/ martes 29 de septiembre de 2020

Tintero | Solo el coronavirus “paró” el negocio de la pirotecnia

Los sismos de 2017 y la pandemia de la Covid-19 pusieron, de momento, fin al uso indiscriminado de la pólvora.

Cierto, afecta en materia económica a cientos de personas, pero también se debe reconocer que había un uso irresponsable de la pirotecnia.

Ninguna autoridad había sido capaz de regular el uso de explosivos en la entidad, solo los movimientos telúricos y la enfermedad del coronavirus. Nadie que manejaba explosivos era persona autorizada y capacitada en cada comunidad, era un uso por asuntos religiosos y costumbres y la autoridad lo permitía.

Incluso, la Secretaría de la Defensa Nacional lo permitía, aun cuando muchos de los eventos religiosos terminaban en tragedia. El problema empezó cuando el Gobierno estatal decidió que era un asunto banal y explico:

Desde 1998, la Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC) más que funcionar como un sistema de protección, asistencia y auxilio para la población ante cualquier tipo de catástrofe, operara como un “coto de poder” a los dirigentes del Partido del Trabajo (PT), pero el gobernador Marco Antonio Mena puso fin a esa “tradición”. No gustó, pero fue lo mejor.

El primer director de Protección Civil en Tlaxcala fue Salvador Sesín Rosas, fue nombrado por Beatriz Paredes Rangel

Luego, José Antonio Álvarez Lima designó a Antonio Velázquez Nava en ese cargo y el perredista Alfonso Sánchez Anaya inició la “tradición” de entregar la CEPC a la entonces lideresa del Partido del Trabajo, Rosalía Peredo Aguilar, en pago a una “factura política”.

Y siguió con los gobiernos del panista Héctor Ortiz Ortiz y del priista Mariano González. El gobernador en turno y los petistas no elegían al “mejor hombre', sino al más manipulable. Por ejemplo, en el inicio del sexenio de González Zarur, Mateo Morales Báez cumplió con ese perfil, pero era bueno para cometer torpeza tras torpeza en el ejercicio de sus funciones.

Cómo no recordar estas frases y las escribí en su momento: “No dejamos colchonetas en los albergues porque las muerden los ratones y se echan a perder” y ¡Mateo, lávate bien las orejas!”, le gritó el entonces gobernador González cuando la gente se quejaba de que había severas inundaciones en la región sur de la entidad y ese funcionario hacía caso omiso.

Marco Antonio Mena Rodríguez decidió, que en Protección Civil era el mejor momento para empezar con una nueva imagen de esa dependencia. El nuevo titular, José Antonio Rodríguez, el “Puma” como lo conocían en la entonces Policía Federal de Caminos, no es una persona ligada al PT, cuenta con amplia experiencia en el ramo.

La dependencia y el trabajo que realiza no es para pagar “favores políticos”.

En Tlaxcala los sistemas de Protección Civil ya han mejorado pero, hasta ahora, ninguna autoridad política, civil o militar ha sido capaz de regular el uso de explosivos. Solo la pandemia. Lo urgente, pero en el uso de la pólvora, era castigar a quienes ponían en riesgo la vida de las personas.

Respeto la religión de las personas, pero quemar pólvora para adorar a sus “ídolos religiosos” era un exceso. Lo de Nativitas no tiene nombre, pero por una peregrinación, murieron muchas personas y otras siguen en recuperación. No es bueno adorar imágenes con pólvora ¿Cómo para qué? Al tiempo

EPÍLOGO

El presidente de Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, usa a los latinos cuando le conviene, mi comentario tal vez sea la cancelación de mi visa de periodista, pero me molesta que ahora busque el apoyo latino para la reelección y también los ofenda.

Los sismos de 2017 y la pandemia de la Covid-19 pusieron, de momento, fin al uso indiscriminado de la pólvora.

Cierto, afecta en materia económica a cientos de personas, pero también se debe reconocer que había un uso irresponsable de la pirotecnia.

Ninguna autoridad había sido capaz de regular el uso de explosivos en la entidad, solo los movimientos telúricos y la enfermedad del coronavirus. Nadie que manejaba explosivos era persona autorizada y capacitada en cada comunidad, era un uso por asuntos religiosos y costumbres y la autoridad lo permitía.

Incluso, la Secretaría de la Defensa Nacional lo permitía, aun cuando muchos de los eventos religiosos terminaban en tragedia. El problema empezó cuando el Gobierno estatal decidió que era un asunto banal y explico:

Desde 1998, la Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPC) más que funcionar como un sistema de protección, asistencia y auxilio para la población ante cualquier tipo de catástrofe, operara como un “coto de poder” a los dirigentes del Partido del Trabajo (PT), pero el gobernador Marco Antonio Mena puso fin a esa “tradición”. No gustó, pero fue lo mejor.

El primer director de Protección Civil en Tlaxcala fue Salvador Sesín Rosas, fue nombrado por Beatriz Paredes Rangel

Luego, José Antonio Álvarez Lima designó a Antonio Velázquez Nava en ese cargo y el perredista Alfonso Sánchez Anaya inició la “tradición” de entregar la CEPC a la entonces lideresa del Partido del Trabajo, Rosalía Peredo Aguilar, en pago a una “factura política”.

Y siguió con los gobiernos del panista Héctor Ortiz Ortiz y del priista Mariano González. El gobernador en turno y los petistas no elegían al “mejor hombre', sino al más manipulable. Por ejemplo, en el inicio del sexenio de González Zarur, Mateo Morales Báez cumplió con ese perfil, pero era bueno para cometer torpeza tras torpeza en el ejercicio de sus funciones.

Cómo no recordar estas frases y las escribí en su momento: “No dejamos colchonetas en los albergues porque las muerden los ratones y se echan a perder” y ¡Mateo, lávate bien las orejas!”, le gritó el entonces gobernador González cuando la gente se quejaba de que había severas inundaciones en la región sur de la entidad y ese funcionario hacía caso omiso.

Marco Antonio Mena Rodríguez decidió, que en Protección Civil era el mejor momento para empezar con una nueva imagen de esa dependencia. El nuevo titular, José Antonio Rodríguez, el “Puma” como lo conocían en la entonces Policía Federal de Caminos, no es una persona ligada al PT, cuenta con amplia experiencia en el ramo.

La dependencia y el trabajo que realiza no es para pagar “favores políticos”.

En Tlaxcala los sistemas de Protección Civil ya han mejorado pero, hasta ahora, ninguna autoridad política, civil o militar ha sido capaz de regular el uso de explosivos. Solo la pandemia. Lo urgente, pero en el uso de la pólvora, era castigar a quienes ponían en riesgo la vida de las personas.

Respeto la religión de las personas, pero quemar pólvora para adorar a sus “ídolos religiosos” era un exceso. Lo de Nativitas no tiene nombre, pero por una peregrinación, murieron muchas personas y otras siguen en recuperación. No es bueno adorar imágenes con pólvora ¿Cómo para qué? Al tiempo

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