/ miércoles 19 de mayo de 2021

Resiliencia | Protocolo de Apertura y Transparencia ante el Riesgo

El Protocolo de Apertura y Transparencia ante el Riesgo: Prevención, Reacción y Recuperación es un instrumento colaborativo de un modelo de gobernanza centrado en los principios de innovación abierta.

Esta herramienta es un claro ejemplo de la oportunidad de co-construir y ciudadanizar las políticas públicas, de la riqueza que existe en la colaboración y que el antagonismo entre gobiernos y sociedad civil no tiene cabida cuando lo que se quiere lograr es una mejor ciudad y un país más justo, incluso frente a los retos externos de una emergencia y su complejidad, todas tenemos algo que aportar.

Sabemos que no podemos evitar los sismos, pero sí podemos desplegar una serie de acciones e instrumentos que nos permitan estar preparadas en los momentos que sucedan situaciones de riesgo como un huracán o un terremoto, es decir se trata de instrumentos que brinden certeza y seguridad a las personas.

Este protocolo representa una oportunidad de atender pero también de prevenir, que todos los derechos sean asegurados al potenciar un derecho como lo es el acceso a la información pública; con instituciones fuertes y comprometidas, con procesos estandarizados, con un enfoque de género e inclusión claro, con una ciudadanía activa e informada, pero sobre todo con una ruta de acción que este protocolo facilita a través de las recomendaciones antes durante y después de una emergencia. De esta manera aseguramos instituciones preparadas y proactivas de la mano con la sociedad civil, garantizando la buena gobernanza en México y donde se replique este ejercicio.

Enfrentar situaciones adversas implica la habilidad para reconocer el peligro, encarar nuestras fortalezas y debilidades ante él, pero sobre todo, la posibilidad de transformar esas carencias en oportunidades de aprendizaje y crecimiento que nos conviertan en personas y sociedades más resilientes.

Esa es la principal aportación del protocolo, el cual recoge el saber y la experiencia de diversos actores como sociedad civil, academia, sector público, privado y ciudadanía, con el único objetivo de allanar el camino para que desde la transparencia y la rendición de cuentas podamos avanzar hacia la construcción de una verdadera agenda de apertura en favor de las personas.

Robustecer las buenas prácticas y dotar a las instituciones de todo índole de herramientas que les permitan reaccionar desde la apertura ante una situación de riesgo, pasó de ser una necesidad a convertirse en un compromiso y un llamado a la acción, al que por fortuna respondieron diversos actores, que desde sus diferentes trincheras señalaron los retos donde la apertura podría constituir el factor de cambio para avanzar hacia la construcción de soluciones.

Las acciones del Protocolo están orientadas al desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la igualdad de género, ciudades y comunidades sostenibles y paz, justicia e instituciones sólidas de la Agenda 2030.

De esta forma, el Protocolo busca guiar a través de diferentes etapas una situación de riesgo, para que sin importar el tipo de institución en el que nos encontremos, podamos asumirnos como actores de cambio a través de apertura de información y contribuir al combate a la corrupción, la reducción de vulnerabilidades, incluso salvar vidas.

El Protocolo de Apertura y Transparencia ante el Riesgo: Prevención, Reacción y Recuperación es un instrumento colaborativo de un modelo de gobernanza centrado en los principios de innovación abierta.

Esta herramienta es un claro ejemplo de la oportunidad de co-construir y ciudadanizar las políticas públicas, de la riqueza que existe en la colaboración y que el antagonismo entre gobiernos y sociedad civil no tiene cabida cuando lo que se quiere lograr es una mejor ciudad y un país más justo, incluso frente a los retos externos de una emergencia y su complejidad, todas tenemos algo que aportar.

Sabemos que no podemos evitar los sismos, pero sí podemos desplegar una serie de acciones e instrumentos que nos permitan estar preparadas en los momentos que sucedan situaciones de riesgo como un huracán o un terremoto, es decir se trata de instrumentos que brinden certeza y seguridad a las personas.

Este protocolo representa una oportunidad de atender pero también de prevenir, que todos los derechos sean asegurados al potenciar un derecho como lo es el acceso a la información pública; con instituciones fuertes y comprometidas, con procesos estandarizados, con un enfoque de género e inclusión claro, con una ciudadanía activa e informada, pero sobre todo con una ruta de acción que este protocolo facilita a través de las recomendaciones antes durante y después de una emergencia. De esta manera aseguramos instituciones preparadas y proactivas de la mano con la sociedad civil, garantizando la buena gobernanza en México y donde se replique este ejercicio.

Enfrentar situaciones adversas implica la habilidad para reconocer el peligro, encarar nuestras fortalezas y debilidades ante él, pero sobre todo, la posibilidad de transformar esas carencias en oportunidades de aprendizaje y crecimiento que nos conviertan en personas y sociedades más resilientes.

Esa es la principal aportación del protocolo, el cual recoge el saber y la experiencia de diversos actores como sociedad civil, academia, sector público, privado y ciudadanía, con el único objetivo de allanar el camino para que desde la transparencia y la rendición de cuentas podamos avanzar hacia la construcción de una verdadera agenda de apertura en favor de las personas.

Robustecer las buenas prácticas y dotar a las instituciones de todo índole de herramientas que les permitan reaccionar desde la apertura ante una situación de riesgo, pasó de ser una necesidad a convertirse en un compromiso y un llamado a la acción, al que por fortuna respondieron diversos actores, que desde sus diferentes trincheras señalaron los retos donde la apertura podría constituir el factor de cambio para avanzar hacia la construcción de soluciones.

Las acciones del Protocolo están orientadas al desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la igualdad de género, ciudades y comunidades sostenibles y paz, justicia e instituciones sólidas de la Agenda 2030.

De esta forma, el Protocolo busca guiar a través de diferentes etapas una situación de riesgo, para que sin importar el tipo de institución en el que nos encontremos, podamos asumirnos como actores de cambio a través de apertura de información y contribuir al combate a la corrupción, la reducción de vulnerabilidades, incluso salvar vidas.