/ martes 19 de febrero de 2019

TINTERO

La sucesión que alcanzó a todos

  • En 1992, las cosas eran así. Tan luego Carlos Salinas de Gortari supo que su amiga Beatriz Paredes Rangel trabajaba para que su incondicional Álvaro Salazar fuera quien la sucediera en el cargo, tomó el teléfono rojo y llamó a la gobernadora de Tlaxcala.

Beatriz, que te quede claro, el próximo gobernador será José Antonio Álvarez Lima, así lo decidí, y para que no haya problemas solicita licencia al cargo y serás secretaria general del Partido Revolucionario Institucional”

-“Sin problemas, señor presidente, eso haré”-, respondió.

  • El PRI, sin rumbo ni brújula, tiene en Anabell Ávalos Zempoalteca a su mejor exponente. Cómo alcaldesa de Tlaxcala tiene carisma y capital político.

Así, la entonces poderosa gobernadora de Tlaxcala se sometía al poder del Presidente de la República.

Pero las cosas cambiaron. Cuando el PRI dejó de tener hegemonía en el país, Ricardo Monreal puso el desorden, no lo dejaron ser candidato del PRI a la gubernatura de Zacatecas, renunció a su militancia, se fue al Partido de la Revolución Democracia y dio lo que llamaron el “monrealazo”.

En Tlaxcala sucedió algo similar. El señalado por el dedo presidencial era Joaquín Cisneros Fernández, pero Alfonso Sánchez Anaya puso el desorden, renunció al PRI, hizo una alianza opositora de partidos y ganó la gubernatura de Tlaxcala.

Ahora, con el transcurso de los años ya muchos buscan la “silla grande”.

En la pasada elección, con el conteo de votos de partidos, Lorena Cuéllar Cisneros pudo haber ganado la elección gubernamental.

En el hotel-restaurante el Cardenal, de la Ciudad de México, no pudo concretar la alianza con el hoy diputado federal Silvano Garay Ulloa, representante del Partido del Trabajo. El señor pedía, a cambio de la franquicia de su partido, las secretarías de Gobierno, de Educación Pública y Finanzas. Casi nada.

Cuéllar dijo que no, pero Manuel Cambrón, presidente del PRD, trató de convencerla: “Necesitamos los votos del PT, dile que sí, fírmale, ganamos y después lo acusas de chantaje”.

Digna, Cuéllar dijo que no y perdió. Necesitaba los votos del PT.

La hoy coordinadora de delegaciones en Tlaxcala quiere ser gobernadora y trabaja para ello. El problema es que su apuesta es incierta.

Ella no representa los intereses de Andrés Manuel López Obrador en el Partido Movimiento Regeneración Nacional.

En las preferencias del Presidente, Cuéllar ocupa el tercer lugar. La gran apuesta de López Obrador y de sus hijos que operan la política estatal, es Joel Molina Ramírez y como “plan B” tienen a la senadora Ana Lilia Rivera.

Molina es el candidato perfecto. Es sumiso y sin visión de Estado. Él mismo lo dijo cuando comentó que cuando llegara al Senado de la República no haría una sola propuesta de iniciativa de ley para no ser protagonista (sic), su único objetivo es apoyar al “señor presidente”.

Álvarez Lima sabe eso de Joel Molina. Explico: Cuando supo que tenía muchos problemas en el entonces Consejo General del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones, le llamó al teléfono celular que, para ese año, ya estaban de moda en Tlaxcala.

-“Joel, tienes muchos problemas allá, voy a cambiar todo el Consejo, ya le dije a (Ignacio) López Sánchez, que lo haga público y que convoque a la integración de un nuevo IET”.

-“Sí, señor”.

-“Ya te avisaré dónde me apoyarás”.

Días después fue nombrado titular de la Unidad de Servicios Educativos del Estado de Tlaxcala en sustitución de Jorge Siles Ruiz.

Cosas de la vida, el señor será nombrado Senador de la República en sustitución de su entonces jefe Álvarez Lima quien, por diferencias de Ricardo Monreal, fue enviado como director del canal 11.

Ahora la “rebelión en la granja” está la orden del día.

En el Partido Acción Nacional, segunda fuerza electoral en Tlaxcala, Juan Carlos Sánchez García, alias el “Saga”, va con todo para ser candidato a la gubernatura de Tlaxcala. Ha hecho un fuerte grupo de amigos de varios partidos (ahí está Santiago Sesín, por el PRD) que lo impulsan a pesar del feo que le hace el líder estatal del “partido del bolillo”, José Gilberto Temoltzin Martínez.

El PRI, sin rumbo ni brújula, tiene en Anabell Ávalos Zempoalteca a su mejor exponente. Cómo alcaldesa de Tlaxcala tiene carisma y capital político.

Pero el Gobernador no se quiere quedar atrás. Su gallo visible, hasta ahora, se llama Manuel Camacho Higareda, titular de la Uset, un personaje cuyas cartas credenciales como académico son respetadas, pero simplemente el oficio político no es lo suyo, lo cual lo hace una persona distante del pueblo y de sus necesidades. Él sabe que tiene “luz verde” y está dedicado a ello aun con tantos problemas que privan en la dependencia estatal que encabeza y de las cuales no encuentra cómo darles solución. Su llegada a esa dependencia lo subió al ladrillo, pero para la clase magisterial es un funcionario que vive en su isla de comodidad y para poder acceder a una audiencia con él, es simplemente toda una odisea que nadie logra.

En tanto, su examigo y hoy rival político, Mariano González Zarur, quiere imponer a Ricardo García Portillo. Ya veremos el desenlace de esta novela.

EPÍLOGO…

1.- AVARICIA DESATADA. Con la novedad de que Tlaxcala dio la gran nota, ahora porque el estado más pequeño de la República tiene al poblano Héctor Maldonado Bonilla, Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado como el magistrado del fuero común más caro del país. De un plumazo aumentó su salario en un 136 %, para que anualmente se lleve algo así como dos millones y medio de pesos. Un jurista que gusta de la arrogancia y la opulencia ante sus subordinados, pero es sumiso ante los poderes facticos. Como su más reciente informe de labores que presentó al Congreso local se desvivió en halagos y agradecimientos hacia los legisladores. Esto ha generado inconformidad entre los juristas locales, pues saben que quienes marcan la agenda jurisdiccional en ese poder, son los magistrados Mario Jiménez de Jesús Martínez y la anti-morenista Rebeca Xicohténcatl Corona, y la poderosa Secretaria Ejecutiva Georgette Alejandra Pointelin González, quienes deciden qué asuntos pasan o no.

¡Hasta el próximo martes!


La sucesión que alcanzó a todos

  • En 1992, las cosas eran así. Tan luego Carlos Salinas de Gortari supo que su amiga Beatriz Paredes Rangel trabajaba para que su incondicional Álvaro Salazar fuera quien la sucediera en el cargo, tomó el teléfono rojo y llamó a la gobernadora de Tlaxcala.

Beatriz, que te quede claro, el próximo gobernador será José Antonio Álvarez Lima, así lo decidí, y para que no haya problemas solicita licencia al cargo y serás secretaria general del Partido Revolucionario Institucional”

-“Sin problemas, señor presidente, eso haré”-, respondió.

  • El PRI, sin rumbo ni brújula, tiene en Anabell Ávalos Zempoalteca a su mejor exponente. Cómo alcaldesa de Tlaxcala tiene carisma y capital político.

Así, la entonces poderosa gobernadora de Tlaxcala se sometía al poder del Presidente de la República.

Pero las cosas cambiaron. Cuando el PRI dejó de tener hegemonía en el país, Ricardo Monreal puso el desorden, no lo dejaron ser candidato del PRI a la gubernatura de Zacatecas, renunció a su militancia, se fue al Partido de la Revolución Democracia y dio lo que llamaron el “monrealazo”.

En Tlaxcala sucedió algo similar. El señalado por el dedo presidencial era Joaquín Cisneros Fernández, pero Alfonso Sánchez Anaya puso el desorden, renunció al PRI, hizo una alianza opositora de partidos y ganó la gubernatura de Tlaxcala.

Ahora, con el transcurso de los años ya muchos buscan la “silla grande”.

En la pasada elección, con el conteo de votos de partidos, Lorena Cuéllar Cisneros pudo haber ganado la elección gubernamental.

En el hotel-restaurante el Cardenal, de la Ciudad de México, no pudo concretar la alianza con el hoy diputado federal Silvano Garay Ulloa, representante del Partido del Trabajo. El señor pedía, a cambio de la franquicia de su partido, las secretarías de Gobierno, de Educación Pública y Finanzas. Casi nada.

Cuéllar dijo que no, pero Manuel Cambrón, presidente del PRD, trató de convencerla: “Necesitamos los votos del PT, dile que sí, fírmale, ganamos y después lo acusas de chantaje”.

Digna, Cuéllar dijo que no y perdió. Necesitaba los votos del PT.

La hoy coordinadora de delegaciones en Tlaxcala quiere ser gobernadora y trabaja para ello. El problema es que su apuesta es incierta.

Ella no representa los intereses de Andrés Manuel López Obrador en el Partido Movimiento Regeneración Nacional.

En las preferencias del Presidente, Cuéllar ocupa el tercer lugar. La gran apuesta de López Obrador y de sus hijos que operan la política estatal, es Joel Molina Ramírez y como “plan B” tienen a la senadora Ana Lilia Rivera.

Molina es el candidato perfecto. Es sumiso y sin visión de Estado. Él mismo lo dijo cuando comentó que cuando llegara al Senado de la República no haría una sola propuesta de iniciativa de ley para no ser protagonista (sic), su único objetivo es apoyar al “señor presidente”.

Álvarez Lima sabe eso de Joel Molina. Explico: Cuando supo que tenía muchos problemas en el entonces Consejo General del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones, le llamó al teléfono celular que, para ese año, ya estaban de moda en Tlaxcala.

-“Joel, tienes muchos problemas allá, voy a cambiar todo el Consejo, ya le dije a (Ignacio) López Sánchez, que lo haga público y que convoque a la integración de un nuevo IET”.

-“Sí, señor”.

-“Ya te avisaré dónde me apoyarás”.

Días después fue nombrado titular de la Unidad de Servicios Educativos del Estado de Tlaxcala en sustitución de Jorge Siles Ruiz.

Cosas de la vida, el señor será nombrado Senador de la República en sustitución de su entonces jefe Álvarez Lima quien, por diferencias de Ricardo Monreal, fue enviado como director del canal 11.

Ahora la “rebelión en la granja” está la orden del día.

En el Partido Acción Nacional, segunda fuerza electoral en Tlaxcala, Juan Carlos Sánchez García, alias el “Saga”, va con todo para ser candidato a la gubernatura de Tlaxcala. Ha hecho un fuerte grupo de amigos de varios partidos (ahí está Santiago Sesín, por el PRD) que lo impulsan a pesar del feo que le hace el líder estatal del “partido del bolillo”, José Gilberto Temoltzin Martínez.

El PRI, sin rumbo ni brújula, tiene en Anabell Ávalos Zempoalteca a su mejor exponente. Cómo alcaldesa de Tlaxcala tiene carisma y capital político.

Pero el Gobernador no se quiere quedar atrás. Su gallo visible, hasta ahora, se llama Manuel Camacho Higareda, titular de la Uset, un personaje cuyas cartas credenciales como académico son respetadas, pero simplemente el oficio político no es lo suyo, lo cual lo hace una persona distante del pueblo y de sus necesidades. Él sabe que tiene “luz verde” y está dedicado a ello aun con tantos problemas que privan en la dependencia estatal que encabeza y de las cuales no encuentra cómo darles solución. Su llegada a esa dependencia lo subió al ladrillo, pero para la clase magisterial es un funcionario que vive en su isla de comodidad y para poder acceder a una audiencia con él, es simplemente toda una odisea que nadie logra.

En tanto, su examigo y hoy rival político, Mariano González Zarur, quiere imponer a Ricardo García Portillo. Ya veremos el desenlace de esta novela.

EPÍLOGO…

1.- AVARICIA DESATADA. Con la novedad de que Tlaxcala dio la gran nota, ahora porque el estado más pequeño de la República tiene al poblano Héctor Maldonado Bonilla, Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado como el magistrado del fuero común más caro del país. De un plumazo aumentó su salario en un 136 %, para que anualmente se lleve algo así como dos millones y medio de pesos. Un jurista que gusta de la arrogancia y la opulencia ante sus subordinados, pero es sumiso ante los poderes facticos. Como su más reciente informe de labores que presentó al Congreso local se desvivió en halagos y agradecimientos hacia los legisladores. Esto ha generado inconformidad entre los juristas locales, pues saben que quienes marcan la agenda jurisdiccional en ese poder, son los magistrados Mario Jiménez de Jesús Martínez y la anti-morenista Rebeca Xicohténcatl Corona, y la poderosa Secretaria Ejecutiva Georgette Alejandra Pointelin González, quienes deciden qué asuntos pasan o no.

¡Hasta el próximo martes!