/ lunes 19 de agosto de 2019

TIEMPOS DE DEMOCRACIA

Microbiografías comparadas de Presidentes de México

Sexta Parte

En este artículo se da cuenta del quehacer de los presidentes de la Docena Panista: Vicente Fox Quezada, protagonista central de la primera alternancia en la titularidad del Ejecutivo Federal, y Felipe Calderón Hinojosa, iniciador de la infausta y fracasada guerra abierta contra los traficantes de drogas. Ambos fueron adversarios de López Obrador, el primero actuando ilegalmente en su perjuicio desde la Presidencia, y el segundo como su competidor directo en los controvertidos comicios de 2006.

Al citar a actores políticos que se han confrontado de forma directa con López Obrador, esta saga periodística de relatos biográficos da paso a personajes que aún juegan un papel activo en la lucha por el poder. Vicente Fox y Felipe Calderón no son meros referentes históricos en la vida del presidente; son sus rivales contemporáneos y sustentan ideas totalmente opuestas a las de Andrés Manuel. Siendo diferentes, los dos son exponentes de la clase conservadora tradicional, ligada al pensamiento decimonónico profundamente antijuarista y a círculos de naturaleza confesional. López Obrador, en cambio, encarna principios nacionalistas socialmente vinculados al pueblo y a los marginados.

X- Vicente Fox Quezada

De madre española, Fox no habría podido aspirar a la Presidencia de la República de no haber mediado la reforma constitucional que anuló el requisito de ser hijo de padres mexicanos por nacimiento. Guanajuatense de nacimiento (1942), trabajó en Coca-Cola, compañía en la que, en once años, pasó de distribuidor local y supervisor de camiones repartidores a ser presidente de la división de América Latina. Más a Fox le tiraba la política: ya como panista, en 1988 ganó una diputación federal. De su paso por San Lázaro sólo quedó el hilarante recuerdo de que, para cuestionar el fraudulento triunfo de Salinas, se puso dos boletas electorales a modo de orejas… y con ellas se paseó por toda la cámara.

Merced a su desparpajo, Fox cobró notoriedad en su partido y también a nivel nacional. Tras ser anulados los comicios por la gubernatura de su estado en los que participó, se inscribió en los extraordinarios de 1995. Esa vez su triunfo fue inobjetable e imposible de desconocer. Ya gobernador, y en un hecho sin precedente, desde 1997 reveló abiertamente su propósito de llegar a Los Pinos, lo que conseguiría tres años después abanderando una coalición -Alianza por el Cambio- con el PAN y el Verde Ecologista, y a la que se sumó Porfirio Muñoz Ledo en el tramo final de la contienda. Luego de una campaña inédita por muchos conceptos, el guanajuatense venció al priísta Francisco Labastida, y a un desgastado e incoloro Cuauhtémoc Cárdenas que repetía por tercera ocasión en vano su intento de llegar a la Presidencia.

El presidente Zedillo, demócrata por convicción, reconoció de inmediato y sin cortapisas la holgada victoria conseguida por Vicente Fox. De su paso por la Presidencia de la República hay más anécdotas que hechos de trascendencia. Su personalidad excéntrica y desbocada le fue útil como candidato, pero fue un impedimento para la solución de los asuntos de Estado y de Gobierno. Su labor al frente de las instituciones federales quedó lejos de las expectativas que generó su llegada al poder. Lenguaraz impenitente e intelectualmente simplón, Fox fue incapaz de dar a su gestión un destino definido; su tendencia a hablar antes de pensar le hizo pronunciar frases imprudentes, impropias de su alta investidura. Con ventaja, ha sido el presidente más caricaturizado de la historia, y el que más torpezas discursivas cometió. A ello contribuyó Martha Sahagún, su segunda esposa, a la que no sólo le permitió compartir el poder sino que, además, le fomentó la idea de sucederlo.

Fox no pudo lograr un Acuerdo Migratorio con Estados Unidos, si bien es cierto que a su fracaso contribuyeron los atentados del 11-S y el voto de México en el Consejo de Seguridad de la ONU contra la intervención yanqui en Irak. Pro-gringo confeso, Fox se distanció de los países hispanoamericanos inclinados a la izquierda; tal fue el caso de Cuba con Castro, de Argentina con Kirchner, y de Venezuela con Chávez. En política interior falló en resolver el conflicto con el EZLN, pese a que prometió hacerlo en 15 minutos. No fue capaz tampoco de apaciguar a los alzados de San Salvador Atenco; las protestas callejeras frustraron su proyecto de hacer un aeropuerto en Texcoco. Y ante la popularidad del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, enderezó en su contra un procedimiento judicial para desaforarlo; su fallida estrategia no hizo sino dar renovados bríos a la candidatura presidencial de López Obrador. En contrapartida, a Fox debe reconocérsele ser el primer mexicano que llegó a la Primera Magistratura de la Nación sin pertenecer al partido que hegemonizó el poder durante 71 años, un tercio largo de la vida del México independiente. Por ese sólo hecho tiene un lugar especial en los libros de Historia. De lo demás sólo resalto la creación del hoy cuestionado Seguro Popular, de la Biblioteca Vasconcelos y del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública. Nada más.

XI- Felipe Calderón Hinojosa

Abogado por la Escuela Libre de Derecho, Calderón (1962) es natural de Morelia y proviene de una familia michoacana de raigambre panista. De larga carrera en Acción Nacional, fue diputado federal de representación proporcional (1991-1994) y candidato derrotado (1995) a la gubernatura de su estado natal Michoacán. Presidente nacional de su partido de 1996 a 1999, sucediendo al que fuera su mentor Carlos Castillo Peraza, del que acabó separado. Repitió como diputado federal por la misma vía plurinominal, y coordinó (2000-2003) la bancada blanquiazul, ya con Fox como titular del Ejecutivo. De ahí pasó a dirigir efímeramente Banobras para ser después designado secretario de Energía, cargo al que renunció ante el enfado del presidente al hacer pública su aspiración a sucederlo. Luego de una competida contienda interna, Calderón ganó la postulación panista venciendo claramente a Santiago Creel, el precandidato de la pareja Fox-Sahagún.

López Obrador -abanderado del izquierdista PRD- y Calderón llegaron parejos a la constitucional del 2006. Lo ajustado de las cifras de los cómputos preliminares indujeron al órgano electoral a aplazar el fallo de la elección. Tras horas de incertidumbre, el IFE finalmente anunció la victoria del michoacano por una ventaja del 0.54 % de la votación, diferencia mínima que se construyó por virtud de la intrusión de Fox en el proceso y la difusión de propaganda atemorizadora patrocinada por la cúpula empresarial. El veredicto fue desconocido por el partido opositor que inició una prolongada aunque pacífica protesta que alteró la vida social y económica de la ciudad capital. Cinco meses después Calderón juró el cargo de presidente en medio de un monumental escándalo… y lo pudo hacer gracias a que el priísmo le facilitó el trámite.

En su afán por legitimarse, Calderón tomó la ruta errada de enfrentar el mercado de las drogas con las armas, una decisión que ha costado al país 250 mil muertos, 30 mil desaparecidos y un número incuantificable de familias desplazadas. Sin imaginación ni valor para plantear a la comunidad internacional alternativas distintas, lanzó al ejército a una guerra sin fin contra los traficantes, causando deterioro al prestigio de la institución castrense y cuantiosas víctimas a la población ajena al conflicto. Esa trágica equivocación marcó irremisiblemente a su sexenio.

Calderón hubo de enfrentar contingencias que nos llegaron del exterior. Una fue el derrumbe del sistema financiero occidental que provocó una recesión mundial que arrastró a México. Empero, oportunas medidas anticíclicas adoptadas por los responsables del área económica de su gobierno paliaron los efectos de la crisis y permitieron la recuperación en relativamente poco tiempo. Otra circunstancia difícil, también de origen exógeno, fue la epidemia originada por un virus -el AH1N1- hasta entonces desconocido, provocador de una emergencia oficial que paralizó las actividades del país duró varios días. En el haber del michoacano vale apuntar el decreto por el que extinguió a Luz y Fuerza del Centro, empresa del estado agobiada por los excesos sindicales, así como la incomprendida y muy mal operada Reforma Penal. Hasta ahí.

  • Vicente Fox y Felipe Calderón no son meros referentes históricos en la vida del presidente; son sus rivales contemporáneos y sustentan ideas totalmente opuestas a las de Andrés Manuel.

Microbiografías comparadas de Presidentes de México

Sexta Parte

En este artículo se da cuenta del quehacer de los presidentes de la Docena Panista: Vicente Fox Quezada, protagonista central de la primera alternancia en la titularidad del Ejecutivo Federal, y Felipe Calderón Hinojosa, iniciador de la infausta y fracasada guerra abierta contra los traficantes de drogas. Ambos fueron adversarios de López Obrador, el primero actuando ilegalmente en su perjuicio desde la Presidencia, y el segundo como su competidor directo en los controvertidos comicios de 2006.

Al citar a actores políticos que se han confrontado de forma directa con López Obrador, esta saga periodística de relatos biográficos da paso a personajes que aún juegan un papel activo en la lucha por el poder. Vicente Fox y Felipe Calderón no son meros referentes históricos en la vida del presidente; son sus rivales contemporáneos y sustentan ideas totalmente opuestas a las de Andrés Manuel. Siendo diferentes, los dos son exponentes de la clase conservadora tradicional, ligada al pensamiento decimonónico profundamente antijuarista y a círculos de naturaleza confesional. López Obrador, en cambio, encarna principios nacionalistas socialmente vinculados al pueblo y a los marginados.

X- Vicente Fox Quezada

De madre española, Fox no habría podido aspirar a la Presidencia de la República de no haber mediado la reforma constitucional que anuló el requisito de ser hijo de padres mexicanos por nacimiento. Guanajuatense de nacimiento (1942), trabajó en Coca-Cola, compañía en la que, en once años, pasó de distribuidor local y supervisor de camiones repartidores a ser presidente de la división de América Latina. Más a Fox le tiraba la política: ya como panista, en 1988 ganó una diputación federal. De su paso por San Lázaro sólo quedó el hilarante recuerdo de que, para cuestionar el fraudulento triunfo de Salinas, se puso dos boletas electorales a modo de orejas… y con ellas se paseó por toda la cámara.

Merced a su desparpajo, Fox cobró notoriedad en su partido y también a nivel nacional. Tras ser anulados los comicios por la gubernatura de su estado en los que participó, se inscribió en los extraordinarios de 1995. Esa vez su triunfo fue inobjetable e imposible de desconocer. Ya gobernador, y en un hecho sin precedente, desde 1997 reveló abiertamente su propósito de llegar a Los Pinos, lo que conseguiría tres años después abanderando una coalición -Alianza por el Cambio- con el PAN y el Verde Ecologista, y a la que se sumó Porfirio Muñoz Ledo en el tramo final de la contienda. Luego de una campaña inédita por muchos conceptos, el guanajuatense venció al priísta Francisco Labastida, y a un desgastado e incoloro Cuauhtémoc Cárdenas que repetía por tercera ocasión en vano su intento de llegar a la Presidencia.

El presidente Zedillo, demócrata por convicción, reconoció de inmediato y sin cortapisas la holgada victoria conseguida por Vicente Fox. De su paso por la Presidencia de la República hay más anécdotas que hechos de trascendencia. Su personalidad excéntrica y desbocada le fue útil como candidato, pero fue un impedimento para la solución de los asuntos de Estado y de Gobierno. Su labor al frente de las instituciones federales quedó lejos de las expectativas que generó su llegada al poder. Lenguaraz impenitente e intelectualmente simplón, Fox fue incapaz de dar a su gestión un destino definido; su tendencia a hablar antes de pensar le hizo pronunciar frases imprudentes, impropias de su alta investidura. Con ventaja, ha sido el presidente más caricaturizado de la historia, y el que más torpezas discursivas cometió. A ello contribuyó Martha Sahagún, su segunda esposa, a la que no sólo le permitió compartir el poder sino que, además, le fomentó la idea de sucederlo.

Fox no pudo lograr un Acuerdo Migratorio con Estados Unidos, si bien es cierto que a su fracaso contribuyeron los atentados del 11-S y el voto de México en el Consejo de Seguridad de la ONU contra la intervención yanqui en Irak. Pro-gringo confeso, Fox se distanció de los países hispanoamericanos inclinados a la izquierda; tal fue el caso de Cuba con Castro, de Argentina con Kirchner, y de Venezuela con Chávez. En política interior falló en resolver el conflicto con el EZLN, pese a que prometió hacerlo en 15 minutos. No fue capaz tampoco de apaciguar a los alzados de San Salvador Atenco; las protestas callejeras frustraron su proyecto de hacer un aeropuerto en Texcoco. Y ante la popularidad del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, enderezó en su contra un procedimiento judicial para desaforarlo; su fallida estrategia no hizo sino dar renovados bríos a la candidatura presidencial de López Obrador. En contrapartida, a Fox debe reconocérsele ser el primer mexicano que llegó a la Primera Magistratura de la Nación sin pertenecer al partido que hegemonizó el poder durante 71 años, un tercio largo de la vida del México independiente. Por ese sólo hecho tiene un lugar especial en los libros de Historia. De lo demás sólo resalto la creación del hoy cuestionado Seguro Popular, de la Biblioteca Vasconcelos y del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública. Nada más.

XI- Felipe Calderón Hinojosa

Abogado por la Escuela Libre de Derecho, Calderón (1962) es natural de Morelia y proviene de una familia michoacana de raigambre panista. De larga carrera en Acción Nacional, fue diputado federal de representación proporcional (1991-1994) y candidato derrotado (1995) a la gubernatura de su estado natal Michoacán. Presidente nacional de su partido de 1996 a 1999, sucediendo al que fuera su mentor Carlos Castillo Peraza, del que acabó separado. Repitió como diputado federal por la misma vía plurinominal, y coordinó (2000-2003) la bancada blanquiazul, ya con Fox como titular del Ejecutivo. De ahí pasó a dirigir efímeramente Banobras para ser después designado secretario de Energía, cargo al que renunció ante el enfado del presidente al hacer pública su aspiración a sucederlo. Luego de una competida contienda interna, Calderón ganó la postulación panista venciendo claramente a Santiago Creel, el precandidato de la pareja Fox-Sahagún.

López Obrador -abanderado del izquierdista PRD- y Calderón llegaron parejos a la constitucional del 2006. Lo ajustado de las cifras de los cómputos preliminares indujeron al órgano electoral a aplazar el fallo de la elección. Tras horas de incertidumbre, el IFE finalmente anunció la victoria del michoacano por una ventaja del 0.54 % de la votación, diferencia mínima que se construyó por virtud de la intrusión de Fox en el proceso y la difusión de propaganda atemorizadora patrocinada por la cúpula empresarial. El veredicto fue desconocido por el partido opositor que inició una prolongada aunque pacífica protesta que alteró la vida social y económica de la ciudad capital. Cinco meses después Calderón juró el cargo de presidente en medio de un monumental escándalo… y lo pudo hacer gracias a que el priísmo le facilitó el trámite.

En su afán por legitimarse, Calderón tomó la ruta errada de enfrentar el mercado de las drogas con las armas, una decisión que ha costado al país 250 mil muertos, 30 mil desaparecidos y un número incuantificable de familias desplazadas. Sin imaginación ni valor para plantear a la comunidad internacional alternativas distintas, lanzó al ejército a una guerra sin fin contra los traficantes, causando deterioro al prestigio de la institución castrense y cuantiosas víctimas a la población ajena al conflicto. Esa trágica equivocación marcó irremisiblemente a su sexenio.

Calderón hubo de enfrentar contingencias que nos llegaron del exterior. Una fue el derrumbe del sistema financiero occidental que provocó una recesión mundial que arrastró a México. Empero, oportunas medidas anticíclicas adoptadas por los responsables del área económica de su gobierno paliaron los efectos de la crisis y permitieron la recuperación en relativamente poco tiempo. Otra circunstancia difícil, también de origen exógeno, fue la epidemia originada por un virus -el AH1N1- hasta entonces desconocido, provocador de una emergencia oficial que paralizó las actividades del país duró varios días. En el haber del michoacano vale apuntar el decreto por el que extinguió a Luz y Fuerza del Centro, empresa del estado agobiada por los excesos sindicales, así como la incomprendida y muy mal operada Reforma Penal. Hasta ahí.

  • Vicente Fox y Felipe Calderón no son meros referentes históricos en la vida del presidente; son sus rivales contemporáneos y sustentan ideas totalmente opuestas a las de Andrés Manuel.
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