/ miércoles 10 de octubre de 2018

Periodismo, ética, gobierno y transparencia

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La transparencia es la que se practica no la que se sueña

Propuse explorar en su dimensión la metáfora de Zigmund Bauman, el filósofo de la modernidad, para el periodismo líquido, como para la construcción de la mentalidad tecnócrata de la economía de mercado.

El periodismo es la fuerza motriz de la producción y circulación de ideas y valores. La modernidad líquida se nutre del ejercicio de un periodismo líquido, según Bauman.

La interrupción, la sorpresa y la incoherencia son las condiciones habituales de nuestra vida en esta época, la gente se alimenta de cambios súbitos y de estímulos permanentes renovados, nada que dure nos interesa, es la regla, la constante es la fluidez, característica de los líquidos y los gases.

Una parte importante del periodismo se vuelve cada vez más líquido, efímero y flexible, menos sólido o metódico en sus objetivos, estilos, gramáticas, relaciones, rutinas y convicciones; al mismo tiempo, pocos grupos empresariales consolidan su predominio en el control de los principales medios del país. Tiene lógica: el periodismo líquido es, por definición, dúctil y condescendiente, empieza con el patrón y se rinden ante la autoridad política.

El referente preferido del periodista líquido es el anecdotario, rechaza toda documentación que rebase referencia inmediata, con la excepción de la vida íntima del entrevistado.

La extraordinaria movilidad de los fluidos se asocia con la idea de levedad, de breve e inconsistente versus lo sólido, permanente, indestructible, la práctica demuestra que mientras más liviano caminamos, avanzamos más rápido, esto es un valor para algunos millennials trasnochados, para que tanta información, tanto referente, tanta historia, un resumen y ya, medio entenderlo y con eso.

Así, podemos entender la modernidad como proceso de licuefacción cuya principal distracción es derretir sólidos, licuando todo aquello que había permanecido en el tiempo, romper paradigmas, convertirlos en nuevos y temporales mitos o creencias intercambiables para asimilarse a la modernidad. Romper las armaduras protectoras, forjadas por las convicciones y lealtades que permitían a los sólidos permanecer incólumes, es una lucha generacional.

El drama es la convicción de liquidez en el ejercicio del poder público, el propósito de destrabar a la tarea pública de sus convicciones, de viejos compromisos incluso sociales, derretir este sólido consolidó a la tecnocracia, inspirados y moldeados por el comercio, el libre mercado, el neoliberalismo, gobernar ya sin el compromiso social, para qué arrastrar todo el lastre social si puedes justificarte atendiendo solo a la pobreza extrema, e ignorando a la pobreza como problema mayor.

La economía se deshizo de ataduras políticas, sociales, éticas, culturales e incluso fiscales y se redefinió como indestructible ante los sólidos debilitados de la política, de lo social, la economía estaba preparada para poblar todo el espectro social, gubernamental y cultural, volviendo inefectivo e irrelevante todo, salvo lo que asegure su reproducción, incluso condenando al 60 % de la población a la pobreza, a la desigualdad, violencia, obesidad, manejadas por estructuras “zombis” que están muertas pero viven, manipulan y orientan el rumbo y destino del país, eso empieza a pasar tanto en los gobiernos y familias como instituciones.

Se reasignan poderes de disolución de estructuras pasadas, licuándolas y cambiando por nuevas, rompiendo y cambiando moldes, la clase media, acomodada en la capa social de pobres, adelgazando a este grupo social y empobreciendo al país en aras de asegurar las cifras macroeconómicas que enriquecen solo a las pequeñas cúpulas.

Cambio la relación espacio tiempo, abandonaron su relación de aspectos entrelazados, la modernidad empieza cuando se separan el tiempo y el espacio de la práctica vital y entre sí, el tiempo reducido a la instantaneidad, el poder ya no está sujeto al espacio y a la temporalidad.

Regresemos al periodismo, la ética de toda tarea pública, entendida como ciencia normativa, porque se encarga de las normas que regulan el comportamiento humano, desde el comportamiento individual a la conducta social y lo que de este ejercicio resulta.

La ética, la moral pública, los códigos deontológicos, entendidos como; la ordenación sistemática de principios, normas y reglas establecidas para regular y dirigir la conducta y las relaciones de sus miembros, estos códigos estaban ausentes en el gobierno, pero también en los periodistas en general.

La deontología periodística promueve y determina: integridad, profesionalismo, responsabilidad social de su quehacer en la sociedad, la deontología aporta parámetros que referencian; la actividad periodística, sus resultados, efectos e impactos en la vida pública, mejora la calidad mediática, contribuye a optimizar el derecho a la información, difunde y promueve el buen ejercicio periodístico, coadyuva al seguimiento crítico de grupos sociales en torno a los contenidos, estimula la independencia del periodismo al sancionar la injerencia del poder y proteger los derechos ciudadanos mejorando la transparencia.



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La transparencia es la que se practica no la que se sueña

Propuse explorar en su dimensión la metáfora de Zigmund Bauman, el filósofo de la modernidad, para el periodismo líquido, como para la construcción de la mentalidad tecnócrata de la economía de mercado.

El periodismo es la fuerza motriz de la producción y circulación de ideas y valores. La modernidad líquida se nutre del ejercicio de un periodismo líquido, según Bauman.

La interrupción, la sorpresa y la incoherencia son las condiciones habituales de nuestra vida en esta época, la gente se alimenta de cambios súbitos y de estímulos permanentes renovados, nada que dure nos interesa, es la regla, la constante es la fluidez, característica de los líquidos y los gases.

Una parte importante del periodismo se vuelve cada vez más líquido, efímero y flexible, menos sólido o metódico en sus objetivos, estilos, gramáticas, relaciones, rutinas y convicciones; al mismo tiempo, pocos grupos empresariales consolidan su predominio en el control de los principales medios del país. Tiene lógica: el periodismo líquido es, por definición, dúctil y condescendiente, empieza con el patrón y se rinden ante la autoridad política.

El referente preferido del periodista líquido es el anecdotario, rechaza toda documentación que rebase referencia inmediata, con la excepción de la vida íntima del entrevistado.

La extraordinaria movilidad de los fluidos se asocia con la idea de levedad, de breve e inconsistente versus lo sólido, permanente, indestructible, la práctica demuestra que mientras más liviano caminamos, avanzamos más rápido, esto es un valor para algunos millennials trasnochados, para que tanta información, tanto referente, tanta historia, un resumen y ya, medio entenderlo y con eso.

Así, podemos entender la modernidad como proceso de licuefacción cuya principal distracción es derretir sólidos, licuando todo aquello que había permanecido en el tiempo, romper paradigmas, convertirlos en nuevos y temporales mitos o creencias intercambiables para asimilarse a la modernidad. Romper las armaduras protectoras, forjadas por las convicciones y lealtades que permitían a los sólidos permanecer incólumes, es una lucha generacional.

El drama es la convicción de liquidez en el ejercicio del poder público, el propósito de destrabar a la tarea pública de sus convicciones, de viejos compromisos incluso sociales, derretir este sólido consolidó a la tecnocracia, inspirados y moldeados por el comercio, el libre mercado, el neoliberalismo, gobernar ya sin el compromiso social, para qué arrastrar todo el lastre social si puedes justificarte atendiendo solo a la pobreza extrema, e ignorando a la pobreza como problema mayor.

La economía se deshizo de ataduras políticas, sociales, éticas, culturales e incluso fiscales y se redefinió como indestructible ante los sólidos debilitados de la política, de lo social, la economía estaba preparada para poblar todo el espectro social, gubernamental y cultural, volviendo inefectivo e irrelevante todo, salvo lo que asegure su reproducción, incluso condenando al 60 % de la población a la pobreza, a la desigualdad, violencia, obesidad, manejadas por estructuras “zombis” que están muertas pero viven, manipulan y orientan el rumbo y destino del país, eso empieza a pasar tanto en los gobiernos y familias como instituciones.

Se reasignan poderes de disolución de estructuras pasadas, licuándolas y cambiando por nuevas, rompiendo y cambiando moldes, la clase media, acomodada en la capa social de pobres, adelgazando a este grupo social y empobreciendo al país en aras de asegurar las cifras macroeconómicas que enriquecen solo a las pequeñas cúpulas.

Cambio la relación espacio tiempo, abandonaron su relación de aspectos entrelazados, la modernidad empieza cuando se separan el tiempo y el espacio de la práctica vital y entre sí, el tiempo reducido a la instantaneidad, el poder ya no está sujeto al espacio y a la temporalidad.

Regresemos al periodismo, la ética de toda tarea pública, entendida como ciencia normativa, porque se encarga de las normas que regulan el comportamiento humano, desde el comportamiento individual a la conducta social y lo que de este ejercicio resulta.

La ética, la moral pública, los códigos deontológicos, entendidos como; la ordenación sistemática de principios, normas y reglas establecidas para regular y dirigir la conducta y las relaciones de sus miembros, estos códigos estaban ausentes en el gobierno, pero también en los periodistas en general.

La deontología periodística promueve y determina: integridad, profesionalismo, responsabilidad social de su quehacer en la sociedad, la deontología aporta parámetros que referencian; la actividad periodística, sus resultados, efectos e impactos en la vida pública, mejora la calidad mediática, contribuye a optimizar el derecho a la información, difunde y promueve el buen ejercicio periodístico, coadyuva al seguimiento crítico de grupos sociales en torno a los contenidos, estimula la independencia del periodismo al sancionar la injerencia del poder y proteger los derechos ciudadanos mejorando la transparencia.



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