/ viernes 9 de octubre de 2020

¿Se asoma el comunismo?

El pregón de “comunismo no”, en boca de los escasos asentados en tiendas de campaña en el zócalo del D.F., mueve la reflexión porque acusan a quien ahora dirige el país estar siguiendo la ruta que conduce quizás a establecer ese sistema político, social y económico en México. ¿Pero, qué tan real es esa amenaza?

Recién se difunde novedosa propuesta por un inobjetable líder. Ideas que parecen encontradas con el dogma neoliberal predominante al que se le quiere dar por concluido porque tiene al mundo sumido en la pobreza. Propone el fin de la especulación financiera y trabajar para una política social que asegure tierra, techo y trabajo para todos. ¿Esto huele a comunismo? Además, esas novedades ideológicas denuncian la incapacidad de los políticos del mundo para unirse al enfrentar la pandemia. Proponen una ética nueva en las relaciones internacionales y de una vez por todas acabar al individualismo radical. ¡Pareciera que este pensamiento está inspirado en Marxs y Engels! Porque habla de limitar el derecho de propiedad, de dar preferencia a los pobres y a los migrantes y mirar a todo prójimo como hermano, sin distingos raciales, sociales y económicos. ¡Si! tiene tufo comunista.

Convoca esta propuesta universal a la “amistad con todos los seres humanos” y a “una cultura de encuentro con los demás”. Encuentros y no enfrentamientos y una sana pasión por la superación comunal. Preocuparnos por los más frágiles e ignorar las recetas inmediatistas de la mercadotecnia. ¡Esto último es un atentado a la libertad de mercado neoliberal! Hay naciones como la del norte, que ahora viven en la continua manifestación pública por sus problemas raciales y económicos y esta doctrina nos viene a proponer una nueva política a favor de los pobres, desde los pobres y para los pobres y eso es lo que el régimen nacional actual pretende, que paguen impuestos los ricos para favorecer a los desposeídos. La palabra comunismo evidencia a la vida comunal, la que se quiere en mejores niveles de satisfacción. Pero oiga usted, eso de que los ricos paguen impuestos o los factureros dejen de defraudar o los políticos dejen de robar o los contrabandistas abandonen su actividad, o los padrotes dejen la trata. Todo para recaudar y favorecer a los pobres. Esas ya ¡son “ideas comunistas”! de corte hasta revolucionario y subversivo.

Hay intranquilidad entre los dueños del poder y la riqueza. El troquel de nuestra época es la injusticia, la inequidad, el rechazo a los migrantes, cerrar los ojos frente a la pobreza y la desnutrición, mirar a las enfermedades como un problema individual y no social. Pero a los ciudadanos de “a pie” nos tiene azorados la violencia del estado o de los malandrines, los coaligados funcionarios para robarse el dinero de México y hasta los municipales de aquí cerca que hicieron de los parquímetros su negocio particular.

Pero la ideología intranquilizante para los poderosos, para asombro nuestro, proviene del líder universal de la iglesia católica. Pontífice filosofo que desea de verdad el resurgimiento de aquella institución milenaria, por hoy desprestigiada por quienes dentro de ella se dedicaron a buscar riquezas o satisfacciones sexuales. Todos hermanos se llama el documento revolucionario en su propuesta. Quiere una nueva moral, una ética puntual, no de discurso y una economía para las mayorías. Bien harían, quienes ahora acampan entre tiendas de campaña solitarias en el zócalo citadino del D.F., en leer a este pastor universal filosofo. Que de golpe se ubica como líder moral de este planeta.

La propuesta que plantea, tiene la vocación de alcanzar la concordia universal.

El pregón de “comunismo no”, en boca de los escasos asentados en tiendas de campaña en el zócalo del D.F., mueve la reflexión porque acusan a quien ahora dirige el país estar siguiendo la ruta que conduce quizás a establecer ese sistema político, social y económico en México. ¿Pero, qué tan real es esa amenaza?

Recién se difunde novedosa propuesta por un inobjetable líder. Ideas que parecen encontradas con el dogma neoliberal predominante al que se le quiere dar por concluido porque tiene al mundo sumido en la pobreza. Propone el fin de la especulación financiera y trabajar para una política social que asegure tierra, techo y trabajo para todos. ¿Esto huele a comunismo? Además, esas novedades ideológicas denuncian la incapacidad de los políticos del mundo para unirse al enfrentar la pandemia. Proponen una ética nueva en las relaciones internacionales y de una vez por todas acabar al individualismo radical. ¡Pareciera que este pensamiento está inspirado en Marxs y Engels! Porque habla de limitar el derecho de propiedad, de dar preferencia a los pobres y a los migrantes y mirar a todo prójimo como hermano, sin distingos raciales, sociales y económicos. ¡Si! tiene tufo comunista.

Convoca esta propuesta universal a la “amistad con todos los seres humanos” y a “una cultura de encuentro con los demás”. Encuentros y no enfrentamientos y una sana pasión por la superación comunal. Preocuparnos por los más frágiles e ignorar las recetas inmediatistas de la mercadotecnia. ¡Esto último es un atentado a la libertad de mercado neoliberal! Hay naciones como la del norte, que ahora viven en la continua manifestación pública por sus problemas raciales y económicos y esta doctrina nos viene a proponer una nueva política a favor de los pobres, desde los pobres y para los pobres y eso es lo que el régimen nacional actual pretende, que paguen impuestos los ricos para favorecer a los desposeídos. La palabra comunismo evidencia a la vida comunal, la que se quiere en mejores niveles de satisfacción. Pero oiga usted, eso de que los ricos paguen impuestos o los factureros dejen de defraudar o los políticos dejen de robar o los contrabandistas abandonen su actividad, o los padrotes dejen la trata. Todo para recaudar y favorecer a los pobres. Esas ya ¡son “ideas comunistas”! de corte hasta revolucionario y subversivo.

Hay intranquilidad entre los dueños del poder y la riqueza. El troquel de nuestra época es la injusticia, la inequidad, el rechazo a los migrantes, cerrar los ojos frente a la pobreza y la desnutrición, mirar a las enfermedades como un problema individual y no social. Pero a los ciudadanos de “a pie” nos tiene azorados la violencia del estado o de los malandrines, los coaligados funcionarios para robarse el dinero de México y hasta los municipales de aquí cerca que hicieron de los parquímetros su negocio particular.

Pero la ideología intranquilizante para los poderosos, para asombro nuestro, proviene del líder universal de la iglesia católica. Pontífice filosofo que desea de verdad el resurgimiento de aquella institución milenaria, por hoy desprestigiada por quienes dentro de ella se dedicaron a buscar riquezas o satisfacciones sexuales. Todos hermanos se llama el documento revolucionario en su propuesta. Quiere una nueva moral, una ética puntual, no de discurso y una economía para las mayorías. Bien harían, quienes ahora acampan entre tiendas de campaña solitarias en el zócalo citadino del D.F., en leer a este pastor universal filosofo. Que de golpe se ubica como líder moral de este planeta.

La propuesta que plantea, tiene la vocación de alcanzar la concordia universal.

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