/ viernes 28 de mayo de 2021

Soberanía

Soberana es la nación que puede gobernarse a sí misma, con la voluntad de su pueblo. Esa es la idea del sistema democrático. En México, si bien la constitución lo establece, es en la práctica en donde adquiere connotaciones y aristas difíciles de cumplir y practicar en este mundo interconectado y neoliberal. No depender de otras naciones, que nos impongan resolviendo los satisfactores indispensables para la vida. Esa es la clave para ser soberanos. Trataré someramente tres temas que limitan el ejercicio soberano de las determinaciones de gobierno: la deuda externa, la dependencia alimentaria y la energética.

La deuda al exterior siempre nos ha agobiado, su historia es prolija y escabrosa. Pero a partir del gobierno de Echeverría se escaló insospechadas alturas. Ahora, las naciones se someten unas a otras mediante el préstamo de grandes capitales. En el mundo hay crisis de dinero, a unos les sobra como a los "tigres asiáticos" o a los jeques árabes y a otros nos falta, estamos vendidos hasta los codos. Son trillones de dólares lo que debemos. El pago de intereses enorme limita nuestro desarrollo. Organización Mundial de Comercio, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y algunos otros de significancia internacional nos tienen en sus manos. El derecho internacional y los tratados solo han servido para que se aseguren de que no escapemos a sus garras y si paguemos. En este panorama, algo favorable es que otras naciones enfrentaron la pandemia con deuda externa. Aumentaron sus obligaciones internacionales, el pago de intereses y aceptaron sumisos las condiciones de los poderosos. México no lo hizo y mientras otros ya están empezando a sufrir las consecuencias. Aquí se optó por la eficacia recaudatoria, el ahorro en la operatividad gubernamental y atacar la corrupción. Se alcanzó así un saneamiento a las finanzas y fue posible adquirir con dinero en caja y hasta con pago anticipado la vacuna para toda la población. Pianpianito caminamos, las metas trascendentes se logran con pasos pequeños.

En el tema alimentario, somos la raza del maíz, no producir lo necesario es de alarma. Pero en el TLC los vecinos lo exigieron y México aceptó retirar subsidios para el campo. Tamaulipas, Veracruz y Sonora entre otros que han sido ricos graneros de México, bajaron su producción. Ahora, para satisfacer hemos debido comprar maíz amarillo de las praderas sureñas norteamericanas. Pero nuestro paladar no se acostumbra, en consecuencia, con él se alimenta a especies menores que después surten nuestra despensa. En este orden de ideas, el agua es vida y tomarla es vital. En el pasado se permitió que las trasnacionales como Coca Cola, Pepsi y Nestlé entre otras, se apoderaran de enormes veneros subterráneos y ahora amasan riquezas sin límites con nuestros recursos naturales y nuestra necesidad personal. Pero se trata de un bien natural que amenaza con agotarse. Agua y maíz son estratégicos para el bien de las generaciones que nos siguen. No habrá soberanía si no contamos con ellos.

En materia energética, la reciente adquisición de una refinería en Estados Unidos y la que se construye en Dos Bocas, aportan a nuestra autosuficiencia. Quizás gasolina y diésel se abaraten y el suministro se asegure. Revive la esperanza de nuestra propia satisfacción. Los perros ladran y ladrarán, no se resignan a estar fuera del presupuesto, quieren seguir disfrutando a placer de los recursos públicos. Tal vez esta política energética lleve a la nación a tomar sus propias y libres decisiones. En el planeta, la energía fósil va de salida, vendrá la eléctrica y solar, el litio ocupará el lugar del petróleo. Quizás tarde diez o quince años, pero será.

El postulado constitucional de que México es una nación soberana, es tan solo un enunciado romántico. Lo que urge es la capacidad operativa del Gobierno para que la soberanía sea viva y actuante, produzca decisiones y acciones soberanas de beneficio. Es complejo el tema, pero cuando menos en esas tres aristas se pudiera llegar a alcanzar avances considerables, si las decisiones congrecionales de nuestros representantes populares se alinean a favor de este que parece ser un sueño. Que las fuerzas políticas de México sean tales que empujen al país hacia adelante y no para el beneficio de unos cuantos.

Soberana es la nación que puede gobernarse a sí misma, con la voluntad de su pueblo. Esa es la idea del sistema democrático. En México, si bien la constitución lo establece, es en la práctica en donde adquiere connotaciones y aristas difíciles de cumplir y practicar en este mundo interconectado y neoliberal. No depender de otras naciones, que nos impongan resolviendo los satisfactores indispensables para la vida. Esa es la clave para ser soberanos. Trataré someramente tres temas que limitan el ejercicio soberano de las determinaciones de gobierno: la deuda externa, la dependencia alimentaria y la energética.

La deuda al exterior siempre nos ha agobiado, su historia es prolija y escabrosa. Pero a partir del gobierno de Echeverría se escaló insospechadas alturas. Ahora, las naciones se someten unas a otras mediante el préstamo de grandes capitales. En el mundo hay crisis de dinero, a unos les sobra como a los "tigres asiáticos" o a los jeques árabes y a otros nos falta, estamos vendidos hasta los codos. Son trillones de dólares lo que debemos. El pago de intereses enorme limita nuestro desarrollo. Organización Mundial de Comercio, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y algunos otros de significancia internacional nos tienen en sus manos. El derecho internacional y los tratados solo han servido para que se aseguren de que no escapemos a sus garras y si paguemos. En este panorama, algo favorable es que otras naciones enfrentaron la pandemia con deuda externa. Aumentaron sus obligaciones internacionales, el pago de intereses y aceptaron sumisos las condiciones de los poderosos. México no lo hizo y mientras otros ya están empezando a sufrir las consecuencias. Aquí se optó por la eficacia recaudatoria, el ahorro en la operatividad gubernamental y atacar la corrupción. Se alcanzó así un saneamiento a las finanzas y fue posible adquirir con dinero en caja y hasta con pago anticipado la vacuna para toda la población. Pianpianito caminamos, las metas trascendentes se logran con pasos pequeños.

En el tema alimentario, somos la raza del maíz, no producir lo necesario es de alarma. Pero en el TLC los vecinos lo exigieron y México aceptó retirar subsidios para el campo. Tamaulipas, Veracruz y Sonora entre otros que han sido ricos graneros de México, bajaron su producción. Ahora, para satisfacer hemos debido comprar maíz amarillo de las praderas sureñas norteamericanas. Pero nuestro paladar no se acostumbra, en consecuencia, con él se alimenta a especies menores que después surten nuestra despensa. En este orden de ideas, el agua es vida y tomarla es vital. En el pasado se permitió que las trasnacionales como Coca Cola, Pepsi y Nestlé entre otras, se apoderaran de enormes veneros subterráneos y ahora amasan riquezas sin límites con nuestros recursos naturales y nuestra necesidad personal. Pero se trata de un bien natural que amenaza con agotarse. Agua y maíz son estratégicos para el bien de las generaciones que nos siguen. No habrá soberanía si no contamos con ellos.

En materia energética, la reciente adquisición de una refinería en Estados Unidos y la que se construye en Dos Bocas, aportan a nuestra autosuficiencia. Quizás gasolina y diésel se abaraten y el suministro se asegure. Revive la esperanza de nuestra propia satisfacción. Los perros ladran y ladrarán, no se resignan a estar fuera del presupuesto, quieren seguir disfrutando a placer de los recursos públicos. Tal vez esta política energética lleve a la nación a tomar sus propias y libres decisiones. En el planeta, la energía fósil va de salida, vendrá la eléctrica y solar, el litio ocupará el lugar del petróleo. Quizás tarde diez o quince años, pero será.

El postulado constitucional de que México es una nación soberana, es tan solo un enunciado romántico. Lo que urge es la capacidad operativa del Gobierno para que la soberanía sea viva y actuante, produzca decisiones y acciones soberanas de beneficio. Es complejo el tema, pero cuando menos en esas tres aristas se pudiera llegar a alcanzar avances considerables, si las decisiones congrecionales de nuestros representantes populares se alinean a favor de este que parece ser un sueño. Que las fuerzas políticas de México sean tales que empujen al país hacia adelante y no para el beneficio de unos cuantos.