/ martes 1 de septiembre de 2020

Niñas, niños y adolescentes: la deuda

La pandemia no ha logrado que la reflexión de la sociedad vaya en favor del respeto a la vida y a la integridad. Muchas líneas se han escrito respecto a la violencia que las mujeres han vivido en estos meses encerradas con sus agresores; esos mismos que deberían significarles protección, calidez y amor. Esta época del Covid, dejará profundas secuelas psicológicas además de las de salud y las económicas

Una tragedia pocas veces evidenciada es el sufrimiento de distintos tipos de violencia que sufren, a veces aún más que las mujeres adultas, las niñas, niños y adolescentes. Como terrorífico ejemplo, saber que en unos meses se contabilizarán el número de embarazos en pequeñas menores de 15 años (se calcula que rondarán los 20,000) y los egresos hospitalarios por maltrato y abuso sexual, por mencionar algunas de las perversidades que personas adultas infligen sobre indefensos, aunado a la pérdida de ciclo completo de educación de miles de infantes mexicanos.

Esta legislatura, la de la paridad de género, sí se ha distinguido por el trabajo en favor de mujeres y niñas, como por ejemplo las iniciativas de prohibición del matrimonio infantil, la de la creación del padrón nacional de deudores alimenticios y la de reconocimiento de feminicidio infantil. Falta aún que se concluya el proceso legislativo y que se promulguen las normas legales, pero al menos en esos temas, se avanza en el camino correcto.

México, cuando se habla de infancia, ostenta varios trofeos de primer mundial vergonzosos y que deberían de llamar a la acción inmediata. Primer lugar en producción de pornografía, maltrato y embarazo infantil, por señalar algunos. Hay mucho por avanzar a favor de la infancia mexicana. Algunas propuestas al respecto son:

La intervención protectora del Estado Mexicano para dar cuidado integral a menores que han quedado en situación de orfandad derivado de feminicidio.

Tipificación de embarazo en menores de 15 años como embarazo infantil con un procedimiento de oficio que con la prueba de ADN al nacido que confirme paternidad, se envíe a prisión preventiva oficiosa al violador.

Imprescriptibilidad y eliminación de excusas absolutorias para delitos sexuales cometidos contra niñas, niños y adolescentes.

Incluir en la propuesta de código penal único tratamientos homologados para atender delitos de quienes delincan contra menores.

Aprobar una ley nacional de adopción que agilice y proteja a las y los infantes.

Dotar de mayores facultades a la policía cibernética para perseguir a redes de trata y pederastia.

El país tiene una deuda brutal con quienes después de nosotros llevarán la responsabilidad de construir un país de paz y prosperidad. ¿Cómo lo harán? Hasta ahora, lo que han aprendido es que los conflictos se solucionan a través de la violencia. Que quien es más fuerte ejerce el poder amenazante, agresivo y despótico sobre el más débil, que el respeto por la vida es cosa menor y que la integridad y la dignidad del ser humano valen menos que el puño que golpea y somete.

La pandemia no ha logrado que la reflexión de la sociedad vaya en favor del respeto a la vida y a la integridad. Muchas líneas se han escrito respecto a la violencia que las mujeres han vivido en estos meses encerradas con sus agresores; esos mismos que deberían significarles protección, calidez y amor. Esta época del Covid, dejará profundas secuelas psicológicas además de las de salud y las económicas

Una tragedia pocas veces evidenciada es el sufrimiento de distintos tipos de violencia que sufren, a veces aún más que las mujeres adultas, las niñas, niños y adolescentes. Como terrorífico ejemplo, saber que en unos meses se contabilizarán el número de embarazos en pequeñas menores de 15 años (se calcula que rondarán los 20,000) y los egresos hospitalarios por maltrato y abuso sexual, por mencionar algunas de las perversidades que personas adultas infligen sobre indefensos, aunado a la pérdida de ciclo completo de educación de miles de infantes mexicanos.

Esta legislatura, la de la paridad de género, sí se ha distinguido por el trabajo en favor de mujeres y niñas, como por ejemplo las iniciativas de prohibición del matrimonio infantil, la de la creación del padrón nacional de deudores alimenticios y la de reconocimiento de feminicidio infantil. Falta aún que se concluya el proceso legislativo y que se promulguen las normas legales, pero al menos en esos temas, se avanza en el camino correcto.

México, cuando se habla de infancia, ostenta varios trofeos de primer mundial vergonzosos y que deberían de llamar a la acción inmediata. Primer lugar en producción de pornografía, maltrato y embarazo infantil, por señalar algunos. Hay mucho por avanzar a favor de la infancia mexicana. Algunas propuestas al respecto son:

La intervención protectora del Estado Mexicano para dar cuidado integral a menores que han quedado en situación de orfandad derivado de feminicidio.

Tipificación de embarazo en menores de 15 años como embarazo infantil con un procedimiento de oficio que con la prueba de ADN al nacido que confirme paternidad, se envíe a prisión preventiva oficiosa al violador.

Imprescriptibilidad y eliminación de excusas absolutorias para delitos sexuales cometidos contra niñas, niños y adolescentes.

Incluir en la propuesta de código penal único tratamientos homologados para atender delitos de quienes delincan contra menores.

Aprobar una ley nacional de adopción que agilice y proteja a las y los infantes.

Dotar de mayores facultades a la policía cibernética para perseguir a redes de trata y pederastia.

El país tiene una deuda brutal con quienes después de nosotros llevarán la responsabilidad de construir un país de paz y prosperidad. ¿Cómo lo harán? Hasta ahora, lo que han aprendido es que los conflictos se solucionan a través de la violencia. Que quien es más fuerte ejerce el poder amenazante, agresivo y despótico sobre el más débil, que el respeto por la vida es cosa menor y que la integridad y la dignidad del ser humano valen menos que el puño que golpea y somete.

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