/ martes 27 de octubre de 2020

Tintero | Joel Molina, primer presidente del IET

El Instituto Electoral de Tlaxcala (IET) nació en la entidad el 16 de agosto de 1994 pero, desde 1986, operaba la Comisión Estatal Electoral que se regía por la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales del Estado de Tlaxcala, impulsada por el entonces mandatario estatal, Tulio Hernández Gómez, en pocas palabras una dependencia más del Ejecutivo.

Fue creado en Tlaxcala como un ente autónomo, independiente, con carácter permanente, personalidad jurídica y patrimonio propio, pero en todo este tiempo enfrentó una severa crisis financiera propiciada por el abuso indiscriminado de los recursos públicos distribuidos en bonos y otras compensaciones para beneficio personal de los integrantes del organismo.

Pero no solo eso, su credibilidad se encontraba mal debido a que diputados, gobernadores, consejeros y uno que otro presidente convirtió ese organismo y lo usaban como refugio de amigos, novias y hasta cónyuges.

Cuando José Antonio Álvarez Lima, hoy director del Canal 11, era gobernador de Tlaxcala, decidió que el entonces IET debía ser presidido por una persona con calidad moral, nombró a Joel Molina Ramírez, las cosas en materia política iban a cambiar. Y así fue.

Y efectivamente cambiaron. Ahora se llama Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) y lo manejan varias mujeres, y qué bueno.

En el pasado, los gobernadores sucumbieron a la tentación de querer controlar a los miembros del entonces IET con la única idea de perpetuarse en el poder mediante la "manipulación" de los resultados electorales.

Como una novedad en el país, en 1994, a un año de haber asumido la titularidad del Poder Ejecutivo, el gobernador de Tlaxcala, José Antonio Álvarez Lima, propuso al Congreso local la creación de un instituto autónomo a fin de que fueran los ciudadanos los que eligieran y validaran a sus propias autoridades, derivado de la conformación del entonces IFE y la propia desaparición de la Comisión Nacional Electoral, por cierto a cargo de Manuel Bartlett, un destacado personaje que actualmente ostenta en el gobierno de la Republica una importante posición y en ese entonces a cargo de la Secretaría de Gobernación cuyos resultados dejaron en entredicho su actuar en la elección de 1988.

El primer IET estuvo presidido por Joel Molina Ramírez e integrado por Valentín Ortega Herrera, Armando Santacruz Carro, Ángel Vergara Sabbagh, José Maldonado Barba, Willebaldo Herrera Téllez, Angélica Zárate Flores, Ricardo Escobar Flores, y José Vicente Sáiz Tejero, aunque el organismo incluyó, también a propuesta del Gobernador, tres consejeros diputados y dos representantes de los presidentes municipales.

Pero más tardó Álvarez Lima en pensar en la integración y estructura del nuevo organismo que en lo que ordenó a Ignacio López Sánchez, entonces coordinador del Poder Legislativo, la renovación de todos los integrantes.

Se maquinó bien. Desde el Congreso se ordenó quitar a todos. Álvarez Lima estaba harto de los constantes pleitos que protagonizaban públicamente el presidente Molina Ramírez con José Vicente Sáiz Tejero; éste con Ricardo Escobar Flores, entonces corresponsal del periódico Unomásuno y con Willebaldo Herrera Téllez, otrora director del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, pero él decidió renunciar antes del cambio ordenado por el Ejecutivo y consumado por el Congreso.

No era sano para Tlaxcala tener un IET cuyos integrantes se agredieran verbalmente; además, al Gobernador le molestó que los miembros de este órgano le "tumbaran", como José Vicente Sáiz Tejero lo orquestó, la diputación plurinominal a Samuel Quiroz de la Vega, quien encabezaba la lista de representación proporcional del PRI, para el Congreso local. Ahora solo es una buena historia.

Resuelto el problema, en 1996, Álvarez Lima pidió al entonces notario, Gonzalo Flores Montiel, aceptar la presidencia del IET y, sin mayores contratiempos, el abogado fue ungido como segundo titular del organismo en Tlaxcala.

La derrota del Partido Revolucionario Institucional, en 1998, dio al Poder Legislativo una mayor autonomía sobre la designación de los nuevos integrantes del IET.

Cuando Flores Montiel renunció a la presidencia del IET para dedicarse de lleno a su notaría, en Apizaco, el Congreso liderado por Ubaldo Velasco Hernández, designó a Patricio Lima Gutiérrez, entonces consejero, como nuevo presidente del organismo.

El Instituto Electoral de Tlaxcala (IET) nació en la entidad el 16 de agosto de 1994 pero, desde 1986, operaba la Comisión Estatal Electoral que se regía por la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales del Estado de Tlaxcala, impulsada por el entonces mandatario estatal, Tulio Hernández Gómez, en pocas palabras una dependencia más del Ejecutivo.

Fue creado en Tlaxcala como un ente autónomo, independiente, con carácter permanente, personalidad jurídica y patrimonio propio, pero en todo este tiempo enfrentó una severa crisis financiera propiciada por el abuso indiscriminado de los recursos públicos distribuidos en bonos y otras compensaciones para beneficio personal de los integrantes del organismo.

Pero no solo eso, su credibilidad se encontraba mal debido a que diputados, gobernadores, consejeros y uno que otro presidente convirtió ese organismo y lo usaban como refugio de amigos, novias y hasta cónyuges.

Cuando José Antonio Álvarez Lima, hoy director del Canal 11, era gobernador de Tlaxcala, decidió que el entonces IET debía ser presidido por una persona con calidad moral, nombró a Joel Molina Ramírez, las cosas en materia política iban a cambiar. Y así fue.

Y efectivamente cambiaron. Ahora se llama Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) y lo manejan varias mujeres, y qué bueno.

En el pasado, los gobernadores sucumbieron a la tentación de querer controlar a los miembros del entonces IET con la única idea de perpetuarse en el poder mediante la "manipulación" de los resultados electorales.

Como una novedad en el país, en 1994, a un año de haber asumido la titularidad del Poder Ejecutivo, el gobernador de Tlaxcala, José Antonio Álvarez Lima, propuso al Congreso local la creación de un instituto autónomo a fin de que fueran los ciudadanos los que eligieran y validaran a sus propias autoridades, derivado de la conformación del entonces IFE y la propia desaparición de la Comisión Nacional Electoral, por cierto a cargo de Manuel Bartlett, un destacado personaje que actualmente ostenta en el gobierno de la Republica una importante posición y en ese entonces a cargo de la Secretaría de Gobernación cuyos resultados dejaron en entredicho su actuar en la elección de 1988.

El primer IET estuvo presidido por Joel Molina Ramírez e integrado por Valentín Ortega Herrera, Armando Santacruz Carro, Ángel Vergara Sabbagh, José Maldonado Barba, Willebaldo Herrera Téllez, Angélica Zárate Flores, Ricardo Escobar Flores, y José Vicente Sáiz Tejero, aunque el organismo incluyó, también a propuesta del Gobernador, tres consejeros diputados y dos representantes de los presidentes municipales.

Pero más tardó Álvarez Lima en pensar en la integración y estructura del nuevo organismo que en lo que ordenó a Ignacio López Sánchez, entonces coordinador del Poder Legislativo, la renovación de todos los integrantes.

Se maquinó bien. Desde el Congreso se ordenó quitar a todos. Álvarez Lima estaba harto de los constantes pleitos que protagonizaban públicamente el presidente Molina Ramírez con José Vicente Sáiz Tejero; éste con Ricardo Escobar Flores, entonces corresponsal del periódico Unomásuno y con Willebaldo Herrera Téllez, otrora director del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, pero él decidió renunciar antes del cambio ordenado por el Ejecutivo y consumado por el Congreso.

No era sano para Tlaxcala tener un IET cuyos integrantes se agredieran verbalmente; además, al Gobernador le molestó que los miembros de este órgano le "tumbaran", como José Vicente Sáiz Tejero lo orquestó, la diputación plurinominal a Samuel Quiroz de la Vega, quien encabezaba la lista de representación proporcional del PRI, para el Congreso local. Ahora solo es una buena historia.

Resuelto el problema, en 1996, Álvarez Lima pidió al entonces notario, Gonzalo Flores Montiel, aceptar la presidencia del IET y, sin mayores contratiempos, el abogado fue ungido como segundo titular del organismo en Tlaxcala.

La derrota del Partido Revolucionario Institucional, en 1998, dio al Poder Legislativo una mayor autonomía sobre la designación de los nuevos integrantes del IET.

Cuando Flores Montiel renunció a la presidencia del IET para dedicarse de lleno a su notaría, en Apizaco, el Congreso liderado por Ubaldo Velasco Hernández, designó a Patricio Lima Gutiérrez, entonces consejero, como nuevo presidente del organismo.

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