/ domingo 18 de julio de 2021

Secreto a voces | El nacimiento personal y social

El poder ser no es lo mismo que el “realizarse” y el nacimiento social. El poder ser implica la ruptura con los dispositivos de poder que se crean al interior de la sociedad y que buscan obstaculizar el poder ser, orientando a mujeres y hombres a la simple realización, evitando el nacimiento personal por donde pasa el nacimiento social. Este último es fundamental sobre todo para quienes nacimos y vivimos en naciones latinoamericanas.


El poder ser implica una ruptura, una lucha contra uno mismo, mientras que el realizarse coloca a la existencia de mujeres y hombres en el camino de perderse en el mundo, en el sentido de no comprenderlo sino adaptarse a él, es colocarse solamente en el “se” (Heidegger). El “se” no es el poder ser sino simplemente la existencia extraviada en el mundo de lo cotidiano y supeditado a las ideas que ahí existen y que nos integran al mundo de la dominación.


El “se” y no el poder ser, es realizarse en la vida en torno a las ideas que nos alejan de la toma de conciencia como dispositivos de poder que nos someten al mundo ya creado por otros, antes de que nosotros llegáramos a él. Realizarse, es cumplir metas personales y sentir la satisfacción de haber llegado al cumplimiento de lo que cada uno se propone, pero sin que eso signifique ningún desafío pues el realizarse se lleva a cabo en el sentido de lo que establece la sociedad jerárquica.


Realizarse, es seguir los modelos de vida tradicionales, como crecer, ser buena mujer o buen hombre, contar con un trabajo bien pagado, ir a la iglesia los domingos, contar con una profesión universitaria, tener un oficio bien remunerado, contar con una familia, un auto, casa propia, jubilarse, gozar de una buena pensión (por cierto, cada vez más difícil). Por supuesto que todo mundo quiere realizarse, pero simplemente realizarse sin ningún compromiso social es muy poco a quienes se dicen seres humanos.


En el pasado las normas regulaban la existencia de estamentos perfectamente establecidos y sin la posibilidad de cambiar de uno a otro y de límites estrechos para moverse dentro del mismo. El Lazarillo de Tormes, en la España del siglo XVI, transita de guía de ciegos y termina como “Pregonero” en la ciudad de Toledo, el empleo más humilde de su tiempo. Las reglas eran muy claras y representaban a una sociedad estática y un débil “ascenso social” (MaCormack).


En las sociedades modernas los vasos comunicantes entre las clases sociales, subclases o segmentos de clase, se han flexibilizado, aunque de fondo el tránsito de una clase a otra se mantiene como en el pasado, pues se va de una clase a otra por lo general solo subjetivamente, salvo excepciones. Se puede transitar de campesino a médico o administrador de empresas multinacionales o ganar un premio de la lotería; sin embargo, eso no cambia el fondo socialmente hablando para millones, aunque si produce un impacto personal y crea un ambiente de confianza en un tipo de acciones de las que los grupos subalternos están pendientes no obstante el débil impacto social real.


El poder ser es un acontecimiento social y único relacionado con la toma de conciencia acerca del mundo que nos rodea y del papel que nosotros deseamos jugar en él. En ese sentido, el “nacimiento personal” sigue al biológico, como lo dice Margarita Castillo una sobreviviente del conocido en México como el “Halconazo”, en el que jóvenes estudiantes fueron reprimidos por fuerzas del Estado mexicano, en 1971 (nota del periódico La Jornada)


“Una cosa es mi nacimiento biológico y otro mi nacimiento personal. El primero no depende de nosotros, pero el otro es en el que uno mismo se gesta, y puede ocurrir en cinco minutos o tardarse cinco años. Cuando estaba en Prepa 1 vivía en una especie de nebulosa, pero llegando a la Escuela de Economía, en 1968, se empezó a condensar y se dio mi nacimiento personal”, refirió Margarita Castillo.


Quien o quienes pueden desarrollar el “poder ser” se colocan más cerca de comprender el orden social críticamente, así como interpretar los objetos significativamente determinados en cuanto a la utilidad y manera de vincularse socialmente con las personas. Lo que implica un “nosotros” colectivo distinto al orden de los poderes económicos, políticos, sociales, mediáticos, culturales, etcétera, que nos individualizan. Los ámbitos comunicantes entre el poder ser, el nosotros y el de la realización es una manera de trascender las esferas que nos inmunizan e impiden el poder ser.


Pero ¿es igual el “poder ser” al “nacimiento personal”? Existen evidentes puntos de coincidencia entre ambos conceptos cuyas fronteras se comparten. La diferencia que subyace entre ambos es el lugar en el que ocurre un acontecimiento y otro. El poder ser es un concepto propio de la filosofía helenoeurocéntrica, mientras que el nacimiento personal es más propicio para designar al poder ser, pero desde una perspectiva de la liberación, por lo que deja de ser “poder ser” para convertirse en un acontecimiento que tiene sus peculiaridades como “nacimiento personal”.


El nacimiento personal es el nacimiento al que conduce la cruda realidad que se vive en las naciones no europeas o afines y que profesan la filosofía occidental y un origen biosocial común, como dispositivo de poder. El nacimiento personal no surge de la filosofía clásica sino de las condiciones de vida de sociedades que viven diversas maneras de opresión nacional y modernas de un colonialismo que ha adoptado un nuevo ropaje, a través de la narrativa de la globalización y universalización del mundo.


El poder ser tiene otro rostro. Pertenece a un estatuto epistemológico en donde al “ser” se le asigna un origen metafísico, primero como creador del mundo fundado en la filosofía griega y más tarde, ya durante el renacimiento y la ilustración, como un antecedente fundador de la razón y del ser como un ser cuyo poder ser es el del conquistador en su acepción negativa y finalmente dominante, impregnada de racismo, de ver al mundo como un mundo de razas en donde imperan los blancos.


El poder ser no es lo mismo que el “realizarse” y el nacimiento social. El poder ser implica la ruptura con los dispositivos de poder que se crean al interior de la sociedad y que buscan obstaculizar el poder ser, orientando a mujeres y hombres a la simple realización, evitando el nacimiento personal por donde pasa el nacimiento social. Este último es fundamental sobre todo para quienes nacimos y vivimos en naciones latinoamericanas.


El poder ser implica una ruptura, una lucha contra uno mismo, mientras que el realizarse coloca a la existencia de mujeres y hombres en el camino de perderse en el mundo, en el sentido de no comprenderlo sino adaptarse a él, es colocarse solamente en el “se” (Heidegger). El “se” no es el poder ser sino simplemente la existencia extraviada en el mundo de lo cotidiano y supeditado a las ideas que ahí existen y que nos integran al mundo de la dominación.


El “se” y no el poder ser, es realizarse en la vida en torno a las ideas que nos alejan de la toma de conciencia como dispositivos de poder que nos someten al mundo ya creado por otros, antes de que nosotros llegáramos a él. Realizarse, es cumplir metas personales y sentir la satisfacción de haber llegado al cumplimiento de lo que cada uno se propone, pero sin que eso signifique ningún desafío pues el realizarse se lleva a cabo en el sentido de lo que establece la sociedad jerárquica.


Realizarse, es seguir los modelos de vida tradicionales, como crecer, ser buena mujer o buen hombre, contar con un trabajo bien pagado, ir a la iglesia los domingos, contar con una profesión universitaria, tener un oficio bien remunerado, contar con una familia, un auto, casa propia, jubilarse, gozar de una buena pensión (por cierto, cada vez más difícil). Por supuesto que todo mundo quiere realizarse, pero simplemente realizarse sin ningún compromiso social es muy poco a quienes se dicen seres humanos.


En el pasado las normas regulaban la existencia de estamentos perfectamente establecidos y sin la posibilidad de cambiar de uno a otro y de límites estrechos para moverse dentro del mismo. El Lazarillo de Tormes, en la España del siglo XVI, transita de guía de ciegos y termina como “Pregonero” en la ciudad de Toledo, el empleo más humilde de su tiempo. Las reglas eran muy claras y representaban a una sociedad estática y un débil “ascenso social” (MaCormack).


En las sociedades modernas los vasos comunicantes entre las clases sociales, subclases o segmentos de clase, se han flexibilizado, aunque de fondo el tránsito de una clase a otra se mantiene como en el pasado, pues se va de una clase a otra por lo general solo subjetivamente, salvo excepciones. Se puede transitar de campesino a médico o administrador de empresas multinacionales o ganar un premio de la lotería; sin embargo, eso no cambia el fondo socialmente hablando para millones, aunque si produce un impacto personal y crea un ambiente de confianza en un tipo de acciones de las que los grupos subalternos están pendientes no obstante el débil impacto social real.


El poder ser es un acontecimiento social y único relacionado con la toma de conciencia acerca del mundo que nos rodea y del papel que nosotros deseamos jugar en él. En ese sentido, el “nacimiento personal” sigue al biológico, como lo dice Margarita Castillo una sobreviviente del conocido en México como el “Halconazo”, en el que jóvenes estudiantes fueron reprimidos por fuerzas del Estado mexicano, en 1971 (nota del periódico La Jornada)


“Una cosa es mi nacimiento biológico y otro mi nacimiento personal. El primero no depende de nosotros, pero el otro es en el que uno mismo se gesta, y puede ocurrir en cinco minutos o tardarse cinco años. Cuando estaba en Prepa 1 vivía en una especie de nebulosa, pero llegando a la Escuela de Economía, en 1968, se empezó a condensar y se dio mi nacimiento personal”, refirió Margarita Castillo.


Quien o quienes pueden desarrollar el “poder ser” se colocan más cerca de comprender el orden social críticamente, así como interpretar los objetos significativamente determinados en cuanto a la utilidad y manera de vincularse socialmente con las personas. Lo que implica un “nosotros” colectivo distinto al orden de los poderes económicos, políticos, sociales, mediáticos, culturales, etcétera, que nos individualizan. Los ámbitos comunicantes entre el poder ser, el nosotros y el de la realización es una manera de trascender las esferas que nos inmunizan e impiden el poder ser.


Pero ¿es igual el “poder ser” al “nacimiento personal”? Existen evidentes puntos de coincidencia entre ambos conceptos cuyas fronteras se comparten. La diferencia que subyace entre ambos es el lugar en el que ocurre un acontecimiento y otro. El poder ser es un concepto propio de la filosofía helenoeurocéntrica, mientras que el nacimiento personal es más propicio para designar al poder ser, pero desde una perspectiva de la liberación, por lo que deja de ser “poder ser” para convertirse en un acontecimiento que tiene sus peculiaridades como “nacimiento personal”.


El nacimiento personal es el nacimiento al que conduce la cruda realidad que se vive en las naciones no europeas o afines y que profesan la filosofía occidental y un origen biosocial común, como dispositivo de poder. El nacimiento personal no surge de la filosofía clásica sino de las condiciones de vida de sociedades que viven diversas maneras de opresión nacional y modernas de un colonialismo que ha adoptado un nuevo ropaje, a través de la narrativa de la globalización y universalización del mundo.


El poder ser tiene otro rostro. Pertenece a un estatuto epistemológico en donde al “ser” se le asigna un origen metafísico, primero como creador del mundo fundado en la filosofía griega y más tarde, ya durante el renacimiento y la ilustración, como un antecedente fundador de la razón y del ser como un ser cuyo poder ser es el del conquistador en su acepción negativa y finalmente dominante, impregnada de racismo, de ver al mundo como un mundo de razas en donde imperan los blancos.


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