/ sábado 15 de junio de 2024

Retahíla para cinéfilos / “Intensamente 2”, más intensa que nunca

Pocas películas logran tocar las fibras más íntimas de nuestro ser, evocando una gama de emociones tan variada y profunda que, al salir del cine, nos sentimos transformados. “Intensamente 2” es una de esas joyas raras, así como una de las secuelas mejor logradas de Pixar.

Tal como ocurrió en la primera entrega, esta propuesta fílmica nos invita a sumergirnos en el complejo mundo interior de Riley, ahora en plena pubertad. La infancia quedó atrás y, con ella, una cierta inocencia. Pero la película no se conforma con mostrarnos el conflicto típico de esta etapa de la vida, sino que nos revela los matices a los que nos enfrentamos en la construcción de una identidad.

La alegría y la tristeza, que en la primera entrega aprendieron a coexistir en la mente de Riley, ahora deben hacer espacio para nuevas emociones que emergen con fuerza: la ansiedad, la vergüenza, la envidia, el aburrimiento y un ligero asomo a la melancolía.

Lo que hace que esta película sea especialmente conmovedora es su capacidad para reflejar nuestras propias luchas internas. De hecho, uno de los momentos más emotivos de la cinta es el retrato más colorido y preciso que se ha hecho en la historia del cine infantil sobre un ataque de ansiedad, así como una solución simplificada para su alivio.

Pero más allá de la narrativa de Riley, “Intensamente 2” nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas. Nos desafía a abrazar nuestras emociones en toda su complejidad, a entender que la alegría, aunque deseada, no puede existir sin sus contrapartes.

La película nos enseña que cada emoción tiene su lugar y propósito, y que el verdadero equilibrio emocional se encuentra en la aceptación y la integración de todas ellas.

Salir del cine después de ver “Intensamente 2” es como como un nuevo despertar, pues el humor en su guion deja liberadas suficientes risas antes de caer en el llanto por lo conmovedora que resulta, claro no sin antes un suspiro por el deleite visual de su coloración y refinados efectos especiales.

La película no solo nos entretiene; nos transforma, nos hace más humanos. Nos sentimos más conectados con nosotros mismos y con los demás. En un mundo donde a menudo se nos anima a reprimir nuestras emociones, “Intensamente 2” es un recordatorio vital de que sentir es vivir.

Pocas películas logran tocar las fibras más íntimas de nuestro ser, evocando una gama de emociones tan variada y profunda que, al salir del cine, nos sentimos transformados. “Intensamente 2” es una de esas joyas raras, así como una de las secuelas mejor logradas de Pixar.

Tal como ocurrió en la primera entrega, esta propuesta fílmica nos invita a sumergirnos en el complejo mundo interior de Riley, ahora en plena pubertad. La infancia quedó atrás y, con ella, una cierta inocencia. Pero la película no se conforma con mostrarnos el conflicto típico de esta etapa de la vida, sino que nos revela los matices a los que nos enfrentamos en la construcción de una identidad.

La alegría y la tristeza, que en la primera entrega aprendieron a coexistir en la mente de Riley, ahora deben hacer espacio para nuevas emociones que emergen con fuerza: la ansiedad, la vergüenza, la envidia, el aburrimiento y un ligero asomo a la melancolía.

Lo que hace que esta película sea especialmente conmovedora es su capacidad para reflejar nuestras propias luchas internas. De hecho, uno de los momentos más emotivos de la cinta es el retrato más colorido y preciso que se ha hecho en la historia del cine infantil sobre un ataque de ansiedad, así como una solución simplificada para su alivio.

Pero más allá de la narrativa de Riley, “Intensamente 2” nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas. Nos desafía a abrazar nuestras emociones en toda su complejidad, a entender que la alegría, aunque deseada, no puede existir sin sus contrapartes.

La película nos enseña que cada emoción tiene su lugar y propósito, y que el verdadero equilibrio emocional se encuentra en la aceptación y la integración de todas ellas.

Salir del cine después de ver “Intensamente 2” es como como un nuevo despertar, pues el humor en su guion deja liberadas suficientes risas antes de caer en el llanto por lo conmovedora que resulta, claro no sin antes un suspiro por el deleite visual de su coloración y refinados efectos especiales.

La película no solo nos entretiene; nos transforma, nos hace más humanos. Nos sentimos más conectados con nosotros mismos y con los demás. En un mundo donde a menudo se nos anima a reprimir nuestras emociones, “Intensamente 2” es un recordatorio vital de que sentir es vivir.