/ viernes 16 de octubre de 2020

¿Reconstrucción de la historia?

Portugal fue la nación que inició la etapa del colonialismo europeo. La primigenia aventura fue en África. Hasta entonces los europeos habían guerreado entre ellos, destruyéndose y saqueando.

El portugués Enrique el navegante, se esforzó en perfeccionar armas y navíos, la experiencia africana fue suficiente para que otras naciones siguieran el camino y a ello dedicaran sus esfuerzos. El genovés Cristóforo Colombo, reunió la información que le llevó a concluir la redondez del planeta y la factibilidad de llegar a la isla de las especias navegando en sentido contrario. Esto rompió la medieval creencia del temor mortal por los mares desconocidos. Así que, como Lisboa no se decidió a costear la expedición, buscó el patrocinio español y lo encontró. La empresa fue muy costosa, entre la corona y particulares la pagaron. Desde luego, en el naciente capitalismo que ya se atisbaba en el horizonte mundial, la esperanza era que el viaje en sí, redituara y en lo consiguiente, más aún riquezas fabulosas. Lo que vino después ya lo sabemos, Colón debió afrontar la rebelión de su tripulación, milagrosamente salvó la vida y en honor a ello bautizó a la isla de Guanahani como San Salvador, pero ni llegó a donde quería ni encontró lo que buscaba y tampoco tuvo la certeza de un nuevo continente, en cambio advirtió que quienes amablemente le dieron la bienvenida portaban oro y se informó que los ríos de aquellas islas lo contenían. Regreso a España, llevando originarios y oro, en cantidades tales que no cubrían el costo de la empresa. Por ello, en adelante se dedicó a la cacería de naturales para la esclavitud a grado tal que algunas islas quedaron despobladas.

Pero aquí se originó la desgracia de América y de sus culturas, se masacró a los originarios, se destruyeron sus templos, se impusieron nuevos dioses y nueva religión, su cultura fue aplastada y hasta de nombres y apellidos tuvimos que cambiar. La tecnología del acero y las pandemias exterminantes coadyuvaron al sometimiento. Han sido quinientos años de oprobio y de horror. Vaya un ejemplo: En Perú y Zacatecas, para la explotación de las riquezas argentíferas, se desarraigó y esclavizó a pie de mina a miles de originarios, a quienes se mató de enfermedades, de hambre y de trabajo excesivo y cuando fallecían, rápidamente eran sustituidos por otros que llegaban. La ciudad de México se construyó con el trabajo esclavizante de los pueblos aledaños, quienes debían costear su propia comida y sus materiales de trabajo y en tanto, aquellos barbaros europeos se portaban con ellos como señores de horca y cuchillo. El peso de plata mexicano se volvió moneda mundial. Quienes afirman que cada doce de octubre no hay nada que celebrar y mucho que reclamar y lamentar, tienen toda la razón. Lo que hizo Portugal pronto fue seguido por las demás naciones europeas, quienes se hincharon de riquezas y magnificencias palaciegas con las riquezas de África, América y Oriente. Del continente negro, cientos de miles fueron arrancados de sus familias, culturas y hogares para esclavizarlos en América, a donde llegaron a formar una tercera raza, aparte de los originarios y los criollos. Pero regresemos a Cristóforo Colombo, quien solamente dedicándose al tráfico de esclavos pudo pagar a sus patrones la aventura comercial. Así se originó el nuevo capitalismo mundial. La espada abrió paso a la cruz y la cruz se puso al servicio de la espada. Así que suena racional que tanto España como El Vaticano ofrezcan perdón a América, por tantas calamidades, ofensas, desastres y mortandades perpetradas.

Quinientos años de anti historia. Hasta de nombre los cambiaron, lo “Xoyocotzin” dejó su lugar a lo “Hernández”. Una destrucción total del pasado. La implantación de una esclavitud que solo concluiría hasta 1821. El Imperio Romano fue más humanitario que estos carniceros. Pueblo que conquistaba seguía teniendo sus gobiernos, costumbres y tradiciones propias. Solo pagaban tributos, pero los energúmenos que dizque nos conquistaron, no dejaron piedra sobre piedra del pasado. En efecto, no hay nada que celebrar y mucho que reclamar y lamentar. Los “dioses”, que son una construcción ideológica de la mente humana no lloran, pero imaginemos que los prehispánicos aún deben estar derramando lágrimas por tanta desgracia. Colón, aparte de todo, fue como los demás, un criminal salvaje y esclavista a quien la traición también lo alcanzó. España que al igual que Hernán Cortés lo desconoció para quitarle el mérito de lo logrado.

Portugal fue la nación que inició la etapa del colonialismo europeo. La primigenia aventura fue en África. Hasta entonces los europeos habían guerreado entre ellos, destruyéndose y saqueando.

El portugués Enrique el navegante, se esforzó en perfeccionar armas y navíos, la experiencia africana fue suficiente para que otras naciones siguieran el camino y a ello dedicaran sus esfuerzos. El genovés Cristóforo Colombo, reunió la información que le llevó a concluir la redondez del planeta y la factibilidad de llegar a la isla de las especias navegando en sentido contrario. Esto rompió la medieval creencia del temor mortal por los mares desconocidos. Así que, como Lisboa no se decidió a costear la expedición, buscó el patrocinio español y lo encontró. La empresa fue muy costosa, entre la corona y particulares la pagaron. Desde luego, en el naciente capitalismo que ya se atisbaba en el horizonte mundial, la esperanza era que el viaje en sí, redituara y en lo consiguiente, más aún riquezas fabulosas. Lo que vino después ya lo sabemos, Colón debió afrontar la rebelión de su tripulación, milagrosamente salvó la vida y en honor a ello bautizó a la isla de Guanahani como San Salvador, pero ni llegó a donde quería ni encontró lo que buscaba y tampoco tuvo la certeza de un nuevo continente, en cambio advirtió que quienes amablemente le dieron la bienvenida portaban oro y se informó que los ríos de aquellas islas lo contenían. Regreso a España, llevando originarios y oro, en cantidades tales que no cubrían el costo de la empresa. Por ello, en adelante se dedicó a la cacería de naturales para la esclavitud a grado tal que algunas islas quedaron despobladas.

Pero aquí se originó la desgracia de América y de sus culturas, se masacró a los originarios, se destruyeron sus templos, se impusieron nuevos dioses y nueva religión, su cultura fue aplastada y hasta de nombres y apellidos tuvimos que cambiar. La tecnología del acero y las pandemias exterminantes coadyuvaron al sometimiento. Han sido quinientos años de oprobio y de horror. Vaya un ejemplo: En Perú y Zacatecas, para la explotación de las riquezas argentíferas, se desarraigó y esclavizó a pie de mina a miles de originarios, a quienes se mató de enfermedades, de hambre y de trabajo excesivo y cuando fallecían, rápidamente eran sustituidos por otros que llegaban. La ciudad de México se construyó con el trabajo esclavizante de los pueblos aledaños, quienes debían costear su propia comida y sus materiales de trabajo y en tanto, aquellos barbaros europeos se portaban con ellos como señores de horca y cuchillo. El peso de plata mexicano se volvió moneda mundial. Quienes afirman que cada doce de octubre no hay nada que celebrar y mucho que reclamar y lamentar, tienen toda la razón. Lo que hizo Portugal pronto fue seguido por las demás naciones europeas, quienes se hincharon de riquezas y magnificencias palaciegas con las riquezas de África, América y Oriente. Del continente negro, cientos de miles fueron arrancados de sus familias, culturas y hogares para esclavizarlos en América, a donde llegaron a formar una tercera raza, aparte de los originarios y los criollos. Pero regresemos a Cristóforo Colombo, quien solamente dedicándose al tráfico de esclavos pudo pagar a sus patrones la aventura comercial. Así se originó el nuevo capitalismo mundial. La espada abrió paso a la cruz y la cruz se puso al servicio de la espada. Así que suena racional que tanto España como El Vaticano ofrezcan perdón a América, por tantas calamidades, ofensas, desastres y mortandades perpetradas.

Quinientos años de anti historia. Hasta de nombre los cambiaron, lo “Xoyocotzin” dejó su lugar a lo “Hernández”. Una destrucción total del pasado. La implantación de una esclavitud que solo concluiría hasta 1821. El Imperio Romano fue más humanitario que estos carniceros. Pueblo que conquistaba seguía teniendo sus gobiernos, costumbres y tradiciones propias. Solo pagaban tributos, pero los energúmenos que dizque nos conquistaron, no dejaron piedra sobre piedra del pasado. En efecto, no hay nada que celebrar y mucho que reclamar y lamentar. Los “dioses”, que son una construcción ideológica de la mente humana no lloran, pero imaginemos que los prehispánicos aún deben estar derramando lágrimas por tanta desgracia. Colón, aparte de todo, fue como los demás, un criminal salvaje y esclavista a quien la traición también lo alcanzó. España que al igual que Hernán Cortés lo desconoció para quitarle el mérito de lo logrado.

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