/ martes 7 de enero de 2020

No es no

¿Dónde está pintada la línea que los varones deben entender como límite en su cortejo hacia la mujer? ¿todo es acoso? ¿qué conductas aprendidas debemos desaprender? ¿porqué de repente resulta que les molestan los piropos que antes sí les gustaban? Esas y otras preguntas similares dieron pauta a una muy interesante conversación familiar y con amigos estos días que estuvimos con más tiempo para convivir y reflexionar.

Para comenzar, se puso el ejemplo de un hombre que en un bar o restaurante nota la presencia de un grupo de mujeres o de una mujer sola. ¿Es correcto que él envíe bebidas? La respuesta es no. Me explico; cualquier persona tiene derecho de estar en un lugar público sin ser molestado o interrumpido. Lo correcto es que el varón se acerque, pregunte si puede invitarle (s) algo de beber o que en su caso lo haga un mesero. Si la respuesta es afirmativa, entonces adelante. Si la respuesta es negativa, habrá que entender que no es no.

  • En la cultura patriarcal el hombre al ser el “cazador” de la especie está “obligado” socialmente a conquistar mujeres y por ende las mujeres obligadas a aceptar (y disfrutar) ser conquistadas. Esto no es necesariamente vigente ni cierto en nuestros días. Lo que debe imperar es el respeto a la integridad de las personas. Para muchos varones, el afán de cacería los mueve y no les permite entender que los piropos lascivos de extraños y no extraños y las acciones de “cacería” sin provocación lo que generan en la mujer no es halago sino miedo; miedo precisamente a convertirse en presa, en víctima.

Sin duda existen mujeres que salen a ser “conquistadas” o a “conquistar” en lugares públicos, pero me centro en el rol del varón hacia la mujer, por la inmensa desproporción de veces que sucede así en nuestros días y en nuestra cultura.

La conducta a seguir con mujeres, para evitar el acoso es sencilla. Se pregunta y se acepta con respeto la respuesta. Cualquier acto que implique hacer sentir incómoda o temerosa a una mujer es incorrecto y puede ser indicio de violencia, iniciando con la verbal.

Si tu que lees eres un hombre respetuoso y quieres ser aún más admirado, querido y respetado por las mujeres a tu alrededor, ten presente que la mayor fuerza física de los hombres ante las mujeres, genera percepción de poder y la violencia siempre es una demostración de poder y agresividad mal encausados.

Ningún hombre tiene derecho a hacer sentir miedo a una mujer. Las relaciones humanas son mejores cuando hay respeto a la dignidad de las personas. Si una mujer dice “NO” a un acercamiento, un beso, una copa o una conversación no solicitada, la respuesta correcta es alejarse. Es muy claro; no siempre significa no.

¿Dónde está pintada la línea que los varones deben entender como límite en su cortejo hacia la mujer? ¿todo es acoso? ¿qué conductas aprendidas debemos desaprender? ¿porqué de repente resulta que les molestan los piropos que antes sí les gustaban? Esas y otras preguntas similares dieron pauta a una muy interesante conversación familiar y con amigos estos días que estuvimos con más tiempo para convivir y reflexionar.

Para comenzar, se puso el ejemplo de un hombre que en un bar o restaurante nota la presencia de un grupo de mujeres o de una mujer sola. ¿Es correcto que él envíe bebidas? La respuesta es no. Me explico; cualquier persona tiene derecho de estar en un lugar público sin ser molestado o interrumpido. Lo correcto es que el varón se acerque, pregunte si puede invitarle (s) algo de beber o que en su caso lo haga un mesero. Si la respuesta es afirmativa, entonces adelante. Si la respuesta es negativa, habrá que entender que no es no.

  • En la cultura patriarcal el hombre al ser el “cazador” de la especie está “obligado” socialmente a conquistar mujeres y por ende las mujeres obligadas a aceptar (y disfrutar) ser conquistadas. Esto no es necesariamente vigente ni cierto en nuestros días. Lo que debe imperar es el respeto a la integridad de las personas. Para muchos varones, el afán de cacería los mueve y no les permite entender que los piropos lascivos de extraños y no extraños y las acciones de “cacería” sin provocación lo que generan en la mujer no es halago sino miedo; miedo precisamente a convertirse en presa, en víctima.

Sin duda existen mujeres que salen a ser “conquistadas” o a “conquistar” en lugares públicos, pero me centro en el rol del varón hacia la mujer, por la inmensa desproporción de veces que sucede así en nuestros días y en nuestra cultura.

La conducta a seguir con mujeres, para evitar el acoso es sencilla. Se pregunta y se acepta con respeto la respuesta. Cualquier acto que implique hacer sentir incómoda o temerosa a una mujer es incorrecto y puede ser indicio de violencia, iniciando con la verbal.

Si tu que lees eres un hombre respetuoso y quieres ser aún más admirado, querido y respetado por las mujeres a tu alrededor, ten presente que la mayor fuerza física de los hombres ante las mujeres, genera percepción de poder y la violencia siempre es una demostración de poder y agresividad mal encausados.

Ningún hombre tiene derecho a hacer sentir miedo a una mujer. Las relaciones humanas son mejores cuando hay respeto a la dignidad de las personas. Si una mujer dice “NO” a un acercamiento, un beso, una copa o una conversación no solicitada, la respuesta correcta es alejarse. Es muy claro; no siempre significa no.

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