/ domingo 17 de octubre de 2021

Secreto a voces | Puerta giratoria y reforma energética

La puerta giratoria es un acontecimiento moralmente condenable y hasta cierto punto de un cinismo reprobable y al que se le han colocado candados legales para que eso no ocurra como es el caso de México. Pero es diferente la puerta giratoria en México que en España. En el caso de México se trata de una nación que vive una forma de neocolonialismo de tipo económico y cultural y en donde la “puerta giratoria” no tiene el mismo significado que en España. Aquí estamos hablando de que un acto de un funcionario que en lugar de trabajar para el pueblo lo hace para la empresa multinacional, es un acto de traición a la nación.


Si partimos de que la relación entre las naciones no son relaciones ideales sino de poder y dominio, aunque se encubran con palabras propias de la diplomacia, podemos entender y comprender que acá la puerta giratoria no es un solo un tema moral. El manejo de sus políticas puede conducir a un mayor o menor sometimiento con respecto a otras naciones y particularmente con relación a determinados sectores empresariales que vienen del exterior. De tal manera que la puerta giratoria, dependiendo del sector que afecte, puede considerarse como un acto de traición, por utilizar un cargo público en contra del Estado.


La producción de energía es un área estratégica para la existencia de una nación como México. Durante la era neoliberal y particularmente con la reforma energética de Peña Nieto (2014) se abandonó la idea de que a lo largo de la historia hemos aprendido: que los países no son iguales ni sostienen relaciones de igualdad sino de poder: conquistas e invasiones están como evidencias. La diplomacia se inventó para ocultar esa relación de fondo entre las naciones, pero detrás de los discursos por más aterciopelados que sean existen los intereses que toman posiciones para atacar o estratégicamente detener el embate.


Aunque las élites locales son en ocasiones las responsables de esa relación desigual. Las mismas élites locales se colocan de “tapete” de las políticas de los países imperiales. Porque su manera de pensar está de antemano colonizada. Las élites locales piensan que deben mantener una buena relación con los países desarrollados con el fin de evitar que se molesten y, como consecuencia, son capaces no sólo de mostrar una actitud servil ante sus intenciones sino de adelantarse a los pedidos imperiales y ofrecer áreas estratégicas porque en esos “lances” también se enriquecen y posicionan socialmente.


Una nación como México está de antemano condenada al fracaso mientras crea que su problema de subdesarrollo es que no ha realizado la tarea del desarrollo tal y como lo hicieron las naciones desarrolladas. La dicotomía desarrollo-subdesarrollo es una creación occidental-estadounidense para hacerle creer a las naciones clasificadas como subdesarrolladas que un día van a llegar a ser igual que ellas siempre y cuando sigan el mismo camino. Una nación debe hacer un giro en sus políticas y mantener un proyecto independiente de las estrategias de las naciones autonombradas centrales.


El control de parte del Estado mexicano sobre la producción de energía es vital para mantener la independencia de la nación con respecto a cualquier otro poder ajeno a los intereses nacionales. Incluido, por supuesto, el proteger las condiciones de vida de las familias y en general de sus habitantes, como puede ser el caso de oponer el interés nacional a los de la ganancia muy común entre la empresa privada. Los expresidentes Zedillo y luego Calderón primero utilizaron la presidencia para favorecer a grupos de poder cuyos intereses son contrarios al interés nacional. Son parte de las élites colonizadas.


Claro que, en México, la “puerta giratoria” forma parte de una estrategia de la empresa multinacional (sustentable) que durante la “orgia privatizadora” neoliberal se beneficiaron de ese tipo de prácticas. Abren sus puertas a los políticos que mientras estuvieron ejerciendo una función como empleados públicos dispusieron de todos los recursos que se encontraron a la mano para favorecerlos. En ese sentido, la puerta giratoria es el pago que hacen estas empresas a los políticos por haber servido a sus intereses, dándoles un empleo. Pero evidentemente, no es el único propósito de estas empresas.


Como ya se ha expuesto en otro momento, las empresas generadoras de energía “verde” en realidad son empresas que continúan con el proceso de impacto sobre la naturaleza y sin ningún efecto real sobre la contaminación del ambiente, el Calentamiento Global y los Gases de Efecto Invernadero (GEI). Para crear baterías para motores requieren de litio que como el petróleo se extrae de la naturaleza; para la producción de turbinas y generar energía eólica se requiere de materiales igualmente tomados del ambiente; lo mismo que los paneles solares y la materia prima de la que son constituidos. ¿Por qué las energías limpias no logran evitar el calentamiento global y estamos ante un abismo?


Por supuesto que nadie en su sano juicio estaría en contra de que como productos abstraídos de los procesos de producción que invade a la naturaleza y la convierte en mercancías, son mejores que los que existen, pero esos productos vinculándolos a su contexto de producción forman parte de la producción de capital en donde priva la ganancia y no el interés de la sociedad y menos el de la naturaleza. La naturaleza no les importa. Pregunta, ¿Por qué en el cuestionamiento acerca del uso de materiales fósiles como producto no renovable no se contempla al litio, el metal y plástico para generadores eólicos y otros materiales utilizados para los paneles solares?


La empresa multinacional “ecologista” está interesada en evitar que el Estado retome el papel rector sobre la producción de energía porque le preocupa algo: las naciones son más fuertes, independientes y refractarias a quienes buscan la ganancia. Algunos políticos se mudaron al ecologismo porque el ecologismo les resultó negocio. A cualquier persona le debería dar desconfianza que Calderón, Zedillo, entre otros, hayan sido funcionarios de empresas a las que beneficiaron y que ahora se hacen pasar por ecológicas.


La puerta giratoria es un acontecimiento moralmente condenable y hasta cierto punto de un cinismo reprobable y al que se le han colocado candados legales para que eso no ocurra como es el caso de México. Pero es diferente la puerta giratoria en México que en España. En el caso de México se trata de una nación que vive una forma de neocolonialismo de tipo económico y cultural y en donde la “puerta giratoria” no tiene el mismo significado que en España. Aquí estamos hablando de que un acto de un funcionario que en lugar de trabajar para el pueblo lo hace para la empresa multinacional, es un acto de traición a la nación.


Si partimos de que la relación entre las naciones no son relaciones ideales sino de poder y dominio, aunque se encubran con palabras propias de la diplomacia, podemos entender y comprender que acá la puerta giratoria no es un solo un tema moral. El manejo de sus políticas puede conducir a un mayor o menor sometimiento con respecto a otras naciones y particularmente con relación a determinados sectores empresariales que vienen del exterior. De tal manera que la puerta giratoria, dependiendo del sector que afecte, puede considerarse como un acto de traición, por utilizar un cargo público en contra del Estado.


La producción de energía es un área estratégica para la existencia de una nación como México. Durante la era neoliberal y particularmente con la reforma energética de Peña Nieto (2014) se abandonó la idea de que a lo largo de la historia hemos aprendido: que los países no son iguales ni sostienen relaciones de igualdad sino de poder: conquistas e invasiones están como evidencias. La diplomacia se inventó para ocultar esa relación de fondo entre las naciones, pero detrás de los discursos por más aterciopelados que sean existen los intereses que toman posiciones para atacar o estratégicamente detener el embate.


Aunque las élites locales son en ocasiones las responsables de esa relación desigual. Las mismas élites locales se colocan de “tapete” de las políticas de los países imperiales. Porque su manera de pensar está de antemano colonizada. Las élites locales piensan que deben mantener una buena relación con los países desarrollados con el fin de evitar que se molesten y, como consecuencia, son capaces no sólo de mostrar una actitud servil ante sus intenciones sino de adelantarse a los pedidos imperiales y ofrecer áreas estratégicas porque en esos “lances” también se enriquecen y posicionan socialmente.


Una nación como México está de antemano condenada al fracaso mientras crea que su problema de subdesarrollo es que no ha realizado la tarea del desarrollo tal y como lo hicieron las naciones desarrolladas. La dicotomía desarrollo-subdesarrollo es una creación occidental-estadounidense para hacerle creer a las naciones clasificadas como subdesarrolladas que un día van a llegar a ser igual que ellas siempre y cuando sigan el mismo camino. Una nación debe hacer un giro en sus políticas y mantener un proyecto independiente de las estrategias de las naciones autonombradas centrales.


El control de parte del Estado mexicano sobre la producción de energía es vital para mantener la independencia de la nación con respecto a cualquier otro poder ajeno a los intereses nacionales. Incluido, por supuesto, el proteger las condiciones de vida de las familias y en general de sus habitantes, como puede ser el caso de oponer el interés nacional a los de la ganancia muy común entre la empresa privada. Los expresidentes Zedillo y luego Calderón primero utilizaron la presidencia para favorecer a grupos de poder cuyos intereses son contrarios al interés nacional. Son parte de las élites colonizadas.


Claro que, en México, la “puerta giratoria” forma parte de una estrategia de la empresa multinacional (sustentable) que durante la “orgia privatizadora” neoliberal se beneficiaron de ese tipo de prácticas. Abren sus puertas a los políticos que mientras estuvieron ejerciendo una función como empleados públicos dispusieron de todos los recursos que se encontraron a la mano para favorecerlos. En ese sentido, la puerta giratoria es el pago que hacen estas empresas a los políticos por haber servido a sus intereses, dándoles un empleo. Pero evidentemente, no es el único propósito de estas empresas.


Como ya se ha expuesto en otro momento, las empresas generadoras de energía “verde” en realidad son empresas que continúan con el proceso de impacto sobre la naturaleza y sin ningún efecto real sobre la contaminación del ambiente, el Calentamiento Global y los Gases de Efecto Invernadero (GEI). Para crear baterías para motores requieren de litio que como el petróleo se extrae de la naturaleza; para la producción de turbinas y generar energía eólica se requiere de materiales igualmente tomados del ambiente; lo mismo que los paneles solares y la materia prima de la que son constituidos. ¿Por qué las energías limpias no logran evitar el calentamiento global y estamos ante un abismo?


Por supuesto que nadie en su sano juicio estaría en contra de que como productos abstraídos de los procesos de producción que invade a la naturaleza y la convierte en mercancías, son mejores que los que existen, pero esos productos vinculándolos a su contexto de producción forman parte de la producción de capital en donde priva la ganancia y no el interés de la sociedad y menos el de la naturaleza. La naturaleza no les importa. Pregunta, ¿Por qué en el cuestionamiento acerca del uso de materiales fósiles como producto no renovable no se contempla al litio, el metal y plástico para generadores eólicos y otros materiales utilizados para los paneles solares?


La empresa multinacional “ecologista” está interesada en evitar que el Estado retome el papel rector sobre la producción de energía porque le preocupa algo: las naciones son más fuertes, independientes y refractarias a quienes buscan la ganancia. Algunos políticos se mudaron al ecologismo porque el ecologismo les resultó negocio. A cualquier persona le debería dar desconfianza que Calderón, Zedillo, entre otros, hayan sido funcionarios de empresas a las que beneficiaron y que ahora se hacen pasar por ecológicas.


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