/ domingo 16 de mayo de 2021

Secreto a voces | Pistolas

Para Simone Gluber, la introducción de un arma en el espacio en el que se llevan a cabo relaciones humanas implica un cambio sustancial al interior de ese grupo, porque las armas son un medio y no un fin en sí mismo. Las armas son un objeto que simboliza violencia y puede ocasionar la muerte porque su valor de uso en general es matar. Si en un momento determinado las armas son un medio para defenderse es porque previamente se ha modificado el escenario con su presencia que activó todos los factores que implican la violencia que sustancialmente posee quien la acciona.


Gluber se refiere a la introducción de armas en el espacio universitario, aquí nos referimos a la introducción de armas al país y su dispersión por todo el territorio en manos de los grupos del crimen organizado. En la actualidad, el dato es de 2019, en el mundo existen mil empresas productoras de armas de fuego que se encuentran distribuidas en 60 países, de acuerdo a un estudio efectuado por Carlos Pérez y John Lindsay-Poland (2019, ver Derechos humanos y exportación legal de armas: Estados Unidos y Alemania frente a la crisis mexicana).


De los 750 millones de armas ligeras que se encuentran distribuidas por todo el mundo, agregan, el 74 por ciento la poseen civiles. El 23 por ciento está en manos del ejército o de los ejércitos y el 3 por ciento en cuerpos policiacos. Las armas en el mundo se encuentran distribuidas entre personas, lo que implica un cambio significativo entre los segmentos en los que esto ocurre. Quien las porta se cosifica y cosifica a los demás.


Al incorporar las armas en la vida cotidiana, dice Gluber, quien cita al filósofo Richard Bernstein, que cuando se incorpora un arma en las relaciones sociales, la personas que portan ese objeto contempla a los demás como objetos que pueden manipular y convertir en potenciales cadáveres. Las armas están asociadas a las sociedades necrófilas. Para Bernstein no vivimos solamente la globalización y la era de las revoluciones tecnológicas que experimentamos, sino una era de la violencia en donde la violencia ha tomado un lugar preponderante como una violencia dirigida contra la sociedad.


La distribución de las armas no está suficientemente regulada pues dos de las naciones que más las producen como Estados Unidos y Alemania, generalmente hacen caso omiso a las mismas regulaciones que ellos han creado, las que se modifican o se hace omisión de ellas de acuerdo a los intereses del grupo en el poder o de estrategias globales mundiales de control. Así ocurrió en México con el programa de Rápido y Furioso que llevó a cabo el gobierno norteamericano quien entregó armas a los grupos criminales mexicanos con el pretexto de hacer un seguimiento de qué ruta seguiría su distribución.


Cuando las armas se distribuyen entre grupos delincuenciales la relación se modifica al interior de la sociedad, entre el pueblo y los que resultan beneficiados de que a la población se le mantenga atemorizada. Los grupos armados marcan una diferencia tajante con respecto al ciudadano que se encuentra a merced de ser afectado por el uso de las armas de estos grupos. Resolver las causas profundas que llevan a segmentos de la población a incrustarse en el llamado crimen organizado, entendido como fenómeno social, debe atenderse, pero en tanto eso ocurre es muy importante también atender las causas de la distribución de armas.


Si las causas que ocasionan el surgimiento de grupos delincuenciales se atienden no importa en qué momento, es algo que no se hace de la noche a la mañana como lo hemos visto en México. Atacar las causas implica atender con programas a segmentos de la población tradicionalmente olvidados, también significa llevar una política multicausal a la vez porque en tanto se resuelven las causas de la pobreza que empuja a vender el alma al diablo, la venta de armas y la modificación de la relación entre los ciudadanos y quienes poseen armas no cambia.


Negociar estos temas con el gobierno de nuestro vecino del norte es complicado, pero no imposible. La producción y venta de armas tiene que ver con algo más profundo, responden a las causas del surgimiento de una nación que durante la posguerra se convirtió en el gendarme del mundo. De la misma manera, al surgimiento del capitalismo íntimamente asociado con la guerra de conquista como lo indica Enrique Dussel (citado por Guillermo Torres Carral: armamentismo y sobreconsumo en el capitalismo contemporáneo) aunque ahora adopte la forma de política.


Aunado a lo anterior, en el mundo se ha aplicado una estrategia de violentar socialmente a la humanidad entera con el fin de doblegar la resistencia que permanentemente se opone a la aplicación de políticas que vienen del exterior. La era de la violencia ha sido socialmente creada. Pareciera increíble creer que lo que ocurre en Uruapan, Puebla, Cuernavaca, Tlaxcala, Zamora, Toluca, la Ciudad de México, Veracruz o Pachuca, etc., no tiene nada que ver con lo anterior, pero no es así.


En autos, transporte de carga, por vía aérea, llegan a México 22 armas cada hora, 567 al día. El 70 por ciento de los asesinatos se cometen con armas de fuego. Tienen como origen las armerías ubicadas en la frontera sur de Estados Unidos que colinda con nuestro norte mexicano. También participan Alemania e Israel. Hace tiempo reporto la revista Proceso que un reportero fue a visitar las armerías de la frontera de EU con México y preguntó a los vendedores de armas por qué las comercializaban con grupos criminales, la respuesta fue palabras más palabras menos: “ustedes también compren para defenderse”.


La venta de armas normalizada por este tipo de comercio “legal”, combinado con el ilegal, debe detenerse pues de lo contrario las políticas dirigidas a la atención de las causas sociales de la violencia cohabitan con la zozobra y el miedo a morir, lo que puede hacer que las familias terminen por desencantarse de la efectividad de lo social.


Para Simone Gluber, la introducción de un arma en el espacio en el que se llevan a cabo relaciones humanas implica un cambio sustancial al interior de ese grupo, porque las armas son un medio y no un fin en sí mismo. Las armas son un objeto que simboliza violencia y puede ocasionar la muerte porque su valor de uso en general es matar. Si en un momento determinado las armas son un medio para defenderse es porque previamente se ha modificado el escenario con su presencia que activó todos los factores que implican la violencia que sustancialmente posee quien la acciona.


Gluber se refiere a la introducción de armas en el espacio universitario, aquí nos referimos a la introducción de armas al país y su dispersión por todo el territorio en manos de los grupos del crimen organizado. En la actualidad, el dato es de 2019, en el mundo existen mil empresas productoras de armas de fuego que se encuentran distribuidas en 60 países, de acuerdo a un estudio efectuado por Carlos Pérez y John Lindsay-Poland (2019, ver Derechos humanos y exportación legal de armas: Estados Unidos y Alemania frente a la crisis mexicana).


De los 750 millones de armas ligeras que se encuentran distribuidas por todo el mundo, agregan, el 74 por ciento la poseen civiles. El 23 por ciento está en manos del ejército o de los ejércitos y el 3 por ciento en cuerpos policiacos. Las armas en el mundo se encuentran distribuidas entre personas, lo que implica un cambio significativo entre los segmentos en los que esto ocurre. Quien las porta se cosifica y cosifica a los demás.


Al incorporar las armas en la vida cotidiana, dice Gluber, quien cita al filósofo Richard Bernstein, que cuando se incorpora un arma en las relaciones sociales, la personas que portan ese objeto contempla a los demás como objetos que pueden manipular y convertir en potenciales cadáveres. Las armas están asociadas a las sociedades necrófilas. Para Bernstein no vivimos solamente la globalización y la era de las revoluciones tecnológicas que experimentamos, sino una era de la violencia en donde la violencia ha tomado un lugar preponderante como una violencia dirigida contra la sociedad.


La distribución de las armas no está suficientemente regulada pues dos de las naciones que más las producen como Estados Unidos y Alemania, generalmente hacen caso omiso a las mismas regulaciones que ellos han creado, las que se modifican o se hace omisión de ellas de acuerdo a los intereses del grupo en el poder o de estrategias globales mundiales de control. Así ocurrió en México con el programa de Rápido y Furioso que llevó a cabo el gobierno norteamericano quien entregó armas a los grupos criminales mexicanos con el pretexto de hacer un seguimiento de qué ruta seguiría su distribución.


Cuando las armas se distribuyen entre grupos delincuenciales la relación se modifica al interior de la sociedad, entre el pueblo y los que resultan beneficiados de que a la población se le mantenga atemorizada. Los grupos armados marcan una diferencia tajante con respecto al ciudadano que se encuentra a merced de ser afectado por el uso de las armas de estos grupos. Resolver las causas profundas que llevan a segmentos de la población a incrustarse en el llamado crimen organizado, entendido como fenómeno social, debe atenderse, pero en tanto eso ocurre es muy importante también atender las causas de la distribución de armas.


Si las causas que ocasionan el surgimiento de grupos delincuenciales se atienden no importa en qué momento, es algo que no se hace de la noche a la mañana como lo hemos visto en México. Atacar las causas implica atender con programas a segmentos de la población tradicionalmente olvidados, también significa llevar una política multicausal a la vez porque en tanto se resuelven las causas de la pobreza que empuja a vender el alma al diablo, la venta de armas y la modificación de la relación entre los ciudadanos y quienes poseen armas no cambia.


Negociar estos temas con el gobierno de nuestro vecino del norte es complicado, pero no imposible. La producción y venta de armas tiene que ver con algo más profundo, responden a las causas del surgimiento de una nación que durante la posguerra se convirtió en el gendarme del mundo. De la misma manera, al surgimiento del capitalismo íntimamente asociado con la guerra de conquista como lo indica Enrique Dussel (citado por Guillermo Torres Carral: armamentismo y sobreconsumo en el capitalismo contemporáneo) aunque ahora adopte la forma de política.


Aunado a lo anterior, en el mundo se ha aplicado una estrategia de violentar socialmente a la humanidad entera con el fin de doblegar la resistencia que permanentemente se opone a la aplicación de políticas que vienen del exterior. La era de la violencia ha sido socialmente creada. Pareciera increíble creer que lo que ocurre en Uruapan, Puebla, Cuernavaca, Tlaxcala, Zamora, Toluca, la Ciudad de México, Veracruz o Pachuca, etc., no tiene nada que ver con lo anterior, pero no es así.


En autos, transporte de carga, por vía aérea, llegan a México 22 armas cada hora, 567 al día. El 70 por ciento de los asesinatos se cometen con armas de fuego. Tienen como origen las armerías ubicadas en la frontera sur de Estados Unidos que colinda con nuestro norte mexicano. También participan Alemania e Israel. Hace tiempo reporto la revista Proceso que un reportero fue a visitar las armerías de la frontera de EU con México y preguntó a los vendedores de armas por qué las comercializaban con grupos criminales, la respuesta fue palabras más palabras menos: “ustedes también compren para defenderse”.


La venta de armas normalizada por este tipo de comercio “legal”, combinado con el ilegal, debe detenerse pues de lo contrario las políticas dirigidas a la atención de las causas sociales de la violencia cohabitan con la zozobra y el miedo a morir, lo que puede hacer que las familias terminen por desencantarse de la efectividad de lo social.


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