/ domingo 28 de febrero de 2021

Secreto a voces | Las bioguerras

El concepto de biopolítica expuesto por Foucault en su obra se corresponde a la época moderna de la sociedad industrial, se orienta a explicar el control del cuerpo a través de los censos de nacimiento y muerte, de población, la alimentación, la medicina, la industria farmacéutica, etc, es decir, de una biopolítica del control. En la posmodernidad, las bioguerras son otra cosa totalmente diferente. Es el control que pasa del cuerpo a la humanidad, pero ya no sanando el cuerpo sino enfermándolo. Ya no es el control de los cuerpos como ocurría en la época de nacimiento y consolidación de la sociedad industrial. De lo que se trata es de enfermar a la humanidad como medio de poder y dominio.

Las bioguerras tratan de sentidos contrarios a los intereses de la humanidad y contra ella. Las bioguerras operan con agentes como virus, bacterias, hongos, toxinas vivientes, hongos, por supuesto que estas armas se crean acompañadas de estrategias de diseminación ((ver: Benítez Pérez, María Obdulia, Artiles Jiménez, Edelys, Victores Moya, Jorge Alain, Reyes Roque, Ania Cecilia, Gómez Pacheco, Reinaldo, & Calderón Medina, Néstor. (2018).). Esto no quiere decir que se hayan abandonado los mecanismos de guerra tradicionales. Quiere decir que la guerra se ha vuelto más compleja, con nuevas estrategias y agentes que participan de ella sin el control del Estado y el mismo Estado neolcolonial.

Las guerras biológicas como la que ahora libra el mundo son muy antiguas, pero la manera en que se enfrentan las mismas han experimentado un cambio profundo con el paso del tiempo. La actual pandemia es un punto y aparte. Ahora estamos hablando de una bioguerra: a) intencional o, b) no intencional. Lo anterior, se puede apreciar en la manera en que se distribuyen los biológicos actualmente la mayoría de las grandes potencias. Cuando hablamos de bioguerras, esto incluye no solamente a factores de clase sino también a elementos fundamentales de la geopolítica, en donde una bioguerra como la actual pandemia, terminará por redefinir el poder en el mundo entre la otrora gran potencia y China y Rusia. En este contexto se crea el concepto de bioterrorismo, como una manera de contar con un enemigo que justifique la desafortunada bioguerrra.

La bioguerra tiene que ver con el uso de armas biológicas, no necesariamente se asocia con su uso intencionado, pues la elaboración de agentes biológicos letales bajo el criterio de una supuesta defensa contra el bioterrorismo, implica correr ciertos riesgos en cuanto a su control. El manejo de bacterias, virus, hongos, etcétera, implica ciertos riesgos que podrían encajar en el concepto de “caos” bajo determinadas circunstancias, pues el manejo de los agentes biológicos conlleva la posibilidad de que no se cuente de inmediato con una solución. Como ahora ocurre con el coronavirus. Tuvo que transcurrir un año para que aparecieran una serie de vacunas que ahora conocemos. Pero lo cierto, es que los gobiernos que controlan el mundo de las guerras bacteriológicas se quedaron pasmados. En un futuro se habrá de dilucidar lo ocurrido, realmente con el SARS-CoV2.

“Las armas biológicas hacen uso de organismos o toxinas vivientes para enfermar o matar a personas, animales y plantas, por tanto, se trata de un material o vector que proyecta, disemina o dispersa un agente biológico. El uso intencionado de agentes biológicos añadió un peligro aún mayor a la lucha contra las enfermedades, ya que si es complicado combatir las que se producen de forma natural, más difícil es luchar contra los agentes biológicos que se diseminan de esta forma, lo que trae consigo una variación en el comportamiento del agente en el organismo, pues penetra por distinta vía a la que por lo normal lo hace, lo que ocasiona a su vez que sea mucho más agresivo en sus efectos, se dificulte el diagnóstico, disminuya la eficacia del tratamiento o este sea inefectivo. Esto ocasiona que el personal sanitario se mantenga vigilante frente a las formas clínicas atípicas de una enfermedad para descartar su origen intencionado” (ver: Benítez Pérez, María Obdulia, Artiles Jiménez, Edelys, Victores Moya, Jorge Alain, Reyes Roque, Ania Cecilia, Gómez Pacheco, Reinaldo, & Calderón Medina, Néstor. (2018). La guerra biológica: un desafío para la humanidad. Revista Archivo Médico de Camagüey, 22(5), 803-828. Recuperado en 21 de febrero de 2021.

El uso de algún tipo de enfermedad en animales o humanos, sus cuerpos, han sido utilizados a lo largo de la historia como medios de guerra. La diferencia de ahora con respecto al pasado es que se cuenta con un amplio saber científico que dejó de ser un medio para enfrentar epidemias y pandemias en pro de la humanidad. Ahora, lejos de utilizarse para combatir pandemias globales se utiliza para crear agentes biológicos que tienen como fin, dicho sea de paso, literalmente eliminar gente. Se utiliza con fines políticos, de poder, como ahora ocurre con la pandemia a pesar de que el origen del virus en cuestión esté analizándose y exista cierto consenso de su origen zoonótico. Pregunta: ¿Si no fue así, se atrevería a decir lo contrario la misión de la ONU que visita actualmente China?

De acuerdo a un artículo científico publicado en 2018, existían aproximadamente mil 200 agentes o armas biológicas (ver: Benítez Pérez, María Obdulia, Artiles Jiménez, Edelys, Victores Moya, Jorge Alain, Reyes Roque, Ania Cecilia, Gómez Pacheco, Reinaldo, & Calderón Medina, Néstor. (2018). La guerra biológica: un desafío para la humanidad. Revista Archivo Médico de Camagüey, 22(5), 803-828. Recuperado en 21 de febrero de 2021) en los laboratorios ubicados en los países desarrollados, principalmente, en manos de instituciones gubernamentales o privados. También participan economías de desarrollo medio, pero lo fundamental está en el norte.

Un rasgo característico de las bioguerras es que se puede apreciar la intervención abierta y directa, independientemente de los Estados (aunque estos igualmente participan), de grupos o individuos vinculados a las estructuras de los poderes imperiales privados generalmente de empresas multinacionales y financieras. A pesar de que actúan casi siempre bajo sus propios criterios en el manejo de armas bacteriológicas, aparecen públicamente como protectores de la humanidad, como Bill Gates, que es un ejemplo emblemático. Las asociaciones filantrópicas (junto a Melinda su esposa) solamente les sirven de fachadas para llevar a cabo acciones y discursos que parece como si hubiesen escrito un guion previo de la actual pandemia, como dice el profesor Jalife.

De acuerdo a los autores del texto ya citados: “Los avances tecnológicos en Biología e Ingeniería genética llevados a cabo en las últimas décadas han incrementado el problema por la posibilidad de modificar e incluso crear nuevos microorganismos más resistentes al tratamiento e inducir mayor dificultad diagnóstica. Cada día somos más capaces de diferenciar entre los brotes deliberados o naturales, al usar la genómica, la reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), la espectrometría de masa y la disciplina emergente de la microbiología forense, que puede ayudar a establecer responsabilidades si se sospecha un uso malintencionado”.

El concepto de biopolítica expuesto por Foucault en su obra se corresponde a la época moderna de la sociedad industrial, se orienta a explicar el control del cuerpo a través de los censos de nacimiento y muerte, de población, la alimentación, la medicina, la industria farmacéutica, etc, es decir, de una biopolítica del control. En la posmodernidad, las bioguerras son otra cosa totalmente diferente. Es el control que pasa del cuerpo a la humanidad, pero ya no sanando el cuerpo sino enfermándolo. Ya no es el control de los cuerpos como ocurría en la época de nacimiento y consolidación de la sociedad industrial. De lo que se trata es de enfermar a la humanidad como medio de poder y dominio.

Las bioguerras tratan de sentidos contrarios a los intereses de la humanidad y contra ella. Las bioguerras operan con agentes como virus, bacterias, hongos, toxinas vivientes, hongos, por supuesto que estas armas se crean acompañadas de estrategias de diseminación ((ver: Benítez Pérez, María Obdulia, Artiles Jiménez, Edelys, Victores Moya, Jorge Alain, Reyes Roque, Ania Cecilia, Gómez Pacheco, Reinaldo, & Calderón Medina, Néstor. (2018).). Esto no quiere decir que se hayan abandonado los mecanismos de guerra tradicionales. Quiere decir que la guerra se ha vuelto más compleja, con nuevas estrategias y agentes que participan de ella sin el control del Estado y el mismo Estado neolcolonial.

Las guerras biológicas como la que ahora libra el mundo son muy antiguas, pero la manera en que se enfrentan las mismas han experimentado un cambio profundo con el paso del tiempo. La actual pandemia es un punto y aparte. Ahora estamos hablando de una bioguerra: a) intencional o, b) no intencional. Lo anterior, se puede apreciar en la manera en que se distribuyen los biológicos actualmente la mayoría de las grandes potencias. Cuando hablamos de bioguerras, esto incluye no solamente a factores de clase sino también a elementos fundamentales de la geopolítica, en donde una bioguerra como la actual pandemia, terminará por redefinir el poder en el mundo entre la otrora gran potencia y China y Rusia. En este contexto se crea el concepto de bioterrorismo, como una manera de contar con un enemigo que justifique la desafortunada bioguerrra.

La bioguerra tiene que ver con el uso de armas biológicas, no necesariamente se asocia con su uso intencionado, pues la elaboración de agentes biológicos letales bajo el criterio de una supuesta defensa contra el bioterrorismo, implica correr ciertos riesgos en cuanto a su control. El manejo de bacterias, virus, hongos, etcétera, implica ciertos riesgos que podrían encajar en el concepto de “caos” bajo determinadas circunstancias, pues el manejo de los agentes biológicos conlleva la posibilidad de que no se cuente de inmediato con una solución. Como ahora ocurre con el coronavirus. Tuvo que transcurrir un año para que aparecieran una serie de vacunas que ahora conocemos. Pero lo cierto, es que los gobiernos que controlan el mundo de las guerras bacteriológicas se quedaron pasmados. En un futuro se habrá de dilucidar lo ocurrido, realmente con el SARS-CoV2.

“Las armas biológicas hacen uso de organismos o toxinas vivientes para enfermar o matar a personas, animales y plantas, por tanto, se trata de un material o vector que proyecta, disemina o dispersa un agente biológico. El uso intencionado de agentes biológicos añadió un peligro aún mayor a la lucha contra las enfermedades, ya que si es complicado combatir las que se producen de forma natural, más difícil es luchar contra los agentes biológicos que se diseminan de esta forma, lo que trae consigo una variación en el comportamiento del agente en el organismo, pues penetra por distinta vía a la que por lo normal lo hace, lo que ocasiona a su vez que sea mucho más agresivo en sus efectos, se dificulte el diagnóstico, disminuya la eficacia del tratamiento o este sea inefectivo. Esto ocasiona que el personal sanitario se mantenga vigilante frente a las formas clínicas atípicas de una enfermedad para descartar su origen intencionado” (ver: Benítez Pérez, María Obdulia, Artiles Jiménez, Edelys, Victores Moya, Jorge Alain, Reyes Roque, Ania Cecilia, Gómez Pacheco, Reinaldo, & Calderón Medina, Néstor. (2018). La guerra biológica: un desafío para la humanidad. Revista Archivo Médico de Camagüey, 22(5), 803-828. Recuperado en 21 de febrero de 2021.

El uso de algún tipo de enfermedad en animales o humanos, sus cuerpos, han sido utilizados a lo largo de la historia como medios de guerra. La diferencia de ahora con respecto al pasado es que se cuenta con un amplio saber científico que dejó de ser un medio para enfrentar epidemias y pandemias en pro de la humanidad. Ahora, lejos de utilizarse para combatir pandemias globales se utiliza para crear agentes biológicos que tienen como fin, dicho sea de paso, literalmente eliminar gente. Se utiliza con fines políticos, de poder, como ahora ocurre con la pandemia a pesar de que el origen del virus en cuestión esté analizándose y exista cierto consenso de su origen zoonótico. Pregunta: ¿Si no fue así, se atrevería a decir lo contrario la misión de la ONU que visita actualmente China?

De acuerdo a un artículo científico publicado en 2018, existían aproximadamente mil 200 agentes o armas biológicas (ver: Benítez Pérez, María Obdulia, Artiles Jiménez, Edelys, Victores Moya, Jorge Alain, Reyes Roque, Ania Cecilia, Gómez Pacheco, Reinaldo, & Calderón Medina, Néstor. (2018). La guerra biológica: un desafío para la humanidad. Revista Archivo Médico de Camagüey, 22(5), 803-828. Recuperado en 21 de febrero de 2021) en los laboratorios ubicados en los países desarrollados, principalmente, en manos de instituciones gubernamentales o privados. También participan economías de desarrollo medio, pero lo fundamental está en el norte.

Un rasgo característico de las bioguerras es que se puede apreciar la intervención abierta y directa, independientemente de los Estados (aunque estos igualmente participan), de grupos o individuos vinculados a las estructuras de los poderes imperiales privados generalmente de empresas multinacionales y financieras. A pesar de que actúan casi siempre bajo sus propios criterios en el manejo de armas bacteriológicas, aparecen públicamente como protectores de la humanidad, como Bill Gates, que es un ejemplo emblemático. Las asociaciones filantrópicas (junto a Melinda su esposa) solamente les sirven de fachadas para llevar a cabo acciones y discursos que parece como si hubiesen escrito un guion previo de la actual pandemia, como dice el profesor Jalife.

De acuerdo a los autores del texto ya citados: “Los avances tecnológicos en Biología e Ingeniería genética llevados a cabo en las últimas décadas han incrementado el problema por la posibilidad de modificar e incluso crear nuevos microorganismos más resistentes al tratamiento e inducir mayor dificultad diagnóstica. Cada día somos más capaces de diferenciar entre los brotes deliberados o naturales, al usar la genómica, la reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), la espectrometría de masa y la disciplina emergente de la microbiología forense, que puede ayudar a establecer responsabilidades si se sospecha un uso malintencionado”.

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