares, mientras cientos de millones de pobres no comen y están muriendo.

La sobrevivencia del capitalismo neoliberal, depende ahora primero de la salud del planeta, para que la gran “maquina productora”, pueda seguir siendo espoleada y se obtengan mayores utilidades. Deciden esos nuevos impuestos mundiales del quince por ciento, no porque sean hermanitas de la caridad, sino porque así les conviene para sobrevivir.

Irónicamente solo tributaban donde tenían sus oficinas matrices y los países, por establecer mejores condiciones para su desarrollo acordaban eximirlos.

Consecuentemente esto permitirá un respiro financiero, para los países necesitados. Aunque no será de inmediato. Para que en México opere será el año siguiente.

Ahora los grandes corporativos, como Amazon o Mercado Libre, Alibaba Group, etcétera, deberán tributar en los países donde operan.

La disyuntiva mundial es clara, o con recursos financieros extras para los países necesitados, se soluciona el problema de la adquisición de vacunas, o la humanidad entera seguirá expuesta a que ocurra el lejanísimo milagro de la inmunidad de rebaño global, que sembrará al planeta de millones de muertes y no sabemos cuándo termine.

La otra solución sería que de una vez por todas se liberaran las patentes de las vacunas que ahora se comercializan a nivel mundial, para que los países que puedan las fabriquen y puedan disponer de ellas con toda libertad. Solución en la cual la Organización Mundial de Comercio, permanece sorda y muda.

Esta última quizás fuera la solución más inmediata. Pero bueno, la noticia favorable parece ser la decisión que ha tomado el grupo de los G-20, para que los grandes corporativos mundiales paguen impuestos de aquellas naciones donde venden, comercian y explotan. Devolviendo un poco de aquellas fabulosas utilidades, que se llevan a sus países de origen.